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Valiente lucha del Sr. Magallares     

Después de una férrea lucha en su rehabilitación, José Luis, ha conseguido dominar el duro trabajo que supone el aprendizaje para trabajar con las prótesis.

Una gran alegría para él, que se siente liberado de lo que era aquella pesadilla de verse sin manos, ni nada que las pudiera suplir. Y una gran alegría también, para sus padres y su esposa que lo ayudó, con mucho cariño, a realizar la pronación supinación de su cúbito y radio, que son los que mandan el movimiento,  para poder manejar las prótesis.

Una vez más, vemos lo importante que es el vivir unidos en familia. El cariño de una mujer, es inigualable para vivir con alegría y levantar la moral de un hombre, destrozado por tanto sufrimiento, además de no “poder ni defenderse”.

Este bravo muchacho, cansado de buscar en las redes sociales remedio a su problema, se encontró con la información en  mi blog, y se puso en contacto conmigo a finales del  mes de Junio del 2016.

El 1 de Julio vino a  visitarme, acompañado por su esposa. Después de pasar con nosotros unos días, para enseñarle la forma de rehabilitarse, y tomarle las medidas para construirle la prótesis, regresaron a Madrid para seguir con su rehabilitación.  En un solo año ha superado la rehabilitación, con la que  mucha gente no ha podido en toda su vida.

En el mes de Octubre regresaron de nuevo a Asturias, para probarle la prótesis ¡que salió a su medida! Fueron casi dos meses de trabajo, lo que tardé en construirla, pero mereció la pena, porque hoy dice que se siente un hombre nuevo, que ha sido un cambio tan grande, como notable.

El conseguir hacer moverse el cúbito y radio como si fueran dos dedos, es muy doloroso, por estar anquilosados por la amputación. Todo este trabajo, produce mucho dolor durante largo tiempo, que no todos soportan. Por eso el Sr. Magallares se merece una ovación, por lo bravo y valiente que es. Además de mostrarnos que la fuerza de voluntad y el aguante, mueve montañas.

Este tema fue una novedad. Publicado en los medios de comunicación, dio lugar a diversos comentarios. Había gente que consideraba casi imposible que este proyecto llegara “a buen puerto” y me decían: “Arsenio, te vas a llevar un gran disgusto. Si nunca hubo nadie que pudiera con ese trauma, el madrileño tampoco va a poder y las dejará tiradas en una esquina, trabajarás en vano, además del dinero que todo eso te costará.”

Después de un año transcurrido, podemos festejar con el Sr. Magallares y su familia, el gran triunfo que ha conseguido. Debemos mostrárselo a la opinión pública, para que los que padezcan algún trauma, se animen y puedan salir adelante, como lo ha  conseguido ahora este chico madrileño y yo, en su momento. Así son las cosas y así  hay que decirlas, porque todos podemos tomar ejemplo, unos de los otros.

Nacemos desnudos e inocentes, y seremos en la vida, según la enseñanza que recibamos. Esto no lo podemos olvidar, porque así será mientras que haya mundo.

Está muy claro que las ganas de trabajar y la lucha por conseguir las cosas, son las que nos proporcionan el bienestar en  la vida, y nos hacen más sociables y solidarios con el resto de la humanidad, porque así tiene que ser. Hay un dicho que dice:” el que no haya tenido más maestro que a sí mismo, siempre será como un pollino.”

Un cordial saludo para todos.

Arsenio Fernández.

 

Vacaciones en Escocia 

Después de transcurrir casi 10 años, regresé a Escocia a pasar unos días con mi familia.

Corto viaje, solo por unos días, ya que me acompañaron mi hija Ana y mi yerno Javier. Tenían pocos días disponibles, por tener que regresar al trabajo. Aunque lo pasamos bien, me faltaba mi querida esposa, a la que echo muchísimo de menos. Habíamos pasado allá, varias veces, temporadas de hasta 4 meses, en los que recorrimos muchas partes de Escocia. A cada lugar que íbamos, el recuerdo de ella siempre estaba presente. Es tremendo lo que suponen estos recuerdos del pasado, pero siempre en  silencio, para no molestar a nadie.

Mi hijo Norberto trabaja como especialista en psiquiatría y su señora es enfermera. Las hijas, Alejandra con 18 años y Cristina con 10, estudian. Las dos nacieron  en Escocia y son bilingues, hablan Inglés y Español. Son muy buenas estudiantes y muy  educadas. Escocia es muy bonita, es muy parecida a nuestra Asturias. Hay muy buena gente, les gusta mucho viajar por España. Hay muchos que después de retirarse vienen a vivir a España por el buen clima y la buena gastronomía. Allá llueve mucho y es algo más frío.                                                                                           

 

Este magnífico barco pasea por el lago, a los turistas que lo visitan. Hay turistas de casi todas partes del mundo. Escocia tiene mucho turismo por su belleza y buena gastronomía, además de una gente muy atenta y acogedora. Tiene muy buenos hoteles y pensiones, mucha limpieza y excelente atención al turista.

                                                                                       

                                               Lago Lomond, en el Condado de Dumbarton

  

Las hermosas orillas del Lago Lomond sirven de frontera entre las tierras bajas de la Escocia central y las tierras altas. Con sus 39 kilómetros de largo y 8 de ancho máximo. Su profundidad media es de 37 metros, con una profundidad máxima de 190 metros. Posee una superficie de 71 km², con un volumen de 2,6 km³. Es el lago de agua dulce, con más superficie de Escocia, pero el segundo en volumen de agua. El mayor en volumen, es el Lago Ness,  famoso por el “monstruo” que vive en sus profundas aguas y que es el principal atractivo para el turismo.

