Un buen día fuimos mi esposa y yo de compras. Entre otras cosas había que comprar un jamón. Preguntamos y nos enseñaron uno con el que regalaban un jamonero. Lo compramos. Por la tarde ya encasa, mi hija Mónica quiso colocar el jamón en aquel aparato, pero no pudo. Yo me encontraba escribiendo y me llamó.
Papa esto no funciona, haber si puesde colocarlo, porque yo no puedo. En efecto, el herraje del jamonero era una trampa, no servía para nada. Le dije a mi hija, déjalo porque no vale, mañana por la tarde ya tendrás uno bueno.
Diseñé un sistema diferente construido en acero inoxidable, con bonita estética. Lo colocamos, pero yo no me quedé a gusto tampoco, no me gustaba la madera ni el formato de aquel mal jamonero. Me puse con paciencia, a pesar de lo mucho que tenía que hacer. Serré madera de castaño curado para hacer tres. Después de terminarlos, les di barniz, hice el herraje de un buen acero inoxidable y los coloqué. Preparé una placa con un escrito para cada uno. Las llevé a grabar al relojero, yo no tenía herramientas para grabar. De estos jamoneros fue lo único que no fue hecho por mi mano, el resto sí, además, fue muy fácil de hacer, se trataba de un trabajo normal, aunque un poco artesano.
El primero fue para mis nietos Jesús, Claudia y sus padres, el segundo para un gran amigo, José Chorrita y el tercero para nuestra casa. Todo esto hecho a capricho, bien formado y curioso como a mí me gusta hacer las cosas.
Una tarde estábamos José y yo podando mi pomarada. Mientras que trabajábamos pensé en hacer una obra de posteo de mina. Este hombre, que es un pura sangre para el trabajo, fue un minero de los mejores de su época, un trabajador incansable, lo mismo en la mina que en el campo. Se le daba todo: trabajador del Pozo Sotón, conductor de autocares de viajeros y de camiones de gran tonelaje y segador con guadaña de primera línea. También nació y se crió en la montaña, en el pueblo de Corian, uno de los mas altos del Concejo de Laviana. Esa cualidad en aquellos tiempos era muy apreciada, había que ser buen segador y buen cabruñador, si no ya no eras un segador completo. Había un dicho que decía “ese siega mucho y bien; el otro, siega poco y mal. Ésta era una forma de catalogar a los braceros del campo asturiano. Hasta se hacían una especie de concursos de arte y rapidez.
José me ayudó muchas veces, hasta hicimos en la finca, una obra de posteo de mina vertical, posteo de “chulana”, como lo hacíamos en la Escribana de la segunda rama, de 3ª sur y en las chimeneas verticales de la zona de Blimea en el Pozo San mames “Villar” Sotrondio. Allí lo hacíamos con madera de pino y eucalipto, aquí con madera de castaño y en altura de 3,5 metros. Es un pequeño museo de la mina que yo quiero conservar en mi finca como símbolo de nuestro trabajo, de nuestra historia, de nuestra profesión y forma de vivir, como mineros que fuimos.
Aunque de vez encuando aparezca algun revelde o estafador, los mineros siempre fuimos nobles y trabajadores de calidad, con seriedad y entrega anuestro deber. Siempre con alegría aunque trabajando bajo las entrañas de la tierra, y sabiendo que con cierta frecuencia nos tragaba la misma tirra algún compañero, y sin saber quien seria el próximo, que caería asfisiado con el tremedo grisu, o bajo un terrible peñón, como me ocurrio a mi, mientras picaba carbón en la Rampla de San Luis 2º Planata Sur, Pozo San Mames, en el año 1953, un año antes de perder las manos.
Después de permanecer hora y media debajo de un enorme peñón. Mis compañeros lograron salvarme de la muerte. Porque en poco tiempo mas llegaría, ya que el tiempo de resistencia de mi cuerpo, se agotaba presionado por tanto peso, por lo que iba quedando sin respiración, estrujado como una sardina y con fractura de la clavicula, que agudizaba mas la presión. Al tremendo peso de aquella roca, si unia la dificultad que no podían moverlo ni con palacas para sacrame. Tubieron que picarlo amartillo para sacar me ya como muerto, porque el picar una dura roca de arenisca, lleba mucho tiempo. Ay que ver que después de sacarme, solo pudieron saber que aun viavia por la respiración, aunque era muy escasa, por lo que pen saron que no me salavaria. Hubo suerte y después de cuatro días sin concimiento, mi cuerpo reaciono. Despues de un tiempo me cure y a picar carbon al mismo lugar de trabajo de antes.
El compañerismo y la pericia de mis compañeros, fue lo que me salvo de morir a los 19 años de edad, un brabo trabajador como todos ellos, que eran muy buenos mineros. Alfredo Lamuño de La Bobia, Aladino Suarez también de La Bobia, Marcelino Garcia Cuetos “Lino”de San Mames y Cortina otro picador de Tiraña, fueron los que trabajaron a toda prisa para librar de la muerte a un compañero. Mil, gracias les doy por lo valientes que fueron.
Cuando terminamos la obra de posteo de mina, merendamos y tomamos unos vinos. Al marchar Jose le dije: te regalo este jamón y su jamonero y con un bonito grabado, para que tengas un recuerdo de mi artesanía.
Me dio las gracias, se marchó muy contento y orgulloso de saber que su amigo podía trabajar con esa finura, como él la llamó. Este regalo dijo, Jose mientras lo contemplaba. Lo conservare siempre como prueba de cómo trabajas a pesar de no tener manos, porque es ademas una muestra de lo artista que eres para todo. Es imposible creer lo si no se ve.
-Gracias jose, para mi es completa mente normal, todo es ponerse a trabajar y las cosas van saliendo como me gustan. Es muy fácil, a medida que uno trabajo, va aprendiendo cada vez mas.
Al ir hacia su casa, Jose pasó por el Bodegón donde tenía su tertulia, y a echar un traguín. Les mostró aquello que él aprecia mucho y les explicó cómo lo había trabajado. Uno de ellos le dijo:
-Es imposible que Arsenio pueda hacer esta obra ¿Cómo lo va hacer si no tiene manos?
-Yo mismo lo vi, replicó José.- ¿Cómo te atreves a ponerlo en duda?
-Te engañó. Lo compró y dijo que lo hizo él, siguió apostando el tipo.
-No seas terco hombre, ¿por qué voy a decir mentiras si lo vi hacer cosas mucho más difíciles? Deberías subir un día conmigo a verlo y te quedarías pasmado. Es digno de ver, muchacho. Tú no me lo crees. Los que no valimos un duro a lado de este hombre somos nosotros. No solo hizo estos jamoneros, tiene varias maquinas también, que allí están para verlas.
Aquí vemos una forma de discrepar, de no creer lo que los demás hacen o dicen. Este señor que es del pueblo y que esta arto de oir comentarios de cómo trabajas, no lo cree, dijo Jose, y no se porque, imposible combencerlo.
-¿Porque tú con manos no eres capaz de hacerlo, los demás tampoco?- le dijo. -No es así.
-Yo creo que hay que ser más sinceros y escuchar a los demás.
– Trtanquilo Jose, ya estoy acostumbrado a oir esas discusiones, paso de ellas, sino lo crer no pasa nada. José sufrió porque hasta dudaba de lo que el le decía, y eso es una falta de educación . No encontraba el hombre explicación para justificar tal torpeza.
-Yo, riéndome, le dije: mira José, le impondremos un castigo simbólico: que permanezca atado en una silla aquí en la nave, mientras que construya uno, así lo podrá creer y cerramos el caso.
Serio y dijo: tienes razón porque vamos a sufrir porque un oveya no se entera de nada.
José, como mucha gente mas espera este libro con impaciencia, porque les gusta recordar las cosas de aquellos tiempos ya lejanos y llenos de recuerdos. Hasta siempre amigo un abrazo
Arsenio Fernández
Presionado por mi esposa y los tres hijos, dejé de trabajar con aquel ritmo al cumplir los 65 años, para evitar destrozar mis brazos, ya castigados por el duro trajo y el correr de los años.
