Llegó la hora de irnos a Bruselas. Viajamos en el tren Iberia-Express vía París-Bruselas. Después de viajar un día y una noche, llegamos al amanecer a Bayona. Teníamos que esperar el tren hasta las once de la noche. Dejamos los equipajes en consigna y salimos a pasear.
Después de comer, otro paseo, éste a orillas del Bidasoa. Había un poco de pradera, estaba nublado y el sol no nos molestaba. Decidimos tumbarnos a dormir la siesta, estábamos cansados del viaje. Cuando desperté me había picado un bicho en la cara y me molestaba mucho. A medida que pasaban las horas mi cara se hinchaba cada vez más. Ya en pleno viaje, a media noche, no se podía ver mi ojo derecho, estaba totalmente tapado por la hinchazón tan enorme que tenía. Cada poco, asustado, me miraba al espejo. Con aquella tremenda inflamación mi cara era como la de un monstruo. Lo mismo pudo ser una víbora que un mosquito infectado, yo no lo sabía ni sabré nunca lo que me atacó. Pensé que al ser tan rápida aquella terrible inflamación y molestarme tanto, creí que sería mi fin, pasé miedo a morir. Le dije: Alejandro, ¿Qué opinas de mi problema?
-Nada, no sé qué decirte porque esa inflamación es demasiado, nunca vi cosa igual.
Me encontraba muy mal, desconocía lo que había pasado y lo que podía ocurrir. Creo que él también estaría asustado, pero se iba de un lado para otro y nada decía al respecto. No tuve más remedio que aguantar en solitario, ya no me atreví a hacer más comentarios. Pasé miedo al creer estar envenenado por una víbora y pena por mis padres por si pasaba algo, lo mucho que iban a sufrir por mí. Yo pensaba: “si ha de ser, que llegue lo antes posible para dejar de sufrir y no enterarme”. Me encontraba muy solo, no tenía a nadie que me curara ni me consolara. Pasé una noche muy mala. Alejandro iba y venía al bar del tren y no le decía nada. Yo paseaba, me sentaba: no podía parar. Así hasta que amaneció ya en París.
En cuanto me bajé del tren, en Austerlitz, fui a una farmacia y no me entendieron porque no hablaban español. Una señora me dio una pomada que fue muy cara y no valió para nada. Fue un viaje de perros, lo pasé muy mal. Todo el día de espera hasta las once de la noche para coger el tren a Bruselas, que ya era el tercero en el mismo viaje, además, aquellos trenes eran muy lentos. Después de aguantar dos noches y dos días con aquella cara de monstruo doliéndome bastante, cuando llegamos a Bruselas todavía tenía parte de la inflación, pero ya no me dolía. Me conformaba pensando que ya me encontraba fuera de peligro y al menos ya no sufría. Nunca supe lo que me picó y tampoco olvidaré el miedo que pasé y lo mucho que sufrí en ese largo viaje por no poder dormir. Me parecía que nunca terminaría.
Los sufrimientos y la soledad aunque muy malos de soportar, nos enseñan algunas cosas, por ejemplo lo importante que es la convivencia familiar y también a ser más fuertes ante las adversidades de la vida
Yo considero que el vivir solo es como perder media vida. Por lo menos a mi me ocurre así. El perder a mi querida esposa, a la que yo quería con todo mi corazón, fue una de las peores desgracias que me podían ocurrir. Sin ella no es vivir, sin su compañía y su cariño me siento como perdido en el mundo. Es demasiado lo que sufro por ella. Para darse cuenta de lo que suponía para mi, basta con decir que conseguí asumir todas las adversidades que no fueron muy pocas en mi desdichada vida, pero lo de ella no puedo, es demasiado, la llevo dentro de mi corazón hasta en los sueños. El vacío que dejó en mi vida es imposible de reponer. Uno es cariño de los hijos que tan necesario es y que mucho quiero, pero el de la compañera de mi vida, nadie ni nada lo puede sustituir, porque el lugar que ella ocupaba esta vacío, solo, muy solo y para siempre.
Hay un capítulo de nuestra vida muy importante, que en su momento y cuando corresponda mostraré, porque escribo con la memoria y por orden de tiempo.