                                                                                                                                                lago Fine 

Lago Fyne es un lago marino en la costa oeste de Argyll and Bute y es el más largo de todos los de su clase, con 65 kilómetros de largo. Es conocido por sus excelentes ostras, pero también por sus bonitos paisajes, donde se pueden ver las ruinas del castillo.

 

  Lago Rusky  Situado en Perthshire, este pequeño lago cercano a Callander es un lugar tranquilo y hermoso, donde los turistas  sacan fotos y se pasean en el bonito barco. Está muy cerca del Lago Lomond y del Parque Nacional de los Trossachs.

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                    

 

 

Castillo de Edimburgo

La vista de la izquierda es la entrada principal al Castillo. La de la derecha es la vista de la roca que le sirve de base, y la carretera que, con una pendiente apacible, nos lleva a la parte central del castillo, situado a una altura de 80 metros sobre una antigua roca volcánica.

 

La carretera que sube a la parte principal del castillo, comienza en la calle Royal Mile, a escasos metros de la Catedral. Desde aquí, caminaremos hasta el castillo situado en la roca de un antiguo volcán.

Una vez en el interior del castillo, se pueden visitar sus principales dependencias, donde se ve la Piedra del Destino, de los Honores de Escocia, de las guerras y asedios librados en sus muros, y de los asesinatos, historias y leyendas en su interior, así como sus cañones. Entre los puntos que se pueden visitar, se incluyen lugares como las prisiones, la Capilla de Santa Margarita (el edificio más antiguo de Edimburgo) y el Museo Nacional de la Guerra.

Según dice la historia, la vida alrededor del volcán, comenzó sobre el año 900 a.C. y en el año 600 d.C. apareció la primera fortaleza.

En 1745 el último ataque jacobita, dio fin a la etapa militar y el Castillo de Edimburgo se convirtió en el monumento más visitado de Escocia. Se puede visitar Edimburgo en autobús turístico, con ticket para todo el día. Es algo maravilloso pasear por esta encantadora ciudad. No se cansa uno de ver cosas todo el día.                                                                   Roca donde esta es Castrillo y carreyerta que sube  a la parte cenral del Castillo 

Lago Nesses un extenso y profundo lago de agua dulce que se encuentra en las Highlands (tierras altas) de Escocia, en el Reino Unido. Este lago forma parte de la serie de lagos de Escocia que fueron labrados por los glaciares durante las anteriores glaciaciones. Sus aguas tienen una visibilidad excepcionalmente baja debido al alto contenido en turba, procedente de los suelos cercanos.

Lago Ness, con el Castillo Urquhart. Se extiende aproximadamente 37 km. al suroeste de Inverness. Es la mayor masa de agua de la falla geológica conocida como Gran Glen que discurre desde Inverness, en el norte, hasta Fort William al sur. El Canal de Caledonia, el cual enlaza al mar en ambos extremos del Gran Glen, utiliza el lago Ness como parte de su ruta.

Hace muchos años, los pictos (tribus que habitaban en el centro y norte de Escocia) solían contarles a sus hijos historias sobre un monstruo que vivía en las oscuras y peligrosas aguas del lago Ness. El monstruo, cuando tenía hambre, emergía del lago y se transformaba en un hermoso caballo quien esperaba a que los paseantes de la orilla del lago lo montasen para luego galopar hacia las aguas y allí devorar a sus víctimas. Esto mantenía a los niños alejados del lago.

Nessie es ahora un ser querido y respetado por todos los lugareños, al que defienden de su existencia y se ha convertido en un símbolo nacional que no sólo reside en el lago, sino también en el corazón de todos los escoceses. Atrae a miles de turistas y ha sido objeto de numerosos estudios científicos. Es un poco tímido, pues las únicas imágenes que se tienen de Nessie, son robadas al mejor estilo paparazzi y un tanto borrosas, alimentando la fascinación que todos tenemos por el misterio y los fenómenos inexplicables. Junto con el Yeti y el Big Foot forman el trío misterioso más famoso a nivel mundial.

Nessie el “mostruo” vive en Loch.(lago Ness) a 39 km. de Inverness, la capital de la región. Sus aguas son profundas y oscuras debido a la turba de su suelo. Una superficie de más de 56 km2 , con una profundidad de 240 m. y más agua que todos los lagos de Inglaterra y Gales juntos, hacen de este lago el segundo más grande de Escocia. La temperatura del agua, a más de 30 metros de profundidad, es cálida, por lo que en días muy fríos hay vapor sobre la superficie del lago, alimentando aún más la sensación de misterio.

Vigilantes y dominando el lago, se encuentran las ruinas del Castillo de Urquhart quien, situado de forma estratégica, controla la navegación de esta región de valles y lagos, conocida como Great Glen. En el centro de visitantes una película explica la historia del castillo y cómo fue   continuamente cambiando de dueños, entre escoceses e ingleses. En 1691, el castillo fue incendiado por los ingleses para impedir que cayera en manos de los jacobitas defensores de la Casa Estuardo.Aunque dicen que desde el Castillo, es desde donde más veces se ha visto al monstruo del lago,                           

Urquhart no se libra de tener su propia leyenda, pues cuentan que entre sus ruinas hay dos salas ocultas, una que aloja un tesoro y la otra una plaga   

        Monstgruo del Lago Ness                              

El lago Ness, forma parte de la Gran Cañada  Mor, como se la conoce en gaélico, la cual se extiende desde Inverness en el norte, hasta Fort William en el sur y la constituyen una serie de lagos , siendo los tres más importantes el lago Lochy, el Oich y el Lago Ness.

