Get Adobe Flash player

Calendario

septiembre 2014
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  

Historial

Temas

Archivo mensual: septiembre 2014

Después de cubrir con una capa de paja picada con nuestra maquina, el llamado Valle del Sol en el puerto de Pajares, una empresa francesa fue la encargada de hacer las pruebas con los cañones productores de nieve artificial. Estas pruebas tenían que hacerse por la noche, cuando la temperatura es más baja y la congelación se produce mejor. Todo estaba a punto. Se esperaba a que anocheciera para comenzar las pruebas. Aquel día no faltaba nadie de toda la plantilla que trabajaba en la estación, era una novedad que todo el mundo quería conocer. La gente inquieta, paseaba por la base y cuando ya se acerca la noche y no me veían entre ellos, buscaron al director para preguntarle si se había olvidado de invitarme a las pruebas, pues era muy importante que yo viera esos cañones, ya que según ellos, siendo como es Arsenio podría copiar y hacerlos para la estación. A parte de costar mucho menos, serían españoles. El jefe les dijo que cómo no iba estar. Yo acababa de llegar, estaba en la cafetería. Dio la vuelta con ellos y me los presentó.

-Mira Arsenio, lo que te aprecian, no quieren que faltes a estas pruebas .Dicen que podrás hacer tú esos cañones para el puerto.               

Aquella gente me apreciaba mucho, y yo a ellos. Allí trabajamos algo más de diez años y sabían que ya había diseñado varias máquinas más, aunque solo conocían la hidrosembradora. Esta última les pareció algo tan importante que me creían capaz de hacer cualquier tipo de maquinaria por difícil que fuera, y no era tan fácil. Y menos los cañones que yo ni conocía.

Los inventos normal mente los hacemos casi siempre en el torno a nuestro trabajo, ya que la necesidad, nos enseñan muchas cosas y nos obliga a resolver los problemas que se nos presentan. El inventar cosas desconocidas en otros ámbientes, es otro tema mucho más difícil.

A través de lo publicado en la Nueva España con motivo de la presentación de la maquina en Pajares. Un asturiano en Madrid lo vio en el periódico y se lo comunicó a una periodista también asturiana, que trabajaba en el programa Esta Noche Cruzamos el Mississippi. La periodista en cuanto le entregaron la hoja del periódico, me llamó por teléfono. Me dijo que tenía el periódico con lo de mis inventos, que sería muy importante presentarme en el programa. Me quedé pensando un momento antes de darle contestación.

                -Arsenio, ¿no está ahí no me oye?

-Sí que estoy 

-¿Y por qué no me habla?

-Porque estaba pensando.

-¿Qué pensaba? ¿Me lo puede decir?

-Pensaba que no merece la pena.

-¿Cómo no va a merecer la pena, hombre? Su vida es muy interesante. ¿No se acuerda de lo que le dijo el periodista Sr. Cuesta, de que es usted portador de una  experiencia muy importante?

-Sí que lo recuerdo.

-Bueno, pues es muy necesario que la gente le conozca. Tiene que aceptarlo.

Me había dado tiempo a pensarlo y le dije:

-Lo acepto con una condición.

-¿Qué condición me pone?

-Es muy fácil: que en el reportaje salgan algunas de mis máquinas.

-Eso está hecho, no se preocupe. ¿Cuándo podemos ir a su finca a hacerle el reportaje? ¿Puede ser el viernes? 

-Sí.

-Bueno pues quedamos para el viernes, después del medio día. 

-De acuerdo. 

Nos despedimos hasta el viernes.

Llegaron la periodista asturiana y dos chicos más. Fueron muy atentos los tres. Era una tarde del mes octubre de 1996, estaba algo fresco. El rodaje llevó toda la tarde, aparte de haber preparado durante dos días las máquinas y sacar algunas a la pradera. Tuve que rodar hasta desnudo de medio cuerpo para arriba, a pesar de lo fresco que estaba, para ver mejor mis aparatos y mostrar cómo los puedo quitar y poner yo mismo, y sin ayuda de nadie, además de trabajar con ellos: soldar, limar piezas, tirar de paique, barrenar, remachar y hacer diversos trabajos de taller.

Al terminar, como es normal,  les invitamos a merendar a base de productos de casa. Chorizo, jamón, una buena tortilla como las hace mi esposa, pan y vino todo de casa, entre otras cosas, lo que mucho les gustó.

Mientras que merendábamos, mi yerno Javier les dijo que debían filmar  más máquinas. La periodista dijo.

Eso no es posible, porque para eso tendrían que hacer un programa solo para Arsenio y sus máquinas.

Le pregunté si sacarían dos por lo menos y dijo que sí, que el programa iba ser de tres a seis minutos, según le pareciera al Sr. Navarro y que daría tiempo suficiente para mostrar alguno de mis inventos. También les pedimos que nos avisaran con algunos días de antelación, para poder decirlo a mucha gente que lo quería ver y sobre todo poder avisar a mi hijo Norberto  que se encuentra en el extranjero. Ya que lo podría ver a través del Canal Internacional. Prometieron que así seria.

No cumplieron con nada de lo prometido, no sacaron ninguna máquina, ni nos avisaron hasta una hora antes del programa.

Estábamos cenando y tuvimos que dejarlo para llamar por teléfono a la familia y amigos. La llamada la hizo una persona que no conocemos a las diez y media de la noche, y salió el programa en la tele a las once y media. Ni la asturiana, que tan buena nos pareció, ni sus compañeros de equipo, tuvieron la amabilidad de hacer una llamada. No nos dio tiempo a nada. Pronto se olvidaron de cómo les habíamos tratado. El comentario de toda la familia fue: “¡qué poca o ninguna delicadeza tuvieron! A nadie le gustó su forma de comportarse.

