La campaña de abonados se dividía en dos, una en el otoño e invierno y la otra en el verano. Dado que el tiempo era corto, procurábamos tener un stop, de sacos preparados antes de llegar la distribución, para poder dar salida a más cantidad en pleno apuro. Estando en este trabajo yo tuve que salir a ver una obra a Galicia, y se quedó el personal trabajando. Eran hombres competentes y muy trabajadores, pero por un error en la báscula, prepararon una pila de 500 sacos de abono destinado a quemar la maleza y hacer del monte prado, pero con 2 kilos menos en cada saco, y otra pila, también de 500 sacos, pero con 3 kilos de más. Este con destino a otro tipo de abonados y a una zona diferente.
Cuando llego la hora de dar salida a los abonos, una mañana a las ocho llegó uno de los transportistas que trabajaban para nosotros. A cargar para un almacenista de la zona de Cangas del Narcea. Por precaución dije al personal que comprobara la pila que se iba a cargar. En ese momento vimos que les faltaban 2 kilos de peso. La báscula había perdido un pitón en su parte inferior y al moverla podía quedar ladeada a un lado o a otro. Cada vez que se moviera había que nivelarla hasta que se arreglara y se quedara como tenía que estar. Por este motivo les deje una pasa de 5 kilos para comprobar la báscula cada vez que se moviera. A pesar de ser nueva perdió una simple pieza que no tuve tiempo de reponer y que yo mismo haría unos días después.
Dado que el abono que se iba a cargar era de la que le faltaban los 2 kilos, dije al transportista que no se podía cargar. Aunque él mismo vio el problema, dijo muy enfadado.
-¡Tú estás loco! Si perdieras sería normal, pero ganas 2 kilos, eso no tiene importancia.
-No tendrá importancia para ti, pero si para mí, yo no robo 2 kilos a nadie y menos a mis clientes. No les doy salida hasta que se les ponga el peso normal. Este que tenía un estomago más grande que un elefante, y que le valía todo, dijo.
-Tendrás que abonarme por parar los camiones.
-No digas otra gansada, ya estuvo bien con ver cómo te comportas, sabes que puedes ir a tu trabajo habitual, son las 8 y es la hora de empezar, no tienes ningún problema, yo sí lo tengo, no debo ni puedo engañar a nadie.
Sin más le dije al personal que comenzaran a preparar aquel abono, poniendo los 2 kilos que faltaban.
El mayor de todos ellos no lo entendió y dijo:
-¿Nos pondremos a quitar en la pila que tiene 3 kilos de más?
-No, José, esos salen con los 3 kilos que llevan. Cuesta más arreglarlos que el precio del abono. Los que hay que arreglar son los que tienen los dos kilos de menos.
-Yo creo que está usted equivocado, vale más quitar los 3 kilos.
-José ¿Cómo le sentaría de mal si el día de paga yo le quitara de su salario 1000 pesetas? ¿No me llamaría ladrón?
-Hombre, tanto como ladrón, no.
-Pues lo sería ¿no? y por esa misma razón me lo podrían llamar mis clientes si les estafara esos 2 kilos. Creo que queda bien entendido, los de los 3 kilos de más salen con ellos, no hay que tocarlos para nada.
-Perdone, no quise molestarle.
-Vale, manos a la obra.
Entre los que trabajaban estaba mi sobrino Marcelino. Que les dijo: No hay más remedio que ponerles los 2 kilos. Y añadió.
-En España seguro que no habrá más de media docena como mi tío, por eso nunca sería rico.
-Marcelino era muy callado pero algunas veces salía con frases como esa, siempre las tenía apropiadas. Le dije:
-El que haya gente retorcida no quiere decir que todos seamos iguales, Marcelino como yo hay muchos que aprecian a sus clientes. No hay que olvidarse de que “lo mal recogido lo lleva el demonio”, eso dicen los antiguos. Yo quiero comer, vivir y trabajar a gusto, no preciso de robar para vivir. Así es como pienso Marcelino y no creo equivocarme, tú sigue ese camino porque es la mejor forma de sentirte en paz contigo mismo y con los demás claro. No debéis olvidar que una de las cosas que produce más tranquilidad en la mente de un hombre, es hacer las cosas con rectitud.
En lo de ser rico o no ser, es un decir, los que trabajamos nunca vamos a ser ricos. Lo bueno es tener buena salud y ganas de trabajar y que este sea rentable, pero con toda honradez, ya que es una forma de sentirte tranquilo en la vida y caminar con dinamismo y rectitud. Nunca os olvidéis de este consejo que os doy. El que hace las cosas mal, mal le han de salir. Todo esto lo escuchaba el camionero y sin decir palabra, porque bien me conocía y sabia que yo no toleraba las cosas mal hechas a mí alrededor, por eso se calló, cogió sus camiones y se fueron hasta que aquello estuviera en orden.