El lago Ness es de origen tectónico.

Hace unos 500 millones de años, los terremotos abrieron la corteza terrestre    formando una grieta la cual, después de la Glaciación, se llenó de agua y así se formó el lago Ness. Los terremotos aún hoy, pueden sentirse en los alrededores del lago, el último ocurrió en diciembre de 1997.

Lago Ness, con el Castillo Urquhart.

Las colinas que rodean al lago, continúan elevándose 1mm por año. El lago está conectado con el Canal de Caledonia, el cual fue construído por un ingeniero escocés, Thomas Telford. Su construcción llevó 19 años y se inauguró en 1822.

El lago Ness, es el más grande de Gran Bretaña.

Tiene una extensión aproximadamente 36 km y entre 1.6 km y 2.4 km. de ancho

Profundidad: 786 pies ( aprox.240m)

Tiene 263.000 millones de pies cúbicos de agua dulce.

                                                          Castillo de Urquhart. a orillas del Lago Ness.

Bonitos y grandes edificios, buenos restaurantes y comercios, donde no falta de nada. Hay productos importados de casi todo el mundo. Sin duda Edimburgo, es una de las ciudades más bonitas de Europa.

 En toda Escocia, hay una excelente carne de ternera, de cordero y de cerdo. Mucho marisco y un excelente salmón ahumado. El salmón Escocés, es incomparable por su exquisito sabor. Lástima es que no lo haya en España.

Tanto me gustó,  que al no poder conseguirlo aquí, se me ocurrió diseñar y construir un ahumador. Me salió perfecto y con  capacidad para hacer 30 kilos de cada vez.

Después de estudiar la forma de prepararlo, con la ayuda de mi esposa preparábamos unos mejunjes para dejarlo macerar 24 horas y luego ahumarlo. No encontramos ninguna diferencia en el sabor, todo salió muy bien.

Como anécdota del tema, cuando un Domingo llegaron a comer con nosotros, mi hija Ana, Javier mi yerno, los nietos Jesús, Claudia y su abuela Nieves, Javier que ya conocía el salmón ahumado en casa, dijo a su madre. Mamá, a ti nunca te gustó el salmón ahumado, ¿prueba lo que hace Arsenio, a ver si te gusta?. Nos sentamos a comer y lo primero era el salmón. Había una buena bandeja que al principio parecía mucho, pero pronto se quedó vacía. La madre dijo muy sorprendida: “está excelente, y me gusta mucho”. “¿Cómo te las arreglas Arsenio, para saber de todo?”, “¡lo tuyo es como un milagro, lo que tuviste que pasar en la vida  y ver a donde llegaste!”, “es increíble si no te conocen.”

 -“Todo es cuestión de planteárselo Nieves. Ya sabes que a mí me gusta investigar y crear cosas nuevas. La cabeza hay que mantenerla siempre activa. Yo no puedo estar parado, siempre hay algo que hacer, además me gusta trabajar.”La mayor riqueza de un hombre o mujer, es la inteligencia y la constancia si se emplea para el bien.

-“Eso sí que es cierto. Siempre tienes cosas nuevas que hacer, naciste así y así serás hasta el final, no puedes estar parado, por eso te mantienes tan bien.”

 

-“Claro que sí. El movimiento y el trabajo ayudan a mantener la buena salud y las ganas de comer, que también es importante.

 

Prólogo

Por causa del destino, tuve que pasar duras etapas en mi vida, por ello pretendía con este libro mostrar a mis sucesores cuál fue mi historia y la de mi familia, ya que atravesamos situaciones extremas. Creo que puede servir para orientar y aliviar a personas que por alguna razón padezcan un trauma, para hacerles saber que por imposible que al principio parezca, se pueden vencer las adversidades aunque cueste mucho esfuerzo lograrlo.

En una ocasión, el periodista Carlos Cuesta, quiso hacerme un reportaje para la prensa. A mí no me gustó la idea porque no me pareció el momento oportuno, pero él me dijo que no debería negarme, pues “me había tocado ser portador de una experiencia muy importante que no podía llevarla conmigo a la tumba, que tenía que mostrarla a la humanidad porque podía servir de ayuda a mucha gente”.

-Cierto que hay gente que opina lo mismo que tu. Sobre todo mis compañeros de trabajo y conocidos que no se olvidan de aquel día 4 de Diciembre de 1954 Se hara el reportaje pero en su momento le dije.

Esta foto es  del 23 de Febrero de 1955, cuando íbamos para Madrid a rehabilitarnos Alejandro  con 25 años, mi hermano Constante con 18,  yo con 20 años. Mi hermano nos acompaño hasta la estación de Oviedo donde lloramos como niños al despedirnos.

Constante murió en accidente de mina  a los 27 años, casado y con dos hijos muy pequeños.

Este es el motivo que tuve para escribir el libro. Cuando hablo o escribo, si no es para decir la verdad me callo. Aunque reconozco que es materialmente imposible describir todo lo ocurrido, pues la capacidad humana tiene un límite y una persona no puede memorizar todo lo sucedido en una vida. No pretendo herir los sentimientos de nadie, ni recordar las cosas por desprecio. Sé que todos cometemos errores, sólo se trata de describir una pequeña historia, llena de lucha, inconvenientes y adversidades que, aunque parecían imposibles, al final se han podido combatir.