No se había equivocado mi yerno, cuando aquella tarde al llegar a casa me dijo:

-Arsenio, nunca quisiste estas cosas de publicidad, y esta vez te veo muy ilusionado por dar conocer a la industria tus máquinas y no lo vas a conseguir. El Sr. Navarro, según las criticas, tiene poca palabra y te la va a armar. Lo más seguro será que no presente ninguna de tus maquinas.

-¿Cómo van a faltar a lo pactado? Esa fue mi condición y la aceptaron. Es de suponer que serán gente de palabra, desde luego yo así lo espero le dije: porque de lo contrario no lo hubiera aceptado hacer el reportaje.

A mí lo que me interesa es dar a conocer a la industria las maquinas por si se puede vender alguna. Lo que no me hace falta ninguna es salir yo en la TV, mi historia ya es conocida por la gente bastante.

Todo salió como lo pinto mi yerno Javier. Así de mal se portan algunas personas y así de fácil incumple lo que prometen. ¿Por qué tienen que ir por el mundo engañando a la gente? Pienso que eso no es de personas normales, no se puede tratar a la gente como si fueran animalitos. El pecado lo llevan ellos sobre sus hombros, pero nosotros el disgusto de saber que hay gente capaz de engañar en una cosa tan sencilla. ¿Por qué no dijeron al principio que no sacarían las máquinas? Yo, tan tranquilo, no hubiera hecho el reportaje y en paz.                 

En aquellos días fuimos mi esposa y yo a la feria el “Mercaón” de Cabaña Quinta. Una de las mejores ferias del país. A dónde íbamos desde siempre, gente toda la provincia y de muchas partes más de afuera.

La gente que me conocía, y muchos más con ellos, se sentía muy disgustada. Todos me dijeron lo mismo: “son unos traidores. ¿Por qué no sacaron las máquinas? ¿Por qué te engañaron miserablemente? Seguro que si fueras hijo de alguien importante, por hacerte la pelota, te pondrían en lo más alto, pero como tú eres minero, te dejaron en tierra. Un inventor sin sus maquinas. Todos queríamos verte con ellas. Eres nuestro paisano y queremos demostrar lo que somos los mineros, porque también hacemos cosas importantes y sobre todo en tu caso, que nadie lo cree sin no lo ve. Vergüenza les tendría que dar a esos señores si la tuvieran”.

Recuerdo que fuimos a casa de unos amigos José y Rafaela, a despedir a uno de los hijos que iba a la mili. Estábamos tomando una cerveza cuando llegó una de las hijas, Sonia, que trabajaba en la caja de un gran comercio, por el que pasaba mucha gente. Después de saludarnos nos dijo:

-¡Ay, Arsenio, la que armó la tele con tu reportaje! Los que no te conocen discuten que todo es un montaje de Pepe Navarro y tuyo. Dicen que cómo puedes hacer sin manos tantas cosas. Ya me duele la cabeza de explicarles que eres nuestro amigo, que todo es verdad y que yo misma te vi hacer muchas cosas de taller, lo mismo que mi padre y hermanos, que conocen mejor que yo todos tus inventos, pero siguen diciendo que no puede ser cierto. 

A esta chica se le veía muy preocupada, le pareció mal que la gente dudara de lo que ella conocía bien. La gente protesta porque no sacaron tus máquinas e incluso hay alguno que tan a disgusto quedó, que dicen tenía que escribir a Pepe Navarro, explicándole que la gente quiere saber la verdad.

Lo entendía perfectamente, yo también me sentía mal y decidí escribirle, aunque de nada iba a servir. El Sr. Navarro ni se molestó en contestarme. Así de mal se portó conmigo y por segunda vez. Lo que hizo no sirvió más que para intrigar a la gente, a los que me conocen, por lo mal que lo explicó y no poner las máquinas, y a los que no me conocen, por falta de información al durar muy poco tiempo. Por ese motivo se quedaron con la duda de si realmente era como se comentaba o no.

Transcribo literalmente la carta que le envíe al Sr. Navarro:

Sr. Navarro.

Esta noche cruzamos el Mississippi. 12 de Noviembre de 1996

Telecinco.

 Sr. Navarro.

Ante todo un saludo y pedirle tenga la bondad de concederme unos minutos de su tiempo.

Soy Arsenio Fernández García,  de Sotrondio, Asturias, que el día veintinueve del pasado mes, presentó en su programa, un pequeño fragmento de mi vida.

El motivo de estas líneas, es que la gente a partir de ese día, unos por teléfono, otros por carta o en la calle, no dejan de decirme que no puede ser que usted haya empleado tan poco tiempo en algo tan serio. Dicen que apenas se enteraron y que el mensaje que el público debía recibir de mí caso, fue otra cosa y que todo el mundo considera importante, por tratarse de un caso tan difícil como duro para poder trabajar.

Dicen que mi vida bien explicada tiene que dar la vuelta al mundo y también que es impresionante ver trabajar a un hombre en estas circunstancias, que solo se puede creer viéndolo. Además, hay mucha gente que precisa ver estas cosas para reanimarse de algún trauma que puedan padecer. Son palabras de multitud de gente, no mías, de eso puede estar seguro.

Sr. Navarro, le puedo asegurar que todo lo que le explico  es cierto. A mí no me gusta la mentira ni demagogia. No dejan de pedirme que le escriba para que en directo, con su habilidad para explicar las cosas y con mi forma de trabajar; podamos mostrarles la verdad. Me dicen que algunos piensan que es un montaje, que les parece imposible que un hombre sin manos pueda conducir un camión o un coche y mucho menos construir sus aparatos. No  se puede imaginar la que se armo con tal reportaje. Hasta hubo alguien que dijo.