Aunque tarde en reconocer que mi noble familia tenía razón, porque era demasiado lo que yo trabajaba. Muchas veces las costumbres hacen leyes y no era capaz de dejar el trabajo.
Es incalculable lo que un hombre sufre por dejar de trabajar y al revés, otros sufren porque no querer trabajar. Unos no arrancan y otros no paramos. Ahí fallamos los hombres, no regulamos bien las cosas algunas veces. Tan malo es lo mucho como lo poco.
Teniendo en cuenta lo difícil que me resultaba dejarlo y pensando en cómo me las iba arreglar sin diario trabajo, pensé que lo mejor sería ponerme a estudiar informática. Aunque ya tenía 65 años, con mi carpeta de apuntes y mi coche me desplazaba hasta Sama. Al principio me pareció imposible, no tenía ni idea de lo que era la informática. Aguanté en las clases con jóvenes, no sin pensar algunas veces lo torpe que yo era al ponerme a estudiar a esa edad, pero luego me decía: ¿por qué no, si conseguí cosas más difíciles? Hay que conseguir esto también. Seguí adelante y hoy estoy muy satisfecho de haberlo conseguido. Solo siento no haberlo hecho primero, porque el saber tiene un mérito que desconocemos mientras estamos en la inopia. El exceso de trabajo muchas veces nos aleja de los conocimientos y de los estudios.
Cuando llevaba algo más de una semana, una mañana en la clase, la profesora nos daba una lección en el encerado, me preguntó:
-¿Cómo lo ve, Arsenio?
-Muy mal profesora, no entiendo casi nada. Nunca lo vi ni de lejos, en este tema estoy como un venao.
Mi frase le hizo gracia y después de una pausa se aceco y con una bonita sonrisa me pregunto.
-¿Qué problema tiene?.
-Por si fuera poco el no entenderlo, hay otro problema, que no puedo seguir el ritmo del dictado como los demás, soy algo torpe.
La profesora con su gran amabilidad me dijo
-No se preocupe, que yo le haré las notas, que eso no sea su problema.
Le di las gracias y seguimos con la clase. A partir de aquel momento nunca más se olvidó del alumno mayor de su clase y seguro que el más torpe. Siempre me haría las notas sin tener que recordárselo. Así de bien se portó conmigo y así merece ser ovacionada por el gran mérito que tiene, social y profesionalmente.
Esta profesora una buena persona, atenta, trabajadora incansable y una profesional como la copa de un pino, fue la principal causa para que yo aprendiera lo que hoy sé de informática. Todo por su categoría de buena profesora, por su gran capacidad para explicar las cosas y molestares por sus alumnos. Activa para informar con su amabilidad, invitaba a seguir adelante. ¡Qué importante es saber hacerlo como ella lo hace! Esas cualidades no se compran, nacen con uno. La vocación que ella tiene es el fruto de sus resultados. Es algo que no olvidaré. Esta clase de personas nos dan ánimos, nos hacen sentirnos útiles y con mi más sincero agradecimiento a la joven y gran profesora, Ana Beatriz Braña Fernández, de Langreo, le deseo que siga tan bien apreciada por sus alumnos, como lo fue siempre.
Un cordial saludo
Arsernio Fernández
Cuando aprecio y valoro a una persona ha de ser por su propio mérito, sería injusto si no dijera que hasta para esto soy exigente. Me gustan las cosas muy bien hechas, no me gustan las curvas ni los recovecos, siempre fui así de exigente. Creo que es positivo a la hora de resolver los problemas de la vida, que con frecuencia se presentan.
Hay gente muy buena pero la hay que nunca les vale nada. Hasta hubo alguno que dijo: Que falta le hace informática, ¿para que la va emplear a su edad? Ese tío esta como una maniego. Ver para creer. Éstos que muchas veces no creen ni en ellos mismos, no se dan cuenta que sus semejantes piensan de otra forma y que alguna razón tendrán para seguir con sus proyectos, sus estudios aunque sea de mayores. El saber es necesario mientras uno viva.
Pobre de mí sino hubiera estudiado informática. Increíble pero cierto. Esta fue la que me saco adelante al morir mi es posa. Fue donde me cubije. Escribiendo y estudiando, me sirvió para evitar derrumbare. No me avergüenzo de decir la verdad. A punto estuve de perder el norte. Mi esposa junto con mis hijos lo era todo para mí. Al quedarme solo, ya que mis hijos trabajan y tienen su vida. Para mí fue como si el mundo se terminara. Al principio tanto sufrí que no se puede describir con palabras. Anqué siempre tuve una asistenta para atender la casa, para mí era demasiado la soledad en la que me encontraba, no podía con tanto dolor. Desde luego que a medida que pasa el tiempo, la pena va aflojando, porque si no fuera así, no se podría soportar
Hace unos cuantos años un día de Santa Bárbara, cuando se festeja la patrona de la minería, aquel día no fuimos a la misa, ni a la fiesta porque mi esposa estaba un poco agrupada. Eran las 12 y media de la mañana, cuando llegó a nuestra casa un reportero, diciendo que venía a hacerme un reportaje para la prensa con motivo de la fiesta. Le dije que no me gustaba hacer reportajes y que no era el momento. Este hombre me rogó diciendo que lo mandaban mis compañeros y los sindicatos, que no debía defraudarlos para así darle auge a la fiesta. Al final le dije:
-Un pequeño artículo que solo encaje con el accidente y la festividad, pero nada de adornos ni gaitas. A mí me gustan las cosas serias, no las tonterías que muchas veces salen por ahí.
. Vele así será.
Le conté cómo había sido el accidente y donde trabajaba. Preguntó por qué no iba a la fiesta y le dije: porque mi esposa estaba con un poco de gripe.
Poco más le conté. Salió el reportaje en la prensa y no acertó más que en la fecha del accidente, el resto todo al revés. La vedad es que peor no lo pudo hacer. Pensé que o muy despistado estuvo aquel día o no era ese su oficio, no escribió más que disparates.
Entre otras cosas, dijo que la mecha par detonar las cargas, era hecha de los jirones del fatu de la ropa de la mina. Que este año Arsenio no pudo festejar la Patrona por encontrarse su mujer enferma. Que trabajaba como administrativo, cosa que no es verdad y no sé por qué lo puso. Una serie de mentiras que no sé de dónde las había sacado. Al día siguiente la gente no hacía más que llamar por teléfono preguntando por mi mujer y protestando acerca de lo mal que había escrito aquel reportero.
Tan mal lo puso que salió a la medida para que el mismo individuo que había sido tan malo para mí en el trabajo, me atormentara con este tema toda una semana. Diciendo que el reportero no había puesto más que lo que yo le había dicho. Dijo que quise presumir de ser administrativo, cuando no lo era. Aquel individuo, tan torpe como cruel, no cesaba en decirme que tenía que demostrar que yo no le había dicho y para eso, solo tenía una opción: llamar al reportero para que lo rectificara. Me dijo que si no lo hacía era porque yo lo había dicho para presumir. A este ignorante parecía quitarle el sueño. Debí decirle, no soy administrativo, sino empresario, “imbécil”. Mucho más que tú que nunca valiste más que para hacer daño, ladrando como los perros falducos, sin sentido ni causa.
No se merecía otra contestación más adecuada, pero eso le iba enfurecer más todavía. Atormentado por su maldad y mal proceder, cogí el teléfono y llamé al reportero delante de todo el personal de la oficina y le pregunté por qué había puesto aquella sarta de mentiras y que las rectificara, haciéndole saber lo mal que me había parecido su desafortunado escrito. Que solo valió para enfadar a los que bien me conocían. Por saber que yo eso no lo pondría jamás. Se da la casualidad de que a mí nunca me gusto hacer reportajes en la prensa, porque la gente que no conoce el caso, no se pueden creer que yo pueda trabajar con la facilidad que trabajo.
De verdad considero que es muy importante dar a conocer mis trabajos, pero en un video, o personal mente, para que la gente vea como se trabaja sin manos y que no se trata de adornos ni gaaitas, sino de cosas reales que mucha gente debe conocer para animarse y poder salir del sufrimiento que padecen.