Toda mi vida he sentido afición a crear cosas nuevas, he sido un poco inventor, pues cuando necesitaba alguna máquina que no existía en el mercado mi mente se ponía a discurrir cómo realizarla. Siempre empiezo por pensar en un prototipo pero, a medida que voy trabajando, descubro otras cosas, me doy cuenta de que puedo mejorarla. Hay algunos momentos en que lo veo difícil y cansado lo dejo por un momento, pero al rato tengo que volver a intentarlo pues hasta que no consigo lo que quiero no paro. Voy a dormir y es ahí donde sigo trabajando, cogido a mi almohada, mirando al techo, mientras mi esposa duerme plácidamente. Diseño la máquina, no la que soñé, sino mucho más importante de lo que jamás me podía imaginar.

Así es cómo se hacen los inventos, así es cómo se hacen las cosas importantes, con serenidad y sobre todo cuando hay que tomar decisiones que tienen que regir tu propio destino en la vida. Empleo horas y horas sin dormir, o en el tajo quitando y poniendo piezas, dándole vueltas al montón de acero que tengo en mi nave y sin saber a dónde llegar con él. No me doy por vencido y sigo. Al terminar esa máquina ni yo mismo me explico cómo salió. Ahí está el fruto de una larga y difícil lucha. La miro, la pruebo y a pesar de mi satisfacción, ya pienso en otra que deambula por mi mente. Así somos los hombres que casi nunca nos conformamos con lo que hacemos y seguimos navegado sin descanso por las ideas que nuestro cerebro nos propone y que muchas veces hasta en sueños no descansa.

A través del contenido de este libro, que tiene momentos alegres y también duros, he tenido que reírme al escribir; otras he tenido que llorar pues más de una vez he quedado mirando la pantalla de mi ordenador sin verla porque mis lágrimas me lo impedían invadido por la emoción del momento, como si aún lo estuviera viviendo, pero a la vez, contento de poder sobrevivir a tanta lucha y adversidad. Los hombres también lloramos, porque también tenemos corazón, y porque también somos nobles.

Espero, amigo lector, que si tú atraviesas por duros avatares, puedas sacar algún provecho de mi experiencia y ésta te sirva para aliviar tu dolor al recordarte que también tú puedes vencer. Que las críticas de alguna “boca fría” no sirvan para limitar tus posibilidades. En esta vida, por muy bien que hagas las cosas siempre ha de haber alguien que te ponga esquinas, aunque no sepa por dónde entra ni por dónde sale. Tú, camina por la vida con rectitud, seguro de no hacer daño, pero siempre siguiendo tus impulsos que son los que te han de conducir por el camino de la verdad, que te ayudarán a vencer iluminando tú inteligencia para que sepas que si tú no despegas, si no luchas, por mucho que alguien te ayude, poco o nada conseguirás. Esta lucha y el trabajo, son los que te harán sentirte útil y te ayudarán a olvidarte de las dificultades que puedas llevar sobre tus hombros. No podemos olvidar que el trabajo, que es tan necesario para poder sobrevivir, muchas veces puede actuar como una terapia que cura. El trabajo es vida y es salud. Éste, junto con el cariño de los míos fue el cobijo de mi vida y, juntos, los que me dieron fuerzas para seguir adelante y sentirme uno más, con una dura lucha, pero disfrutando de la vida con realismo y sin complejo de ninguna clase, que al fin es lo importante.

Un cordial saludo para todos

Arsenio Fernández

Hora y media de bajo de aquel enorme peñón cuando tenía 19 años

En el año 1.953, nos destinaron a levantar la rampla de San Luis de 3ª planta sur Pozo San Mames.  Alfredo Lamuño, mi vecino, como posteador, Marcelino García Cuetos “Lino” del Cepedal San Mames, Cortina de Tiraña y yo como picadores

Esta rampla llevaba mucho tiempo parada por su escasa potencia en carbón, solo tenía de 0,50 a 0,60 centímetros en carbón, el resto tierra y al muro. Esta estrecha capa fue lo que me salvo de morir destrozado por aquel enorme peñón.

Después de cuadrar el tajo, comencé a picar la tierra. Dado lo estrecho que estaba yo picaba como siempre echado de medio lado en el muro.

Esquema de una rampla en la mina de carbón, donde picamos el carbón

Una vista del tajo donde estuve enterrado hora y media con 19 años

Y,  a punto de morir por opresión y asfixiado. Me salve por lo estrecho que estaba

        
 
La tierra que todavía no la había picado, fue la que me salvo de morir, evitando un fuerte golpe por la altura que aumenta al picarla. Si el peñón tardara unos minutos más en caer, me dejaría estrujado en el muro, como una torta y muerto en el acto, por el enorme peso de la roca que me tapo.

Mis hombros pegaban en el techo y en el muro, según figura en el esquema, y eso fue lo que amortiguó el golpe del peñón. Al desprenderse y encontrarse tan cerca de mi cuerpo, este apiló hacia un lado, es decir, bajó y se apoyó en el muro, quedando mi cuerpo debajo de él, pero con una inclinación que evitó  que todo el peso de aquella enorme roca se quedara todo sobre mi cuerpo, lo que hubiera sido más que suficiente como para dejarme totalmente destrozado, ya que su longitud era de 2 metros de largo, por de 1,10 m. Así me lo dijeron mis compañeros en el hospital cuando, ya más tarde, fueron a verme,  porque los primeros 4 días estuve sin conocimiento, ni poder moverme, como si estuviera ya muerto. Solo que respiraba y podía oír a la gente hablar. Por ese motivo, no pude conocer el peñón que casi me manda al otro mundo.