Cuado iba ir a la Exposición internacional en Bruselas, Bélgica, en una de mis viajes a Madrid, fui a visityar a D. Francisco Lavadíe Otermín, para saludarle como siempre y pedirle que si era posible mandaran también a Alejandro, le dije: Alejandro sigue dándolo a la bebida y no se acuerda de su hija ni de su novia y dado que solo consigo apartarlo de beber cuando viaja con migo, por eso pensé que sería bueno el mandarlo también a Bruselas. Creo que es un buen medio para ir acostumbrarlo a trabajar y olvidar un poco ese terrible trauma que padece. Perdóname si te parece demasiado, yo creo que se va sentir discriminado al mandarme y dejarlo a él, ya que a partir del accidente, siempre fuimos juntos a todos los lugares que me mandaron. Yo que bien le conocía, sabía que lo iba pasar mal. Lavadíe, con su gran corazón de hombre noble dijo:
-Irá contigo, tienes toda la razón, además esto que me pides va en tu favor de buen ciudadano. Ayudas a tu compañero. Cuando regreses Asturias le visitas y le dices que prepare el pasaporte y cuando tengáis todo preparado y comience la exposición, se ingresa el dinero en vuestra cuenta junto con una carta para el Consulado Español. A parte, yo hablaré con el cónsul para que os espere un intérprete en la estación de Bruselas.
El motivo de mi viaje a Bruselas iba ser por unas manos que una agencia Internacional había publicado en la prensa. Todavía recuerdo como era aquel recorte del periódico, alargado, en una hoja de la nueva España y que decía:
Estocolmo doce de abril de 1958. Los científicos Soviéticos han logrado construir un brazo artificial para mutilados que funciona directamente desde el cerebro. Dicho brazo será presentado en la Feria Internacional de Bruselas, que dará comienzo el primero de mayo del año 1958.
Al incorporarme al nuevo trabajo en las oficinas del Pozo San Mames, Grupo San Martin, después de mi accidente, lo pase muy mal, me costó mucho trabajo el adatarme a un trabajo que no conocía. Todo diferente, distintos jefes, distinto personal, muchas horas cerrado en aquellas oficinas. Aparte de no poder defenderme poco más que para comer y hacer mis necesidades, por que aquellas prótesis eran muy simples, todo se escurría al cogerlos objetos. Fue de tormento, mi vida de trabajador minero era muy diferente, donde trabajaba en lo mío, lo que me gustaba y donde ganaba dinero suficiente para vivir. Había sido craso en aquel ambiente de minero desde niño y eso impone, el resto era desconocido para mí.
Mi horario de trabajo desde las nueve de la mañana hasta las siete u las ocho de la tarde, y sin cobrar nunca ni una hora extra, aunque mi jornada era de 8 horas y la hora de mi salida a las seis, porque había jornada partida. Otro problema, que no me dejaba tiempo para mi trabajo particular, tenía que estudiar, trabajar allí 8 horas, trabajar en mi finca además del tiempo que necesitaba para diseñar y hacer pruebas con mis inventos, lo que tanta falta me hacía. Tan duro me resulto al principio que creí no poder soportarlo. Eran muchos los problemas, pero el más grave, era que mi salario en estas oficinas no me alcanzaba ni para pagar mi pensión, era un mísero sueldo No soportaba el pasar todo el día, no era mi lugar de trabajo, no entendía nada de aquello. Todo me parecía imposible, lo que yo precisaba fundamentalmente, más que el pan de cada día, era trabajar para ganar lo necesario para vivir y no podía y eso me torturaba.
Si antes del accidente estaba contento con mi trabajo, y después la desgracia, había conseguido rehacer mi vida en La Clínica de Madrid, la añoraba, sentía pena por dejarla, el no hacerles caso en quedarme a trabajar allá, lo considere un tremendo fallo. Aquí en estas oficinas, muchas horas sujeto, poco dinero, y mucha dictadura, me sentía como cerrado en una jaula y pensado en mi pobre economía.
Alejandro tenía más libertad, iba y venía a su antojo, yo atado como el perro a su estaca, desde que amanecía hasta la noche. Con frecuencia venia a visitarme al trabajo, comentábamos nuestros problemas, pero siempre llegábamos a los mismo, lo poco que ganábamos.