Esto es como lo de la gallina y el huevo. ¿Quine salió el primero?

Sr. Navarro, estoy muy disgustado porque yo nunca hice más montajes que el de mis máquinas. Además, dicen que dónde están esas máquinas hechas por mí, que por lo menos debería verse alguna.

Espero que presente con un poco más de detalle, algo que la gente considera muy importante  y poder demostrar que nada de esto es un montaje, sino una realidad que se puede demostrar.

Espero saludarle personalmente.

Fdo: Arsenio Fernández

Creo que esta forma de comportarse falta a la ética profesional. Es una falta de consideración hacia el público y un engaño miserable hacia mi persona. Faltaron a lo que prometieron y a lo que yo les pedí como única condición para ir al programa. Nunca debí haber aceptado, porque, al igual que mucha gente, tampoco me pareció serio aquel programa como para presentar un tema importante como éste, que es necesario para levantar el ánimo de gente que está padeciendo, como yo padecí al principio. Aunque haya tenido la suerte de asumir la dura batalla que me esperaba al principio, el sufrimiento y los inconvenientes fueron de terror, ya que me parecían imposibles de combatir.     

La Nueva España             COMARCAS           Lunes 1 de Marzo de 1.993

Arsenio Fernández, natural de Sotrondio, estrenó esta semana en la estación de esquí Valgrande – Pajares, una revolucionaría máquina de su invención, para proteger la capa vegetal del terreno de las inclemencias del tiempo. Su “lanzadora de paja” ya es de por sí un hecho notable, pero más lo es la personalidad de su diseñador. Arsenio Fernández no tiene manos. Las perdió hace treinta y ocho años, cuando era minero y le explotó un cartucho de dinamita en cada mano, en la fiesta de Santa Bárbara. Dos artefactos de acero inoxidable, goma y aluminio, también de su invención, le han permitido llevar una vida normal, diseñar complejas máquinas, llevar una empresa, formar una familia, o conducir un coche.

1.      MANOS DE ACERO Y ALMA DE INVENTOR TITULO DE LA NUEVA ESPAÑA

Arsenio Fernández, que perdió las extremidades superiores, hace treinta y ocho años en un accidente, estrena en el puerto de Pajares una revolucionaria máquina  de su creación para la restauración del terreno.   

Pajares (Lena)

Luis Gancedo

Arsenio Fernández, de cincuenta y nueve años de edad vecino de Sotrondio, utiliza con frecuencia la palabra” lucha” para hablar de su vida. Hace 38 años perdió las dos manos en un día  de Santa Bárbara, manejando dinamita. Sus “manos” desde entonces son de acero inoxidable, goma y aluminio. Le permiten llevar una vida normal, trabajar y, además, diseñar singulares artefactos. Las pistas de esquí del Puerto de Pajares fueron, esta pasada semana, testigo de ello. Arsenio, responsable técnico de una empresa familiar, estrenó en el alto de Brañellín una revolucionaria máquina de su invención para trabajos de protección  del terreno.

“Cuando estoy trabajando en una máquina no me lo puedo quitar de la cabeza. Me absorbe”. Así  explica Arsenio Fernández, su pasión  por el diseño. Sus propias manos, unos “ganchos” que maneja con asombrosa naturalidad, son un invento suyo. “Fue lo primero que diseñé. Hice hasta ocho modelos distintos”.

Un aparato para cabruñar, un complejo mecanismo de apertura  automática para el portón de su finca o una máquina de hidrosiembra, actividad a la que se dedica profesionalmente. Son algunas de sus otras invenciones, fraguadas un su taller, donde manipula hábilmente con el torno y el soldador.

2.      LANZADORA DE PAJA

 Su última creación es el “lanzador de paja“. Los llamados “pasos del Valle del Sol” de la estación Valgrande – Pajares están, desde esta semana, protegidos por una alfombra vegetal  extendida con este “revolucionario” artilugio que se monta en un camión  y que, con tuberías acopladas,  envía la paja  triturada a 450 kilómetros / hora. “La paja  crea una capa  térmica que protege la capa vegetal del terreno e, incluso, forma un colchón que suaviza las caídas a los esquiadores”, explicó Arsenio, ante su máquina lanzadora.

                Tardó siete meses en completar el diseño. El resultado es un aparato que funciona impulsado por un motor de gasolina  y que resulta notablemente más barato de cualquier otro ideado para el mismo  y mucho menos pesado. Solo en Estados Unidos hay precedentes de una invención similar, aunque con prestaciones mucho más limitadas, que ni la usan por su poco rendimiento y difícil de manejar por su gran peso.

El de Arsenio Fernández es, según aseguraron los responsables de la estación  Valgrande, un revolucionario invento con amplias perspectivas de comercialización.

Este singular inventor, que reparte su vida diaria entre la familia “es casado y padre de tres hijos” y su trabajo como empresario, era picador del Pozo “San Mamés”.

Cuando, en la festividad de Santa Bárbara del año 1954, un explosivo que intentaba detonar para festejar  la Patrona, le estalló en las manos. Perdió ambas, como le ocurrió en las mismas circunstancias en distinto accidente y a pocas horas uno del otro, a otro minero amigo suyo. “En el hospital, él me decía que por qué no nos suicidábamos”, recordó para este diario con emoción.

                Lejos de aceptar aquella terrible propuesta, Arsenio, “con el apoyo de su familia”,  inició un largo proceso de rehabilitación en Madrid, donde destacó hasta el punto de que luego fue llamado para instruir a otras personas con problemas similares. Estudió por su cuente y se adentró,  de  forma enteramente autodidacta, en los secretos de la mecánica y el diseño.