Marcelino era muy buena pñersona, muy trabajador, recto y cumplidor, además de observador. Sabía que todos no se portaban de la misma forma. Trabajó conmigo muchos años y conocía bien mi forma de proceder. Marcelino, trababa, dirigía y también velaba por la seguridad de la gente para evitar accidentes, les enseñaba a trabajar con cariño y amabilidad. El hombre que es tratado con sentido y con respeto se siente agradecido y tranquilo. Trabaja y cumple satisfecho con su trabajo y con su Jefe. Si hasta los animales les gusta el cariño y la atención, ¿cómo no nos va gustar a los humanos? No todo lo hace el dinero, aunque es de primera necesidad, también es importante el aprecio a los demás.
Nunca olvidé lo mal que lo pasé en mis primeros años de trabajador, siendo un niño. Por falta de experiencia y por no tener fuerzas suficientes, me trataron como a un perro vagabundo. Había un tío sin ningún escrúpulo, casi un salvaje, que nos insultaba además de reventarnos de trabajo. Hay que pasar por ello para saber lo que es sufrir por no poder defenderte para decirle al miserable que ya no podía más. Debo decir en honor a la verdad que a mí nunca me pegaron, pero en aquellos tiempos era costumbre de algunos energúmenos, dar leña a los jóvenes por no saber trabajar o no rendir lo que el salvaje pensaba que debías hacer, aunque tuviera muerto de hambre y sin fueras. Por esistir estos salvajes hubo algunas desgracias en el trabajo.
Un picador de carbon del pozo Cerezal. Estaban trabajando un una sobreguia, “un tajo en lamina” y pego con una estaca a su ayudante que era unevo y de afuera. Aquel joven le dijo, tú ya no pegas a nadie más
. Cogio una pica y se la clabo en el pecho y lo marto.Otro de un pueblo muy cercano al anterior, también dio leña a su ayudante y el mismo pñozo Cerezal. El chabal las llebo y se callo, pero al dia siguiente, no redia lo suficiente para que aquel individuo intentara pegarle. En efecto, cogió una madera para darle con ella como el dia a terior.
Aquella costumbre de dar leña se fue perdiendo porque la gente fue ebolucionadon y el miedo endereza la más fuerte.
En cuarenta años fueron muchos los que pasaron por nuestras obras y jamás traté mal a nadie. Es de destacar que hoy, ya retirado, cuando salgo con mi esposa a pasear por los pueblos de la montaña y nos encontramos con los que fueron nuestros trabajadores, me saludan con el mismo cariño que yo les enseñé cuando eran jóvenes, hasta me quieren convidar. Lo mismo lo hacen los padres de algunos, dándome las gracias por haber cumplido en todos los órdenes con los trabajadores. Eso no hay dinero que lo pague. Esa satisfacción que recibo es el fruto que un hombre sembró. Ahí está el resultado, así se describe la historia, y nadie la puede pintar de otra forma. Cada uno recibe lo que le corresponde norma mente.
Hace poco tiempo fui a una casa de alquiler de maquinaria, para alquilar un martillo picador para una pequeña obra en mi finca. Cuando la chica estaba escribiendo el contrato para que lo firmara, entro en el despacho el encargado. Me saludo me dio un abrazo y dijo al a chica. Para Arsenio no hay contrato, dale lo que pida, no le cobramos nada. Dando una palmada en mi hombro le dijo: Trabaje para este hombre y quede muy agradecido, es todo un caballero. Hace unos días me encontré con dos compañeros que siguen trabajando con Arsernio y dijeron que estaban muy contentos y que como siempre les pagaba muy bien y que había obra bastante.
-Le di las gracias y le dije: Es cierto, pero eso ocurre cuando hay buena gente por ambas partes lo que forma parte de la buena convivencia. Eso es muy importante, tú mismo que eres un buen cumplidor formaste parte ello y tus compañeros siguen siendo de lo mejor.