Yo siempre aprovechaba para aconsejarlo que se apartara de los bares y dejara de beber, le decía entre otras cosas. Tú y yo tenemos que andar muy derechos, todo el mundo nos mira, así como vamos bien vestidos, siempre de traje y corbata, lo mismo tenemos que hacer con la bebida, no pasarnos. Ser prudentes y respetar para que seamos respetados, si perdemos el norte, adiós a nuestras ilusiones, perderemos también nuestra capacidad y hasta el mismo crédito personal, ante la gente.
Debemos llevar una conducta intachable, seremos respetados y admitidos en la sociedad. Recuerda que llevamos una tara muy grave, que ésta no sea ningún obstáculo para nosotros. Creo que si nos comportamos podremos formar una familia y ser padres como los demás. El tema está en no perder la cabeza y la bebida es la que nos puede traicionar, hay que largarse de ella sin más.
Hay que trabajar y estudiar porque lo necesitamos. Nuestra vida ha cambiado tanto que es como si cambiáramos de planeta. Trabajamos con gente preparada mientras que nosotros estamos como los animalitos del monte porque es lo único que conocemos. ¿Adónde vamos con esta pobre cultura? Si no luchamos, nada podemos conseguir. No podemos quedarnos a la, orilla lamentando nuestra desdicha, porque así solo agravaremos el problema.
De estas cosas le hablé multitud de veces, lo que sentía de corazón que él no lo entendiera. Le salieron mal las cosas porque no pudo con tanto peso, tanto dolor. Yo seguí por el camino que había trazado: el camino del trajo y de la lucha y que quise que él también siguiera, pero no pudo, fue más fuerte su pasión por la bebida que el camino de la lucha y de la recuperación.
Yo le disculpo, sé que fue muy duro, es muy difícil recuperarse de un trauma tan grave como lo fue el nuestro accidente. Muy pocos hubo que lo superaran. Si la vida ya es por sí dura para hombres en nuestro estado es peor. Alejandro, se quejaba de que nos pagaban muy poco y tenía razón. En la mina se ganaba un sueldo bueno, un barrenista y un picador medio, salían por las 4.500 pesetas al mes, mientras que el sueldo que nos pagaban a nosotros era de 315 pts.de salario, más las primas de producción que suponían un total de 550 pesetas al mes. Estas primas de producción eran variables, unas veces de 250 y otras de más o menos.
Así que pocas veces cobrábamos las 600 ptas. Aunque Alejandro podía arreglárselas con ese sueldo porque vivía en la residencia de la empresa. Yo también porque estaba con mis padres. De haber tenido que pagar la pensión no nos alcanzaría ni para medio mes. Todo esto se sumaba a nuestra dura situación. Eso era una de las cosas que nos atormentaba a los dos. Muchas veces le dije:
-Tenemos que poner un negocio de algo, hay que estudiar muy bien las cosas. Le gustaba mi opinión, comenzamos a pensar cuál podría ser el mejor negocio. A él le pareció que sería buena una carnicería en El Entrego. La colocaría en un pequeño edificio que había, junto al cruce de la carretera a las Cubas, a la entrada del Entrego, donde cobraban los arbitrios municipales y que al eliminar estos se había quedado libre.
Lo valoraba como muy apropiado por quedarle cerca de su trabajo para poder a tenderlo. Pondría un carnicero a trabajar y él lo controlaría. A partir de aquel día cada uno comenzamos a pensar en lo que podría ser su negocio. Yo pensé en abrir un almacén de vinos, le di vueltas y en unos pocos meses me decidí. Tenía un poco de dinero que había ahorrado mientras trabajaba. Mis padres nos dejaban lo que podían para ir juntado para el día de mañana, bien que me valió. En aquel tiempo ya había comenzado a mejorar un poco las economías familiares. En el bajo de la casa de mi hermano Corsino, en Blimea, se puso este almacén. Alejandro no se decidió, lo fue dejando y no abriría nunca la que pudo ser su carnicería, además de su salvación porque el trabajo le ocuparía y lo apartaría de los bares y de la bebida, pero no dejo su equivocado camino y eso lo llevarla a su perdición. Nunca levanto cabeza.
