En aquel día después de cargar el ganado y salir el camión para su destino, Cuqui subió al bar que había en el mercado antiguo de Pola de Siero. Se sentó a la barra, pidió una cerveza y dijo:
-Estoy pensando lo torpe que he sido. Acabo de mandar un camión de xatos para un señor de Sotrondio al que le faltan las manos y no he pedido informes de él. No tenía que pagármelos por lo torpe que soy.
-¿Cuánto dinero valen? ¿10 millones? Le dijo un señor.
El señor que se lo dijo sacó un talonario de cheques de su bolsillo y le dijo:
-¿Quieres cobrarlos? Si dudas de Arsenio te los pago para que te quedes tranquilo.
-¡No me digas que le conoces!
-¿Cómo no le voy a conocer si trabaja con nosotros? Puedes darle lo que quieras, es hombre serio. Deberías estar contento si te sigue comprando, porque seguro que ha de ser uno de tus mejores clientes. Mira por él y aploma con los precios, que te conviene. Paga como un banco, esa es una de sus frases, pero no se duerme en los laureles, es hombre muy entendido y no solo de ganado, cuenta las estrellas.
-Estuve el domingo en su finca, le dijo Cuqui, y me pareció un gran chaval, pero lo que me asombra es lo hábil y artista que es para trabajar, ¿ya fuiste a ver alguna de sus obras?
-¿Cómo no iba a ir? Suelo dar algún paseo por la cuesta del pozo y paso por delante de su ganadería. Siempre está trabajando, no sé como lo aguanta.
El señor Quiros, que le hablaba era el director del Banco Popular de mi pueblo y compadre de Cuqui, por eso le gastó la broma con el talonario de cheques.
Más tarde cuando vi que tardaba en venir a cobrar, lo llame y me dijo:
-Tranquilo, ya sé que eres muy formal, ya te mandare la cuenta.
Me contó lo ocurrido y más tarde también el director, Quiros.
A pesar de haber unos años que no nos veíamos, hace poco tiempo que me mandado un saludo por un vecino suyo que me conoce y le había dicho que me veía con alguna frecuencia. Le dijo que me diera un fuerte abrazo de su parte porque no se olvidaba de mí.
Yo tampoco me olvido de él porque fue formal y trabajamos largo tiempo sin ningún problema. Le envié otro abrazo y con el deseo de que nos encontráramos algún día para saludarnos personalmente y recordar los buenos terneros que me enviaba.
Dile a Cuqui, que todavía no hice el reloj.
Frase que el mismo dijo, el dia que vio alguna de mis obras.
El sistema que me presentó para los terneros de leche, era un buen invento que además de cerrar a los ternerillos, va provisto de unos cierres automáticos por medio de unas palancas que se abren y cierran con toda facilidad. Además de una base para acoplar el bebedero de la leche. Una vez que él yternerillo mete la cabeza se cierra y ya no puede salir. Se le enseña a beber con mucha facilidad y por muy rebelde que sea no tiene más remedio que tragar la leche.
Suele haber alguno que por su torpeza antes se muere de hambre, que beber la leche, entonces hay que obligarlo. Se le baja la cabeza, se le mete un dedo en la boca y a tragar. En pocos días ya bebe solo y más que le dieran. La cuestión es que el artefacto es genial, funciona de maravilla. Yo hice para que beban siete de cada vez. Se sueltan estos y se meten otros siete y si hasta terminar con todos los que haya Aún conservo este sistema y en perfecto estado de trabajo
Cuando compraba terneros culones para nuestro cebadero, una mañana en el antiguo mercado de Siero conocí, a un tratante de ganados, Cuqui, el carnicero así le llamaban. Nunca le conocí el nombre propio. Hombre serio y cumplidor, al que considero una gran persona. En nuestra primera charla le dije:
-Soy ganadero, entre otros animales cebo teneros culones. Me gustaría ponerme de acuerdo con un tratante serio que me sirva cantidad de estos teneros, prefiero comprar antes que deambular por esos mundos sin conocer lo que uno compra, además del tiempo que anda escaso para tal menester.