Una de las cosas que mucho me sorprende es: ¿Por qué podía oír y no hablar, ni moverme? Es increíble lo que ocurre algunas veces. Ves la muerte llegar y en lugar de tener miedo, yo sufría por mis padres y hermanos, pensando lo mucho que iban a sufrir. Yo creo que ese sentimiento nace de la buena convivencia familiar, por eso nunca me cansaré de decir, que es muy importante. En mi opinión, sin la familia, es como estar perdido en el desierto, sin saber para qué vives.

Bien claro está mi caso: asumí lo mucho que sufrí con varios accidentes y hasta la pérdida de mis manos, ¡pero no la pérdida de mi esposa, que nunca olvidaré!, porque en su compañía viví, los mejores años de mi vida. Así es de importante el amor de familia.

Toda esta historia me hace pensar que perdí el miedo en aquellos trágicos momentos, cuando ya mis fuerzas se agotaban por el peso, que ya no me dejaba respirar más que a tirones y viendo que todo se teminaría en un momento. Al romper la clavícula, que era la que me ayudaba a soportar mejor el peso, perdí la resistencia. Mi cuerpo se iba hundiendo y la opresión aumentaba a cada momento. Ya no sabía si era mejor quedar dormido, que soportar aquella tremenda angustia. No se sabe lo que una persona es capaz de soportar.

Otro tema que considero importante, por ejemplo, es un caso como el de mi hermano Lúrsito. Había sido operado del corazón. Habían pasado unos años. Una tarde estaba con su nieta en brazos y le dijo a su mujer: “coge la niña que no sé lo que me pasa”. Se la cogió y cayó al suelo en el acto. Estuvo 26 horas en coma. La pregunta que se me ocurre es: Si yo pasé por esa tremenda experiencia, que solo podía oír, ¿podría Lúrsito oírnos las 26 horas que le acompañamos? Solo duró desde las 8 de la tarde, hasta las 10 de la noche del día siguiente.  En el momento de morir, su cuerpo dió unos tremendos movimientos, muy parecidos a los de un motor de camión al arrancarlo, que se mueve con mucha brusquedad. Tres movimientos y se quedó para siempre. Esos temas solo los podrán saber con el tiempo la ciencia y la  medicina, de momento se desconoce si pueden oír o no.

Todos mis compañeros  dijeron: “tuviste mucha suerte por la posición en la que estabas. Con el peso de esa roca, era suficiente como para matar a varios hombres. Nadie de nosotros nos explicamos cómo pudiste resistir tanto tiempo y salvarte, tienes siete vidas, como los gatos. Tuviste la muerte a tu lado varias veces, pero estas aquí para contarlo”. Marcelino dijo: “ bien claro está, que no la debías, porque con muchos menos motivos murieron muchos hombres en la mina.”

Todo esto ocurrió por la negligencia de un vigilante, que no tenía ni idea del peligro de la mina. Después de poner la rampla en un frente y cuando estábamos picando la tercera jugada de avance, mandaron unos picadores más y un vigilante.

Aquel día de mi accidente, a media tarea y cuando ya estaba a punto de cuadrar mi tajo, donde arrancaría con el suyo Aladíno Súarez Llaneza, mi vecino, llegó el vigilante y me dijo: “ Bobia, la gente va a comer el bocadillo, quédate para cuadrar y comenzar a picar la tierra”. Así mismo dijo: “esa jugada está muy estrecha y las chapas son muy anchas, no caben”. El mismo vigilante cogió mi martillo, y en un momento marcó el ancho que le pareció, para que yo siguiera con el resto de la altura de 12 metros.

Le dije: “ el carbón está gruñido  como ceniza, por el tirón de las rocas, eso es un peligro exagerado. Encima hay unos peñones cuarteados enormes, que pueden bajar en cualquier momento”.

-“No se ve ningún peñón”, dijo.

 “Sí que los hay. Coge el hacho y pela ese borde que tiene el techo y los verás, no te olvides que  toda la rampla está hundida. Mira hacia atrás, igual que esos que ves, los hay aquí mismo  encima de nosotros, compruébalo”. No me hizo ni caso. Nadie pudo entender cómo  aquel vigilante mandó tamaña barbaridad. A los tres metros para atrás, donde arrancamos, había peñones en bajo de todos los tamaños y por lo tanto, todo el techo cuarteado del enorme tirón, que sufrió toda la rampla al hundirse.

 La rampla de San Luis, como la de San Gaspar, llevan un techo y un muro de pura roca y cuando lleva un avance como esa, de sabe dios los metros de longitud, que habían sido explotados de allí para atrás, comienza a tronar la roca, mete un ruido que hay que largarse, si da tiempo, porque cundo comienza a soltarse ya no hay remedio, sólo salir corriendo. Así estaba esta rampla.  Era un lugar muy peligroso. Tenía que haber mandado  hacer machones, “llaves” de madera, como se hizo en otras partes. Pero este necio vigilante, ni se enteró del peligro. Lo malo de esto, es que siempre cae el inocente, él se libra.  Encima de mandar un hombre al peligro, si le tocara a él posiblemente actuara de otra forma más segura.