Alejandro era inteligente, y en la mina trabajador, su accidente le dio un giro total a su vida. Le parecía muy difícil el poder trabajar con sus aparatos, no pudo con ello. Muchas veces cuando charlábamos de esta cuestión me decía:
-No seas tan optimista Arsenio, porque con estas pinzas no hay quien trabaje, ni tú, que eres el que mejor los manejas bien. Yo, que encima de ser más torpe las tengo más cortas ¿qué quieres, que haga milagros? Cuando me hablaba de aquella forma sentía pena por él, porque era muy noble y realista, valoraba las cosas con inteligencia y no dudaba en decir la verdad. Pero yo bien veía que su moral estaba por los suelos y que ya nunca iba ser capaz de superarse, perdió la moral por completo.
Cierto era que él no podía trabajar con la misma facilidad que yo por que le quedaron más cortos sus brazos y eso fue un grave problema.
Desde luego que razón no le faltaba. La cosa andaba muy medida, resultaba muy duro. Se trataba de un largo proceso de adaptación, no de meses sino de años. Se necesitaba experiencia y no la había. Trabajabas pero te hacías heridas, a parte estaba el peso de los aparatos, que nos rendía los brazos y dolían en cantidad. Nuestra duda siempre era ¿a dónde podremos llegar? ¿Qué clase de trabajos llegaríamos a poder hacer? Resultaba casi imposible pensar que se conseguiría poder trabajar. Había que ser más fuerte que un mulo, para soportarlo al principio y también para el resto de nuestras vidas. “Lo que está a la vista no necesita candil”, así lo decían los antiguos. Por esa dureza, por ese sacrificio tan enorme que hubo que soportar, él no pudo, le resultó demasiado duro y su vida se perdió entre sus tristes pensamientos y la bebida. Lástima fue que no haya podido soportarlo. Murió siendo muy joven. La bebida lo destrozo, le salió una cirrosis y en poco tiempo lo mato. Sentí mucho su desaparición porque éramos como hermanos. Habíamos convivido mucho tiempo junto y siempre nos apreciamos. Era muy buen compañero por eso sentí las críticas de algunos que por desconocer lo duro y triste que es verse así, dijeron: “¿porqué no hace como el de La Bobia que estudia y trabaja, en lugar de darle al tanque? ¡Qué trabaje!”
Lo primero que tienen que saber los que acostumbran a dar demasiado la mojada, es lo que sufriría aquel hombre, que quería a su novia y a su hija y las abandono por el dolor y la desesperación, atrofiado y cansado de vivir. No debemos olvidar que a la semana de poder las manos me invito a que nos pusiéramos al tren, los dos a la vez para no tener tanto miedo a morir. Está muy claro que aunque de momento conseguí aparte de aquellos malos pensamientos, no fe lo suficiente y siguió padeciendo hasta el final, sin encontrar remedio para liberarse del tremendo trauma.
-¡Qué fácil es criticar desconociendo las cosas y dar opiniones que ni saben ni quieren saber! También podían decir: “¿por qué el de La Bobia no juega al fútbol como Raúl el del Madrid?” Todos los hombres tenemos cualidades y limitaciones. Todos somos distintos, a uno se le da bien la mecánica y a otro la pintura, por ejemplo, cosas distintas que para uno son imposibles y para otro son fáciles. Esa es la gran diferencia, Alejandro sabía trabajar y era una gran persona, pero le resultó imposible lo duro de su accidente y no pudo superarlo, fue superior a sus fuerzas. No terminó de asimilarlo, no se le puede criticar, hay que pasar por ese trauma para después opinar.
Nunca olvide un proverbio que dice: “lo que uno adora otro lo detesta”, así somos los hombres y seguiremos siendo, con fallos o aciertos. Si pudiéramos adivinar el futuro creo que sería la gloria para muchos, pero seguro que la perdición para otros, por eso cuando hicieron el mundo, lo hicieron así, para que no podamos conocer el futuro. Creo que si fuera así, perderíamos las fuerzas para luchar y seguir adelante. Hasta es posible que no pudiéramos recorrer el camino que al nacer nuestro destino nos trazó.
Lo que sí nos sirve es el pasado y el presente, que a través de él podemos analizar nuestros aciertos, pero también nuestros errores. Si los aprovechamos nos podrán servir para corregirnos y no caer de nuevo en ellos. Todos somos muy valientes hasta que nos vemos en uno de esos problemas que nos deja fuera de combate y envuelto en las tinieblas.