Le dije al reportero, que por favor, mandara un articulo reconociendo su error. Porque aquel disparate no había servido más que para quedar mal ante gente que no me conoce, o como aquella mala persona, que aprovechando los errores ajenos, me los quiso emplumar a mí. Así mismo le dije, que yo no tenía que aguantar a nadie por su culpa, que no se le ocurriera nunca más intentar hacer otro reportaje.
El miserable escuchaba con mucha atención para comprobar si era cierto lo que yo decía. Quería que el fallo no fuera del reportero, sino mío para reírse de mí ante todos.
Aunque cesara con ese tema, por quedar bien claro de quien fue la culpa, para él iba a ser igual, si no era uno se inventaba otro. Hasta que no consiguió sacarme de mis casillas y vio las orejas al lobo no cesó de hacerme daño. No me quedo más remedio que defender mi honradez al precio que fuera. Le hice callar y nunca más se metería con migo. Me miraba a lo zorro pero sin chillar más de nada.
Yo era muy joven y asustado de encontrarme sin las dos manos. Lo que aprovecho aquel mala persona para atormentarme cada día con sus men tiras y su maldad. Hasta que después de años de abusos, reaccione y le hice callar.
¿Por qué iba a decir mentiras si yo allí iba por los seguros sociales y no perder lo cotizado? El sueldo que pagaban era como el de la salladora. De querer presumir como el malvado decía, le hubiera dicho al reportero que tenía una empresa y que diseñaba máquinas y fabricaba maquinas. Cosa que a él le resultaría más difícil que hablar con un marciano. Bien claro quedó que solo era para hablar de mi accidente y no de mi vida particular. Los errores no habían sido por mi culpa, sino de aquel oveya, que tampoco rectifico nada.
Siempre me gustó hacer las cosas lo mejor posible, procurando evitar los errores que algunas veces surgen sin querer. Pero hay alguno que además de hacerlo mal, todavía intenta reírse de los demás.
Hasta hace pocos años la energía del alumbrado de las casas en nuestro pueblo como en otros mas era de 125 vatios. En la casa del vecino solicitaron pasar a 220 por haber comprado una lavadora. Cosa totalmente normal. La compañía de aquel tiempo HERCOA mandó a uno de sus electricistas a cambiar la potencia y por equivocación metió 220 a nuestra casa a la vez que la del vecino. La equivocación de aquel hombre fue normal y hasta se le puede disculpar porque otro electricista anteriormente, había hecho una chapuza. Había metido energía a la casa del vecino, por nuestra línea sin permiso, dado que cada uno tiene su línea, y que es propiedad ya que te obligan a pagarla al instalarla. Un buen día la acometida de la casa del vecino se cortó porque se cayó el poste y en lugar de poner otro, aquel electricista un“chapuzas”, fijo nuestra cometida en la pared de vecino. En lugar de ponerles un cable nevó, porque el que tenia se rompió, se le ocurrió darles energía por nuestra línea particular. Pasó algún tiempo hasta que me di cuenta de la trampa que había hecho, pero me callé porque podía parecerle mal al vecino. Ya qué la señora era mayor y un poco quisquillosa y para evitar problemas, quise más dejarlo así. Pensé que mi acometida aguantaría bien el consumo del alumbrado de las dos casas, pues yo aparte tenía otra línea de fuerza industrial para trabajar con diversas maquinas. No pensé en el daño que esto me iba ocasionar.
Pasaron dos años y cuando llegó el electricista a cambiarles el voltaje de la energía a 220 a la vez cambió el voltaje de nuestro alumbrado de la casa. Nadie sabía nada y se quemó la lavadora, la televisión, la nevera y varias lámparas del salón y de algunas habitaciones. Mi hija Mónica, era una niña, fue a la oficina y me dijo:
-Papá, la tele echa humo, la lavadora se paró, la nevera no alumbra ni mete ruido y las lámparas del salón tampoco.
Me acerqué a casa, cogí el comprobador y con sorpresa vi que había 220 en lugar de los 125. Llamé a la compañía, llegaron los de averías, comprobaron que había sido un error. Dijeron que ellos mismos avisarían al que había enganchado.
El electricista vivía en la barriada de serrallo, a solo 500 metros de distancia y tardo más de una semana en ir haber lo ocurrido. Llego un día y sin más, me dice.
-¿Cuánto te debo, Arsenio?
-¿Cómo que cuánto debes? ¿Es que tienes que pagarlo tú?
-Si no, ¿quién lo va a pagar? ¿Cuánto es?
-Suma treinta y cinco mil pesetas, le dije -¿Cómo te lo voy a cobrar si supone casi la paga del mes? Vete y que no pase más.
Se marchó y no me dio ni las gracias. Es un hombre con mal carácter y desagradecido. Nunca le reproché nada. Después de pasar cinco años, recibí una carta de otra empresa, Compañía eléctrica de Langreo, que por cierto es una buena compañía. Da un excelente servicio a sus clientes, y que yo bien la conocía. Suministraba energía a todos los pozos mineros de la zona y también a mi ganadería, situada a distancia de la finca donde vivía. En la carta me decían que por haber vendido la parte de suministro eléctrico de aquella zona en la que estaba nuestra ganadería, pasaba a la empresa ERCOA.
Les envié una carta diciendo que no me interesaba ese cambio, que prefería seguir con ellos, porque daban buen servicio y casi nunca se producían averías en sus líneas, mientras que la otra compañía era un desastre, sobretodo en el invierno con las tormentas. Se caía con mucha frecuencia las líneas de 5000 por lo vieja que era.
En una de estas tormentas se rompió una de los cables de alta tensión muy cerca de casa. Esta vez en un tramo a lado de la carretera. Mató a un raposo que por ser al atardecer ya deambula por allí para saciar su hambre en uno de los gallineros del pueblo. Se quedó agarrado a la tensión, donde quedo fulminado. A pesar del largo tiempo transcurrido no me olvidé de estas averías. Durante la carga y descarga de camiones, o trabajando con otras máquinas, nos quedábamos muchas veces sin poder trabajar y todo eso costaba dinero y tiempo, aparte ser un peligro para la gente. Muy cerca, en una de estas caídas, mató a Elena de La Molatera, a un burro y una baca que tenía en su finca. Esta gran mujer murió electrocutada siendo muy joven por el mal mantenimiento de las líneas. Fue a recoger a sus animales y se quedo con ellos fulminada.
Lo mismo era que la gente protestara que no. Como si cacarearan las gallinas, ni caso nos hicieron nunca
A la compañía que daba mal servicio no le gustó mi respuesta y envió un perito acompañado por otro individuo a verme.
¿Por qué no quiere usted pasara amuestra compañía?
Porque dan muy mal servicio. Con frecuencia se caen las líneas de alta tensión. Aparte del peligro que supone, nos quedamos sin poder trabajar. ¿Le parece poco? Además de quemarme todos los electrodomésticos de mí casa.
Aquel perito con brusquedad, descortesía y la cara más dura que el acero, me dijo.
-Eso es mentira.
Tan mal me pareció su contestación, y que pusiera en evidencia mi conducta delante de su acompañante, que con el mismo despotismo, le dije:
-Tiene usted muy poca educación y menos tacto para tratar con la gente que un asno. ¿Cómo se atreve a decir que es mentira? Yo no digo mentiras porque las detesto y también a los que las dicen. Le demostraré que es cierto.
-¿Cómo lo va demostrar? pregunto con el mismo tono de fierecilla que antes.
Vengan, les presentarte las pruebas. Les lleve a la casa del vecino para que ellos les expliquen lo ocurrió.
Los dos vecinos colaboraron con la verdad. Además de decirles los electrodomésticos que se quemaron, se quejaron del mal servicio que daban. Este sin vergüenza, que no se creía lo que acababa de oír, no tuvo más remedio que claudi9car, admitir la verdad y con otro tono dijo:
-Pero ¿cómo puede ser, si para esas cosas hay un seguro que lo paga todo? La culpa fue del electricista que le engañó. Era su obligación dar cuenta a su jefe y éste al seguro. Se lo hubiera pagado hasta el último céntimo.
