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Archivo mensual: agosto 2013

Se terminó de construir la casa y la bodega para el vino. Seguí trabajando. Una  mañana estaba haciendo la excavación para colocar la tubería de los desagües de la casa cuando llegó un empleado de Telefónica para trasladarme el teléfono desde el Almacén de Blimea a mi nueva casa en Villar Sotrondio. En aquel tiempo había muy pocos teléfonos, yo tenía el 249, era uno de los últimos colocados. En aquel tiempo costó 700 pesetas ponerlo y otras 700 por cambiarlo después de cuatro años en el almacén. Seguí con el mismo número hasta que pusieron las centrales automáticas.

El telefonista miraba cómo trabajaba y dijo:

-¿Quién hace esta excavación?

Dejé de trabajar, le miré y riéndome le dije:

-El pico.

-El pico, sí, pero ¿quién lo manda?

-Si aquí no hay nadie más que yo ¿usted qué piensa?

-¿Lo que hay hecho lo cavó usted?

-Sí, ¿por qué no iba a hacerlo?

-Por favor, ¿quiere trabajar para que yo le vea? Perdone, pero es que me parece imposible que tal y como está usted pueda realizar este trabajo tan fuerte.

Comencé a picar, cogí la pala y lo saqué. Él miraba asombrado y después de comprobarlo me dijo:

-¿Puedo probar yo?

Le di el pico y bajó a la zanja. Picó y luego cogió la pala, quiso comprobar el esfuerzo que aquello suponía. Al salir de allí me dijo:

-Es usted todo un artista, hay que verlo para creerlo, señor.

Le acompañé mientras instalaba el teléfono y no me habló más que de lo mismo. Creo que nunca se olvidará de aquella experiencia, pues tampoco había cogido el pico nuca y no sabía el esfuerzo que costaba una escabacion a pico y pala.

La construción de la casa la hice por administración.  Contraté a un albañil por un tope de dinero por los trabajos de techarla. Yo compraba los materiales. De esta forma ahorraba mucho dinero en la obra. Desde luego que daba trabajo pero era rentable. Aunque estaba contratado, yo trabajaba sin cesar. Me urgía terminarla para poder trabajar en el bajo. El albañil iba con demasiada tranquilidad, por ese motivo todo mi tiempo libre de mi trabajo lo dedicaba a la obra. Subía ladrillo a los andamios, pasta, viguetas, hormigón, teja; ayudé hasta a retejarla, lo que hiciera falta. Mi familia me regañaba, decían que iba reventar por tanto trabajar, o que me podía caer de un andamio, que ya tenía bastante sin buscar más. Les decía:

Ni trabajo tanto como dice la gente ni me haré daño, no me tocará todo lo malo a mí.  ¿Acaso voy a ser tan desgraciado como para hacerme daño en la construcción de mi propia casa? Todo no saldrá mal y seguiré hasta terminarla, sin problemas de altura ni de nada.

Sé que había opiniones para todos los gustos. Al estar situada delante del mismo Pozo, al cabo del día gran cantidad de gente pasaba y miraba. Cada uno opinaba de distinta forma, eso era inevitable, unos decían que era rápido como un lince trabajando; otros, que me iba hacer daño; otros, que no debí haberme metido en ese lío que suponía hacer una casa; y algunos, que no podría pagarla. Todos esos comentarios que había en el bar o en la calle, al momento me los contaban.

Recuerdo uno que llegó una tarde a la finca cuando me encontraba trabajando y me dijo:

-No te puedes imaginar las discusiones que se arman por lo que trabajas, es de comedia ver la mentalidad que tienen algunos. Apuestan y discuten sobre lo que no saben ni les importa. Si te gusta trabajar y lo necesitas ¿qué les importa? Menos mal que tienes muchos más a favor que en contra, porque, la verdad, es que llamas la atención al ver con qué rapidez trabajas.