-Yo te los puedo servir con esa seriedad que dices y de buena calidad. Si quieres el domingo vamos a un pueblo de Bimenes -Suarez, a ver una buena ganadería para que veas la calidad de ganado que le mando. A la vez podrás ver un sistema que tiene para poder destetar a los mamones con mucha facilidad. Con este sistema aprenden a beber rápidamente y no dan problemas.
-De acuerdo, me parece muy interesante esa visita.
Quedamos en una hora y los dos fuimos muy puntuales. Cierto era que tenía un buen ganado. Después de observarlo todo, saqué de mi coche el metro, una libreta y el bolígrafo. Hice un croquis de aquella instalación para terneros de leche, que precisamente me gustó mucho por el gran servicio que prestaba. Tomé las medidas y una vez terminado le dije:
-Si no hay ningún problema para el próximo domingo ya lo tendré montado en mi ganadería.
Cuqui me miró como diciendo: “muy pronto me parece eso”, pero no dijo nada. Nos despedimos y el domingo a las tres de la tarde cuando termine aquella obra le llamé para decirle que ya podía mandar el ganado, que ya estaba terminado y en orden para meter los teneros.
-¿Ya lo terminaste todo?
-Si, en este momento termino de montarlo todo
-Arsenio, ¿vas estar esta tarde?
-Claro que sí, como para no estar. Además del enorme trabajo que hay en la ganadería. Le reste tiempo, para terminar esta obra que me llevo toda la semana, trabaje hasta altas horas de la noche, pero salió todo muy bien, aunque es obra larga, muy fácil de hacer. Me salió todo como tiene que ser.
-Si la hiciste como tiene que ser ya trabajaste bastante. Fíjate lo sorprendido que estoy que esta tarde voy a verla.
-Cuando quieras, aquí estaré hasta la noche.
Seguida mente cogió su coche y vino a ver la obra que tanto le extraño, por el poco tiempo que me llevo el terminarla. Después de saludarnos se quedo mirando la obra y dijo:
-Arsernio, me dejas asombrado, está completamente igual que la obra que viste solo un momento.
Comprobó todas las manillas de cierre, las distancias de la abertura para comer el ternero y el sistema para poner los bebederos y comederos. Yo observaba la gran satisfacción que le producía al comprobar la calidad de la obra. Al terminar de ver el buen funcionamiento, se acerco a mí y me estrechó la mano diciendo:
-Muchacho, si tuvieras manos seguro que harías relojes. Hay que verlo para creerlo. Sinceramente te digo que cuando al medio día me llamaste y me dijiste que ya estaba terminado, pensé que era imposible hacer esta obra en una semana, que sería una chapuza, pero con la mayor de las sorpresas compruebo que lo dejaste pintado como lo viste allí. Me llama la atención la memoria que tienes, porque lo hiciste totalmente igual, no le falta detalle. Ni fotografiando lo podrías sacar mejor. Copiaste en el croquis su forma y las medidas pero el resto lo llevaste en la mente, porque aquí están, hasta los pasadores igual. Está perfectamente y además para un rebaño bueno y para acabar que todo sea una obra de arte, lo hiciste con el mismo material que el que viste en la obra de Bimenes. Eso tiene un merito excepcional.
El martes siguiente me mandó un camión de ganado, unos pequeños para destetar, los que inaugurarían aquella obra y el resto ya de algunos meses, para la nave de cebo que ya funcionaba. Todo era ganado de primera calidad.
Una tarde llegó a la ganadería mi hermana Celia y su hijo, me dijo:
-Manda tres cerdos para mi cuadra, los cebamos juntos, uno para cada hermano. Déjate de matar para tu casa los cerdos que cebas para la venta con ese pienso compuesto.
-¿Qué dices hermana? Si tú sabes que lo que yo cebo para la venta es lo que se come en mi casa. ¿Cómo es posible que dudes del pienso?
-Eso ya lo sé, por eso quiero que los cebes aparte.