¡Cómo sería mi asombro al oír aquellas afirmaciones! Me quedé de piedra, primero por la traición, y después por el comportamiento del maldito electricista. Desde luego a la compañía nada tuve que decirle, no iba ponerme a reclamar después de cinco años. Pero sí he de decir que el perito fue un sinvergüenza que no supo comportarse con la gente. En cuanto al electricista, no tiene calificativo su maldad y su falta de respeto a los demás. El tío se marchó tan tranquilo sin agradecer lo que hacía por él, al decirle: “¿cómo te lo voy a cobrar si casi es la paga del mes?” Si analizamos un poco su forma de proceder, ¿a qué conclusión hay que llegar ante la conducta de aquel individuo, que por no dar cuenta a su Jefe, me engañó y despreció mi nobleza, ante su traición? En lugar de regañarle, me dio pena y quise más perderlo antes de quitarle aquella cantidad de dinero a su paga, para evitar que las pasara apuradas. Es demasiado duro lo que hizo con migo Cuando se encuentra hoy conmigo mira a otra parte y no será por vergüenza, porque no creo que la conoce. Todavía me pregunto cómo puede haber un hombre de esta calaña y tan traidor. Si por casualidad leyera este artículo, siendo como es no, creo que le diera ni vergüenza de tanta traición, porque si fuera como debe ser un caballero, no hubiera hecho tamaña barbaridad.Siempre me gustó hacer las cosas lo mejor posible, procurando evitar los errores que algunas veces surgen sin querer. Pero hay alguno que además de hacerlo mal, todavía intenta reírse de los demás.
Hasta hace pocos años la energía del alumbrado de las casas en nuestro pueblo como en otros mas era de 125 vatios. En la casa del vecino solicitaron pasar a 220 por haber comprado una lavadora. Cosa totalmente normal. La compañía de aquel tiempo HERCOA mandó a uno de sus electricistas a cambiar la potencia y por equivocación metió 220 a nuestra casa a la vez que la del vecino. La equivocación de aquel hombre fue normal y hasta se le puede disculpar porque otro electricista anteriormente, había hecho una chapuza. Había metido energía a la casa del vecino, por nuestra línea sin permiso, dado que cada uno tiene su línea, y que es propiedad ya que te obligan a pagarla al instalarla. Un buen día la acometida de la casa del vecino se cortó porque se cayó el poste y en lugar de poner otro, aquel electricista un“chapuzas”, fijo nuestra cometida en la pared de vecino. En lugar de ponerles un cable nevó, porque el que tenia se rompió, se le ocurrió darles energía por nuestra línea particular. Pasó algún tiempo hasta que me di cuenta de la trampa que había hecho, pero me callé porque podía parecerle mal al vecino. Ya qué la señora era mayor y un poco quisquillosa y para evitar problemas, quise más dejarlo así. Pensé que mi acometida aguantaría bien el consumo del alumbrado de las dos casas, pues yo aparte tenía otra línea de fuerza industrial para trabajar con diversas maquinas. No pensé en el daño que esto me iba ocasionar.
Pasaron dos años y cuando llegó el electricista a cambiarles el voltaje de la energía a 220 a la vez cambió el voltaje de nuestro alumbrado de la casa. Nadie sabía nada y se quemó la lavadora, la televisión, la nevera y varias lámparas del salón y de algunas habitaciones. Mi hija Mónica, era una niña, fue a la oficina y me dijo:
-Papá, la tele echa humo, la lavadora se paró, la nevera no alumbra ni mete ruido y las lámparas del salón tampoco.
Me acerqué a casa, cogí el comprobador y con sorpresa vi que había 220 en lugar de los 125. Llamé a la compañía, llegaron los de averías, comprobaron que había sido un error. Dijeron que ellos mismos avisarían al que había enganchado.
El electricista vivía en la barriada de serrallo, a solo 500 metros de distancia y tardo más de una semana en ir haber lo ocurrido. Llego un día y sin más, me dice.
-¿Cuánto te debo, Arsenio?
-¿Cómo que cuánto debes? ¿Es que tienes que pagarlo tú?
-Si no, ¿quién lo va a pagar? ¿Cuánto es?
-Suma treinta y cinco mil pesetas, le dije -¿Cómo te lo voy a cobrar si supone casi la paga del mes? Vete y que no pase más.
Se marchó y no me dio ni las gracias. Es un hombre con mal carácter y desagradecido. Nunca le reproché nada. Después de pasar cinco años, recibí una carta de otra empresa, Compañía eléctrica de Langreo, que por cierto es una buena compañía. Da un excelente servicio a sus clientes, y que yo bien la conocía. Suministraba energía a todos los pozos mineros de la zona y también a mi ganadería, situada a distancia de la finca donde vivía. En la carta me decían que por haber vendido la parte de suministro eléctrico de aquella zona en la que estaba nuestra ganadería, pasaba a la empresa ERCOA.
Les envié una carta diciendo que no me interesaba ese cambio, que prefería seguir con ellos, porque daban buen servicio y casi nunca se producían averías en sus líneas, mientras que la otra compañía era un desastre, sobretodo en el invierno con las tormentas. Se caía con mucha frecuencia las líneas de 5000 por lo vieja que era.
En una de estas tormentas se rompió una de los cables de alta tensión muy cerca de casa. Esta vez en un tramo a lado de la carretera. Mató a un raposo que por ser al atardecer ya deambula por allí para saciar su hambre en uno de los gallineros del pueblo. Se quedó agarrado a la tensión, donde quedo fulminado. A pesar del largo tiempo transcurrido no me olvidé de estas averías. Durante la carga y descarga de camiones, o trabajando con otras máquinas, nos quedábamos muchas veces sin poder trabajar y todo eso costaba dinero y tiempo, aparte ser un peligro para la gente. Muy cerca, en una de estas caídas, mató a Elena de La Molatera, a un burro y una baca que tenía en su finca. Esta gran mujer murió electrocutada siendo muy joven por el mal mantenimiento de las líneas. Fue a recoger a sus animales y se quedo con ellos fulminada.
Lo mismo era que la gente protestara que no. Como si cacarearan las gallinas, ni caso nos hicieron nunca
A la compañía que daba mal servicio no le gustó mi respuesta y envió un perito acompañado por otro individuo a verme.
¿Por qué no quiere usted pasara amuestra compañía?
Porque dan muy mal servicio. Con frecuencia se caen las líneas de alta tensión. Aparte del peligro que supone, nos quedamos sin poder trabajar. ¿Le parece poco? Además de quemarme todos los electrodomésticos de mí casa.
Aquel perito con brusquedad, descortesía y la cara más dura que el acero, me dijo.
-Eso es mentira.
Tan mal me pareció su contestación, y que pusiera en evidencia mi conducta delante de su acompañante, que con el mismo despotismo, le dije:
-Tiene usted muy poca educación y menos tacto para tratar con la gente que un asno. ¿Cómo se atreve a decir que es mentira? Yo no digo mentiras porque las detesto y también a los que las dicen. Le demostraré que es cierto.
-¿Cómo lo va demostrar? pregunto con el mismo tono de fierecilla que antes.
Vengan, les presentarte las pruebas. Les lleve a la casa del vecino para que ellos les expliquen lo ocurrió.
Los dos vecinos colaboraron con la verdad. Además de decirles los electrodomésticos que se quemaron, se quejaron del mal servicio que daban. Este sin vergüenza, que no se creía lo que acababa de oír, no tuvo más remedio que claudi9car, admitir la verdad y con otro tono dijo:
-Pero ¿cómo puede ser, si para esas cosas hay un seguro que lo paga todo? La culpa fue del electricista que le engañó. Era su obligación dar cuenta a su jefe y éste al seguro. Se lo hubiera pagado hasta el último céntimo.