Al principio me había prestado dinero un familiar que, al oír esos comentarios atormentaba a mi padre diciéndole:

-Usted y su abuelo han valorado mucho a Arsenio, y es cierto que lo merece, pero ahora se pasó. De esta no sale. Mucha gente dice que se va desgraciar al caerse de un andamio o de una pared, que se puede quedar peor de lo que está y no va poder pagarlo. Llegará la Caja y se lo llevará todo, y yo me quedaré sin el dinero que le presté. El préstamo que me había hecho era de  50.000 pesetas que nunca pensó cobra por su enorme equivocación. Cuando un día para hacerlo callar le dijo mi padre. Seguro que  te va a pagar y no será muy tarde, trabaja mucho y no le van más las cosas, pero si fallara yo te las pagaría, tranquilo. Eso no me vale porque así perdería mi mujer parte de esa cantidad a la hora de heredar. Hay que ver como razonaba las cosas aquel hombre, que estaba casasdo con mi hermana, increíble pero cierto.

Este rosario de protestas, lo tendría que soportar mi pobre padre durante largo tiempo. Si él ya sentía mucho por la situación de su hijo, aquellas críticas le hacían sufrir más. Cuando lo que merecía realmente era animarlo para que no sufriera tanto. Bastante mal lo pasaba mi padre por su mísera pensión y no poder ayudarme, cuanto más, presentándole más problemas.

Mi padre le respondía:

-Estás confundido por los comentarios que oyes. No debes hacer caso a la gente que no conoce las agallas de mi hijo. Yo confío en él, sé que nuca falló y no lo hará. Es hombre seguro y vencerá, no sufras, que te va a pagar. El tiempo ha de ser testigo y tú también le decía. Es incansable y si él se lo propone lo sacará.

No le convencían las afirmaciones de mi padre y durante el tiempo que duró el préstamo no cesó con lo mismo, le parecía imposible que pudiera salir adelante, era poco optimista.

Cuando todavía es estaba pagando la hipoteca de mi casa, el arrendatario de la finca colindante se la compró.

Yo ni lo sabía, hasta que un día me dijo:

Cómprame la finca Arsenio, te la vendo a muy buen precio, yo me retiro y no me hace falta.

Lo que la vida nos presenta muchas veces resulta imposible de creer, hasta que no se ve. Cuando Desde luego que la taso en un precio muy bueno, la finca valía mucho más, pero yo me encontraba muy apurado, estaba pagando mi casa y me resultaba imposible. Tuve miedo de no poder pagarla. Siempre fui muy tímido, nunca soporte el estar bajo la presión de deber dinero.  Por más que peleaba conmigo aquel hombre, diciéndome: “cómpratela que es regalada”, no pude, aunque me era de mucha necesidad para mi trabajo. Cuando pasaron unos años tuve que pagarle una salvajada, ya había varios compradores que la querían. La diferencia fue de asombro, el dueño aprovechó la ocasión, con toda su razón. Se porto muy bien con migo ya que poco falto para quedarme si ella.

Aquella parcela era de necesidad para mi pequeña industria porque me encontraba muy reducido para la maniobra de camiones, pero no pude soportarel deber tanto dinero, hasta que pague la casa. 

José Antonio Álvarez González “Pepe” el de la Caja. Fue un director excelente y muy buena persona. En el año 1.973, fue nombrado jefe de seguridad de la caja

En aquella misma mañana de colocar el primer ladrillo para hacer la casa, bajé a la Caja de Ahorros de Sotrondio, a solicitar un préstamo. Pues ya no tenía dinero ni para pagar aquel ladrillo. Lo que tenia lo gaste en comprarme la finca y hacer un muro de contención, además de la excavación para el solar.

En el momento que entre, salió de su despacho el Director, Pepe el de La Caja. Así le llamamos siempre. Me saludó y dijo:

-¿Qué te trae por aquí, Arsenio?

-Vengo a solicitar un préstamo. Compré una finca en Villar y quiero hacer una casa.

-¿Es mucho lo que precisas?

-Sí, 350.000 pesetas.

-Eso no es nada para ti. Ya verás cómo lo pagas pronto. Eres muy trabajador.

Yo no le conocía y le pregunté: 

-¿Cómo lo sabe? ¿Es que me conoce?

-Sí, hombre, ¿Cómo no te voy a conocer si eres más popular que el gobernador? Solo por trabajar en tus condiciones ya es bastante para serlo. ¿Tú no sabes que das clase a mucha gente de cómo hay que luchar en la vida? También conozco a tus padres y a toda la familia. Sois todos a cuál más trabajador. Dirigiéndose a los empleados de la Caja, les dijo:

-Con aquella gracia que siempre tuvo: “Cuando venga Arsenio a por el dinero darle todo lo que pida y sin aval hasta 350.000 pesetas. Con su firma es bastante”. Poniendo su mano sobre mi hombro, añadió: “Este hombre es de oro y oro hay que darle”.