-Perdona hermana, estás despistada, no sabes lo que mi pienso representa, fabricado con materias nobles y de primera calidad. Confundes los términos. Lo malo es el sistema que antes empleábamos para cebar a nuestros cerdos para la casa. Con despojos y grasas por no disponer de otros medios.
-Para que no se te olvide, y esto ya te lo dije hace tiempo, te diré que el pienso que yo preparo es de pura calidad y es una línea distinta del que siempre usamos. Pero también distinta al los piensos compuestos, que hasta el estiércol de los animales da mal olor.
Me quedo con mis cerdos cebados aquí. Tú lleva el tuyo si quieres, pero al matarlo verás la diferencia en las canales y en el sabor de la carne que será más que notable.
-No te olvides que la chacinería asturiana se disputa mi ganado, todos quieren comprarlo, ¿por algo será?
El hijo no dijo nada, pero nunca se olvidaría de aquella charla porque al matarlos, comprobó con sorpresa que lo que yo les había dicho era cierto. Mis dos cerdos tenían unas canales de primera. Eran cebados junto con el total de la ganadería. El de mi hermana tenía la grasa de siempre, no podía haber otra cosa. Si siembras cebad, no puedes recoger trigo, esa es la gran diferencia. La canal de aquel cerdo era como las que se criaban cuando éramos niños. Cuando la necesidad imperaba y no se podía cebar con otra cosa: Tampoco conocíamos otra forma de hacerlo mejor, pero yo tuve que estudiar la forma de que mi ganado destacara al darle la calidad de los buenos productos, dado que la competencia era grande. A parte de que a mí siempre me gusto la calidad en todas las cosas.
Por ese motivo estudie largo tiempo nutriología animal, para cebarlos con productos nobles. Pero equilibrados y bajo control del peso en las materias. Así mismo controlaba en cada partida de cerdos cebados, la calidad de las canales. Llegando a producir una línea de carne de la mejor calidad en el mercado.
La gente algunas veces duda de las cosas y con mucha razón, porque se encuentran con quien les da gato por liebre. Pero después que ven la calidad y seriedad, se dan cuenta que les tratas bien, ya no te cambian y siguen comprando mi producto y contentos por serviles lo mejor. Tuvimos gente que compró durante muchos años nuestros animales y que mucho lo sintieron al jubilarme. ¡Cuántas llamadas tuve diciendo que no lo dejara! Decían que se perdía una tradición muy importante. Hasta me decían que criara menos pero no les dejara sin el suyo. No solo se vendían por nuestra zona, venían por cerdos desde Langreo, Laviana, Mieres, Caso, Sobrescobió, Gijón y de otras partes más lejanas. Vendíamos lechones para cebar y otros ya cebados para el Sanmartín. Esa fue mi forma de trabajar, la gente contenta y yo también.
Tuve que cerrar mi ganadería porque tiraron toda la explotación para construir el Corredor del Nalón y me dejaron a dos velas sin poder hacer otra ganadería porque las leyes vigentes no autorizan la construcción de una ganadería de ganado porcino, a menos de 1500 metros a la redonda, desde la última casa del pueblo. Lo que supone la imposibilidad de poder hace nada. ¿Dónde se encuentran 20.000 metros cuadrados para edificar, con agua, Energía eléctrica y carretera? Con esas condiciones no existe en todo el territorio, excepto en los montes donde no hay carretera o más allá del Pajares.
A pesar del tiempo transcurrido, aun siguen algunos antiguos clientes pidiéndome que les cebe, junto con el nuestro. Unos con vistas y otros por teléfono, pero no se olvidan de la buna calidad que les ser visamos.
El carnicero tardaba en llegar porque tenía que dar salida a una partida de terneros antes de comprar más.
Mi cuñado decía: este carnicero ya no se acuerda de nuestros terneros y aquí se pierde un capital.
-Tranquilo Cesar no falla, seguro que lleva estos terneros. No te impacientes hay que tener fe en la gente, no te disgustes que todo tiene arreglo.