¡Cómo sería mi asombro al oír aquellas afirmaciones! Me quedé de piedra, primero por la traición, y después por el comportamiento del maldito electricista. Desde luego a la compañía nada tuve que decirle, no iba ponerme a reclamar después de cinco años. Pero sí he de decir que el perito fue un sinvergüenza que no supo comportarse con la gente. En cuanto al electricista, no tiene calificativo su maldad y su falta de respeto a los demás. El tío se marchó tan tranquilo sin agradecer lo que hacía por él, al decirle: “¿cómo te lo voy a cobrar si casi es la paga del mes?” Si analizamos un poco su forma de proceder, ¿a qué conclusión hay que llegar ante la conducta de aquel individuo, que por no dar cuenta a su Jefe, me engañó y despreció mi nobleza, ante su traición? En lugar de regañarle, me dio pena y quise más perderlo antes de quitarle aquella cantidad de dinero a su paga, para evitar que las pasara apuradas. Es demasiado duro lo que hizo con migo Cuando se encuentra hoy conmigo mira a otra parte y no será por vergüenza, porque no creo que la conoce. Todavía me pregunto cómo puede haber un hombre de esta calaña y tan traidor. Si por casualidad leyera este artículo, siendo como es no, creo que le diera ni vergüenza de tanta traición, porque si fuera como debe ser un caballero, no hubiera hecho tamaña barbaridad.Siempre me gustó hacer las cosas lo mejor posible, procurando evitar los errores que algunas veces surgen sin querer. Pero hay alguno que además de hacerlo mal, todavía intenta reírse de los demás.
Hasta hace pocos años la energía del alumbrado de las casas en nuestro pueblo como en otros mas era de 125 vatios. En la casa del vecino solicitaron pasar a 220 por haber comprado una lavadora. Cosa totalmente normal. La compañía de aquel tiempo HERCOA mandó a uno de sus electricistas a cambiar la potencia y por equivocación metió 220 a nuestra casa a la vez que la del vecino. La equivocación de aquel hombre fue normal y hasta se le puede disculpar porque otro electricista anteriormente, había hecho una chapuza. Había metido energía a la casa del vecino, por nuestra línea sin permiso, dado que cada uno tiene su línea, y que es propiedad ya que te obligan a pagarla al instalarla. Un buen día la acometida de la casa del vecino se cortó porque se cayó el poste y en lugar de poner otro, aquel electricista un“chapuzas”, fijo nuestra cometida en la pared de vecino. En lugar de ponerles un cable nevó, porque el que tenia se rompió, se le ocurrió darles energía por nuestra línea particular. Pasó algún tiempo hasta que me di cuenta de la trampa que había hecho, pero me callé porque podía parecerle mal al vecino. Ya qué la señora era mayor y un poco quisquillosa y para evitar problemas, quise más dejarlo así. Pensé que mi acometida aguantaría bien el consumo del alumbrado de las dos casas, pues yo aparte tenía otra línea de fuerza industrial para trabajar con diversas maquinas. No pensé en el daño que esto me iba ocasionar.
Pasaron dos años y cuando llegó el electricista a cambiarles el voltaje de la energía a 220 a la vez cambió el voltaje de nuestro alumbrado de la casa. Nadie sabía nada y se quemó la lavadora, la televisión, la nevera y varias lámparas del salón y de algunas habitaciones. Mi hija Mónica, era una niña, fue a la oficina y me dijo:
-Papá, la tele echa humo, la lavadora se paró, la nevera no alumbra ni mete ruido y las lámparas del salón tampoco.
Me acerqué a casa, cogí el comprobador y con sorpresa vi que había 220 en lugar de los 125. Llamé a la compañía, llegaron los de averías, comprobaron que había sido un error. Dijeron que ellos mismos avisarían al que había enganchado.
El electricista vivía en la barriada de serrallo, a solo 500 metros de distancia y tardo más de una semana en ir haber lo ocurrido. Llego un día y sin más, me dice.
-¿Cuánto te debo, Arsenio?
-¿Cómo que cuánto debes? ¿Es que tienes que pagarlo tú?
-Si no, ¿quién lo va a pagar? ¿Cuánto es?
-Suma treinta y cinco mil pesetas, le dije -¿Cómo te lo voy a cobrar si supone casi la paga del mes? Vete y que no pase más.
Se marchó y no me dio ni las gracias. Es un hombre con mal carácter y desagradecido. Nunca le reproché nada. Después de pasar cinco años, recibí una carta de otra empresa, Compañía eléctrica de Langreo, que por cierto es una buena compañía. Da un excelente servicio a sus clientes, y que yo bien la conocía. Suministraba energía a todos los pozos mineros de la zona y también a mi ganadería, situada a distancia de la finca donde vivía. En la carta me decían que por haber vendido la parte de suministro eléctrico de aquella zona en la que estaba nuestra ganadería, pasaba a la empresa ERCOA.
Les envié una carta diciendo que no me interesaba ese cambio, que prefería seguir con ellos, porque daban buen servicio y casi nunca se producían averías en sus líneas, mientras que la otra compañía era un desastre, sobretodo en el invierno con las tormentas. Se caía con mucha frecuencia las líneas de 5000 por lo vieja que era.
En una de estas tormentas se rompió una de los cables de alta tensión muy cerca de casa. Esta vez en un tramo a lado de la carretera. Mató a un raposo que por ser al atardecer ya deambula por allí para saciar su hambre en uno de los gallineros del pueblo. Se quedó agarrado a la tensión, donde quedo fulminado. A pesar del largo tiempo transcurrido no me olvidé de estas averías. Durante la carga y descarga de camiones, o trabajando con otras máquinas, nos quedábamos muchas veces sin poder trabajar y todo eso costaba dinero y tiempo, aparte ser un peligro para la gente. Muy cerca, en una de estas caídas, mató a Elena de La Molatera, a un burro y una baca que tenía en su finca. Esta gran mujer murió electrocutada siendo muy joven por el mal mantenimiento de las líneas. Fue a recoger a sus animales y se quedo con ellos fulminada.
Lo mismo era que la gente protestara que no. Como si cacarearan las gallinas, ni caso nos hicieron nunca
A la compañía que daba mal servicio no le gustó mi respuesta y envió un perito acompañado por otro individuo a verme.
¿Por qué no quiere usted pasara amuestra compañía?
Porque dan muy mal servicio. Con frecuencia se caen las líneas de alta tensión. Aparte del peligro que supone, nos quedamos sin poder trabajar. ¿Le parece poco? Además de quemarme todos los electrodomésticos de mí casa.
Aquel perito con brusquedad, descortesía y la cara más dura que el acero, me dijo.
-Eso es mentira.
Tan mal me pareció su contestación, y que pusiera en evidencia mi conducta delante de su acompañante, que con el mismo despotismo, le dije:
-Tiene usted muy poca educación y menos tacto para tratar con la gente que un asno. ¿Cómo se atreve a decir que es mentira? Yo no digo mentiras porque las detesto y también a los que las dicen. Le demostraré que es cierto.
-¿Cómo lo va demostrar? pregunto con el mismo tono de fierecilla que antes.
Vengan, les presentarte las pruebas. Les lleve a la casa del vecino para que ellos les expliquen lo ocurrió.
Los dos vecinos colaboraron con la verdad. Además de decirles los electrodomésticos que se quemaron, se quejaron del mal servicio que daban. Este sin vergüenza, que no se creía lo que acababa de oír, no tuvo más remedio que claudi9car, admitir la verdad y con otro tono dijo:
-Pero ¿cómo puede ser, si para esas cosas hay un seguro que lo paga todo? La culpa fue del electricista que le engañó. Era su obligación dar cuenta a su jefe y éste al seguro. Se lo hubiera pagado hasta el último céntimo.