Le di las gracias asombrado por lo que acababa de oír. Creía que por vivir aislado en un pueblo a nadie le interesaría cómo desarrollaba mi vida de lucha y esfuerzo. Nos despedimos y marché contento por lo bien que me había tratado. Conseguí el préstamo pero estaba muy preocupado por el compromiso que suponía estar bajo un débito de esa envergadura. 350.000 pesetas era mucho dinero en aquel tiempo que era difícil abrirse camino en los negocios.

Aparte de esa cantidad, yo ya debía dinero a dos familiares. Todo ello junto equivalía a varios millones de hoy.

Yo iba sacando dinero a medida que lo necesitaba, solo con mi firma. Nunca se me pidió otra cosa. Aparte de lo bien que me trataban cuando iba por allí, lo mismo el Director que los empleados. Siempre tenían algo agradable que decirme. Entre otras cosas “No trabajes tanto, Arsenio. Hay que ir más despacio. Cuando damos un paseo por allí vemos lo mucho que trabajas y como suben las paredes de tu casa. Es un lugar muy bonito y a lado mismo de tu trabajo. Mejor lugar para tu casa no pudiste encontrarlo”.

 Desde siempre pidieron un aval por tres personas con capital para conceder un préstamo y hoy también piden. Pero a mí no se me pidió nada más que mi firma. Aquello me dio mucho ánimo. Vi que aquel hombre se fiaba de mí, lo que significaba un gran aprecio hacia mi persona. Me prometí cumplir con firmeza para no fallarle. Se trataba de una cosa muy importante para mí. Después de una larga lucha, cuando ya lo había pagado todo, bajé un día a la Caja para hacer un pago de materiales. El Director me saludó con mucha gracia y dijo:

-Te doy las gracias por ser como eres. Ya ves cómo te desenvuelves. Ya tienes tu propia finca y tu casa. No todos lo consiguen. Tu accidente, que muchos consideraron insalvable, no fue obstáculo para salir adelante. No hay más remedio que copiar de ti, amigo. Me dejas asustado de cómo trabajas y luchas. Me contaron que en la construcción de la casa trabajaste tú tanto como el albañil. Creo que subías viguetas para los forjados más rápido que los de la obra.

Todo esto lo contaba Pepe, con su eterna sonrisa, siempre tan agradable. Fue un hombre muy trabajador, serio y muy cumplidor. Creo sinceramente, que de él sí hay que copiar. Yo solo cumplí con mi deber. En cambio él, desde su posición no regateó para ayudar a la gente sin distinción de clases. Esas cualidades solo las tienen los que nacen con ellas. No encuentro palabras suficientes para ovacionarlo y manifestar su gran mérito social y humanitario. Quiero recordarlo aquí y rendirle mi pequeño homenaje con el máximo respeto, seguro de no olvidar su gran forma de dar esa clase, que él mismo mencionó.    

Yo no conocía a Pepe el de la Caja. Este gran hombre, aunque era natural de Santa Bárbara, acababa de llegar como Jefe a la sucursal de la Caja en Sotrondio. Sé que Había estado en el ejército como oficial, creo que era comandante. No recuerdo la fecha exacta de su llegada a la caja, ya que lo conocí en  Octubre de 1964, que fue cuando empecé a construir mi casa y le pedí el préstamo.

Nunca olvidé el gran favor y el aprecio de aquel hombre. Lo mismo que mis padres y hermanos, que siempre le apreciaron y mucho le agradecieron aquella atención que tuvo conmigo. Es digno de destacar cómo conocía a la gente y lo amigo que era de hacer favores, algo muy importante. Confiaba en mí y yo ni le conocía. Esta clase de hombres no tendría que morirse nunca. Creo que será recordado por mucha gente como el gran hombre que siempre fue, por hacer bien desinteresadamente.