Agradecí más el valor de su comportamiento mas que el dinero que costaba el alquiler. Así son las cosas y así las hay que decir.La campaña de abonados se dividía en dos, una en el otoño e invierno y la otra en el verano. Dado que el tiempo era corto, procurábamos tener un stop, de sacos preparado antes de llegar la distribución, para poder dar salida a más cantidad en pleno apuro. Estando en este trabajo yo tuve que salir a ver una obra a Galicia, y se quedó el personal trabajando. Eran hombres competentes y muy trabajadores, pero por un error en la báscula, prepararon una pila de 500 sacos de abono destinado a quemar la maleza y hacer del monte prado, pero con 2 kilos menos en cada saco, y otra pila, también de 500 sacos, pero con 3 kilos de más. Este con destino a otro tipo de abonados y a una zona diferente.
Cuando llego la hora de dar salida a los abonos, una mañana a las ocho llegó uno de los transportistas que trabajaban para nosotros. A cargar para un almacenista de la zona de Cangas del Narcea. Por precaución dije al personal que comprobara la pila que se iba a cargar. En ese momento vimos que les faltaban 2 kilos de peso. La báscula había perdido un pitón en su parte inferior y al moverla podía quedar ladeada a un lado o a otro. Cada vez que se moviera había que nivelarla hasta que se arreglara y se quedara como tenía que estar. Por este motivo les deje una pasa de 5 kilos para comprobar la báscula cada vez que se moviera. A pesar de ser nueva perdió una simple pieza que no tuve tiempo de reponer y que yo mismo haría unos días después.
Dado que el abono que se iba a cargar era de la que le faltaban los 2 kilos, dije al transportista que no se podía cargar. Aunque él mismo vio el problema, dijo muy enfadado.
-¡Tú estás loco! Si perdieras sería normal, pero ganas 2 kilos, eso no tiene importancia.
-No tendrá importancia para ti, pero si para mí, yo no robo 2 kilos a nadie y menos a mis clientes. No les doy salida hasta que se les ponga el peso normal. Este que tenía un estomago más grande que un elefante, y que le valía todo, dijo.
-Tendrás que abonarme por parar los camiones.
-No digas otra gansada, ya estuvo bien con ver cómo te comportas, sabes que puedes ir a tu trabajo habitual, son las 8 y es la hora de empezar, no tienes ningún problema, yo sí lo tengo, no debo ni puedo engañar a nadie.
Sin más le dije al personal que comenzaran a preparar aquel abono, poniendo los 2 kilos que faltaban.
El mayor de todos ellos no lo entendió y dijo:
-¿Nos pondremos a quitar en la pila que tiene 3 kilos de más?
-No, José, esos salen con los 3 kilos que llevan. Cuesta más arreglarlos que el precio del abono. Los que hay que arreglar son los que tienen los dos kilos de menos.
-Yo creo que está usted equivocado, vale más quitar los 3 kilos.
-José ¿Cómo le sentaría de mal si el día de paga yo le quitara de su salario 1000 pesetas? ¿No me llamaría ladrón?
-Hombre, tanto como ladrón, no.
-Pues lo sería ¿no? y por esa misma razón me lo podrían llamar mis clientes si les estafara esos 2 kilos. Creo que queda bien entendido, los de los 3 kilos de más salen con ellos, no hay que tocarlos para nada.
-Perdone, no quise molestarle.
-Vale, manos a la obra.
Entre los que trabajaban estaba mi sobrino Marcelino. Que les dijo: No hay más remedio que ponerles los 2 kilos. Y añadió.
-En España seguro que no habrá más de media docena como mi tío, por eso nunca sería rico.
-Marcelino era muy callado pero algunas veces salía con frases como esa, siempre las tenía apropiadas. Le dije:
-El que haya gente retorcida no quiere decir que todos seamos iguales, Marcelino como yo hay muchos que aprecian a sus clientes. No hay que olvidarse de que “lo mal recogido lo lleva el demonio”, eso dicen los antiguos. Yo quiero comer, vivir y trabajar a gusto, no preciso de robar para vivir. Así es como pienso Marcelino y no creo equivocarme, tú sigue ese camino porque es la mejor forma de sentirte en paz contigo mismo y con los demás claro. No debéis olvidar que una de las cosas que produce más tranquilidad en la mente de un hombre, es hacer las cosas con rectitud.
En lo de ser rico o no ser, es un decir, los que trabajamos nunca vamos a ser ricos. Lo bueno es tener buena salud y ganas de trabajar y que este sea rentable, pero con toda honradez, ya que es una forma de sentirte tranquilo en la vida y caminar con dinamismo y rectitud. Nunca os olvidéis de este consejo que os doy. El que hace las cosas mal, mal le han de salir. Todo esto lo escuchaba el camionero y sin decir palabra, porque bien me conocía y sabia que yo no toleraba las cosas mal hechas a mí alrededor, por eso se calló, cogió sus camiones y se fueron hasta que aquello estuviera en orden.