                “Fue una lucha durísima”, relató. Arsenio, con sus manos de acero inoxidable, se adentró en el mundo empresarial.

              Empezó con una granja que llegó a tener hasta setecientos cincuenta cerdos y, a continuación, creó Abonos  Montaña, autora material, entre otros trabajos, de recuperación medio ambiental y de explotaciones a cielo abierto de HUNOSA como Coto Vello, San Víctor, Braña del Río, Santo Emiliano,  y otros más recientes, para La Minero Siderúrgica de Ponferrada” en la mina del Monte Lumajo, entre los puertos de Leitariegos y Somiedo. “Esto es pura ecología”, aseguró Arsenio, que se explaya ampliamente a la hora de hablar de semillas y sustancias minerales al tiempo que maneja, con visible habilidad, el volante de su coche con sus manos de acero. 

Experimentado   conductor   y hábil  fumador de  puros

 PAJARES, LENA

              Arsenio Fernández decidió hace unos meses recoger en un vídeo algunos aspectos de su vida cotidiana. La cinta reproduce desde imágenes de su trabajo en el taller o en su despacho hasta las de su sobrecogedora habilidad para asearse, conducir o cavar con una pala en la finca que posee en Sotrondio.

              Lo de conducir va, además, ligado  a su faceta de inventor. Sacó el carnet  en el  año 1972 cuando ya no tenía manos, ante el asombro de muchos, tras idear un inédito mecanismo que le permite manejar la dirección  y cambiar de marchas con impresionante facilidad. Diseñó una pieza que, adherida al volante, le permite encajar su mano izquierda y una especie de copa  sobre la palanca de cambios para manipular  las velocidades con la derecha.

             “La gente se queda asombrada. Recuerdo en una ocasión, unos chavales pidieron permiso en un restaurante para verme comer”, explicó Arsenio, que también hábilmente se ayuda de sus pinzas metálicas para fumar puros siempre tras la comida.

             “Las manos ortopédicas que me pusieron al principio no servían para trabajar porque eran de aluminio y, por tanto, muy frágiles. Con  estas puedo desde coger la pala hasta llevar una pesada carretilla”, añadió sobre los aparatos  que le han permitido desenvolverse, vivir y trabajar “como cualquier persona”.

             “Nunca me he sentido discriminado. Antes bien  he recibido siempre mucho apoyo de la gente” añadió.

                Asegura que el diseño de su último invento le ha dejado bastante cansado. De sus buenos resultados da cuenta el hecho de que algunas estaciones más, han solicitado sus servicios. En unas pocas semanas, no obstante Arsenio Fernández abordará su próxima  creación. “Intentaré quizás, una sembradora mecánica” y que pueda ser manejada por el hombre para trabajos de siembra manual, en lugares donde no pueda entrar un vehículo. 

                  Este reportaje de la Nueva España, llevaba una fotografía de la máquina y dos mías,  en el momento de las pruebas en Valgrande – Pajares.

                Así son las cosas: el americano dijo que si era cierto el inventor sería rico. La máquina es un hecho, pero la riqueza no apareció. 

Trabajamos en la estación invernal de Pajares varios años, en la restauración de las pistas de esquí. Entre otros trabajos, había que repartir camiones de paja para proteger los sembrados y para mantener la nieve. También para unas pruebas en la producción de nieve artificial.

El repartir un trailer de paja llevaba a seis hombres una semana y con bastante trabajo. Por este motivo tuve la idea de diseñar una máquina que pudiera repartir dicha paja, además de picarla. Lo que resulta muy importante para ponerle el pegamento en algunas pendientes para proteger la capa vegetal.

 Después de estudiar su proyecto y de confeccionar los croquis necesarios, me puse a su construcción. Esta máquina, como todo lo que no se conoce, también me dio mucho que hacer, ya que para conseguirla hubo que hacer muchas pruebas y cambios en su estructura.

La máquina lanzadora de paja que conservo en mi finca entre otras maquinas mas, pesa 105 kilos y puede ser desplazada en un remolque con un coche por carretera y pistas del puerto. En las obras también podía trabajar desde éste, o sobre un esquí, para desplazarla a medida que iba avanzando el trabajo. También se puede desmontar en entres piezas, para desplazarla entre dos personas, una por cada lado, por los montes donde hubiera mucha pendiente y no pudiera circular un vehículo. Tiene fácil capacidad de movimiento y un gran rendimiento en su trabajo.  

       Maquina picadora y sembradora de paja

Sembradora-de-paja

Lleva un motor de gasolina para ser más ligera. Pica la paja y la siembra a una distancia de 100 metros de longitud, por medio de una manguera ultraligera, dividida en tres partes de 30 metros cada una. Puede sembrar a 30, 60 y 100 metros de distancia. Tres hombres reparten un trailer por día, por las pistas de esquí o minas a cielo abierto.

En la primera de las pruebas que se hicieron en su montaje, fue con una manguera de 30 metros de longitud para sembrar la paja que la misma máquina iba picando a la vez que trabajaba a un rendimiento normal. La sorpresa fue una tarde al probarla con tres mangueras que sumaban un total de 100 metros. Había calculado que podría ser su capacidad de trabajo. Un día después de comer mí hijo Norberto se puso a estudiar,  yo a trabajar en la máquina. Al salir de casa me preguntó: 

-¿A qué hora la probarás con todas las mangueras?

-Creo que será hoy a última hora. Cuando la oigas trabajar será ese el momento.

También él esperaba esas pruebas con impaciencia. Todos los de casa las esperamos para verla  funcionar. Al marchar me dijo:

-A ver si hay suerte papá.