Yo tenía la experiencia de la rampla San Gaspar de tercera, y de otras más, que a pesar de tener  cantidad de machones, iba bajando el techo poco a poco y a los 10 metros del testero, llegó el momento en que ya no se cavía ni tumbado en las chapas, para esporiar el carbón. Cuando llegan a estos extremos, en cualquier momento se hunde toda la rampla.

Una mañana y cuando todos trabajábamos en aquel San Gaspar, 16 picadores y 10 rampleros,  tuvimos que salir a toda prisa para no quedar todos enterrados. Comenzó a meter un ruido al cortarse la roca, como cuando truena. No dio tiempo más que de librarnos la gente, pero allí se quedó todo el material, martillos, mangas y todas las herramientas, así como un “combeyo”. Este es un sistema de chapas, movido por un gran motor, para bajar el carbón, que vale mucho dinero.

Más tarde hubo que ponerse a levantar aquella rampla como la de San Luis, pero con más seguridad. Allí había un vigilante de categoría, José Cuetos “Leto,” de La Caguerna San Mamés, un minero, no “un oveya” como el de San Luis, que no tenía ni idea del peligro de la mina. Para mandar un grupo de gente, sea en la mina o en el exterior, hay que poner a un hombre, no a un gallina. Estos problemas son las consecuencias “de las tortillas que pagaban algunos”  a algún jefe, que con estas y otras artimañas conseguían que los pusieran como vigilantes, sin pensar en el daño que esto podría suponer, por su falta de profesionalidad.

Alfredo Lamuño, Eladio, y Aladino Suárez Llaneza, hermanos, Marcelino García “Lino” del Cepedal y Cortina de Tiraña,  como buenos compañeros que fueron, permanecerán en mi mente mientras que tenga vida, que Dios los tenga en su gloria. Actuaron en mi salvamento. Eladio, librándome de la descarga de alta tensión y los  otros compañeros, que lograron sacarme cuando sepultado debajo de un peñón estuve hora y media, en San Luís de 3ª a 2ª planta, en el pozo San Mamés, en el año 1.953. En todo el tiempo que permanecí enterrado, aunque no podía hablar, ni pedir auxilio, solo respiraba muy forzado oprimido por el peso, pero pude oír lo que mis compañeros comentaban mientras picaban el peñón, para liberarme de aquel terrible peso que, poco a poco, iba destrozando mi cuerpo, por el tremendo peso. Lino era el que picaba y Aladino le dijo: “pica con cuidado, no vaya ser que el martillo llegue a pincharlo”. Cortina dijo: “ ya no se entera. Arsenio está muerto.   ¿no ves que ni se queja, ni dice nada?”. Tampoco podían saber si respiraba,  porque no podían llegar a mi cuerpo. En ese momento Alfredo Lamuño dijo: “ Pobre Arsenio, era un gran trabajador. Tenía una gran afición a la mina y esta lo mató”. Todo lo que ocurría a mi alrededor yo lo podía oír, aunque para ellos ya nada se podía hacer para salvarme, sólo sacar el cadáver de un compañero.

Aunque haya sido hombre duro y soportado tantas adversidades, al escribir este episodio, me paro a considerar lo desgraciada que fue mi juventud y lo mucho que tuve que sufrir.

Aunque todos los compañeros actuaron lo más rápido que pudieron para salvarme. Hay que destacar la actuación de del picador Cortina.

Todos habían ido a comer el bocadillo. Cortina, era de Tiraña, un pueblo del Concejo de Laviana. Este gran compañero, se encontraba en el primer tajo de la rampa por arriba y yo en el segundo, picando en mi tajo más abajo. Entre el punto de Cortina y el mío, no había paso. La mina estaba hundida y el único paso que había se quedó atrancado por el carbón de varios días. Por lo tanto Cortina no podía ir a mi tajo. Solo se dio cuenta de mi accidente, porque no oía el ruido de mi martillo. Me llamó varias veces, pero no le pude contestar, mi estado era tan duro que ya pensé que era mi fin. Cortina, sabía que yo me había quedado para cuadrar mi tarea y al regreso de la gente, entregar el tajo a mi vecino Aladino Suarez. Al pensar en que algo me ocurría, este valiente hombre con un gran peligro se dispuso a pasar por la parte hundida de la mina. Atravesando entre peligrosos peñones que lo podían matar al moverlos para abrirse paso. Aunque le llevó mucho tiempo, logró llegar a mi tajo donde pudo verme debajo del terrible peñón. Me llamó: ¡Bobia! ¡Arsenio!, ¡no me oyes!. Asustado y pensando que ya era cadáver, fue a buscar al resto de los compañeros que estaban lejos, en un anchurón que había junto al contrataqué de 3ª, a los que les dijo: “ Bobia está muerto seguramente, porque ni se le oye respirar. Está debajo de un enorme peñón y no hay quien lo mueva por su gran longitud, aparte de que ya lleva mucho tiempo con tanto peso, pues yo tardé en darme cuenta de lo que ocurría”, les dijo. Además estaba trancado por el carbón y tuve que pasar por los minados. Me llevó mucho tiempo hacerme paso.    

Sólo quedamos Cortina y yo, el resto ya murieron. Alfredo Lamuño, Eladio Suarez Llaneza y su  hermano Aladino, Marcelino García Cuetos, “Lino” ya no están para contarlo. Siempre que nos encontrábamos recordábamos nuestras peripecias en la mina.