Marcelino era muy buena pñersona, muy trabajador, recto y cumplidor, además de observador. Sabía que todos no se portaban de la misma forma. Trabajó conmigo muchos años y conocía bien mi forma de proceder. Marcelino, trababa, dirigía y también velaba por la seguridad de la gente para evitar accidentes, les enseñaba a trabajar con cariño y amabilidad. El hombre que es tratado con sentido y con respeto se siente agradecido y tranquilo. Trabaja y cumple satisfecho con su trabajo y con su Jefe. Si hasta los animales les gusta el cariño y la atención, ¿cómo no nos va gustar a los humanos? No todo lo hace el dinero, aunque es de primera necesidad, también es importante el aprecio a los demás.
Nunca olvidé lo mal que lo pasé en mis primeros años de trabajador, siendo un niño. Por falta de experiencia y por no tener fuerzas suficientes, me trataron como a un perro vagabundo. Había un tío sin ningún escrúpulo, casi un salvaje, que nos insultaba además de reventarnos de trabajo. Hay que pasar por ello para saber lo que es sufrir por no poder defenderte para decirle al miserable que ya no podía más. Debo decir en honor a la verdad que a mí nunca me pegaron, pero en aquellos tiempos era costumbre de algunos energúmenos, dar leña a los jóvenes por no saber trabajar o no rendir lo que el salvaje pensaba que debías hacer, aunque tuviera muerto de hambre y sin fueras. Por esistir estos salvajes hubo algunas desgracias en el trabajo.
Un picador de carbon del pozo Cerezal. Estaban trabajando un una sobreguia, “un tajo en lamina” y pego con una estaca a su ayudante que era unevo y de afuera. Aquel joven le dijo, tú ya no pegas a nadie más. Cogio una pica y se la clabo en el pecho y lo marto.
Otro de un pueblo muy cercano al anterior, también dio leña a su ayudante y el mismo pñozo Cerezal. El chabal las llebo y se callo, pero al dia siguiente, no redia lo suficiente para que aquel individuo intentara pegarle. En efecto, cogió una madera para darle con ella como el dia a terior.
El cahaval saco una pistola y le dijo. Eres un hijo de puta, hoy te mato. El picador le diacia. Apunta para el techo que tengo dos hijas, no me mates, no me mates. No le mato pero lo hizo sufrir encañonado largo tiempo. Creo que de aquellos dos incidentes en el trabajo, que fueron muy comentados y aque los de la época nunca olvidamos. Sirbio para que ya no pegaran a los chavales.
Aquella costumbre de dar leña se fue perdiendo porque la gente fue ebolucionadon y el miedo endereza la más fuerte.
En cuarenta años fueron muchos los que pasaron por nuestras obras y jamás traté mal a nadie. Es de destacar que hoy, ya retirado, cuando salgo con mi esposa a pasear por los pueblos de la montaña y nos encontramos con los que fueron nuestros trabajadores, me saludan con el mismo cariño que yo les enseñé cuando eran jóvenes, hasta me quieren convidar. Lo mismo lo hacen los padres de algunos, dándome las gracias por haber cumplido en todos los órdenes con los trabajadores. Eso no hay dinero que lo pague. Esa satisfacción que recibo es el fruto que un hombre sembró. Ahí está el resultado, así se describe la historia, y nadie la puede pintar de otra forma. Cada uno recibe lo que le corresponde norma mente.
Hace poco tiempo fui a una casa de alquiler de maquinaria, para alquilar un martillo picador para una pequeña obra en mi finca. Cuando la chica estaba escribiendo el contrato para que lo firmara, entro en el despacho el encargado. Me saludo me dio un abrazo y dijo al a chica. Para Arsenio no hay contrato, dale lo que pida, no le cobramos nada. Dando una palmada en mi hombro le dijo: Trabaje para este hombre y quede muy agradecido, es todo un caballero. Hace unos días me encontré con dos compañeros que siguen trabajando con Arsernio y dijeron que estaban muy contentos y que como siempre les pagaba muy bien y que había obra bastante.
-Le di las gracias y le dije: Es cierto, pero eso ocurre cuando hay buena gente por ambas partes lo que forma parte de la buena convivencia. Eso es muy importante, tú mismo que eres un buen cumplidor formaste parte ello y tus compañeros siguen siendo de lo mejor.
Agradecí más el valor de su comportamiento mas que el dinero que costaba el alquiler. Así son las cosas y así las hay que decir.