Ahí es cuando hay que reaccionar y emplear toda la energía, luchar y aguantar. Pero eso pocos lo conseguimos, fallamos sin querer y sin darnos cuenta, caemos al precipicio sin poder remediarlo. Así de simples somos los hombres, algunas veces sucumbimos ante una adversidad que podríamos combatir y superar. Es ahí donde está el problema: la duda nos traiciona y nos aleja de la realidad.
Pasé pena porque no pude convencerle, también por su hija y su novia. Los tres juntos pudieron formar una familia y vivir con toda normalidad fuera de la bebida. Quizá hoy podría ser abuelo y sus nietos, hija y mujer serían su orgullo, como lo son los míos para mí. Le darían ganas de vivir y de estar en este mundo aún después de pasar por la tragedia y los sufrimientos que al principio padecimos. Fue una lástima, se perdió una vida que hacía falta para formar esa familia que él mismo rechazó.
El Director de la clínica mando grabar una cinta para el NO-DO
El Director de La Clínica Doctor, D. Francisco López de La Garma, quiso presentar el nivel de rehabilitación que tenia a mitad de esta y otra más tarde, al terminar. Allí estuve solo cuatro meses, pues normalmente el periodo de rehabilitación siempre había sido mucho más largo. Este corto tiempo fue considerado como un record por el Director y el grupo de médicos, que mucho lo valoró. Él último día que trabajé con mis compañeros, llegó por allí como casi todos los días. Al terminar nos saludó y dirigiéndose al resto les dijo:
Habéis progresado un poco con Arsenio pero él ya se marcha mañana, es una pena que no pueda seguir aquí. Tiene deberes que cumplir en su patria. A pesar de que vendrá con frecuencia por aquí, pues yo quiero nombrarlo monitor para daros clases, no solo a vosotros también a otros más. Estoy seguro- dijo, que es quien va revolucionar vuestras prótesis y lo demás. Los aparatos que él lleva igual que los que algunos de vosotros lleváis, yo los confeccioné pero sé que no son perfectos. Yo tengo manos y esto es para Arsenio, que sabe cómo hacerlo y que los maneja como vosotros conocéis.
No va dejaros definitivamente, ni perderá el contacto con esta casa. Mañana se va, hecho un hombre, batió un récord: en solo cuatro meses terminó el curso. La mayoría de vosotros lleváis un año, y no se sabe cuándo vais a terminar. Espero que vosotros mismos sepáis valorar el mérito que es terminar en tan corto tiempo, y que a la vez os sirva para abreviar con arte un poco más vuestra forma de trabajar. Que os sirva también de referencia para aplicaros más. Muchas veces os dije que las cosas hay que hacerlas con arte y con ganas, es la única forma de avanzar, de sacar algo de provecho del trabajo de cada día.
Al despedirnos a la mañana siguiente en su despacho con todos los Médicos, dijo:
-Te vas a casa. Sé que lo precisas, los tuyos con emoción te esperan, pero no te olvides de esta que también es tu otra casa y que nos haces mucha falta. Vete y haz o deshaz lo que haga falta por tus aparatos. Sabemos que vas a trabajar para mejorar lo que llevas. Trabajaras para ti y a la vez para tus compañeros, serás el que va a sacar cosas importantes, sé que no te conformas con lo que llevas, y haces muy bien, pero no te olvides de traernos lo que hagas. Te esperamos con tus innovaciones y te pedimos que cuando pase un tiempo, vuelvas a Madrid para trabajar con nosotros, serás un buen profesional.
Nuca olvidé las palabras de aquel gran hombre, que servirían para que con arte y decisión luchara por una causa tan justa como necesaria, a la vez de sufrir por no poder complacerles. No pude, la morriña de mi familia y de mi tierra era más fuerte que yo mismo. No podía vivir sin ellos, desde que nací nunca me había separado del calor de mis padres y eso fue muy fuerte. ¡Cuánto lo sentí!
