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Reportaje del Sr. Soriano y su esposa

El día 23 de Febrero del 2018, el Sr. D. Tino Soriano y su esposa Ana, hicieron un reportaje de mi historia para presentarlo a diversos medios que pudieran estar interesados en darla a conocer. Se trata,  sobre todo, de ayudar a infinidad de personas que, por diferentes circunstancias, estén atravesando un momento difícil en su vida (no necesariamente una amputación) y necesiten conocer un ejemplo de cómo se pueden superar las duras adversidades que la vida nos presenta en muchas ocasiones.   Tino Soriano, ha trabajado en multitud de ocasiones para  National  Geographic, Empresa especializada en Ciencia, Naturaleza y viajes entre otras cosas importantes y de prestigio Internacional y ha escrito varios libros, siendo premiado por su trabajo en diversas ocasiones. Su visita ha sido muy importante por dos razones:

Una, para mostrarles cómo se puede trabajar sin manos y que mi historia sea conocida fuera de nuestras fronteras, pudiendo ser un ejemplo de superación para todas aquellas personas que lo necesiten.

Otra, porque  mi ferviente deseo sería el poder editar mi autobiografía, ya que la inmensa mayoría de gente mayor, no tiene ordenador para entrar en mi blog y poder leer mis artículos. Me piden que lo edite porque quieren leer mi historia, la que ellos mismos conocieron y sufrieron conmigo, en aquel tiempo de tanta desgracia.

Yo desafortunadamente, no puedo editarlo porque económicamente es inviable y además lo mío siempre fue  trabajar.

Aunque después de jubilado escribí algunos libros, nunca pensé en editarlos, ya que mi intención era escribir para dejar constancia a las generaciones venideras de mi familia  de la tremenda lucha que fue mi vida y para que no se olviden de donde vienen y aprendan a luchar para combatir los inconvenientes que la vida nos presenta en muchas ocasiones.

No escribo para ganar dinero, pero tampoco para perderlo.  Solo se trata de ayudar a personas necesitadas que no conocen mi forma de trabajar sin manos, lo que ellos podrían hacer después de ser rehabilitados.

Es lamentable que en el siglo XXI, la sociedad deje arrinconadas a personas, que podrían ser rehabilitadas para que regresen a su estado normal en la vida y puedan trabajar lo mismo que trabajé yo toda mi vida. Aunque en circunstancias normales, no nos damos ni cuenta, el volver a ser “uno más”, para una persona con una amputación, podría ser como volver a vivir de nuevo, una nueva vida.

Está bien claro que lo difícil fue el empezar de cero, pero hoy, en mi entorno, ya son conocidas tanto mi forma de trabajar, como mis prótesis. Estas  son la milagrosa herramienta que nos ayuda a los que perdimos las manos a volver a tener una nueva vida. Ahora estamos luchando para, como ya comenté antes, superar fronteras y dar la posibilidad a cualquier persona del mundo, de volver a tener esperanza e ilusión para seguir adelante.

Un gran ejemplo es lo que cambió la vida del Sr. Magallares, después de fabricarle unas  prótesis a su medida. Al final de este artículo añado su comentario, que demuestra que una buena rehabilitación de las personas que sufren una amputación, es de vital importancia.

 Yo desinteresadamente podría colaborar en la  rehabilitación de algunas personas que lo necesitaran, tal y  como lo  hice en mis años de juventud, bajo la dirección del Dr. D. Francisco López de La Garma, Director de la Clínica Nacional del trabajo en Madrid. Un gran médico que ayudó a mucha gente y que fue el promotor de este tipo de rehabilitación en aquellos tiempos. Un Maestro que me enseñó y me ayudó a cambiar mi destino, consiguiendo mi regreso a la vida normal.

Con su gran corazón y su gran profesionalidad de hombre noble, me sacó del abismo donde me encontraba, aturdido y sin ver la salida a mi grave problema. Su ayuda fue decisiva para el resto de mi vida. Primero me enseñó a manejar unas prótesis  y después quiso que yo fuera su discípulo,  para enseñar al resto de amputados, lo que hicimos juntos hasta su falta. A partir de aquel tiempo todo se queda en el olvido y la gente se quedó sin medios, ni conocimientos para conseguirlo.

No quiero pensar lo que hubiera sido  mi vida sin la ayuda de aquel gran médico. Seguramente no hubiera podido con tanto sufrimiento y mi vida seguiría como perdida en el abismo o ya ni existiría. Por eso nunca me cansaré de proclamar a los cuatro vientos que la ayuda de unas personas a otras es indispensable. Todos necesitamos unos de otros, si no es primero, será más tarde. Así es el mundo y así hay que entenderlo.

El Dr. D. Francisco López de La Garma,  su recuerdo y su incalculable ayuda, siempre permanecerán en mi mente. Con su entrega a la profesión, aquel gran Doctor, consiguió que volviera a lucir el sol para mí.

Dentro de las mil y una cosas que nunca olvidaré,  recuerdo cuando una mañana nos encontrábamos todos en rehabilitación y dijo: “Tenía que llegar a esta casa Arsenio, que es un trabajador incansable, además de un  manitas, para revolucionar su vida y también la vuestra, con sus inventos que ha de conseguir. Él es quien mejor conoce las necesidades de un  amputado”. “Los que tenemos manos, las desconocemos. Hasta la fecha, es el único que sabe manejar todos estos complicados trabajos, por eso lo pondré a enseñaros a todos ¡A él no podréis decirle que no se puede hacer!