Un mercader, quiso cerrar mi pequeña empresa, la que me ayudaba a mantener los ingresos de mi economía, porque el sueldo que yo ganaba en la empresa no daba ni para uno solo y mi familia se componía de tres hijos y nosotros dos. Después de una terrible lucha conmigo mismo pasando días y noches desesperado, pensado en un negocio que me pudiera dar dinero para mantener la casa y poder estudiar a los hijos y con miedo a que me fallara como el almacén del vino. Me salió un contrincante que quería cerrarme.
A pesar de ser su cliente, no se conformaba con que le comprara sus productos, quiso que trabajara para él. Al comenzar a vender los abonos, compraba varios productos en diversas partes y dado que había buena salida, un individuo que me servía un producto, en una de sus visitas me dijo, con más rostro que un asno, que me dejara de hacer mezclas y que me dedicara a vender sólo sus productos y con una mísera comisión que él me dejaba.
Nada le dije, me callé y seguí con mi trabajo, mientras que sus visitas eran con mucha frecuencia para ponerme siempre el mismo disco, a la vez de observar las ventas que iban en aumento, lo que le molestaba en cantidad.
Cada camión del producto que enviaba se lo pagaba por medio de un cheque que le enviaba por correo nada más recibirlo. En uno que le mandé, me envío a vuelta de correo, una carta en la que me decía:
Recibí su cheque por el valor del último camión de material que le envié.
A continuación paso a decirle que a pesar de ser usted un buen pagador, siento decirle que dado que en mis visitas no me hizo caso y que sigue vendiendo abonos de sus mezclas, sin autorización ninguna y engañando a los ganaderos y agricultores, amparado en la ignorancia de éstos, no me queda más remedio que denunciarle ante las autoridades competentes para que deje de robar de esa forma tan descarada.
Aquella carta fue para mí como si recibiera un cañonazo, un tormento. Cierto era que no tenía autorización, pero era una gran mentira que yo robara a nadie. Mis productos eran y siguen siendo aunque ya estoy retirado, de primera calidad y los agricultores y ganaderos los aceptaron perfectamente porque les daban buen resultado. Nada más lejos de mi intención que engañar a nadie, todo lo contrario, yo lo consideraba algo importante para ellos y para mí, por tratarse de unas fórmulas que yo hacía con todo el cariño, pensando en promocionarlo porque era mi única salvación para levantar mi pobre economía, con seriedad y honradez, velando por los intereses de mis clientes y a la vez por los míos, porque yo no podía ir a trabajar a la mina como picador de carbón, después de perder las manos. No era robar, sino trabajar. La pruebe de que mis formulas valen, es que siguen funcionado desde hace de 50 años.
Si no me había dado de alta todavía, fue por dos razones muy importantes para mí en aquel tiempo. La primera, saber si iba a ser aceptado en el mercado, si valdría uno. La segunda, que tenía que pasar algo de tiempo para preparar la maquinaria que me exigían para darme la autorización como fabricante de esas formulas. No "rústicas mezclas" como aquel individuo las llamo. sino como algo muy importante.
De no haber comprado nada a aquel malvado, me hubiera dado tiempo a prepararme para trabajar unos meses más y no las hubiera tenido que pasar tan apuradas ya que estaba pagando la casa y me resultaba casi imposible poder pagar la maquinaria en aquel momento.
El disgusto que recibí con aquella maldita carta no me dejó dormir ni comer en dos días.
La recibí al mediodía de la víspera de la fiesta de la onomástica del Caudillo, General Don Francisco Francoco Bahamonde, Jefe del Estado español. Esperé a que pasaran las horas para presentarme en Oviedo a las autoridades de la delegación de agricultura para solicitar el alta y saber el castigo que me podrían imponer de encontrarme con un jefe tan mala persona como el que me había denunciado. Estos y otros pensamientos eran los que no me dejaron dormir.
A las nueve de la mañana de aquel día, cuando abrían en la delegación, ya estaba allí esperando para visitar al jefe. Pedí permiso y un individuo dijo que no podía pasar, que era necesario pedir audiencia con unos cuantos días de antelación.
Señor, le dije, se trata de una urgencia y no puedo esperar más. Si no anuncia mi presencia al jefe, le esperaré hasta que salga de su despacho. Me contestó de nuevo diciendo que no podía hacer nada.
Después de pasar media mañana esperando y sufriendo por el problema, le dije al conserje:
-Por favor, dígale al señor que tengo que verle, seguro que me recibe.
-¿Es que le conoce?
-Personalmente no, pero seguro que me espera por motivos urgentes de trabajo.
-Siendo así, se lo comunicaré.