Tengo el honor de decir que todos estos hombres, fueron a cual más trabajador y buenas personas.  Gente de pueblo con toda seriedad,  dedicados al duro trabajo y a su familia con arte y dinamismo. Padres de familia.

Alfredo Lamuño de La Bobia y yo  trabajamos juntos en varios lugares. Él como picador y yo como su ayudante, un gran hombre y buen compañero, murió de mayor y seguro que por consecuencias de la silicosis. Los dos quedamos trancados en una peligrosa mina, donde el gas a punto estuvo de matarnos.

Aladino Suarez Llaneza, padecía de una fuerte silicosis, como casi todos los mineros, pero no estaba como para morir, todavía trabajaba en las labores de sus fincas y vivía con normalidad, dentro de lo que supone padecer esta terrible enfermedad. La muerte lo sorprendió precisamente en una de sus fincas, La Raposa, su preferida, por estar situada en la montaña. Allí tenía una buena cabaña provista de lo necesario para dormir y cocinar. Consideraba ese lugar para recrease y tomar buenos aires de montaña. Tiempo atrás había hecho un comentario a la familia, de esos que surgen en la vida y sin pensar en morirse claro. Les dijo que cuando le llegara la hora le gustaría que fuera en el prado de La Raposa. Aquello se iba a cumplir. Un día, ya cercano a la Navidad, aunque estaba nevado, fue hasta ese prado a buscar el árbol de Navidad. Allí, sin más, se quedó para la eternidad. Cuando la familia vio que se retrasaba fueron a buscarlo y se encontraron con su cuerpo sin vida. Allí le sorprendió la muerte sin darse cuenta, aunque haya sido como él mismo pidió.

Fue un buen minero, aunque solo trabajamos unos días en la misma rampla. Los dos éramos picadores de carbón. Por eso le tocó intervenir, junto con otros compañeros, en mi salvamento, cuando me quedé enterrado en la mina.

Eladio Suarez Llaneza, lo mismo que su hermano Aladino, fueron muy buenos vecinos y unos trabajadores de marca. Por ser vecinos de toda la vida nos vimos casi nacer y crecer, juntos por aquel pueblo de montaña, en La Bobia. Lo mismo uno que el otro tuvieron mala suerte porque murieron muy jóvenes. Aladino de la silicosis y a Eladio no sé qué le pudo pasar, solo con unos días como si fuera una gripe y se lo llevó. Este hombre había sufrido la pérdida de una hija muy joven y eso fue un trauma muy malo para toda su familia. Todos los vecinos lo sentimos mucho, porque en estos pueblos siempre hubo una convivencia muy amistosa y muy unida para todo. 

Siento la pérdida de estos hombres de corazón, lo siento por ellos y por su familia, que siempre estuvo muy unida a la nuestra. Con frecuencia recuerdo a sus padres, Bernardo Suárez y Josefa Llaneza, dos personas muy apreciadas, buenas y nobles. Trabajadores y buenos padres, y vecinos de toda la vida. Bernardo Suárez, para los vecinos, Bernaldo el de Josefa, murió en accidente de trabajo en la mina, cuando sus seis hijos eran muy pequeñitos. La mayoría de los hombres de nuestro pueblo, murieron en accidentes de mina o por la maldita silicosis, así discurrió la vida de los mineros, entre el duro trabajo, accidentes y las peripecias de la post guerra. 

Allí, delante de la casa de Josefa y Bernardo, pasamos parte de nuestra juventud. Había un cobertizo, donde tenían el carro para bajar la hierba de los prados de alta montaña y los aperos de labranza. Por estar bien ventilado y con hueco suficiente, nos servía para cobijarnos de la lluvia y del calor y para estar de tertulia. La casa de esta familia está situada en un lugar estratégico, con vistas a casi todo el valle. Este lugar y el Xerru de la Muezca de La Bobia, siempre fueron los lugares preferidos por todos nosotros para tomar el sol y pasar el tiempo de la invernada cuando no se podía trabajar en el campo.

Un cordial saludo para todos 

Arsenio Fernández

 

Como una pequeña prueba más, de lo mucho que trabajé y sufrí, describo lo que ocurrió una tarde en mi habitación. Cuando su Excelencia el General Don. Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español, le ingresaron en el piso tercero de la Clínica Nacional del Trabajo, donde le operaron de alguna cosa muy leve, porque estuvo muy poco tiempo. Desconozco el motivo de su ingreso, nosotros estábamos en el cuarto piso. Como era normal en aquel tiempo, por motivos de seguridad, nadie sabía a dónde iba el Jefe del Estado, ni para qué. Solo después de regresar lo publicaban, pero yo en ese tiempo no me enteraba de nada de lo que ocurría el exterior de la Clínica. No leía los periódicos ni hablaba con nadie más que lo necesario. Solo vivía para mi trabajo, obsesionado por liberarme de tanto dolo. Hay que darse cuenta de lo que supone el que tengan que cebarte como a un bebé, y viendo cómo te ponen la cuchar delante de ti, esperando a darte otra. Es en esos duros instantes cuando más te atormentas, pensando si algún día podrás salir de aquella pesadilla tandura como triste, para poder defenderte.

Aquella Clínica, era de las mejores que había en el país. Todavía no existía la Clínica de la Paz ni otras que ya hay por distintas partes de nuestra geografía. Un gran equipo de médicos, entre ellos estaba, su yerno Dr. Martínez  Bordiú, Cuando terminaron todo el equipo que había atendido al Caudillo, se desplazaron a mi habitación.