Por ese motivo nunca me olvidé, de enseñar y ayudar a mucha gente, como si fuera un homenaje a aquel gran maestro. Me dí cuenta de que todo esto debe seguir de generación en generación, para que no se pierda en el abismo. Unos con más arte y otros con lo que puedan, pero siempre ayudando a sus semejantes. Es mi deseo que la literatura de mi blog, siga enseñando y transmitiendo esa experiencia que tan necesaria es, cuando yo ya no pueda.

Me alegraría mucho que los descendientes del Dr. D. Francisco López de la Garma, conocieran esta pequeña historia que acabo de relatar, para que tuvieran constancia del bien que aquel gran doctor nos hizo y que permanecerá siempre en nuestras memorias.

Un saludo

Arsenio Fernández

 

                     Comentario del Sr. José Luis Magallares Guzmán, de Madrid.

 

José Luis Magallares Guzmán
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gorrufa@gmail.com
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  JOSE CABRERA se llamaba aquel hombre sin brazos, carbonizados por quemadura eléctrica de alta tensión, gangrenados al instante. Lo conocí en el año 1991 a través del hospital “la paz” en Madrid. ¿Quién fue el lumbreras o la lumbreras que decidió aquel encuentro? nuestra presentación y conversación fue terrible y más allá, pues tan severa limitación me hundió -aún más- en depresión y aquello machacó a mis abatidos padres. Si tras mi accidente hubiese entrado en la habitación del hospital el mismísimo Arsenio Fernández García, doy fe que su presencia hubiese eclipsado al mismísimo Jesucristo en caso de que dios exista, cosa que dudo seriamente. Sin embargo quien sí que existe es Arsenio. Un héroe. Una consolación ejemplar y ejemplarizante. Guía definitivo de lo que puede o no puede hacerse sin manos, a quien por casualidad o causalidad conocimos con 25 años de retraso, imposibles de recuperar. Esta es la realidad. ¿QUÉ HABRÁ SIDO DEL SEÑOR JOSE CABRERA? EN EL BUSCADOR GOOGLE NO APARECE RASTRO.

 

 

 

 

 

“Lo que la vida nos presenta algunas veces”

El día 15 de Enero del 2018, en una conferencia telefónica, José Luis Magallares Guzmán,  madrileño que con 21 años perdió las dos manos, la dentadura y se quedó sin vista durante tres meses, además de quedarse desnudo por la terrible explosión que no lo dejó en el sitio por un milagro, me contaba entre otras cosas más, lo bien que se encuentra con sus nuevas prótesis que hace una año, le confeccioné.

Valiente luchador, que ha conseguido rehabilitarse para manejar las prótesis. No es fácil de conseguir, por lo difícil que es aprender a manejar los aceros, que hacen de manos a los que las perdimos. Muy agradecido por todo lo que hice por rehabilitarlo no olvida lo mucho que sufrió, hasta que conoció las prótesis que le solucionaron su problema.

No se cansa de recordar aquellos 25 años de su juventud, que dice le quemaron, porque nadie le dijo que existía el inventor asturiano. Por si fuera poco lo que estaba sufriendo, precisamente cuando estaba recobrando la vista, después de pasar tres meses sin ver, se le ocurrió a un “lumbreras”, así lo llama él, presentarle para que lo animara en el hospital de la Paz, a un Sr. sin brazos amputados por los hombros. Aquel muchacho había sufrido una descarga eléctrica cuando trabajaba en su profesión de ferroviario.

Cuando el Sr. Magallares lo vio, asustado de ver aquel tremendo cuadro, le preguntó: “ ¿Qué se puede hacer en esas circunstancias Señor?”  y el otro le dijo: “nada, qué puedo hacer si no tengo brazos”. José Luis Magallares, se vino abajo. Cayó en una depresión tan grande, que solo quería tirarse por la ventana, para librarse de aquel terrorífico sufrimiento.

Si en lugar de presentarme, dijo, aquel hombre sin brazos, me hubieran presentado a usted, sólo con verlo trabajar y con la facilidad con la que explica las cosas, mi vida hubiera cambiado totalmente y me hubiera librado de sufrir esos 25 años de tormento y de tomar un montón de barbitúricos, para sedarme y no sufrir tanto, además de destrozarme el estómago.

La prueba de todo ésto es que nada más conocerlo, mi vida cambió por completo. Y no solo la mía, sino también la de mi esposa y  mis padres, porque todos confiamos en usted, al asegurarnos que podría defenderme, como lo hace usted.

Este hombre después de trabajar con sus nuevas prótesis y contemplar el enorme cambio en su vida y, recordando lo que sufren multitud de personas que hay por el mundo sin manos, que como él antes de encontrarme, sufren por no conocer mis prótesis y la forma de trabajar con ellas, dio vueltas por Madrid y otras partes para conseguir que Nacional Geographic, que es conocida por todo el mundo, por sus importantes documentales, venga a Candás, para hacerme un reportaje y que mi vida sea conocida por todo el mundo. Para que puedan contemplar lo fácil que es el trabajar sin manos  y puedan rehabilitarse y ponerles prótesis a todos, y evitar lo que el sufrió, los tristes 25 años en  los que no podía defenderse para nada. Mientras que hoy se siente como los demás hombres, sin complejos, ni sufrimientos.

Dice que mis prótesis son las únicas realmente efectivas que hay hasta la fecha, para un amputado de ambas manos y, que no se pueden perder en el abismo.