Al momento se dirigió al despacho del aquel gran señor. Salió a mi encuentro en cuanto le anunció mi presencia. Al verme tendió su mano para saludarme a la vez que me dijo:
-Hombre Arsenio, tenía ganas de conocerte. Te he visto en la tele y en la prensa. Sé que eres un gran trabajador. Pasa para acá.
Nos sentamos, él seguía hablando de varias cosas. No sabía que yo era el de la denuncia que tenía sobre su mesa. Al explicarle el motivo de mi visita se quedo sorprendido.
Se levanto, cogió unas etiquetas que tenía, se acerco a mí con ellas y me dijo:
-¿Pero estas etiquetas son tuyas?
-Sí, señor, son las que llevan mis sacos de abonos como identificación además de una vaca pinta en el medio del saco de polietileno y con la dirección y teléfono.
Me alegro mucho que hayas venido, porque tenemos aquí un expediente contra ti por una denuncia, pero por tratarse de ti lo anularemos. Alegaremos que los vendías sin autorización por ignorar que tenías que darte de alta. Tranquilo, no pasa nada. Tienes que darte de alta ya. Te diré los requisitos que hacen falta. Aparte del papeleo tienes que comprarte una máquina para la fabricación de abonos, una cinta transportadora, una máquina de coser sacos y algunas cosas más. La máquina para los abonos y la cinta las venden en Santander. Cuando tengas todo tendrás que presentar con la documentación las facturas de compra de las maquinas y del material necesario.
-Lo malo es que yo no dispongo de dinero para pagar esas máquinas, estoy pagando la casa y no sé cómo me voy a arreglar.
-Ahí sí que no te puedo ayudar y sin esas máquinas no podrás trabajar.
-Con la sorpresa no me había dado tiempo de reaccionar, hasta que pensé que tendría que sacar otro préstamo ya que no podría trabajar más sin ponerme en regla.
Aquel señor que tan bien se portó conmigo me dio una nota de todo lo que tenía que preparar y también la dirección de las casas donde se podían comprar las maquinas.
Dado que me urgía el preparar todo lo más rápido posible para no perder de trabajar, decidí salir desde allí para Santander. Fui a una cabina telefónica llame a mi esposa y se lo dije que marchaba en el primer tren a comprar la maquinaria.
Después de encargar las máquinas que aun había que construir la más importante, les pedí facturas de compra para poder arreglar todo y conseguir el alta como fabricante de abonos químicos. Pues a pesar de decirle al jefe que solo se trataba de hacer unas formulaciones y que yo no fabricaba los productos, dijo que tampoco el que fabricaba alpargatas hacia el esparto, pero sí las alpargatas y que lo mismo era mi caso. Tú vas a ser fabricante de abonos químicos, así me dijo.
En pocos días ya con las facturas y el resto de papeles, lo presenté y luego vino el permiso para poder trabajar. Aunque nervioso por el gasto de la maquinaria, pero más tranquilo por estar ya dentro de la ley.
Aquello sería para mí una de las cosas más importantes de la época, entre los abonos y la ganadería fui remando y pude pagar todo y estudiar a mis hijos, aunque tenía mucho trabajo, eso nunca fue problema para mí, trabajaba las horas que fueran necesarias muy a gusto a cambio de ver que ya salía de la pobre situación. Pocos sabrán lo triste que es trabajar a brazo partido y no sacar lo suficiente para la casa, eso sí que no lo olvidaré nunca. La lucha y el esfuerzo me sacaron de aquella precaria situación.
Seguimos trabajando sin parar pero nunca más pedí el material de aquel que tan mal se portó conmigo pensando cerrar mi negocio para que trabajara para él como los esclavos.
Pasaron unos cuantos días y el individuo sinvergüenza, al ver que seguía trabajando y no le pedía material vino de nuevo a husmear y a meterme miedo pero esta vez le salió el tiro por la culata.