¡Cómo sería mi asombro al oír aquellas afirmaciones! Me quedé de piedra, primero por la traición, y después por el comportamiento del maldito electricista. Desde luego a la compañía nada tuve que decirle, no iba ponerme a reclamar después de cinco años. Pero sí he de decir que el perito fue un sinvergüenza que no supo comportarse con la gente. En cuanto al electricista, no tiene calificativo su maldad y su falta de respeto a los demás. El tío se marchó tan tranquilo sin agradecer lo que hacía por él, al decirle: “¿cómo te lo voy a cobrar si casi es la paga del mes?” Si analizamos un poco su forma de proceder, ¿a qué conclusión hay que llegar ante la conducta de aquel individuo, que por no dar cuenta a su Jefe, me engañó y despreció mi nobleza, ante su traición? En lugar de regañarle, me dio pena y quise más perderlo antes de quitarle aquella cantidad de dinero a su paga, para evitar que las pasara apuradas. Es demasiado duro lo que hizo con migo Cuando se encuentra hoy conmigo mira a otra parte y no será por vergüenza, porque no creo que la conoce. Todavía me pregunto cómo puede haber un hombre de esta calaña y tan traidor. Si por casualidad leyera este artículo, siendo como es no, creo que le diera ni vergüenza de tanta traición, porque si fuera como debe ser un caballero, no hubiera hecho tamaña barbaridad.Siempre me gustó hacer las cosas lo mejor posible, procurando evitar los errores que algunas veces surgen sin querer. Pero hay alguno que además de hacerlo mal, todavía intenta reírse de los demás.
Hasta hace pocos años la energía del alumbrado de las casas en nuestro pueblo como en otros mas era de 125 vatios. En la casa del vecino solicitaron pasar a 220 por haber comprado una lavadora. Cosa totalmente normal. La compañía de aquel tiempo HERCOA mandó a uno de sus electricistas a cambiar la potencia y por equivocación metió 220 a nuestra casa a la vez que la del vecino. La equivocación de aquel hombre fue normal y hasta se le puede disculpar porque otro electricista anteriormente, había hecho una chapuza. Había metido energía a la casa del vecino, por nuestra línea sin permiso, dado que cada uno tiene su línea, y que es propiedad ya que te obligan a pagarla al instalarla. Un buen día la acometida de la casa del vecino se cortó porque se cayó el poste y en lugar de poner otro, aquel electricista un“chapuzas”, fijo nuestra cometida en la pared de vecino. En lugar de ponerles un cable nevó, porque el que tenia se rompió, se le ocurrió darles energía por nuestra línea particular. Pasó algún tiempo hasta que me di cuenta de la trampa que había hecho, pero me callé porque podía parecerle mal al vecino. Ya qué la señora era mayor y un poco quisquillosa y para evitar problemas, quise más dejarlo así. Pensé que mi acometida aguantaría bien el consumo del alumbrado de las dos casas, pues yo aparte tenía otra línea de fuerza industrial para trabajar con diversas maquinas. No pensé en el daño que esto me iba ocasionar.
Pasaron dos años y cuando llegó el electricista a cambiarles el voltaje de la energía a 220 a la vez cambió el voltaje de nuestro alumbrado de la casa. Nadie sabía nada y se quemó la lavadora, la televisión, la nevera y varias lámparas del salón y de algunas habitaciones. Mi hija Mónica, era una niña, fue a la oficina y me dijo:
-Papá, la tele echa humo, la lavadora se paró, la nevera no alumbra ni mete ruido y las lámparas del salón tampoco.
Me acerqué a casa, cogí el comprobador y con sorpresa vi que había 220 en lugar de los 125. Llamé a la compañía, llegaron los de averías, comprobaron que había sido un error. Dijeron que ellos mismos avisarían al que había enganchado.
El electricista vivía en la barriada de serrallo, a solo 500 metros de distancia y tardo más de una semana en ir haber lo ocurrido. Llego un día y sin más, me dice.
-¿Cuánto te debo, Arsenio?
-¿Cómo que cuánto debes? ¿Es que tienes que pagarlo tú?
-Si no, ¿quién lo va a pagar? ¿Cuánto es?
-Suma treinta y cinco mil pesetas, le dije -¿Cómo te lo voy a cobrar si supone casi la paga del mes? Vete y que no pase más.
Se marchó y no me dio ni las gracias. Es un hombre con mal carácter y desagradecido. Nunca le reproché nada. Después de pasar cinco años, recibí una carta de otra empresa, Compañía eléctrica de Langreo, que por cierto es una buena compañía. Da un excelente servicio a sus clientes, y que yo bien la conocía. Suministraba energía a todos los pozos mineros de la zona y también a mi ganadería, situada a distancia de la finca donde vivía. En la carta me decían que por haber vendido la parte de suministro eléctrico de aquella zona en la que estaba nuestra ganadería, pasaba a la empresa ERCOA.
Les envié una carta diciendo que no me interesaba ese cambio, que prefería seguir con ellos, porque daban buen servicio y casi nunca se producían averías en sus líneas, mientras que la otra compañía era un desastre, sobretodo en el invierno con las tormentas. Se caía con mucha frecuencia las líneas de 5000 por lo vieja que era.
En una de estas tormentas se rompió una de los cables de alta tensión muy cerca de casa. Esta vez en un tramo a lado de la carretera. Mató a un raposo que por ser al atardecer ya deambula por allí para saciar su hambre en uno de los gallineros del pueblo. Se quedó agarrado a la tensión, donde quedo fulminado. A pesar del largo tiempo transcurrido no me olvidé de estas averías. Durante la carga y descarga de camiones, o trabajando con otras máquinas, nos quedábamos muchas veces sin poder trabajar y todo eso costaba dinero y tiempo, aparte ser un peligro para la gente. Muy cerca, en una de estas caídas, mató a Elena de La Molatera, a un burro y una baca que tenía en su finca. Esta gran mujer murió electrocutada siendo muy joven por el mal mantenimiento de las líneas. Fue a recoger a sus animales y se quedo con ellos fulminada.
Lo mismo era que la gente protestara que no. Como si cacarearan las gallinas, ni caso nos hicieron nunca
A la compañía que daba mal servicio no le gustó mi respuesta y envió un perito acompañado por otro individuo a verme.
¿Por qué no quiere usted pasara amuestra compañía?
Porque dan muy mal servicio. Con frecuencia se caen las líneas de alta tensión. Aparte del peligro que supone, nos quedamos sin poder trabajar. ¿Le parece poco? Además de quemarme todos los electrodomésticos de mí casa.
Aquel perito con brusquedad, descortesía y la cara más dura que el acero, me dijo.
-Eso es mentira.
Tan mal me pareció su contestación, y que pusiera en evidencia mi conducta delante de su acompañante, que con el mismo despotismo, le dije:
-Tiene usted muy poca educación y menos tacto para tratar con la gente que un asno. ¿Cómo se atreve a decir que es mentira? Yo no digo mentiras porque las detesto y también a los que las dicen. Le demostraré que es cierto.
-¿Cómo lo va demostrar? pregunto con el mismo tono de fierecilla que antes.
Vengan, les presentarte las pruebas. Les lleve a la casa del vecino para que ellos les expliquen lo ocurrió.
Los dos vecinos colaboraron con la verdad. Además de decirles los electrodomésticos que se quemaron, se quejaron del mal servicio que daban. Este sin vergüenza, que no se creía lo que acababa de oír, no tuvo más remedio que claudi9car, admitir la verdad y con otro tono dijo:
-Pero ¿cómo puede ser, si para esas cosas hay un seguro que lo paga todo? La culpa fue del electricista que le engañó. Era su obligación dar cuenta a su jefe y éste al seguro. Se lo hubiera pagado hasta el último céntimo.