Me hubiera gustado mucho seguir en Madrid, ¡qué bonito trabajar para hacer algo tan importante como era el perfeccionar mis aparatos y también los de mis compañeros! Sería una gran satisfacción para ellos y para toda la Dirección de la Clínica, pero no lo acepté. Lo sentí y lo sigo sintiendo porque sé que hubiera sido muy importante el trabajar en equipo, seguro estoy que de haber sido así mi lucha habría sido un poco más liviana, en cambio trabajé en solitario y con mis escasos conocimientos de aquellos tiempos, lo pase muy mal, además de mucho trabajo para conseguirlo. Es incalculable lo mucho que trabaje, uno positivo y otro sin que valiera para nada, porque en la investigación es así, unas veces aciertas y otras no.
Me faltaba experiencia y todo tuvo que salir de la investigación y de realizar diversos trabajos que algunas veces no me sirvieron. Es difícil navegar por un mundo tan complejo como es el diseño y montaje. Descubrir cosas que no conoces y que todo iba ser a base de lucha y de romperme la cabeza. Me resultó demasiado duro, de tener al Director y aquel gran equipo de Médicos, posiblemente las cosas serían distintas, pero me sentía muy mal lejos de los míos. Estaba muy asustado, mi vida era como una pesadilla, hay que tener en cuenta que solo tenía 20 años, poca cultura, poca experiencia de la vida y sin manos. Uno es contarlo y otro es el pasar por ese grave trauma. Por ese motivo, pienso que hay que disculpar a los que sufren y no pueden reaccionar, es muy difícil el salir de aquel atolladero porque hasta la inteligencia se ve afectada por tanto sufrir. El mismo miedo que te invade, puede ser el que te atrofia los sentidos y no sabes que hacer.
No descansaba ni de noche ni de día, tardé en reaccionar, el golpe había sido mortal para mis fuerzas, para mis sentimientos y para mi familia. Eso no me dejó reaccionar favorablemente hasta que pasó algún tiempo, entonces me serené y lo asumí. Vi que mis padres también se fueron tranquilizando, porque todo ello fue para mí como si me cayera encima un rayo y me dejara atontado.
Me sentía como perdido y no sabía qué camino iba a tomar. Mil gracias puedo dar por haber salido de aquel tormento. Me encontraba sumido en lo más oscuro de las tinieblas, sin poder ver la luz por ninguna parte, por eso les fallé. Aunque más tarde trabajé a brazo partido y sin descanso por la causa, no me quedé satisfecho, seguro de que allá pude haber dado más rendimiento.
Aquí, además del largo tiempo que necesitan las invenciones, tuve que trabajar para ganarme el pan. En Madrid hubiera tenido todo el tiempo necesario porque solo me dedicaría a esos trabajos que son tan importantes para nosotros. A pesar de conseguir lo que tanta falta nos hizo y de colaborar activamente con la Clínica durante largo tiempo, no fue lo suficiente. Razón tenía el director cuando dijo que al verme trabajar el resto lo tendría que hacer también.
Al despedirme de todos, lo mismo de los compañeros que de los jefes, sentí pena por marchar, a la vez que alegría por regresar a casa.
Después de varios años de ganadero, ya depues de no tener manos, una mañana me encontraba trabajando en el montaje de unas naves para aumentar la ganadería, estaba construyendo uno de los portones que iba colocar a la entrada de la finca. Llegaron el Dr. D. José Vera, y uno de mis hermanos, que lo había subido a visitar a mi madre, se encontraba enferma. Al acercarse mi hermano a decirme cómo se encontraba mi madre, el Dr. Vera, viendo cómo trabajaba con mi equipo de soldadura, se bajo del coche y se acerco a ver como trabajaba. Me saludó, miró el acabado de aquel portón detenidamente y preguntó:
-¿Has hecho tú este portón, Arsenio? Seguro que si porque vi como lo soldabas.
-Esto no es lo más difícil Doctor, aquí bien se trabaja, lo peor es trabajar en el techo, por la altura, andamaiado sobre viguetas que resultan bastante incomodas.
-¿También soldaste todas las viguetas de ese techo? Me dejas asombrado de la obra que tú solo estás haciendo, eres un artista. ¿Cuántos oficios aprendiste más que el de minero?
-No aprendí más que el de la mina, para el resto de los trabajos soy un aficionado.
-¿Pues si todos los aficionados son así, ya me dirás tú cómo son los especialistas? Lo tuyo no debería ser esto, tú tendrías que llevar un mandilón como el mío y dar clases a la gente en un hospital. Sería muy importante para que los que padezcan algún problema, porque solo con mirar cómo trabajas ya les animarías, aparte de que les enseñarías claro. Tu experiencia es muy buena para tantos casos como hay.