La verdad es que tenía motivos para estar muy preocupado. Se trataba de una pérdida importante, y no sabía de otro lugar para mandarlos. Era también un obstáculo para dar comienzo a una vida de ganadero.
Un lunes por la tarde llegó Cesar el carnicero a casa.
-¿Dónde está Arsenio?
Yo estaba en la ganadería, metido en una fosa aséptica, con un problema de atasco en una cantarilla. Estaba hasta la cabeza de “natas”, no me reconocían a no ser por el habla. Llegó mi hija Mónica y me dijo que el carnicero me esperaba en el bar para que fuera a ver con él los terneros de mi familia. Le dije que estaba terminado un trabajo, que no podía dejarlo, que le acompañara que estaban los dueños y los vería con ellos. Yo iría nada más terminar pero antes de que él se fuera.
Volvió mi hija diciendo que si no iba yo no compraba los teneros. Tuve que dejar el trabajo sin terminar e ir a casa a ducharme y cambiarme. Aunque me resultaba molesto ya que al volver me cogería otra mojadura grade, mientras que en poco tiempo si esperaba, lo acabaría. Tenía que pasar por narices por delante del bar al ir a casa, pues no había otro camino, con aquella mojadura y más negro que el carbón. Allí estaba un compañero Ovidio García tomando sidra de una espicha que aun quedaba del domingo anterior. El carnicero me vio y quiso que pasara al bar según estaba a echar arriba un cubata de ron de la negrita, que era bueno para quitar la humedad. No podía pasar, pondría el bar como la misma fosa. Tuve que marchar porque no cesaba en su empeño, diciéndole que cuando terminara de ducharme tomaríamos lo que hiciera falta y veríamos los terneros, pero lo primero era asearme.
Cuando terminé fuimos a ver los terneros, los miró y le gustaron. Ajustamos el precio y asunto resuelto. Ya se quedó mi familia tranquila. Nos fuimos al bar donde nos esperaba Ovidio, que ya le había contado algunas de mis historias a César. El que tanto me apreciaba, cuando llegué me dijo.
-No puedes dejar de cebar teneros. Sé que has perdido dinero, pero en la guerra no se murieron todos. Tú tienes que seguir, me haré socio tuyo, vamos a pérdidas y ganancias. Tú llevarás el control de todo, me fío de ti, sé que no me engañarás.
Sentí mucho no poder complacerle, pero no disponía de tanto tiempo. Mis obras comenzaban aumentar. Ya trabajábamos en puertos de alta montaña en la restauración de minas a cielo abierto, en taludes y medianeras de carreteras, plantación de árboles y algo de jardinería. Aparte del poco tiempo libre para tanto trabajo, los terneros en esa época y como casi siempre, daban muy poco dinero, algunas veces hasta no cubrías gastos, por el vendaval del mercado. Mucha fachada de ganadería de culones pero poca tela.
César sabía que era importante seguir cebando terneros, el conocía bien las canales que salían con el pienso fabricado a base materias nobles como cebada, maíz, soja, trigo, centeno, harina de alfalfa, sal y caliza molida como calcificarte natural. La carne destacaba por su buena calidad, era sabrosa, tierna y de buen color.
En aquella mañana que me encontraba muy disgustado por el problema de la mala salida para el ganando, tuve la visita de dos mercaderes que vinieron a ver el ganado Se trataba de un padre y su hijo, los dos de abrigo y sombrero, pues estaba muy frío. Después de mirar el ganado me ofrecieron 260 pesetas por kilo, cuando el precio real era de 450 en canal. Les miraba con asombro y en silencio cuando uno de ellos me dijo: qué piensas hacer ¿Los hechas en ese precio?
-Les miré de arriba abajo y les dije:
-Lástima que lleven el abrigo abrochado.
-¿Por qué lo dice? Dijo, el más joven.
-Porque así no se les ve el revólver. Solo les falta que lo lleven a la vista para ser atracadores completos. Por favor lárguense y no vuelvan por aquí. Eso no es comprar sino atracar.