¡Cómo sería mi asombro al oír aquellas afirmaciones! Me quedé de piedra, primero por la traición, y después por el comportamiento del maldito electricista. Desde luego a la compañía nada tuve que decirle, no iba ponerme a reclamar después de cinco años. Pero sí he de decir que el perito fue un sinvergüenza que no supo comportarse con la gente. En cuanto al electricista, no tiene calificativo su maldad y su falta de respeto a los demás. El tío se marchó tan tranquilo sin agradecer lo que hacía por él, al decirle: “¿cómo te lo voy a cobrar si casi es la paga del mes?” Si analizamos un poco su forma de proceder, ¿a qué conclusión hay que llegar ante la conducta de aquel individuo, que por no dar cuenta a su Jefe, me engañó y despreció mi nobleza, ante su traición? En lugar de regañarle, me dio pena y quise más perderlo antes de quitarle aquella cantidad de dinero a su paga, para evitar que las pasara apuradas. Es demasiado duro lo que hizo con migo Cuando se encuentra hoy conmigo mira a otra parte y no será por vergüenza, porque no creo que la conoce. Todavía me pregunto cómo puede haber un hombre de esta calaña y tan traidor. Si por casualidad leyera este artículo, siendo como es no, creo que le diera ni vergüenza de tanta traición, porque si fuera como debe ser un caballero, no hubiera hecho tamaña barbaridad.Siempre me gustó hacer las cosas lo mejor posible, procurando evitar los errores que algunas veces surgen sin querer. Pero hay alguno que además de hacerlo mal, todavía intenta reírse de los demás.
Hasta hace pocos años la energía del alumbrado de las casas en nuestro pueblo como en otros mas era de 125 vatios. En la casa del vecino solicitaron pasar a 220 por haber comprado una lavadora. Cosa totalmente normal. La compañía de aquel tiempo HERCOA mandó a uno de sus electricistas a cambiar la potencia y por equivocación metió 220 a nuestra casa a la vez que la del vecino. La equivocación de aquel hombre fue normal y hasta se le puede disculpar porque otro electricista anteriormente, había hecho una chapuza. Había metido energía a la casa del vecino, por nuestra línea sin permiso, dado que cada uno tiene su línea, y que es propiedad ya que te obligan a pagarla al instalarla. Un buen día la acometida de la casa del vecino se cortó porque se cayó el poste y en lugar de poner otro, aquel electricista un“chapuzas”, fijo nuestra cometida en la pared de vecino. En lugar de ponerles un cable nevó, porque el que tenia se rompió, se le ocurrió darles energía por nuestra línea particular. Pasó algún tiempo hasta que me di cuenta de la trampa que había hecho, pero me callé porque podía parecerle mal al vecino. Ya qué la señora era mayor y un poco quisquillosa y para evitar problemas, quise más dejarlo así. Pensé que mi acometida aguantaría bien el consumo del alumbrado de las dos casas, pues yo aparte tenía otra línea de fuerza industrial para trabajar con diversas maquinas. No pensé en el daño que esto me iba ocasionar.
Pasaron dos años y cuando llegó el electricista a cambiarles el voltaje de la energía a 220 a la vez cambió el voltaje de nuestro alumbrado de la casa. Nadie sabía nada y se quemó la lavadora, la televisión, la nevera y varias lámparas del salón y de algunas habitaciones. Mi hija Mónica, era una niña, fue a la oficina y me dijo:
-Papá, la tele echa humo, la lavadora se paró, la nevera no alumbra ni mete ruido y las lámparas del salón tampoco.
Me acerqué a casa, cogí el comprobador y con sorpresa vi que había 220 en lugar de los 125. Llamé a la compañía, llegaron los de averías, comprobaron que había sido un error. Dijeron que ellos mismos avisarían al que había enganchado.
El electricista vivía en la barriada de serrallo, a solo 500 metros de distancia y tardo más de una semana en ir haber lo ocurrido. Llego un día y sin más, me dice.
-¿Cuánto te debo, Arsenio?
-¿Cómo que cuánto debes? ¿Es que tienes que pagarlo tú?
-Si no, ¿quién lo va a pagar? ¿Cuánto es?
-Suma treinta y cinco mil pesetas, le dije -¿Cómo te lo voy a cobrar si supone casi la paga del mes? Vete y que no pase más.
Se marchó y no me dio ni las gracias. Es un hombre con mal carácter y desagradecido. Nunca le reproché nada. Después de pasar cinco años, recibí una carta de otra empresa, Compañía eléctrica de Langreo, que por cierto es una buena compañía. Da un excelente servicio a sus clientes, y que yo bien la conocía. Suministraba energía a todos los pozos mineros de la zona y también a mi ganadería, situada a distancia de la finca donde vivía. En la carta me decían que por haber vendido la parte de suministro eléctrico de aquella zona en la que estaba nuestra ganadería, pasaba a la empresa ERCOA.
Les envié una carta diciendo que no me interesaba ese cambio, que prefería seguir con ellos, porque daban buen servicio y casi nunca se producían averías en sus líneas, mientras que la otra compañía era un desastre, sobretodo en el invierno con las tormentas. Se caía con mucha frecuencia las líneas de 5000 por lo vieja que era.
En una de estas tormentas se rompió una de los cables de alta tensión muy cerca de casa. Esta vez en un tramo a lado de la carretera. Mató a un raposo que por ser al atardecer ya deambula por allí para saciar su hambre en uno de los gallineros del pueblo. Se quedó agarrado a la tensión, donde quedo fulminado. A pesar del largo tiempo transcurrido no me olvidé de estas averías. Durante la carga y descarga de camiones, o trabajando con otras máquinas, nos quedábamos muchas veces sin poder trabajar y todo eso costaba dinero y tiempo, aparte ser un peligro para la gente. Muy cerca, en una de estas caídas, mató a Elena de La Molatera, a un burro y una baca que tenía en su finca. Esta gran mujer murió electrocutada siendo muy joven por el mal mantenimiento de las líneas. Fue a recoger a sus animales y se quedo con ellos fulminada.
Lo mismo era que la gente protestara que no. Como si cacarearan las gallinas, ni caso nos hicieron nunca
A la compañía que daba mal servicio no le gustó mi respuesta y envió un perito acompañado por otro individuo a verme.
¿Por qué no quiere usted pasara amuestra compañía?
Porque dan muy mal servicio. Con frecuencia se caen las líneas de alta tensión. Aparte del peligro que supone, nos quedamos sin poder trabajar. ¿Le parece poco? Además de quemarme todos los electrodomésticos de mí casa.
Aquel perito con brusquedad, descortesía y la cara más dura que el acero, me dijo.
-Eso es mentira.
Tan mal me pareció su contestación, y que pusiera en evidencia mi conducta delante de su acompañante, que con el mismo despotismo, le dije:
-Tiene usted muy poca educación y menos tacto para tratar con la gente que un asno. ¿Cómo se atreve a decir que es mentira? Yo no digo mentiras porque las detesto y también a los que las dicen. Le demostraré que es cierto.
-¿Cómo lo va demostrar? pregunto con el mismo tono de fierecilla que antes.
Vengan, les presentarte las pruebas. Les lleve a la casa del vecino para que ellos les expliquen lo ocurrió.
Los dos vecinos colaboraron con la verdad. Además de decirles los electrodomésticos que se quemaron, se quejaron del mal servicio que daban. Este sin vergüenza, que no se creía lo que acababa de oír, no tuvo más remedio que claudi9car, admitir la verdad y con otro tono dijo:
-Pero ¿cómo puede ser, si para esas cosas hay un seguro que lo paga todo? La culpa fue del electricista que le engañó. Era su obligación dar cuenta a su jefe y éste al seguro. Se lo hubiera pagado hasta el último céntimo.
¡Cómo sería mi asombro al oír aquellas afirmaciones! Me quedé de piedra, primero por la traición, y después por el comportamiento del maldito electricista. Desde luego a la compañía nada tuve que decirle, no iba ponerme a reclamar después de cinco años. Pero sí he de decir que el perito fue un sinvergüenza que no supo comportarse con la gente. En cuanto al electricista, no tiene calificativo su maldad y su falta de respeto a los demás. El tío se marchó tan tranquilo sin agradecer lo que hacía por él, al decirle: “¿cómo te lo voy a cobrar si casi es la paga del mes?” Si analizamos un poco su forma de proceder, ¿a qué conclusión hay que llegar ante la conducta de aquel individuo, que por no dar cuenta a su Jefe, me engañó y despreció mi nobleza, ante su traición? En lugar de regañarle, me dio pena y quise más perderlo antes de quitarle aquella cantidad de dinero a su paga, para evitar que las pasara apuradas. Es demasiado duro lo que hizo con migo Cuando se encuentra hoy conmigo mira a otra parte y no será por vergüenza, porque no creo que la conoce. Todavía me pregunto cómo puede haber un hombre de esta calaña y tan traidor. Si por casualidad leyera este artículo, siendo como es no, creo que le diera ni vergüenza de tanta traición, porque si fuera como debe ser un caballero, no hubiera hecho tamaña barbaridad.Siempre me gustó hacer las cosas lo mejor posible, procurando evitar los errores que algunas veces surgen sin querer. Pero hay alguno que además de hacerlo mal, todavía intenta reírse de los demás.