El Dr. Vera fue médico de cabecera de toda la familia y siempre fue muy apreciado por su gran carácter. Era y sigue siendo un hombre muy agradable y presto ayudar a sus pacientes con nobleza y sabiduría. Un médico muy cumplidor de su deber. Con esa gracia que trabajaba daba ánimos a sus enfermos. Esa forma de tratar a la gente es muy importante, esa naturalidad del Dr. Vera, hacía que la gente confiara en él y le apreciaran como se merecía. Sin duda lo sentimos cuando se marchó de nuestra zona.
Más tarde y cuando ya me iba a retirar, fui al médico, de cabecera, al que no conocía Dr. D. Cándido. Después de saludarnos me preguntó:
-¿Qué le pasa? ¿Está enfermo? No me pasa nada, Dr. no me gusta engaña a nadie, no estoy enfermo, voy a retirarme y deseo estar de baja unos días mientras arreglo los papeles.
-Muchas gracias, me dijo, así hay que ser, decir la verdad. ¿Cuántos años lleva trabajando?
-Trabajando desde niño, cotizando a la seguridad social llevo cuarenta y dos. Si se contaran todos serían más, pero en ese tiempo no se cotizó.
-Le he visto conduciendo el coche y me han hablado mucho de usted, pero lo que no sabía es que es uno de mis pacientes. ¿Cuánto tiempo hace que no viene al médico?
-Treinta y tres años, desde que me operaron del apéndice. Fue la última vez.
-¿Es que se ha operado de más cosas?
-Sí, anteriormente me han operado de una hernia. Contando lo que tuve en el hospital cuando me quedé enterrado en la mina, más lo de las manos, fueron cuatro veces las que estuve hospitalizado. Así que, aunque no haya habido más problemas, ya estuvo bien.
-Sí, ya fue bastante, tiene razón.
Me preguntó cómo se manejaban mis aparatos. Dijo que si no era molestia que le gustaría ver su funcionamiento.
-No es ninguna molestia le dije, me parece normal que como médico los quiera conocer.
Quité la corbata, la chaqueta y la camisa y se los mostré. Cogió uno de mis brazos, una mano por la pinza y la otra por el codo. Los miró y dijo que los hiciera funcionar.
-¿Si meto el dedo me hará daño?
-Ninguno, yo procuro no hacer que eso ocurra.
Metió su dedo para comprobar la fuerza que hacían.
-Esto manda mucha fuerza dijo, ¿Cómo la regula?
-Se regula con la tensión del brazo. Se puede dar más o menos fuerza, y cuando ya se vayan aflojando las gomas que hacen la fuerza se cambian por otras nuevas, es muy fácil.
-Bueno, eso de fácil será para usted, no todos los manejan así.
Pasó a mirar el otro brazo, y después de examinarlo muy bien y sin soltarlo, dijo a mi esposa, que contemplaba como los revisaba:
-Señora, aquí no hay nada. Yo creí que sería un sistema sofisticado y es totalmente sencillo. Lo que hay aquí es un hombre con una doble inteligencia porque mandar, trabajar como se dice que trabaja su marido y aquí lo pude comprobar, es casi imposible.
Aquel gran hombre, que mucho apreciamos por su noble y buena forma de ser, cumpliendo con su deber con sus pacientes además de muy buen médico, se interesó por conocer lo que él consideró muy importante y que quiso conocer a fondo como buen profesional que siempre fue. Ciertamente se quedó asombrado, pero yo también, porque me di cuenta de su gran interés por saber valorar tan positivamente lo que acababa de conocer.
Me dijo que si no tenía inconveniente, iba a llamar a una compañera para que lo conociese. Salió del despacho y fue a buscarla. Nos la presentó y le explicó todo como él lo vio. También la Dra. Se interesó por conocer con todo detalle.
Aunque no existía esa doble inteligencia que él dijo, por lo menos se dio cuenta de que no era fácil adatarse a tan duro batallar. Se fijó hasta en los callos y las huellas en mis brazos, que el duro trabajo dejaba. No se perdió detalle. Hasta quiso conocer el esfuerzo de los brazos y de los hombros para manejar las prótesis.