La diferencia de unas personas a otras es más que notable, después de pasar años, cuando mi economía era  buena. Trabajaba en distintas obras y precisaba un camión. Fui a pedir un pequeño préstamo a la Caja. El que ocupa el cargo de director, en ese tiempo era otro y no me lo dio. Al comentarlo con un familiar, me dijo:

-Mejor que no te lo diera, yo te lo dejare, así no pagas réditos. Para cuatro perras que dan por el dinero, no merece la pena tenerlo allá. Como castigo para él lo sacaremos para que espabile.

 Aquel jefe era de mi edad y del mismo ramo de negocio

Dado mi forma de trabajar en la caja y la facturación que tenia, pude elevar la queja a las autoridades de la caja, pero nunca fui amigo de litigios. Alguno de la familia me decía. Cambia para otro banco y le pedirán explicaciones de tu marcha. Ni eso quise hacer, solo que nunca más le di gracia como antes porque no se la merecía.

Al final salió el dinero de la misma Caja y este hombre quedó mal. Así hay personas que sin saber por qué se comportan mal. Yo creo que pudo haber sentido algo de envidia por el mérito que me daban los comentarios. No se me ocurre otra cosa Precisamente en la caja un día dijo un empleado. Arsenio, hay que hacerte un monumento hay fuera. Otro empleado dijo: No hace falta ya lo tiene el hecho con su propio esfuerzo y lucha. Esto lo escuchaba el jefe, y no dijo nada. Yo siempre había trabajado con la Caja. Siempre cumplí con mi deber. Además, ¿quién mejor que él sabía cómo iba mi economía por la facturación que había? Disponía de más dinero en mi cuenta corriente que el que solicitaba. El motivo era que yo no lo podía quitar del movimiento de mi empresa. La inversión es otra cosa sin dinero no se puede trabajar. El préstamo era solo por una temporada hasta que cobrara obras que había pendientes de terminar y otras  que se tardaban hasta un año en cobrarlos.

Si las normas de los bancos, es el trabajar con las empresas, dando toda clase de facilidades, ¿porque aquel jefe no lo hizo? Ejemplo: yo tenía cuatro cinco o más obras en movimiento de trabajo y otras en espera de cobrarlas a 90 días o a un año. Mi economía no permitía ese sistema, por lo tanto yo daba cuenta a la caja y les decía. Tengo que pagar (diez millones de pesetas) y mi cuenta pasara a números rojos. Hasta que dentro de tres meses, que llegaran ingresos superiores a esa  cantidad. Los de la caja me decían, tira para lante, ni tienes que decirnos nada. Aunque llegue a pagar hasta el 21% por números rojos, yo podía funcionar y las dos partes nos beneficiábamos. Todo esto había sido antes de llegar aquel pollo claro, porque seguro que él no iba dejar trabajar aun que la caja perdiera dinero y yo tendría que moverme por otros lados.

El día que comenzó a construirse la casa, en una mañana del mes de Octubre de 1964, hacia las nueve menos veinte, el albañil estaba terminando de nivelar los cimientos para poner el primer la ladrillo de lo que iba ser mi casa. Yo tenía que ir al trabajo (entraba a las nueve) y le pregunté al albañil:

-¿Puedes decirme a qué hora pondrás el primer ladrillo?

-Aproximadamente dentro de veinte minutos, más o menos. ¿Por qué lo quieres saber?

-Por curiosidad, se trata de mi casa. Si puedes, hazme una señal al colocarlo. Procuraré estar a esa hora mirando para verlo desde aquella ventana que está al frente.

-Vale.

Me alejé. Me incorporé al trabajo, que estaba muy cerca a solo a unos cincuenta metros aproximadamente. Cuando pasó el tiempo que me dijo fui a la ventana. Al momento el albañil me vio y levantó su brazo derecho con un ladrillo en alto balanceándolo. Me estaba anunciando el momento en el que colocaba el primer ladrillo. Miré mi reloj. Eran las nueve y diez de la mañana de un día del mes de octubre de 1964. Me dije: “Ya debo ese ladrillo y no tengo dinero para pagarlo. Sabe Dios si podré o no. Que la suerte me acompañe”. Volví a mi trabajo pensando que con mucho esfuerzo, si el negocio seguía en progreso, podría pagar la casa. Era algo que no se apartaba de m pensamiento, tenía ciertamente miedo a no salir adelante. Corrían muy malos tiempos.