Esta actuación del Sr Magallanes, bien claro nos dice, que el bien siembra, bien recoge, y quiere ayudar a sus semejantes, de la misma forma que él fue ayudado. Es una generosidad que todos debemos copiar, ayudar todo lo que podamos, pero sobre todo, a esas personas indefensas por no tener manos y que pasan hambre por no poder trabajar.

El Sr. Magallares, no se olvidó, de lo que le dije al conocernos, cuando le parecía imposible el poder trabajar con las prótesis.

No es imposible, sólo es cuestión de planteárselo y, pensar que lo que un hombre hace, lo pueden hacer los demás. Así que trabajar y no dejar que la pereza y el cansancio nos venzan, es la única forma de conseguirlo. Nadie va a hacer lo que a ti te toca. No podemos olvidar que nacemos desnudos e inocentes y que vamos a ser en la vida, según la enseñanza que recibamos. Así es la vida y así la hay que entender, no sirve el quedarse atrás, hay que luchar hasta vencer, mientras que haya fuerzas. La inteligencia humana, no tiene límites si se sabe emplear para el bien.

Los consejos de unas personas a otras son importantísimos. Con mi experiencia, a través de muchos años, he ayudado a varias personas a salir del sufrimiento que padecían.

Entre otros muchos casos más, hace unos días,  una tarde viajaba en el autobús, por no llevar el coche para no conducir por la noche. Iba sentado en el asiento frente al conductor y aquel señor me dijo: “he leído su historia en el periódico. Es usted un valiente, ha luchado mucho y mire a dónde ha  llegado”.

“Yo que tengo manos”  dijo, “lo estoy pasando fatal, mi vida no tiene sentido. Me ha dejado mi mujer, y se ha quedado con la hija. Las quiero de verdad y no vivo sin ellas, estoy destrozado y no sé ni que voy a hacer”.

“Sr. está equivocado, es usted un hombre joven, con muy buena planta y lleno de vida. No se deje vencer por esa angustia que le atormenta. Por el mundo hay mujeres muy buenas, y poco a de tardar en fijarse una en usted, para que pueda rehacer su vida. Olvide a esa mujer que no lo quiere. Se puede sufrir por una mujer que te quiera, pero esa le ha abandonado, y no le importa lo mucho que la quiere, ni lo que sufre por ella”. Por si todo eso fuera poco le ha privado de su hija, es muy duro, pero no se olvide de un proverbio que dice: “querer a quien no me quiere, es cosa que nunca vi”, así que a seguir con dinamismo, pero con dignidad. Yo también tuve un duro golpe ¡perdí a mi esposa por una negligencia médica y casi muero de pena por ella! Hace 8 años que falta y su recuerdo está conmigo noche y día, pero no tuve más remedio que luchar. Tengo tres hijos y cinco nietos y  debo permanecer con ellos, porque es mi deber de padre.

Le aseguro que si se lo propone conseguirá reponerse y olvidarse de esa mujer. Es muy distinto lo que se sufre si te falta la mujer, a la que te abandona sin pensar en el tremendo daño que causa a la familia. La niña o niño al que  separan de la madre o del padre, llevará un trauma para el resto de su vida. La unión de la familia hace milagros en la enseñanza de los hijos y en la calidad de vida. Cuando hicieron el mundo, ya era para vivir en familia y no solos. No olvidemos que hasta los animalitos van en pareja. Yo, que estoy tan solo, no me canso de contemplarlos, recordado lo bien que vivíamos en familia.

Le aconsejo que lea mi blog, allá encontrará cosas importantes sobre cómo se consigue solucionar serios problemas. Después de atravesar por una serie de duros problemas, como ha sido mi desdichada vida, la necesidad te agudiza la inteligencia y te obliga a buscar soluciones que, con manos, yo nunca hubiera descubierto, ni hecho.

Aunque ya desde niño me gustaba mucho el trabajar y hacer cosas en artesanía, creo que hubiera sido imposible llegar a inventar un montón de cosas, que más tarde, diseñé. Ni yo me lo imaginaba, pero la necesidad y la bravura de la juventud, son muy importantes. El gran problema en estos casos extremos  y sobre todo siendo tan joven, es que nos falta experiencia y muchas veces no sabemos qué camino tomar. Está probado que si la experiencia de los mayores, mujer u hombre, se pudiera heredar, el mundo sería mucho mejor. La ignorancia de las cosas, es la que crea serios problemas. Por ese motivo hay gente que tiene miedo a enfrentarse a los problemas de la vida y, se queda en una esquina a sufrir por su mala suerte, sin darse cuenta de que hay otra salida  a sus problemas. Es en esos momentos cuando necesitamos de un maestro, que nos enseñe y nos conduzca por el camino del bien. La mayoría de las veces, después de sufrir un traumatismo de la clase que sea, nos deja destrozados y no nos deja ver la realidad, para resolver el problema.

El Sr. Magallares, acaba de reenviarme  el mensaje que recibió, donde dice que la próxima semana llegará a Candás, para conocerme y hacer un reportaje. El Sr. Tino Soriano, Fotoperiodista de National Geographic, y de otras muchas más empresas, de rango Internacional, viaja por todo el mundo, para confeccionar y publicar, excelentes documentales, que la sociedad debe conocer.

El Sr. Soriano, escribió varios libros y recibió premios de unos cuantos países. “Está considerado una Eminencia” por los excelentes trabajos que hace. Informado al mundo de cosas muy importantes que la sociedad debe conocer, para orientar y ayudar. Sobre todo a personas que padecen diversos traumas-que hay por el mundo. Lo que valoramos muchísimo los que conocemos estos tremendos y serios problemas, para dar remedio a los necesitados, que por desgracia son muchos,  que viven sin manos y abandonados en el mundo.