Llegó un día a las siete de la tarde, ya era de noche, me encontraba haciendo facturas en uno de los almacenes donde tenía una mesa y los utensilios de oficina que él conocía. Sin contar con su visita entró y con todo su rostro me dio las buenas tardes. Cuando lo vi me puse nervioso y le dije:
-¿Cómo se atreve a venir a mi propiedad? ¿No le da vergüenza volver por aquí después de lo mal que lo ha hecho? Es usted tan cruel como cobarde. Quiso quitarme el pan de mis hijos. ¿Si me cierran esto con qué me gano la vida? Su egoísmo ya rebasa los límites de un ser humano, no pensó que no tengo manos y que no puedo trabajar en la mina donde siempre trabajé. Usted se lanzó a mí como el lobo que para saciar su hambre degüella el cordero sin piedad. Su actuación es repugnante y traicionera. ¿Por qué en lugar de denunciarme no me orientó de lo que tenía que hacer para ponerme en regla? Si lo hubiera hecho así, hoy seguiría siendo su cliente. Después de ver lo mala persona que es, no le compraré más aunque se muera de hambre porque una persona como usted no merece ni que se le mire, da hasta pena pensar que exista esa clase de personas de tan mal proceder. No se le ocurra más meterse con personas que trabajan y cumplen porque alguno habrá que no se lo permita. Lárguese de aquí y no vuelva porque su actuación fue denigrante y malvada, no quiero ni tratar más con tal alimaña. Ya nunca podrá denunciarme porque se reirán de usted, porque trabajo con dignidad y autorizado legalmente.
Salió de allí sin chistar y nunca más se le ocurrió molestar.
Hace poco tiempo me contaba un viejo amigo Mino el albañil, que vino a hacerme una pequeña obra y que por haber trabajado varias veces en mi finca, había visto como yo trabajaba en algunas de mis maquinas, me dijo: los hay que no se creen nilo que esta biendo.
.-El, sábado después de terminar en la obra en un pueblo cercano, fui al bar a tomar un vino. Me dijeron que se comentaba mucho de cómo trabajas con esas manos de acero. Dicen que hace toda clase de trabajos y hasta maquinas. ¿Cómo pude ser posible que trabaje eso que dicen si no tiene manos? Eso es imposible yo no lo puedo comprender, ni creer, pienso que la gente es muy exagerada, decía uno. ¿Puedes explicarnos algo, tú que vives cerca?
Sí que puedo explicaros como es ese hombre, un águila, un artista que no se le pone nada por delante. No solo hace de todo, es que además es inventor, escritor, se le da todo. Nosotros con manos a su lado somos unos inútiles y tú no lo puedes creer. Vete a mirarlo no te va a cobrar nada y así te convencerás de la verdad.
Por mucho que les explico no se lo creyeron La sorpresa de este hombre fue que el mismo que le preguntaba se negaba a creerlo que le explicaba, apostando que no podía ser cierto. El albañil le preguntó:
-¿Tú tampoco crees que conduzca el coche o el camión?
-Sí, eso es verdad porque yo le he visto, pero .el otro es mentira, ¿cómo va a poder hacer una maquina y encima dices que él las inventa? ¿Es imposible, si siempre fue minero, donde aprendió a ser inventor?
-¿Que donde aprendía a ser inventor? En ningunas parte, no le hace falta, el nació con esa inteligencia que ni tu ni yo conocemos. Hay hombres superdotados y él es uno de esos que no tiene fronteras, hace lo que ve o lo inventa y no hay quien lo mueva.
-Imposible es panti y alguno más que estáis como un venado. No miráis la televisión, ni leéis el periódico, ni tampoco creéis a los demás. Hasta negáis lo que todo el mundo conoce, pues acaba de salir en la tele y en otros medios informativos como la Nueva España. No hace mucho tiempo le llamaron Radio Nacional, donde dio una charla ¿tampoco lo oísteis? Desde luego, a ti a mí no nos llaman porque no sabemos hacer nada, así que no te extrañe.
Tan mal me pareció dijo: el Albañil, que me dijera que era mentira lo que yo vi multitud de veces, que me enfade y no termine de tomarme el vaso de vino que pedí, lo pague y marche sin decirles ni adiós.
Me dijo lamentándose que cómo podía haber gente tan rustica y dura de mollera, incapaz de creer lo que él mismo les decía, que era cierto, porque él lo había visto en el tajo. Siempre se había interesado por mis trabajos y hasta paso largo tiempo viendo cómo trabajaba, les dijo, pero ni eso les valió.
En cierta ocasión vinieron tres individuos, ajenos a nuestro Grupo, para hacer un estudio para pagar a los picadores de nuestro Pozo, que trabajaban a destajo por puntuación. Era una nueva modalidad que llevaba a cabo un grupo de hombres que trabajaban en lo que se llamó Racionalización.
Yo estaba en mi puesto de trabajo y tenia orden de mi jefe, que literalmente me dijo: Arsenio, hay gente que es muy amiga de mandar en los demás. Tú no vas de recadero para nadie, el que quiera criados que los pague. Atiendes el servicio, pero sobre todo mi teléfono.