Eran las cinco de la tarde cuando entraron en la habitación. La  sorpresa fue grande ya que  nunca hacían las visitas por las tardes. Siempre las hicieron por las mañanas. Sorprendido me levanté, solté el pañuelo que mordía sobre mi brazo derecho y como un sambenito sudando les miré sin decir palabra. Todos miraban también sorprendidos. No se creían lo que estaban viendo. Lo mismo el niño que yo estábamos, como siempre, trabajando a tope. Mi pierna derecha estaba apoyada en el larguero de mi cama, yo sentado en una silla, con el codo de mi brazo derecho apoyado en mi rodilla, el pañuelo en la boca, mientras que el Niño tiraba por mi cúbito y radio, aguantando las gotas de sudor que bajaban por mi cara producidas por el fuerte dolor que sentía por el caballar esfuerzo que le dábamos a mis brazos lesionados, anquilosados por la amputación y con tanto dolor. El Director D. Francisco y los médicos, Doctor Ladreda, Doctor Villazón, Doctor Martínez Bordiú, La Monja Jefa, y la enfermera jefa, formaban aquel grupo. El Director, como los demás, se dio cuenta del tremendo esfuerzo que se hacía. Me dijo:

-¿Cómo trabajas tanto, Arsenio? Es demasiado no hace falta tanto esfuerzo, sufrirás menos. Estas cosas son de mucho tiempo ¿Por qué tienes tanta prisa?

No se me ocurrió otra cosa más que decirle lo que él mismo me había dicho al ingresar:

-D. Francisco, usted ha dicho que estamos como en las minas: a tarea, y que cuando primero lo consiga el trabajar, primero iré a casa. Son muchas las ganas que tengo de saber a dónde puedo legar con mi rehabilitación y, lo que puedo conseguir.

-Cierto que te lo dije, hombre, pero ¿tantas ganas tienes de irte? ¿Es que no estás bien?

-Sí que estoy muy bien, señor. Nunca me cansaré de darles las gracias pero me necesitan en mi casa, allá están padeciendo mi ausencia. Cuando regrese lo pasarán mejor, mis padres no han vuelto a verme desde que salí de allí. Yo también tengo muchas ganas de verles.

-Te comprendo, tienes mucha razón, trabaja un poco más despacio que tú luego te pondrás las prótesis y las manejarás como es debido. Eres hombre de arranque, la pérdida de tus manos no serán obstáculo para abrirte camino y hacer una vida normal. Los hombres como tú siempre lo consiguen con más facilidad. Con tu arte y tu afición serás muy bueno para dar clases a tus compañeros. A mí pueden decirme que no pueden realizar un ejercicio, a ti no te lo podrán decir porque con tu habilidad les demostrarás que tú si lo haces. Ahí está la gran diferencia. Serás un buen profesor y les demostrarás cómo se trabaja.

El Director se acercó y me dijo: veo que eres hombre de mucha memoria, recuerdas hasta las cosas que os dije al ingresar y eso es muy bueno porque demuestra tu afición a recuperarte y con esa rapidez que tú trabajas.

Así es señor, le escuché con mucha atención por las buenas explicaciones que nos dio. Nunca olvidaré, aquellas bonitas palabras que me dijo: que saldría de aquí hecho un hombre. Le aseguro que esas frases fueron y serán para mi muy importantes, me animaron muchísimo y por eso confío en usted. Trabajo con esa ilusión que usted mismo creo en mi mente, porque creo en poder llegar adonde usted dijo que llegaría, por eso no paro de trabajar, y también porque donde hay un buen maestro debe haber un buen alumno.

-Muchas gracias Arsenio, por tu valoración y el buen conocimiento de las cosas.

El Director desde siempre me tuvo como el modelo de la casa. Con aquella sorpresa y viendo cómo trabajaba y lo que sufría por mis padres, sirvió para acabar de subirme lo mucho que ya él valoraba mi forma de ser. Aunque todos guardaron silencio mientras que estuvieron allí, solo habló el Director. Al marchar me felicitaron muy atentos y sin ocultar la gran sorpresa que se habían llevado por ver aquella escena de luchar por algo tan importante, y que serviría para  valorarme con aprecio y con cariño como siempre lo hicieron. 

A los pocos días, estábamos en rehabilitación. Llegó el Director y al observar que algunos no se molestaban ni ponían arte, les echó una regañina por lo poco que adelantan, diciéndoles que eran muy vagos. Literalmente les dijo, que daba pena ver alguno lo poco que hacía por su rehabilitación.

-¡No ponéis ningún  interés! Solo me queda el remedio de poner a Arsenio a daros clases. No  podréis decirle que no se puede hacer. Creo que será un buen remedio para que adelantéis un poco más

Me quedé de piedra. Estaba muy nervioso. No me atrevía con aquello. Se acercó y me dijo:

-Tienes que ser firme con ellos, tú sabes que lo mismo que trabajas tú el resto lo puede hacer. Así que manos a la obra, ya verás cómo les pones a todos a punto.

A pesar de que todos sabían mi forma de trabajar y que toda la dirección lo consideraba importante, vi que les causó sorpresa, por eso, los primeros días los pasé mal. Lo mío nunca fue dar clases, sino trabajar. En este tiempo ya me había dado cuenta del progreso que día a día se iba notando. Por eso bien sabía que era posible pero muy duro. 

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