Candás, 18 de Enero del 2018.

Un cordial saludo para todos.

Arsenio Fernández.

 

  1. El milagro de Santa Bárbara.

Homenaje a Santa Bárbara  y su parroquia.

 Si la gente dice que fue como un milagro, así lo hay que decir.

            En este día 4 de Diciembre del 2017, se cumplen 63 años de mi accidente. Perdí las dos manos, festejando a Santa Bárbara, patrona de los mineros, en plena juventud y con solo 20 años. Me disponía, en esa terrible mañana del 4 de diciembre de 1954, a detonar cinco cartuchos de goma-1. Rodilla en tierra, con una cerilla encendida en el suelo y un cartucho de dinamita en cada mano, les di fuego a todos, encendiéndolos de dos en dos.

CARTUCHO DE DINAMITA

Ya había dado fuego a los tres primeros y, al dar fuego a los dos últimos, observé que uno de éstos se quemaba a demasiada velocidad. Intuí el peligro y me levanté velozmente, pero ya no me dio tiempo a nada ¡sólo vi volar mi mano derecha!¡ Pero el que llevaba en la izquierda, también se había disparado con el mismo resultado! ya sólo vi fuego y sangre a mi alrededor.

            A pesar de darme cuenta de que ya no tenía manos y ver que me estaba desangrando, por la enorme pérdida de sangre, pude salir corriendo para casa. Asustado y con tanto dolor, no medí bien la distancia que había desde el prado hasta el camino, por donde salté para librarme de la muerte. Había tres cartuchos ardiendo y estos me iban a deshacer en pedazos, como sucedió con las manos, ya que detonaron nada más darme la vuelta para huir. Todavía había otro peligro y ese estaba en mi propio cuerpo. En el bolsillo superior de mi chaqueta, llevaba otros siete detonadores. Más que suficiente para “enviarme a Marte” si los hubiera alcanzado la onda explosiva. A pesar de la grave situación, mi vida estuvo en un peligro incalculable. Al levantarme, hice un giro hacia la derecha lo que fue suficiente para salvarme de una muerte segura, ya que ese movimiento dirigió la onda explosiva hacia mi derecha. Me causó varias heridas en la cara y piernas, cortándome parte de mi chaqueta y la cadena del reloj de bolsillo, pero no me tocó mi parte izquierda, que era donde tenía los siete detonadores. Aquellos detonadores no eran eléctricos. Se detonaban por mechas, por eso detonaban en las minas algunas veces, al dar fuego en los travesales y guías, si no estaban apartados a una distancia y, al otro lado de una curva de la mina, para evitar la onda explosiva.

 Al estrellarme contra la pared del camino, sufrí un fuerte golpe, que me dejó sin conocimiento por unos momentos, tumbado en el barro del camino. Luego reaccioné  y pude reanudar la marcha, dejando atrás dos líneas de sangre en el camino. Aterrorizó  a toda mi familia y a vecinos de los pueblos cercanos, que al oír los gritos de mi familia, acudieron en poco tiempo. Sólo me podían conocer por el habla, ya que mi rostro estaba herido y lleno de sangre por todas partes.

También quiero recordar al otro compañero del mismo pozo, que perdió las dos manos y un ojo, Alejandro Antuña Pandal, que con 25 años, sucumbió ante tanto dolor. No pudo recuperarse. No pudo dar nombre a su hija de 5 años, ni a su novia, que lo quería con todo su corazón. Así me lo dijo en el hospital, cuando lo iba visitar. Las abandonó, por lo mucho que sufrió. Fue una gran lástima, se perdió un hogar, una familia que, con las dos, pudo formar. Es posible que si se hubiera juntado con su novia y su hija, hoy ya tuviera nietos y viviera  encantado de la vida con ellos, apartándose de la bebida, que lo llevó a la muerte, siendo tan joven.

                          Después de todo lo ocurrido, este artículo debe ser como un  homenaje a nuestra patrona Santa Bárbara. Porque si por ella perdí las manos, ella fue la que me dio fuerzas y valentía para recuperarme, y volver a ser un hombre como los demás. Trabajando y estudiando para olvidarme de aquel tremendo traumatismo, para seguir con mi familia y poder reincorporarme a la sociedad.

 

Por eso no acepté el suicidarnos, como Alejandro

quería, tirándonos al tren, a la semana de perder las manos.     

            Cuánto sufrimiento y cuanto dolor, para mí, para mi familia y para todos vosotros, porque aquel día todas las familias mineras de Asturias, sufristeis por dos compañeros mineros destrozados por esa tremenda pérdida, como es perder las manos. Quién nos iba a decir, después de conocer ese terrible accidente, que las personas podemos aguantar tanto y luchar con tantas fuerzas para recuperarse de una pérdida, tan dolorosa y tan triste.

                                                                                Alejandro, el niño de bustio y yo. Foto

en la terraza de la Clínica de Madrid, cuando estábamos en rehabilitación. Marzo de 1955.

          Todo esto nos enseña y nos muestra, que debemos confiar en los demás. El cariño de la familia, de los amigos, de los vecinos, de los compañeros de trabajo, es muy importante, porque nos ayuda a combatir los serios problemas que la vida nos va presentando, a medida que pasa el tiempo.