Eran dos explotadores que buscaban la ocasión. Sin corazón ni dignidad, sabiendo que podía ser la ruina de un ganadero. De esa forma hicieron algún dinero, robando al esclavo. Menos mal que son pocos los que actúan de esa forma, pero de vez en cuando surgió alguno más.
Esta clase de gente no llegan muy lejos, precisamente por ser de mal proceder y no saber comportase en la vida real. Después de atracar al ganadero, explotan al cliente sin piedad, dándole gato por liebre hasta que se encuentran con el resultado final: la mayoría de las veces la ruina, que es lo que se merece porque no valen para otra cosa.
Por fin llego el amigo del Chilu, que era carnicero de vacuno. Aquel hombre que acaba de llegar observó cómo trabajaba y vio todas mis instalaciones. Después de mira los teneros lo primero que dijo fue:
-Amigo, tienes un ganado excepcional y bien cebado. Mi amigo el Chilu me dijo, que fabricabas el pienso, ¿puedo verlo?
-Sí, Precisamente es para mí una satisfacción mostrarles el producto con el que cebo el ganado y que es lo mismo que come el ternero que matamos para nuestra casa.
Salimos de las naves y les llevé a las instalaciones donde hacíamos el pienso, que estaba todo funcionando Miró detenidamente toda la maquinaria, cogió un puñado de pienso, lo olió y dijo:
-¡Vaya pienso! Tiene tan buen olor que apetece comerlo. Creo que con esta calidad de ganado y este pienso las canales serán como se comenta, inmejorable.
-Desde luego que lo son. Siempre me gustó ofrecer calidad, porque creo que es la única forma de sobrevivir como ganadero. Las trampas nunca me gustaron.
-Bien se ve amigo, porque aquí hay buena muestra de ello dijo: Aquel hombre.
Después de pasar revista a todo, como buen entendido y profesional, se acercó y me dijo:
-Todo lo que contó nuestro amigo de ti, es poco comparado con lo que veo. Estoy asombrado del orden y de cómo trabajas con esos aparatos. Desde luego, si no lo veo no lo creo. Yo había oído hablar de ti pero nunca pude creer lo que decían hasta hoy cuando yo mismo lo pude comprobar. Perdóname pero te digo la verdad.
-Tranquilo ya estoy acostumbrado a que la gente me diga lo mismo. Es natural que no se lo crean cuando no conocen mi forma de trabajar, lo entiendo perfectamente.
Aquel gran hombre se le notaba la satisfacción que recibió al conocer a un hombre del que solo sabía de su existencia, pero que para él, cómo para muchos, lo que se comentaba era un mito, ¿cómo iba ser verdad que un hombre en esas condiciones pudiera ser tan activo y trabajar de todo?
-Te compro todo el lote de terneros me dijo: pero antes tengo que matar a 14 que tengo en mi cuadra, para ir sacando según los necesite.
-Papá le dijo el hijo, ¿cómo le vas a comprar todos si ya no tienes donde meterlos?
-Eso no importa, este hombre tiene un ganado especial, no hay línea de carne tan buena en todo lo conocido. Con razón tiene fama de ser uno de los mejores cebadores. Vamos a hacernos socios de él, ceba con pienso casero. Lo merece, no le des más vueltas porque ya están comprados.
-Mira ese hombre dijo: a su hijo cuando se alejaban, si todos fuéramos tan trabajadores como él, el mundo sería una balsa de aceite, porque es así como se crea riqueza y se vive bien.
– Entre lo bien que trabaja este hombre sin manos y la excelente ganadera que aquí tiene, debería ser presentada al público como exposición para aprender a mucha gente.
Lo mismo César carnicero de vacuno, que el Chilu carnicero de porcino, fueron grandes hombres del su oficio, trabajadores con honradez, serios y cumplidores, además de muy buenas personas, buenos comerciantes, que no robaron a nadie. Pagaban bien y apreciaban y respetaban los derechos de los demás. Supieron vivir de su trabajo, sin olvidarse de saber valorar el mérito de los que trabajamos. Los dos ya no están, pero nunca les olvidaré como amigos y hombres de bien que fueron. Estos dos hombres lo mismo que yo nunca fueron ladrones, como aquel energúmeno que trabajaba en la misma oficina, que decía, más rabioso que un puma, que todos los comerciantes éramos ladrones. Creo que confundido y atrofiado por la maldita envidia que siempre reino en su retorcido cerebro.