-Pronto lo veremos hijo. No sé si acertaremos con esta prueba o no. De todas formas tarde o temprano conseguiremos que funcione.

Trabajamos toda la tarde un soldador y yo, para terminar de montarla. Dado que con los 30 metros ya daba un gran rendimiento, se pintó pensando que ya estaba terminada. Quedó con una bonita presencia.

Era la tarde de Reyes, ya había oscurecido hacía largo rato. Cuando íbamos a empezar con prueba de los 100 metros, ya pasaba un poco de las diez de la noche. Por vivir entre Sotrondio y Blimea, en el mismo punto donde se divisan las dos parroquias, en Villar, se sentían las dos cabalgatas con sus voladores y el ruido normal de la fiesta. El soldador y yo dábamos los últimos retoques para ponerla a funcionar. Ya teníamos hasta las mangueras extendidas por la pradera. Las acoplamos y empezó a funcionar. Pero la tremenda sorpresa fue: la máquina arranco como siempre muy bien pero trabajaba en falso. Automáticamente dejó de sembrar sin saber la razón. En vez de sembrar, retenía el material y lo lanzaba con cierta frecuencia en forma de cañonazos. Me quedé sin habla. Por un momento no reaccioné. Desde luego no sabía el motivo de aquel fallo.

Cuando mi hijo bajo al sentirla, ya estaba parada. Yo también, me quede sin saber que decir, ni que hacer, como aturdido por un momento.

-¿Qué tal funcionó? Preguntó Norberto.

-Esto no vale para nada dijo el soldador, menudo lío. El capital que costó esta máquina y no funciona, se mandara para la chatarra.

Mi hijo me miró sin pronunciar palabra pero con  tristeza. Yo le miré también en silencio. Ni a él ni a mí nos hacían falta palabras, con mirarnos sabíamos lo que sufría cada uno. Solo rompió el silencio de la noche el soldador, lamentando la gran pérdida de dinero.

Mi cerebro en ese momento, trabajaba a la velocidad del rayo, a pesar de haberme quedado inmóvil. Después de reflexionar, le dije al soldador:

-No lo pongas tan mal hombre. Esta máquina ha de funcionar como lo hicieron las otras. 

-Imposible, dijo el soldador, esto no vale y lo mismo nos dará dar vueltas que no.

-Imposible no hay casi nada, ya lo veremos más tarde. El soldador seguía apostado. No dudes de lo que te digo, ¿acaso olvidas de que no es la primer que diseño? Espero que para mañana a estas horas ya funcione.

-Mañana no, porque es fiesta, yo no trabajo.

-Hay que trabajar, por favor, aunque pase esta noche sin dormir, quisiera poder dormir la de mañana. No me dejes solo, te pido que trabajes hasta las 2. Yo solo no sería capaz de terminarlo ni en todo el día. Ya sabes que no es igual trabajar dos que uno. 

Se decidió y dijo que trabajaríamos. Le di las gracias y le animé pensando que alguna solución encontraría durante la noche, que por cierto la pasé en vela.

-Hasta mañana dijo el soldador, haber si sacas algo esta noche.

Gracias, ya veremos lo que sale de mi cabeza. Espero encontrar alguna solución.

Cenamos los cinco mis tres hijos mi esposa y yo, todos muy preocupados por el fallo que sin querer apareció. Les anime diciendo que alguna solución tiene que haber, aunque me lleve tiempo algo sacare, tranquilos y nos fuimos a la cama. Pasé toda la noche dando vueltas para buscar la solución. Después de varias horas de lucha, investigando el motivo de tanto fallo, llegué a una conclusión: que esos cañonazos que lanzaba, serían seguramente producidos por falta de aire. Basándome en que trabajaba a 30 metros. Lo que me quedaba por estudiar era como iba incorporar más caudal de aire y por dónde. La maquina ya estaba terminada, y podría encontrarme con el doble riesgo de que al aumentar esta fuerza, me dejara atrás el material y trabajara en falso.

Salí de la cama y fui al salón, cogí un cuaderno y bolígrafo. Calculé diversas posibilidades, pero sin saber si iban a dar resultado. Estaba deseando que pasaran las horas de la noche. De no haber sido porque mis hijos y mi esposa lo pasarían mal y les quitaría de dormir. Después de imaginarme lo que sería la solución, hubiera pasado lo que quedaba de la noche trabajando, porque sabía que iba a pasarla en vela, pero por ellos no lo pude hacer. Había que esperar que amaneciera para hacer esa obra. No quise hacerles sufrir, ya era bastante lo que yo estaba pasando y no podía trasmitírselo a los hijos y la madre.

Madrugué con tiempo suficiente para comprobar sobre la máquina los cálculos. Seguí con la misma idea. Llegó el soldador y me pregunto:

-¿Qué, ya sacaste algo? 

-Creo que sí. Tengo un proyecto que puede que funcione.

Se lo expliqué y muy sorprendido me dijo.

-¿Cómo vamos a cortar por el centro del cuerpo de la maquina, se estropearía? Con lo que costó hacer esta máquina ¿Vas a estropearla? Si así no funciona después peor, dijo aquel hombre que también está muy disgustado. Había participado en el trabajo y quería conseguir lo que tan importante era, verla trabajar.

-No se estropeará, coge el soplete, ya está trazado por donde hay que cortar para incorporar mas caudal de aire. Si espabilamos la probaremos antes de que te vayas a la dos.

Las pruebas Arsenio serán como las de antes,  esta máquina ya no trabaja más.

El soldador convencido del fracaso, dijo: 

-Es igual que le probemos más que menos, esto ya no tiene solución.