  Está probado que la lucha y el sufrimiento, hacen  a las personas más fuertes, más valientes y más solidarias, para ayudar a los demás. La necesidad  nos obliga y nos enseña a buscar el remedio para defendernos, como es mi caso. Esa necesidad me llevó a inventar muchas cosas que no solo valieron para solucionar mi serio problema, sino también  para mucha gente a la que, a través de mi experiencia, fui ayudando. No solo a las personas con problemas físicos, también a algunas con problemas de diversos motivos, que sufriendo no podían dar solución a su problema, pero que después de darles una charla o conocer, lo que mucha gente dice  “El milagro de Santa Bárbara, porque lo de Arsenio fue como un milagro” seguían el ejemplo de no rendirse.

   La primera persona que dijo que mi vida era un milagro, es mi consuegra de Luarca, Nieves, madre de mi yerno Javier. Cuando un día miraba como trabajaba me dijo: “Arsenio, es increíble creer sin conocerte, que sin manos puedas trabajar mejor que muchos con manos. Yo no sé como puedes saber de todo y hacer las cosas con tanta naturalidad.”

               -Es normal Nieves, le dije, hay que poner arte, hay que trabajar para ganarse la vida.

      -Es cierto que hay que ganarse la vida Arsenio, pero lo tuyo es un milagro, yo tengo la misma edad que tú y nunca conocí otro caso igual. Tú no le das importancia porque lo haces con normalidad, pero los que nunca lo vimos, lo consideramos un milagro, y no creas que lo digo yo sola, lo dice mucha gente de aquí que te ve trabajar y conducir el coche como los demás. Además siempre vas con alegría y muy bien vestido y eso llama mucho la atención de la gente. 

           -Muchas gracias Nieves, tú lo ves así porque me aprecias y lo valoras muy bien, no de balde somos familia, tú también eres luchadora. Para ti la vida también fue muy dura. Muy pronto se murió tu marido y padre de tus hijos. Sola, criaste a tus tres hijos y los estudiaste. El camino es muy duro para casi todos, el que no tiene un problema tiene otro, por eso hay que vivir con dinamismo y fuerza de voluntad. Además el trabajo es como una terapia que cura y nos ayuda a eliminar los problemas.

                Todo esto es muy importante, porque nos dice que no podemos sucumbir ante el miedo. El miedo es el que nos deja muchas veces atemorizados y sin fuerzas para combatirlo. Por eso hay que reflexionar.

           Santa Bárbara, es popular y muy conocida por sus grandes fiestas de San Bartolomé  el “Pote” Se celebra todos los años, en los últimos días de Agosto. Una de las mejores fiestas de prado de Asturias. Con las mejores orquestas del país y muy bien organizado. Hay una excelente comisión de festejos, presidida desde siempre por Amador Rozada, hombre dinámico y entusiasta de su parroquia. Es de destacar que todos los vecinos de esta bonita parroquia, son socios, así como un montón de gente de las otras parroquias.

             Además de esa importante fiesta, se festeja Santa Bárbara, todos los años el 4 de Diciembre, con una bonita procesión antes de la misa, a la que asistimos gente de muchas partes de la Provincia, por ser la Patrona de los mineros.

    En esta parroquia, se hizo la primera mina de nuestro Grupo San Martín, La Estrella, 1863, en el Escubietu.

Las minas de nuestro Grupo fueron La Estrella, El Prado Molín, 1923, los 9 pisos hasta el noveno, minas  de las calizas y minas del Praón, Minas de la sección San Mamés 1923, de 7 pisos, minas de Valdelospozos con 6 pisos. Minas de San Felechoso, 1900, de varios pisos, creo que fueron 5, Pozo plano, San Ignacia del Rimadero 1900.

Pozo San mamés 1940, Pozo Cerezal, 1988, antes se llamó de Santa Bárbara.

           La Parroquia de Santa Bárbara se llamó “La Hijuela” donde se hizo el primer censo del Concejo, por ser la Parroquia más poblada de aquel tiempo. En 1886, se desmenbra de la feligresía de San Martín la “Hijuela”

 Primera inscripción en el Registro de San Martin del Rey Aurelio.

         La Bobia es mi pueblo, allí nació, Teresa Suarez García, hija de José y Genoveva, nacida en La Bobia, de Blimea, en 1871, fecha en la que se inscribe el primer nacimiento, en el registro civil de San Martín, a nombre de aquella Niña.

           Según la historia, se cree que La Bobia, fue el primer caserío, para formase la Parroquia de Blimea.

             Me gusta mucho conocer la historia de España, pero sobre todo la de nuestra Asturias, porque así sabemos de dónde venimos y lo que somos. También las fechas de las  minas, de ferrocarriles y carreteras. La construcción de los puentes del Concejo, que fue creado, en el año 1837, ya que antes pertenecía al de Sama. Concedido por el Rey Aurelio como agradecimiento a los Escandones de Sotrondio, por una distinción de estos a su majestad.

Si quereis entrar en mi blog poned “Cómo trabajar sin manos”

Un cordial saludo para todos.

 Arsenio Fernández

 Historia de un dolor

Después de aquel tremendo accidente en el que perdí las dos manos y de sufrir tanto, una vez más, se demuestra que el hombre  que lucha y trabaja, puede hacer cosas muy importantes en la vida, y no sólo para él, sino también para otras personas que sufren y no pueden con su trauma.

Por ese motivo, escribo en mi blog este y otros artículos. Para mostrar lo importante que es el saber  que, con agallas y mucha paciencia, se pueden combatir muchos y serios problemas.

              Inmerso en tanta lucha y tanto desequilibrio, por tanto pensar y sufrir, a medida que transcurría el tiempo, iba pasando revista a las cosas que recordaba ya desde mi juventud y  que me parecían importantes. Estas siempre aportan algo a la inteligencia.