Hasta hace pocos años la energía del alumbrado de las casas en nuestro pueblo como en otros mas era de 125 vatios. En la casa del vecino solicitaron pasar a 220 por haber comprado una lavadora. Cosa totalmente normal. La compañía de aquel tiempo HERCOA mandó a uno de sus electricistas a cambiar la potencia y por equivocación metió 220 a nuestra casa a la vez que la del vecino. La equivocación de aquel hombre fue normal y hasta se le puede disculpar porque otro electricista anteriormente, había hecho una chapuza. Había metido energía a la casa del vecino, por nuestra línea sin permiso, dado que cada uno tiene su línea, y que es propiedad ya que te obligan a pagarla al instalarla. Un buen día la acometida de la casa del vecino se cortó porque se cayó el poste y en lugar de poner otro, aquel electricista un“chapuzas”, fijo nuestra cometida en la pared de vecino. En lugar de ponerles un cable nevó, porque el que tenia se rompió, se le ocurrió darles energía por nuestra línea particular. Pasó algún tiempo hasta que me di cuenta de la trampa que había hecho, pero me callé porque podía parecerle mal al vecino. Ya qué la señora era mayor y un poco quisquillosa y para evitar problemas, quise más dejarlo así. Pensé que mi acometida aguantaría bien el consumo del alumbrado de las dos casas, pues yo aparte tenía otra línea de fuerza industrial para trabajar con diversas maquinas. No pensé en el daño que esto me iba ocasionar.
Pasaron dos años y cuando llegó el electricista a cambiarles el voltaje de la energía a 220 a la vez cambió el voltaje de nuestro alumbrado de la casa. Nadie sabía nada y se quemó la lavadora, la televisión, la nevera y varias lámparas del salón y de algunas habitaciones. Mi hija Mónica, era una niña, fue a la oficina y me dijo:
-Papá, la tele echa humo, la lavadora se paró, la nevera no alumbra ni mete ruido y las lámparas del salón tampoco.
Me acerqué a casa, cogí el comprobador y con sorpresa vi que había 220 en lugar de los 125. Llamé a la compañía, llegaron los de averías, comprobaron que había sido un error. Dijeron que ellos mismos avisarían al que había enganchado.
El electricista vivía en la barriada de serrallo, a solo 500 metros de distancia y tardo más de una semana en ir haber lo ocurrido. Llego un día y sin más, me dice.
-¿Cuánto te debo, Arsenio?
-¿Cómo que cuánto debes? ¿Es que tienes que pagarlo tú?
-Si no, ¿quién lo va a pagar? ¿Cuánto es?
-Suma treinta y cinco mil pesetas, le dije -¿Cómo te lo voy a cobrar si supone casi la paga del mes? Vete y que no pase más.
Se marchó y no me dio ni las gracias. Es un hombre con mal carácter y desagradecido. Nunca le reproché nada. Después de pasar cinco años, recibí una carta de otra empresa, Compañía eléctrica de Langreo, que por cierto es una buena compañía. Da un excelente servicio a sus clientes, y que yo bien la conocía. Suministraba energía a todos los pozos mineros de la zona y también a mi ganadería, situada a distancia de la finca donde vivía. En la carta me decían que por haber vendido la parte de suministro eléctrico de aquella zona en la que estaba nuestra ganadería, pasaba a la empresa ERCOA.
Les envié una carta diciendo que no me interesaba ese cambio, que prefería seguir con ellos, porque daban buen servicio y casi nunca se producían averías en sus líneas, mientras que la otra compañía era un desastre, sobretodo en el invierno con las tormentas. Se caía con mucha frecuencia las líneas de 5000 por lo vieja que era.
En una de estas tormentas se rompió una de los cables de alta tensión muy cerca de casa. Esta vez en un tramo a lado de la carretera. Mató a un raposo que por ser al atardecer ya deambula por allí para saciar su hambre en uno de los gallineros del pueblo. Se quedó agarrado a la tensión, donde quedo fulminado. A pesar del largo tiempo transcurrido no me olvidé de estas averías. Durante la carga y descarga de camiones, o trabajando con otras máquinas, nos quedábamos muchas veces sin poder trabajar y todo eso costaba dinero y tiempo, aparte ser un peligro para la gente. Muy cerca, en una de estas caídas, mató a Elena de La Molatera, a un burro y una baca que tenía en su finca. Esta gran mujer murió electrocutada siendo muy joven por el mal mantenimiento de las líneas. Fue a recoger a sus animales y se quedo con ellos fulminada.
Lo mismo era que la gente protestara que no. Como si cacarearan las gallinas, ni caso nos hicieron nunca
A la compañía que daba mal servicio no le gustó mi respuesta y envió un perito acompañado por otro individuo a verme.
¿Por qué no quiere usted pasara amuestra compañía?
Porque dan muy mal servicio. Con frecuencia se caen las líneas de alta tensión. Aparte del peligro que supone, nos quedamos sin poder trabajar. ¿Le parece poco? Además de quemarme todos los electrodomésticos de mí casa.
Aquel perito con brusquedad, descortesía y la cara más dura que el acero, me dijo.
-Eso es mentira.
Tan mal me pareció su contestación, y que pusiera en evidencia mi conducta delante de su acompañante, que con el mismo despotismo, le dije:
-Tiene usted muy poca educación y menos tacto para tratar con la gente que un asno. ¿Cómo se atreve a decir que es mentira? Yo no digo mentiras porque las detesto y también a los que las dicen. Le demostraré que es cierto.
-¿Cómo lo va demostrar? pregunto con el mismo tono de fierecilla que antes.
Vengan, les presentarte las pruebas. Les lleve a la casa del vecino para que ellos les expliquen lo ocurrió.
Los dos vecinos colaboraron con la verdad. Además de decirles los electrodomésticos que se quemaron, se quejaron del mal servicio que daban. Este sin vergüenza, que no se creía lo que acababa de oír, no tuvo más remedio que claudi9car, admitir la verdad y con otro tono dijo:
-Pero ¿cómo puede ser, si para esas cosas hay un seguro que lo paga todo? La culpa fue del electricista que le engañó. Era su obligación dar cuenta a su jefe y éste al seguro. Se lo hubiera pagado hasta el último céntimo.
¡Cómo sería mi asombro al oír aquellas afirmaciones! Me quedé de piedra, primero por la traición, y después por el comportamiento del maldito electricista. Desde luego a la compañía nada tuve que decirle, no iba ponerme a reclamar después de cinco años. Pero sí he de decir que el perito fue un sinvergüenza que no supo comportarse con la gente. En cuanto al electricista, no tiene calificativo su maldad y su falta de respeto a los demás. El tío se marchó tan tranquilo sin agradecer lo que hacía por él, al decirle: “¿cómo te lo voy a cobrar si casi es la paga del mes?” Si analizamos un poco su forma de proceder, ¿a qué conclusión hay que llegar ante la conducta de aquel individuo, que por no dar cuenta a su Jefe, me engañó y despreció mi nobleza, ante su traición? En lugar de regañarle, me dio pena y quise más perderlo antes de quitarle aquella cantidad de dinero a su paga, para evitar que las pasara apuradas. Es demasiado duro lo que hizo con migo Cuando se encuentra hoy conmigo mira a otra parte y no será por vergüenza, porque no creo que la conoce. Todavía me pregunto cómo puede haber un hombre de esta calaña y tan traidor. Si por casualidad leyera este artículo, siendo como es no, creo que le diera ni vergüenza de tanta traición, porque si fuera como debe ser un caballero, no hubiera hecho tamaña barbaridad.





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