-No digas eso. O dejo de ser paisano o va  trabajar. Si no fuera de ésta, será de más pruebas, pero daremos con ello, de eso puedes estar seguro. Anímate y manos a la obra. Confía en mí, ya sabes que no me dejo vencer fácilmente y que si digo que sale, ha de salir. Beltrán recuerda que llevas trabajando con migo largo tiempo y nunca me fallaron mis cálculos esta vez tampoco, pronto lo comprobaras.

-Mejor que me equivoque dijo de nuevo.

El soldador también lo estaba pasando mal, sentía perder la cantidad de trabajo que los dos habíamos hecho. Además del dinero que costó. Después de la última y fallida prueba, estaba totalmente desanimado.

Tardó en coger la marcha, no le apetecía trabajar pensando que de nada iba servir. Le comprendía porque era difícil, pero no imposible. Aunque sufría, me sentía con fuerzas para seguir. Ya estaba acostumbrado a la lucha de diseñar y a los fallos que al principio surgían, pero no me daba por vencido. Aquella noche, mientras hacía los cálculos oportunos, me prometí que seguiría y que todo saldría bien, basándome en que el tiempo y la lucha casi siempre vence cuando hay ganas de trabajar y a mí no me faltaban. Siempre fui muy optimista y eso me ayudó a conseguir mis objetivos. Durante toda la noche me había convencido de que tenía que haber una solución. Trabajamos toda la mañana a destajo. A la 1 y media le hacíamos otra prueba, esta vez con un caudal de aire más elevado, pero sin saber lo que iba a resultar. En ese momento mis pulsaciones subieron al máximo, esperando el resultado. Al sentirla trabajar bajó Norberto y de nuevo preguntó:

-¿Funciona la maquina?

-Muy bien le dijo el soldador casi emocionado. -Es una virguería Norberto, esta máquina es todo un éxito. Trabaja de lo lindo. Resulto ser lo que tu padre dijo: le faltaba aire y por eso le bajaba la potencia para expulsarlo y lanzaba esos cañonazos. Hoy acabo de convencerme que para tu padre no hay fronteras, es invencible. Se paso la noche sin dormir pero lo saco, es increíble lo que sale de su cabeza.  

-Muchas gracias Beltrán, te agradezco de corazón los que me ayudaste a trabajar y también que tengas esa confianza en mis diseños, lo considero importante.

Mi hijo y yo esta vez nos miramos sonrientes y satisfechos. Ya se había ido la amargura del día anterior. Me prestó mucho ver cómo le explicaba a Norberto todos los pormenores del trabajo de aquella mañana. Él temía estropear la máquina cuando le dije por que había que cortar para construir la entrada del aire a la presión de la turbina de expulsión.

Tengo que decir con toda mi honradez, que al escribir este pasaje de mi vida, que tanto me hizo sufrir, me emociono un poco al recordar tanta lucha, tanta angustia. Porque las pase canutas y nunca me olvido del pasado que tan duro fue con migo. Ni yo mismo puedo calcular lo que luche ni tampoco lo que un hombre puede soportar algunas veces.

Aquella noche pudimos dormir, tal y como lo había previsto. Nunca olvidé aquella expresión del soldador, que pocas horas antes estaba amargado, dudando que saliera. La máquina sembraba a toda marcha y sin lanzar aquellos cañonazos de la tarde anterior. Se había conseguido suficiente capacidad de aire y la alimentación en su punto clave para armonizar la presión con la toma del material que era lo difícil de conseguir al principio. Y que solo se consiguió con la lucha y las pruebas necesarias aunque algunas veces reconozco que son demasiado duras, pero aguantar es vencer.

Aquel día de Reyes les invité a cenar. Su mejer la mí el y yo, para festejar con alegría el gran éxito. Mientras que cenamos los cuatro, la conversación siempre entorno a la maquina, fue una alegría para todos. Mi esposa también sufría por los fallos, pero vivía con alegría los éxitos de su marido. Aunque no me había dicho nada aquella noche también durmió muy poco.

La máquina que yo tanto deseaba ya era un hecho real. Sabía que la esperaban en la Estación invernal de esquí de Val grande Pajares. Todos estaban ilusionados pensando que la conseguiría, porque confiaban en mí. Porque sabían que ya había conseguido otras maquinas de mucha importancia.

Mientras que se construía esta máquina el director de esta estación de Pajares, tenía un proyecto para producir nieve artificial. Dado que en esa fecha nevaba muy poco y la pérdida de la estación por esta falta era mucha. Llamó a una empresa americana que estaba trabajando en los puertos del pirineo aragonés, montado unos cañones productores de nieve artificial. Llegó el encargado de aquella empresa y después de ver los terrenos y su estructura. Protestó diciendo que para hacer esas pruebas con los cañones de nieve, había que cubrir antes todo aquel paraje de paja y que llegaría agosto antes de terminarlo. Era un tío duro de convencer, me comento más tarde el director. 

-Todo esto se cubre en una semana le dijo el director de la estación.

-¿Cómo? ¿A mano? le dijo el americano.

-No, con una máquina.

-Déjese de máquinas. En América tenemos una que costó más de seis millones de dólares, pesa 4000 kilos y no sirve para nada. Allí está tirada, donde se ha de pudrir.

-El dueño de la empresa que restaura todo esto, ayer mismo me prometió que en un plazo de diez a doce días estará terminada. Que puede sembrar un camión trailer diario de paja. Este señor no miente, lo que él dice es cierto yo confío en él le dijo, al americano.

-Además de la novedad de la maquina, es que el inventor no tiene manos y el mismo la fabrica con un ayudante. Le parecerá imposible pero es tan ciento como que estamos aquí. Ya tiene varios diseños de otras maquinas, es un fuera de serie.