A fuerza de “darle vueltas” a mi cabeza, entre otras cosas más, recordé el caso de un Señor de 50 años, de un pueblo cercano, que padecía un trauma severo. Había sufrido unos años antes una parálisis del lado izquierdo, que le dejó inmóvil brazo y pierna, además de fuertes dolores. Por si eso fuera poco, se quedó viudo, lo que agudizó su duro problema, ya de por sí, muy fuerte para él.

Este hombre no parecía ser de los fuertes, y por si fuera poco,  su escasa cultura también le suponía un serio problema más. Decía tener fuertes dolores en su brazo y pierna,  noche y día. Se pasaba el tiempo llorando y quejándose. Se sentaba delante de su casa y a llorar, que era lo suyo, por lo mucho que sufría.

Lo curioso de este caso, y que a mí me llamó mucho la atención, después de observarlo muchas veces, además de pasar pena por él,  era que, con mucha frecuencia, lo visitaba una señora que le daba un abrazo y mucha gracia. Este hombre como por arte de magia y como si estuviera sano, con mucha alegría y grandes carcajadas, la invitaba a su casa, cerrando tras de sí  la puerta y la ventana…  Aquella señora,  que era de su edad, también estaba sola. Todos podemos imaginar lo que allí debía suceder.

             Hasta ese punto todo normal. Pero lo que yo no entendía es: ¿por qué aquel tremendo cambio con la presencia de la mujer  y, al otro día, volvía a lo de siempre, a quejarse y a llorar? Yo con mis 17 años, como otra gente más, conocíamos aquellas aventuras que considerábamos normales. Lo curioso era observar cómo aquel hombre, que a simple vista, parecía estar muy enfermo, pudiera cambiar tan rápidamente, nada más ver a la  mujer  acercarse. Aquellas visitas de la señora fueron durante largo tiempo y siempre ocurría lo mismo, a llorar de nuevo…  Nunca me olvidé de aquel Señor, que sólo estaba alegre y contento cuando la señora lo visitaba…

Otro caso que considero muy importante, fue el de mi propia madre, que fue mujer de mucho arte. Era muy trabajadora y fuerte, a pesar de padecer un serio problema de corazón. Nada menos que cuatro complicaciones: Infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca, irrigación coronaria y angina de pecho. Un cuadro clínico severo y tan duro, que el especialista Dr. Meneses, que la trató, dijo desde el principio que se moriría en poco tiempo. Por suerte no fue así, vivió 40 años con aquel serio problema y trabajando en labores del campo y de la ganadería, además de los trabajos de ama de casa y de criar a sus 14 hijos. Después de tanto sufrimiento y lucha,  queda patente la fortaleza de mi madre.

 En una de esas recaídas fui a buscar al Doctor Meneses, en un invierno de aquellos tan malos, de lluvia, nieve, tormentas y fríos, en el año 1.973. Nada mas verme el Doctor me dijo: “¿no vendrás a buscarme para tu madre? ¿cuánto hace que murió?”

                   -“No se ha muerto. Es posible que sea esta vez. Está muy grave, por eso vengo a buscarlo. Lleva en cama varios días y en lugar de mejorar, la cosa se complica más. Traigo mi coche, si no se atreve a subir conmigo, llamo a un taxi. Yo sólo llevaba conduciendo un mes. Esto era a finales de Enero de 1.973 y había sacado el carnet de conducir, el día 1 de Diciembre de 1.972.

                   -“Cómo no voy a subir contigo, si sé que eres un buen conductor. Aunque no tengas manos, manejas el volante como si fuera de toda la vida. Estoy bien informado por los ingenieros, tus jefes te aprecian mucho, por lo valiente  y cumplidor que eres”

                   -“Muchas gracias Doctor, sí que se me da muy bien, no tengo ningún problema para conducir, ni para trabajar de todo. De muy joven comencé  a trabajar. Lo que se aprende de joven, no se olvida nunca. Esa es una de las ventajas de nacer y criarse en la aldea, a parte de la enseñanza de nuestros padres, que siempre cumplimos con todo detalle”

                  Se fue al fichero a mirar el historial de mi madre y, con asombro me dijo: “Arsenio, tu madre es de acero, en toda mi carrera, no se ha conocido caso como éste. Según la ciencia, es imposible vivir en ese estado y, ella no solo vive, sino que también trabaja”

                 Subimos a verla a su casa en La Bobia, a 486 metros de altura, con aquella enorme tormenta donde no servían ni los paraguas. Después de comprobar el estado de gravedad, el Dr. me dijo: “Arsenio, llévame a Sama, coge las medicinas y ven todo lo rápido que puedas, es posible que ya no la encuentres con vida”

                 En aquel tiempo había poco tráfico, por eso subí a toda prisa, para darle las medicinas que la salvaron, porque ya estaba en cama, sin poder hablar, ni moverse.

                 No murió de aquella, aguantó 5 años más. Su edad iba con el siglo, nació en 1.900, y murió en 1.978. Después de padecer aquella tremenda enfermedad desde los 38 años,  trabajando toda la vida desde niña.

                 El Dr. Meneses, al que mucho aprecié por ser  un gran profesional de la medicina,  cada vez que nos encontrábamos por Sama, comentaba el caso de mi madre.