Hay un dicho que dice y muy acertado a mí juicio, que la envidia, el odio y la avaricia son unas de las tres enfermedades más peligrosas del corazón. Porque descontrolan y hacen perder a esa clase de persona el sentido de la realidad.
No conozco al hijo de César porque solo le vi una vez, pero sí al hijo del Chilu, que sigue con los negocios de su padre. Seguimos con la amistad de siempre al igual que su padre también lucha con honradez y es hombre de palabra, serio y buena persona. Sin duda lleva la sangre del que fue un gran cumplidor del deber. “El fruto del roble siempre fue roble y la figal siempre será figal”, así dicen los de mi tierra.
Cuando ya estaba terminado de matar aquella partida de terneros, que apunto estaban de pasarse, le dije a Cesar:
-Tengo que pedirte un favor. Tengo un compromiso con uno de mis sobrinos que, al dejar de estudiar y no tener trabajo, le ayudé a montar una pequeña cuadra con cinco terneros, también culones y le pasa lo mismo que a mí, no tiene salida. Son de toda confianza y los ceba con mi pienso.
-No te preocupes, basta que tú me lo pidas para que los compre. También los mataré, pero con una condición: yo trataré contigo, si no es así, no los quiero.En aquella mañana que me encontraba muy disgustado por el problema de la mala salida para el ganando, tuve la visita de dos mercaderes que vinieron a ver el ganado Se trataba de un padre y su hijo, los dos de abrigo y sombrero, pues estaba muy frío. Después de mirar el ganado me ofrecieron 260 pesetas por kilo, cuando el precio real era de 450 en canal. Les miraba con asombro y en silencio cuando uno de ellos me dijo: qué piensas hacer ¿Los hechas en ese precio?
-Les miré de arriba abajo y les dije:
-Lástima que lleven el abrigo abrochado.
-¿Por qué lo dice? Dijo, el más joven.
-Porque así no se les ve el revólver. Solo les falta que lo lleven a la vista para ser atracadores completos. Por favor lárguense y no vuelvan por aquí. Eso no es comprar sino atracar.
Eran dos explotadores que buscaban la ocasión. Sin corazón ni dignidad, sabiendo que podía ser la ruina de un ganadero. De esa forma hicieron algún dinero, robando al esclavo. Menos mal que son pocos los que actúan de esa forma, pero de vez en cuando surgió alguno más.
Esta clase de gente no llegan muy lejos, precisamente por ser de mal proceder y no saber comportase en la vida real. Después de atracar al ganadero, explotan al cliente sin piedad, dándole gato por liebre hasta que se encuentran con el resultado final: la mayoría de las veces la ruina, que es lo que se merece porque no valen para otra cosa.
Por fin llego el amigo del Chilu, que era carnicero de vacuno. Aquel hombre que acaba de llegar observó cómo trabajaba y vio todas mis instalaciones. Después de mira los teneros lo primero que dijo fue:
-Amigo, tienes un ganado excepcional y bien cebado. Mi amigo el Chilu me dijo, que fabricabas el pienso, ¿puedo verlo?
-Sí, Precisamente es para mí una satisfacción mostrarles el producto con el que cebo el ganado y que es lo mismo que come el ternero que matamos para nuestra casa.
Salimos de las naves y les llevé a las instalaciones donde hacíamos el pienso, que estaba todo funcionando Miró detenidamente toda la maquinaria, cogió un puñado de pienso, lo olió y dijo:
-¡Vaya pienso! Tiene tan buen olor que apetece comerlo. Creo que con esta calidad de ganado y este pienso las canales serán como se comenta, inmejorable.
-Desde luego que lo son. Siempre me gustó ofrecer calidad, porque creo que es la única forma de sobrevivir como ganadero. Las trampas nunca me gustaron.