El americano le miró sorprendido y dijo:

-Me gustaría  conocer a  ese señor, si eso es cierto, se hará rico en poco tiempo.

La sorpresa y satisfacción de la gente de la obra al escucharle fue impresionante, así mismo me lo contó el director.

En efecto, a los diez días haríamos la primera prueba en la estación de Pajares. Aquel día fue memorable, no solo para mí, sino también para la gente de la estación, que sumaban unos cincuenta hombres. Entre ellos estaban diez de los nuestros, que observaban contentos cómo funciona aquella máquina. No se cansaban de mirarla. Todos, sin excepción, se acercaron a mí para felicitarme. Hasta en los periodistas se apreciaba la satisfacción, con los que charlé acerca de cómo había sido la lucha en su construcción. Yo mismo los llevaba en mi BX 4×4 en los desplazamientos por la nieve. Les llamó la atención cómo conducía aquel coche por las pendientes, sobretodo en la subida al famoso Brañellín, allá por el llamado valle del Sol, con hielo y nieve en cantidad, pero mi coche navegaba con toda facilidad, pues todo lo hace la práctica en las montañas.

Después de trabajar hasta ya entrada la tarde, parecía que nadie tenía hambre. No nos cansamos de repartir paja por todo aquel gran territorio, hasta que el director dijo:

-Ya vale por hoy. Vamos a comer. 

Bajamos a un buen restaurante, donde comimos todos juntos. Fue un día muy frío por lo mucho que había nevado, pero agradable y templado por la novedad de lo ocurrido. El periodista Sr. Gancedo lo consideró muy notable,  así lo manifestó a toda página en la Nueva España. Valoró con sus afirmaciones el éxito de la máquina por tratarse de un diseño muy práctico, a la vez que desconocido y sin duda un poco sorprendente por ser diseñado y fabricado por un hombre en aquellas circunstancias.

A continuación describo literalmente lo que el  periodista  Luis Gancedo escribió:

Aun conservamos el periódico con dicho reportaje. Que por cierto fue muy popular entre la gente conocida que me felicitaron por conseguir la famosa maquina, lanzadora y picadora de paja.

La diferencia de las personas algunas veces, es como de la noche al día. Tuvimos en una obra 5 hombres trabajando por administración de aquella empresa. Dos de éstos habían sido destinados por aquella empresa, al cierre de unas praderas inundadas por escombros y también a restaurar una fuente y un lavadero de un pueblo.  Situados en lugar solitario, solos y a sus anchas no daban ni golpe. Yo sabía de su mal comportamiento por los propios compañeros de estos, que antes les acompañaron y que me dieron cuenta de lo poco que rendían y su mala forma de ser, menos preciando a los jefes de la obra. ¡Cómo serían estos dos de retorcidos, que los compañeros se temían que los echaran de la obra y que se quedaran sin trabajo! Hasta se dio el caso de un compañero que no pudiendo soportar más aquella situación, les dijo.

-Hay que trabajar un poco más y respetar a los jefes porque nos van a echar a todos.

Al ver que no le hicieron caso, una tarde vino a verme y me dijo: Arsenio por favor podrías cambiarme de punto de trabajo. Estoy pensando que cualquier día nos va echar. Yo no quiero perder el trabajo por culpa de esos dos que se portan muy mal.

Le agradecí su forma de razonar las cosas, además de ser hombre trabajador y noble, lo fue siempre y lo sigue siendo. Le di las gracias y le dije que ya sabía cómo eran, que no se preocupara. Le prometí cambiarlo en cuanto me fuera posible. Asegurándole su permanencia en el trabajo-No tengas miedo le dije: si los echan, tú y el resto de compañeros seréis respetados por que sois muy cumplidores y formales y eso los saben los jefes de la obra y yo también. Aunque esa obra fallara iréis a otra. Sé que poco o nada se puede hacer con esos dos, no hacen caso de nadie. Te agradezco mucho que sigas como siempre y con la máxima tranquilidad. No te comprometas con  ellos exigiendo que trabajen más, no lo vas a conseguir, déjalos a su aire, porque nada se puede hacer y te evitarás disgustos.

Así será, me dio las gracias y se marcho tranquilo.

Estos dos pollos, que ya estaban fichados como muy vagos y muy zorros, así me lo comunico el encargado de aquella empresa. Hay que ver que hasta se les ocurrió, para que los jefes no los vieran durmiendo, hacer una cama en lo más alto de los arboles de aquel reguero. A una altura superior a 20 metros, pusieron unas maderas colocadas y tapadas con un ramaje, donde no se podían ver desde el suelo, en aquel reguero que era como un bosquecillo. Andamiadas en aquella altura como si fuera un nido de cuervos.

Así pasaron un tiempo, hasta que los jefes se dieron cuenta de que el trabajo no avanzaba con normalidad. Una mañana bajaron el ingeniero y el capataz, a ver la obra y no estaban. ¿Cómo iban a suponer que estarían durmiendo y precisamente encima de sus cabezas en lo alto de los árboles? Los jefes, al regreso a la base, preguntaron al vigilante por ellos. Éste les dijo que podrían haber ido a buscar madera, pero los jefes vieron que el trabajo realizado era muy poco. Al día siguiente bajaron para controlarlos y tampoco estaban.

Los jefes al marchar, aquella mañana subieron por la pradera que hay junto al reguero. ¡Cómo sería la sorpresa para estos señores, cuando uno de ellos vio entre las ramas de los árboles a dos hombres dormidos en una cama como si de un nido se tratara! Les llamaron y bajaron. Los jefes nada les dijeron y se marcharon.