                 Aparte de la gran fuerza de voluntad y la fortaleza que uno tenga, es posible que el buen tiempo algunas veces nos ayude a esos cambios tan notables. Hubo algunas épocas en las que después de permanecer en cama unos cuantos días y con un tiempo gris y lluvioso, llegaba un domingo alegre y soleado. Mi padre que la quería mucho,  la animaba y la llevaba con él a una romería de campo o a visitar a alguno de los hijos casados en zona lejana. Es posible que las ganas de salir de casa, también fueran importantes, para esa recuperación del ánimo. Los que somos trabajadores de profesión, siempre preferimos el campo, antes que estar cerrados en casa.

         Tuvo épocas de permanecer en cama  hasta dos o tres meses. Fue tan dura y trabajadora que  muchas veces se desmayó trabajando en las tierras. Se caía en el mismo riego que estaba haciendo para sembrar,  sin conocimiento. Rápidamente yo con 9 años, le daba masajes al corazón para ayudarla a reponerse. Así me habían enseñado, porque era el que siempre la acompañaba. Mi padre estaba en el trabajo en la mina, los hermanos mayores se habían casado y siete eran más pequeños que yo. Al recuperarse seguía con su trabajo de labradora, ¡como si no hubiera pasado nada!

               Durante todo ese tiempo de la enfermedad, tuvo que tomar a diario un jarabe, llamado Neuronal Turón. Un frasco de cristal verde ovalado y de 300c.c. No recuerdo el principio activo que llevaba, pero sí su color vino y su  mal sabor.

Estos dos casos, como otros más, que siempre recordé, me sirvieron más tarde, para reflexionar mucho en aquel tiempo, después de mi accidente y tras perder las manos. Cuando me encontraba como perdido en el mundo, atormentado de tanto sufrir y, sin saber que camino  tomar. Pasando revista a estos casos extremos, me doy cuenta de que nuestro cerebro, es débil y vulnerable  ante tanto sufrimiento. Haciendo estos análisis, es cuando pienso que mi grave problema, pudiera tener alguna solución, si aguanto y lucho para dar con ella.

La pregunta que me hacía era la siguiente: ¿por qué el cerebro humano, sufre esos cambios tan rápidos y tan diferentes? Si esas personas que sufren terriblemente en un momento dado, son capaces de cambiar y de sentirse como sanas, tiene que haber alguna explicación.

En el primer caso, era la visita de la mujer quien daba estímulo y alegría al malparado caballero, que se sentía sano y feliz con ella, volviendo a su estado de sufrimiento, al quedarse solo.

              En el caso de mi madre, siempre lo tuve muy claro: aparte de ser una mujer muy valiente y fuerte, tenía una fuerza de voluntad de acero. Por ser como era y, a pesar de su grave enfermedad, sabía sobreponerse ante tanto dolor y sufrimiento y, por eso conseguía esos cambios que le permitían seguir trabajando, nada mas  recuperarse de los desmayos.

         Teniendo en cuenta esos cambios tan importantes, llegué a una conclusión: Nuestro cerebro es débil y, no lo podemos dejar pensar en cosas negativas. Hay que dominarlo y pensar en trabajar y hacer cosas que nos ayuden a resolver el problema.

             Para conseguir este notable cambio y dejar de sufrir tanto, hay que practicarlo mucho y, procurar dejar la mente en blanco, para luego pensar en positivo. Todo esto parece imposible, pero es real. Claro está, que es difícil, pero si no sale en los primeros intentos, saldrá en unos cuantos más.

            Todo esto fue muy importante para ordenar mi aturdido cerebro, frenando un poco esos tremendos sufrimientos y, serenarlo para seguir trabajando en mi rehabilitación y en los diseños que iba descubriendo, para construir mis propias prótesis, que a su vez me sacaron de aquel tremendo estado, de desconcierto y sufrimiento. Si se consigue, eliminar los malos pensamientos, la vida te cambia totalmente y te da fuerzas para seguir con tus proyectos.

             Yo lo tengo muy claro, no se puede dejar rienda suelta a los pensamientos. En esos tristes momentos de tanto agobio y sufrimiento, es necesario, serenarse y poner orden en tu cabeza, para conseguir un poco de paz y sosiego. Es en este tiempo de amargura y tanto sufrir, además de poca experiencia, cuando mi reflexión me aconseja, seguir adelante. Es donde se decide el destino de lo que iba a ser mi esclava vida. A pesar de tanta lucha, no me pesa el camino que escogí, creo que acerté. Pudieron pasar varias cosas. Quedarme triste y solo, padeciendo a todas horas. Quedarme sumido en el miedo y el terror, que produce el pensar en el porvenir, y en una  vida destruía para siempre, o reflexionar  y pensar en lo valientes y bravos que fueron mis padres, y lo mucho que lucharon para criar a sus 14 hijos, en aquellos tiempos extremos, de hambre y esclavitud. Esto junto con el cariño que nos dieron, me enseñó el camino de la lucha y del bien. Esa fue mi suerte, pude conseguir, quedarme con ellos para acompañarles por la vida y darles ese cariño que de ellos siempre recibí.

 Si te quedas en una esquina llorando tu desdicha, y comienzas a disculparte con el trauma que llevas, solo conseguirás tu destrucción. Ya nunca podrás recuperarte. Todo esto tiene que ser ya, y en el primer momento del cambio tan radical que acabas de sufrir, si no aciertas, adiós para siempre. He comprobado a través del tiempo transcurrido, que esto le ocurre a mucha gente que nunca se ha recuperado, por ser más fuerte el sufrimiento, que su propia voluntad.

Después de este terrible accidente, lo primero fue la cura física y luego la cura  psíquica y moral, que no es fácil de conseguir. En esos tristes momentos pierde uno las ganas de comer y hasta  de vivir. La pena que invade a uno, le atrofia hasta la inteligencia. Si los dolores del traumatismo ya de por sí son terribles, aun lo son más, los de la mente que casi hace que se pierda la razón.