Después del gran examen de mis aparatos dijo que no debía de trabajar tanto, que mi sitio estaba en un hospital o en varios con un mandilón blanco. Lo mismo que el Dr. Vera había dicho. Me preguntó si tenía algún inconveniente en presentarme a un grupo de médicos y enfermeras. Me dijo que debería sacar un vídeo de mis trabajos, que sería muy importante mostrarlo a la gente. Lo del vídeo sí que lo había pensado para que mis nietos más tarde conocieran lo que había trabajado.
Más tarde sacamos un vídeo de casi todos los trabajos que puedo hacer. Conducir el coche, realizar trabajos de labranza, trabajos de taller cortando hierro, o chapa, soldando, pintando o escribiendo en el orden ador, trabajos de oficina en general, asearme, afeitarme con cuchilla, lavar los dientes, todo lo normal de una persona. Aunque a la gente le parezca imposible, no lo es.
Por ejemplo. Cuando hice el jardín de esta comunidad donde vivo, la gente de Candas, miraban con asombro, lo fácil que me resulta el trabajar y que por cierto no se lo creen hasta que no lo vieron. Así me lo dicen muchas personas. Arsenio, perdona, pero para creer lo que lo22222En que trabajas, es imposible, nadie lo entiende hasta que te vemos manejarte con una facilidad pasmosa.
Siempre les digo lo mismo, es normal, yo lo entiendo perfectamente, tampoco lo creí cuando el Director de La clínica me los presento. ¿Qué voy hacer yo ni nadie con estos aparatos tan feos, me dije? Pero para mí ya dejaron de ser feos, porque es más importante el servicio que me hacen que su peso en oro, son mis manos y con eso ya queda todo dicho y muy claro.
Le regale un video al Doctor, pues no me olvidé que en nuestra charla dijo entre otras cosas que le gustaría que su familia conociera mi forma de trabajar. Que era digno de ver la gran facilidad con la que actuaba.
Me siento agradecido por su gran comportamiento con nosotros y el gran interés que en todo momento mostró por mi caso.
Cuando volví a ver al Dr. D. Cándido, me dijo:
-Arsenio, su nombre se pronuncia en mi casa con mucha frecuencia y sobre todo cuando hay algo difícil, dicen: “hay que hacer como Arsenio”.
Quedamos de acuerdo en reunirnos con aquel grupo de médicos y enfermeras, en una tarde a los pocos días, en una de las salas de reuniones del centro médico de Sotrondio.
De nuevo me quité la ropa y les expliqué el funcionamiento y la forma del aprendizaje. El trabajo que costaba aprender a armonizar los movimientos de cada brazo, que debía funcionar totalmente independiente, que era lo más difícil. Dado que el mando es único para los dos aparatos, lleva mucho tiempo el a tender. Si tienes la cuchara en uno y coges el pan con el otro se cae la cuchara. Por ese motivo hay que aprender a trabajar con ellos muy bien
Es ahí donde hay que darle de duro para saber controlar y dirigir todos los movimientos, lo mismo para trabajar, asearse o comer. Esto es una de las cosas que hace rendirse a la gente al principio, y hace que se reniegue de todo por aburrimiento y cansancio de tanto pelear.
En aquella sala todo era silencio, nadie más que el Dr. D. Cándido y yo hablábamos, el resto observaban con mucha atención por lo interesante que les resultó sobre todo al ver con qué rapidez me los quitaba y me los ponía solo y sin ayuda. Esto sí que fue una de las cosas que mucho les llamó la atención y que al principio y sin verlo parece imposible.
Al terminar me dieron las gracias y me felicitaron por haber conseguido superar el terrible trauma que atravesé al comienzo de toda mi rehabilitación y haberles presentado algo tan importante que les agradó mucho conocer. Nos dieron un regalo para mi esposa y otro para mí por haber tenido la bondad de ir a explicarles algo que consideraban importante.
El Dr. D. Cándido al poco tiempo fue destinado a La Capital, lo sentimos mucho, lo apreciábamos por lo atento y buen profesionalidad y amable con sus pacientes, siempre que nos vemos nos saludamos con afecto, no nos olvidamos de su gran personalidad.





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