El ingeniero llegó a su oficina, me llamó diciendo que si podía ir por allí. Yo ya sabía lo ocurrido el día anterior. Me había llamado el vigilante y me había dicho que iban a echarlos, que poco había que hacer con esos dos que no respetaban a nadie. Este vigilante que era como el ingeniero, una gran persona que siempre apreció nuestros trabajos. Hacía tiempo que los tenía localizados, como dos randas. Me había dicho varias veces que no podía con ellos ni la misma madre que los parió. Este hombre sabía valorar el mérito de los otros trabajadores, a los que también apreciaba, porque podía contar con ellos para cualquier tipo de trabajo de restauración. Los tenía como hombres de confianza y a mí también. Muchas veces me dijo que daba gusto ver a mi gente trabajar, que tenía un gran equipo.

Arsenio- me dijo una mañana, -¿cómo te las arreglas para tener un equipo de esta categoría? Parecen hijos tuyos, son tan cumplidores como tú, excepto esos dos randas, el resto son de lo mejor que he conocido. Chavales jóvenes pero trabajadores serios y responsables, además de saber trabajar, cumplen como buenos caballeros que son.  Fíjate Arsenio, me dijo: ya me comento el encargado de otra obra donde tienes otro equipo, que son de lo mejor que conoció y eso nos hace pensar que les tratas muy bien y que les pagas como un banco, porque están contentos y te aprecian mucho, siempre hablan de ti mucho y de tus inventos. Dicen que no paras de trabajar. Es posible me dijo, que sea cierto ese dicho que dice. Donde hay un buen jefe, hay un buen equipo, en este caso así es. 

-Muchas gracias amigo, veo que eres buen observador y que sabes muy bien apreciar las cosas por sus propios méritos. Eso te da categoría a ti como buen jefe, porque como tú, a mí me gusta tratar a la gente con seriedad, pero dándoles un poco de ese cariño que todos precisamos, no solo en el trabajo, sino en todos los órdenes de la vida: en la casa, en el trabajo o en el paseo. Yo pienso que una de las cosas más grandes es trabajar a gusto y saber comportarse. Trabajar y vivir con alegría y tú eres uno de ellos le dije. Que el cielo te conserve esa gracia y esa gran forma de ser, porque es importantísimo. Por ser como eres, todos te apreciamos,  muchas gracias por todo.

Cierto que era muy apreciado por todos, por saber mandar y también por saber respetar a los que trabajan. Yo creo que eso es una virtud que nace con uno.

Llegué al despacho del ingeniero. Era una gran persona, hombre serio y educado. Después de saludarnos me contó lo ocurrido y dijo:

-¿Qué hacemos con ellos Arsenio? ¿Los despedimos?

-Usted es el jefe. Yo, por mi parte, les daría otra oportunidad, teniendo en cuenta que son jóvenes y se acuestan tarde.

Al ingeniero no le gustó mi proposición. Como un poco sorprendido me dijo.

-¿Usted quiere emplumarme el problema a mí, y lavarse las manos? preguntó él.

-No se trata de eso. Lo que ocurre es que trabajan para usted y es quien manda. Opino que si no cesan en su postura será problema de ellos. Creo que hay que advertirles antes, a ver si se dan cuenta y cambian para que no pierdan el trabajo.

El Ingeniero como buen jefe que era, aunque ya sabía que no eran gente responsable y que volverían a lo mismo, lo consideró una pérdida de tiempo. No se equivocaba. Yo también opinaba lo mismo, pero quise estar seguro para no equivocarme. Me parecía muy duro dejarles en la calle. Pensé que lo mejor sería llamarles y decirles lo que les iba ocurrir si no cumplían y dejaban de dormir en el trabajo. Era indispensable para poder mantenerles allí. Se decidió dejarlos un poco más de tiempo, pero de nada sirvió.

Les llame a mi oficina y con la máxima claridad les dije.

No os equivoquéis- ya os tienen vigilados, no solo de aquí sino de otras obras. Aplomar, que os quedáis sin trabajo. Esta vez os defendí, diciendo al ingeniero que erais jóvenes y que os acostabais tarde. Le pedí daros otra oportunidad, no la perdáis. Si os pillan de nuevo nada puedo hacer.

Los dos dijeron comprender el grave error que habían cometido y me aseguraron que ya no lo harían más. Me dieron las gracias y se marcharon.

A los pocos días los encontraron durmiendo y los echaron sin más. Yo nada les dije. Les di la liquidación y hasta siempre.

Uno de ellos, además de vago, tenía otro defecto grave: era un traidor de primer orden para sus compañeros. Quería ganarse mi confianza a base de chivarse de sus propios compañeros. Cuando empezó a trabajar los primeros días venía a verme por las tardes después de salir del trabajo. Siempre llegaba con una embajada de algún compañero. Solo le soporté dos veces, hasta saber a dónde iba llegar con su farsa y traición a sus compañeros: Con energía le dije. ¿Cómo te atreves a delatar a tus compañeros? Eso no tiene calificativo, no se te ocurra venir más con esas mentiras. Yo conozco a mi gente y todos son a cual mejor, trabajadores y prudentes. A mí me gusta la seriedad y por eso me rodeo de buena gente, el malo a mi lado dura poco, porque no le tolero. Que te quede eso en tu memoria para que no vuelvas a incurrir en una falta de esa envergadura. Porque además  de chivarte de tus compañeros, pretendes reírte de mí. No se te ocurra mas y cumple en el trabajo que ya estoy bien informado de tu poco respeto a los jefes y de tu poco rendimiento. Nunca volvió con más embajadas, pero siempre seguiría siendo el mismo vago y charlatán.