Después de tanta amargura es imposible creer en la recuperación. Si la misma sociedad  no cree en ella, menos lo va a creer el que la padece. Al menos así era en aquellos tiempos en los que decían, pobre Arsenio, mejor era que se haya muerto en el mismo accidente, que va ser de él, a dónde va a ir sin las dos manos.

Aunque me hayan salido bien las cosas y me recuperé, yo también lo pensé así en aquel tiempo. Pero las cosas no son como uno las quiere.  Creo que cuando uno nace, ya tiene el camino de su vida trazado y que nadie se lo va a ocupar. Cada uno recorrerá el suyo, sin que pueda apartarse de él.

Aunque mi destino quiso ser duro conmigo, y me quitó hasta las manos, además de sufrir varios accidentes de trabajo, no fue lo suficiente como para perder el sentido de la lucha y el cariño por mis padres y hermanos. Por eso no acepté la invitación de Alejandro, el otro chico que también perdió las manos y un ojo, cuando me invitó a que los dos juntos nos suicidáramos, tirándonos al tren que pasa por al lado del hospital, en Sama de Langreo, a la semana de perder las manos, para dejar de sufrir y no ser una carga para los demás. Así lo pintaba él, convencido de que era lo mejor. Por eso  nunca pudo levantar cabeza, hasta que se murió siendo muy joven, cansado por tanto sufrir y enganchado a la bebida, que lo destrozó.

Después de todo lo ocurrido, creo que es necesario el dar a conocer esta dura, pero real historia, porque puede servir de orientación y alivio para algunas personas que sufren y no tuvieron ayuda de nadie.

  Está muy claro que todos necesitamos unos de otros. Hay un dicho que dice: el que no haya tenido más maestro que sí  mismo, siempre será como un pollino. 

               Mi vida se truncó a los 20 años: sin manos, sin dinero, sin cultura porque no había estudiado, pues mi vida había discurrido entregado totalmente al trabajo,  sin conocer más mundo que el que nos rodeaba en la aldea.  No se conocía ningún medio para combatir el duro problema.

No pude estudiar hasta después del accidente y más tarde al retirarme a los 65 años. Antes me fue imposible. Trabajé de sol a sol, así lo decían los que me rodearon. Pensaban que me iba a quemar por tanto trabajar. Algunos decían que mi fin sería morir reventado y de muy joven. Pero lo más curioso de este caso, es que hoy lo que me preguntan, es que después de una vida de tanto esfuerzo y trabajo cómo me arreglo para estar tan bien conservado.

Con alguna frecuencia, la gente que me conoce de toda la vida me dice. “Arsenio tú qué comes, qué haces para conservarte tan bien, estás como un chaval, no pasan los años por ti. Todo el mundo que te conoce, comenta tu caso. ¿Casi revientas trabajando y estás perfectamente bien?”

Aquí, sí que hay  que hacer un análisis de lo que supone el trabajo y el método para cuidar de la salud. Creo que es fundamental una buena alimentación, pero sin comer demasiado. No beber demasiado alcohol y, por supuesto, el movimiento, el trabajo diario creo que es como una terapia que cura. Evita cargarse de grasas y se mantiene uno ágil y fuerte. También puede que la naturaleza de cada uno sea importante. La mayoría de las veces, la genética, es la que impera.

Cuando un hombre se ve en un caso tan duro como éste, en el que te encuentras destrozado, con el cerebro como bloqueado, los pensamientos se sucedían a  la velocidad del rayo. Por eso hay que intentar coordinar las cosas, para evitar perder el norte y, sin saber que camino vas a seguir. Eso al principio era imposible, la amargura y la tristeza me invadían y no me dejaban ver otra cosa. Pero la lucha y el trabajo lo cambiaron todo y conseguí llegar a la meta que me propuse: el poder trabajar y valerme como los demás.

Un cordial saludo.

Arsenio Fernández.

Sr. Magallares, cierto es que mi ayuda ha sido importante para conseguir su rehabilitación, pero no menos fue, su gran lucha para conseguirlo.

Nadie sabe mejor que el que padece un tremendo trauma, como es el verse sin manos y no poder ni comer.

Solo con pensar lo duro que es el conseguir la pronación supinación de las muñecas, y los dolores que hay que soportar, ya es bastante. Sin contar la dura batalla de a prender a manejar las prótesis, que si no hacen daño por un lado lo hacen por otro. Hasta que la musculatura se adata a la dureza de los aceros, además del peso que al principio rinde los brazos.

No se puede describir con palabras, lo que hay que soportar para conseguirlo y Usted lo consiguió, en hora buena amigo.

Siento pena porque nuestro caso no sea conocido fuera de nuestras fronteras, para animar a muchas personas que como nosotros perdieron las manos. Para que pidan ayuda a sus gobiernos. Es doloroso el pensar que nadie se preocupa de estas personas que pasan hambre por no poder trabajar, cuando lo podían hacer como lo hacemos nosotros. Increíble pero cierto.

Espero que un día se despierte, ese sentimiento de colaboración y ayuda, a los personajes de la política y de otros sectores, que no se acuerdan del necesitado, que sufre y padece en la soledad. Por no poder ni llevarse a su boca hambrienta, ni un pedazo de pan. Así son las cosas y así lo hay que decir, porque pueden tener arreglo, si nos lo proponemos.

Un cordial saludo.

Arsenio Fernández

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