Los recién llegados, de los que yo no conocía más que a uno, se habían instalado en la oficina del ingeniero ayudante. Eran dos capataces y un ingeniero. Al poco tiempo de llegar, vino uno a mi mesa y me dijo: Vaya a buscar tabaco.
Aunque lo dijo con un tono autoritario como un dictador, yo con toda educación le dije: Un momento, lo encargaré a la señora de la limpieza. No puedo dejar mi servicio, tengo que atender el teléfono del ingeniero, el Satay, la línea del exterior y a la gente que venga.
El individuo sin decir nada, recogió el dinero que había depositado encima de mi mesa y se marchó. Al momento me llamó el ingeniero, que también era forastero y delante de todos y sin poder defenderme me echó la gran bronca. Me faltó al respeto. Tan mal me trató que no le faltó más que pegarme. Cuando terminó le dije:
-Señor, yo no he faltado a nadie y usted me está faltando. Intenta humillarme y me trata como a un perro. Le aseguro que lo va a sentir.
Uno de los otros dos, que había trabajado en uno de los pozos del grupo y que presumía más que un general de división, pero que nunca dió la talla en su trabajo ni sirvió más que para eso, presumir, me dijo, tratándome de usted como si no me conociera:
-Arsenio, ¿cómo se atreve?
Sorprendido por lo que acababa de decir, le dije: Porque tengo que combatir el desprecio y la sinrazón, venga de donde venga. Al contrario de usted, que lo defiende, porque es igual que él, así de claro.
Salí del despacho con un disgusto monumental, pensado en el atropello que acababan de cometer conmigo. El principal culpable no pronunció ni palabra, escuchando aquella escena vergonzosa que protagonizaron dos capataces y un Ingeniero. En este caso los tres fueron unos sinvergüenzas: el primero por decir lo que quiso, el segundo por tratarme tan mal y el tercero por defenderlo. Si yo tuviera manos sería como para coger una estaca y sacar a los tres miserables del despacho a estacazo limpio. En aquel momento creo que hubiera barrido a los tres. Iban a saber ellos lo que era aquel joven asustado, más por el mal comportamiento de aquellos energúmenos que por el mismo trauma que padecía.
Cuando llegaron los dos ingenieros de la mina, mis Jefes, al darles la novedad de la mañana, les conté lo ocurrido. Yo estaba destrozado, no podía comprender lo mal que me habían tratado, sin ninguna razón. A aquel venenoso Ingeniero no le faltó más que coger el latigo, como hacían en la antigüedad.
Yo estaba acostumbrado a cumplir con mi deber y a mis Jefes, que me trataban con cariño y educación. Me querían y me animaban. Siempre se portaron como si fuera algo especial. Mi Jefe, D. Francisco Martín Diego, Ingeniero Jefe del Grupo San Martín muy enfadado y con energía, abrió la puerta del otro despacho y le dijo al ingeniero que me había maltratado:
-¿Cómo te atreves a faltar al respeto a Arsenio? Es hombre de nuestra confianza. Te exijo que ahora mismo que le pidas perdón. Es un crimen tratar mal a este hombre que cumple con su trabajo al pie de la letra. Es uno de los hombres más nobles que he conocido. Lucha como un héroe, trabaja y estudia además de soportar su terrible accidente, que le privó de las dos manos. Es intolerable como lo trataste.
El otro agachó las orejas, se levantó y dirigiéndose a mí, tratándome de tú, dijo:
-No lo sabía, perdóname.
No le dije ni palabra, porque de tener que decirle algo, le diría: “Vd. No siente nada porque no tiene vergüenza ni corazón de humano, sino de animal, quédese con sus disculpas”.
Los otros dos se quedaron sorprendidos por lo que acababan de oír. Mi jefe, después de echarle la gran bronca, cerró de nuevo la puerta y me dijo que me tranquilizara, que ese tío estaba como una “oveya”, como los otros dos que le acompañaban.
Este Ingeniero siempre me trató como si fuera de su familia. Muchas veces me dijo que era una lástima que no tuviera un título, que con mi inteligencia tenía que estar en una oficina técnica, con un secretario. Que haría obras muy importantes, pero que sin título no me admitirían en aquellos tiempos y que se perdía una eminencia por no tener título. Aquel gran hombre sabía observar y analizar el valor de los demás, aunque fuera de un trabajador. Así lo hace la buena gente que valora a las personas con cultura, conciencia y dignidad. Así de noble y buena persona fue Don Francisco Martin Diego, Ingeniero Jefe del Pozo San Mamés. Un madrileño educado y muy trabajador que siempre trato a los obreros con cariño y respeto. Y sin presumir como otros de sangre azul.





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