-Bien se ve amigo, porque aquí hay buena muestra de ello dijo: Aquel hombre.
Después de pasar revista a todo, como buen entendido y profesional, se acercó y me dijo:
-Todo lo que contó nuestro amigo de ti, es poco comparado con lo que veo. Estoy asombrado del orden y de cómo trabajas con esos aparatos. Desde luego, si no lo veo no lo creo. Yo había oído hablar de ti pero nunca pude creer lo que decían hasta hoy cuando yo mismo lo pude comprobar. Perdóname pero te digo la verdad.
-Tranquilo ya estoy acostumbrado a que la gente me diga lo mismo. Es natural que no se lo crean cuando no conocen mi forma de trabajar, lo entiendo perfectamente.
Aquel gran hombre se le notaba la satisfacción que recibió al conocer a un hombre del que solo sabía de su existencia, pero que para él, cómo para muchos, lo que se comentaba era un mito, ¿cómo iba ser verdad que un hombre en esas condiciones pudiera ser tan activo y trabajar de todo?
-Te compro todo el lote de terneros me dijo: pero antes tengo que matar a 14 que tengo en mi cuadra, para ir sacando según los necesite.
-Papá le dijo el hijo, ¿cómo le vas a comprar todos si ya no tienes donde meterlos?
-Eso no importa, este hombre tiene un ganado especial, no hay línea de carne tan buena en todo lo conocido. Con razón tiene fama de ser uno de los mejores cebadores. Vamos a hacernos socios de él, ceba con pienso casero. Lo merece, no le des más vueltas porque ya están comprados.
-Mira ese hombre dijo: a su hijo cuando se alejaban, si todos fuéramos tan trabajadores como él, el mundo sería una balsa de aceite, porque es así como se crea riqueza y se vive bien.
– Entre lo bien que trabaja este hombre sin manos y la excelente ganadera que aquí tiene, debería ser presentada al público como exposición para aprender a mucha gente.
Lo mismo César carnicero de vacuno, que el Chilu carnicero de porcino, fueron grandes hombres del su oficio, trabajadores con honradez, serios y cumplidores, además de muy buenas personas, buenos comerciantes, que no robaron a nadie. Pagaban bien y apreciaban y respetaban los derechos de los demás. Supieron vivir de su trabajo, sin olvidarse de saber valorar el mérito de los que trabajamos. Los dos ya no están, pero nunca les olvidaré como amigos y hombres de bien que fueron. Estos dos hombres lo mismo que yo nunca fueron ladrones, como aquel energúmeno que trabajaba en la misma oficina, que decía, más rabioso que un puma, que todos los comerciantes éramos ladrones. Creo que confundido y atrofiado por la maldita envidia que siempre reino en su retorcido cerebro.
Hay un dicho que dice y muy acertado a mí juicio, que la envidia, el odio y la avaricia son unas de las tres enfermedades más peligrosas del corazón. Porque descontrolan y hacen perder a esa clase de persona el sentido de la realidad.
No conozco al hijo de César porque solo le vi una vez, pero sí al hijo del Chilu, que sigue con los negocios de su padre. Seguimos con la amistad de siempre al igual que su padre también lucha con honradez y es hombre de palabra, serio y buena persona. Sin duda lleva la sangre del que fue un gran cumplidor del deber. “El fruto del roble siempre fue roble y la figal siempre será figal”, así dicen los de mi tierra.
Cuando ya estaba terminado de matar aquella partida de terneros, que apunto estaban de pasarse, le dije a Cesar:
-Tengo que pedirte un favor. Tengo un compromiso con uno de mis sobrinos que, al dejar de estudiar y no tener trabajo, le ayudé a montar una pequeña cuadra con cinco terneros, también culones y le pasa lo mismo que a mí, no tiene salida. Son de toda confianza y los ceba con mi pienso.
-No te preocupes, basta que tú me lo pidas para que los compre. También los mataré, pero con una condición: yo trataré contigo, si no es así, no los quiero.





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