La primera diversión de aquel tiempo para nuestro pueblo fue la foguera de San Juan. Eran tiempos de la posguerra, todavía estaban en el monte los políticos de esa fecha, perseguidos por el régimen. A pesar del miedo que la gente tenía, los niños unos cantos días antes, comenzamos a preparar leña para la foguera. Cuando llego el día de ésta, teníamos la cantidad de madera suficiente para una gran foguera. Como siempre, al oscurecer le dimos fuego y pedimos a una vecina que vivía a lado, Araceli “La Xuna”, (La xuna era un mote) que tocaba la pandereta y cantaba con mucho arte. Ella muy voluntariosa, se puso a tocar, la mayoría de la juventud del pueblo se reunió allí ante la gran foguera. Se preparó un poco de baile. Solo estábamos los del pueblo, nadie se atrevía a desplazarse de noche por aquella zona.
Eran las diez de la noche, una de estas noche con niebla y muy oscuro. La niebla en la montaña por los inviernos se ponía nada más llegar la tarde. La Xuna tocaba su pandereta a toda marcha, y cantaba aquellas canciones antiguas, la gente bailaba a la luz de la foguera, cuando se acercó un señor que nos dio las buenas noches. La gente se quedó paralizada, el recién llegado traía colgando de sus hombros un fusil, dos mochilas y una pistola a cada lado de su cintura. La que tocaba la pandereta paró, al igual que la gente que bailaba. El señor al darse cuenta dijo:
-¡Que no pare el baile! ¡Que siga como antes o mejor! No pasa nada, no tengáis miedo, soy Aladino. Este hombre era uno de los políticos que se encontraba en el monte con la guerrilla. Que se llamo, “Comandancia de Peñamayor”. (Peñamayor) son las montañas que dividen Nava con el valle de Langreo, con una altitud de (1255 m.) Desde nuestro pueblo es donde se ve la primera nieve de nuestra zona, y también desde donde los antiguos controlaban el tiempo. Se pone un tipo de niebla que le llmaban el xelon, lo que significaba que no iba allober, sino a xelar. (Esta el xelon en Peñamayor, nun va llover).
Mientras que posaba su equipaje encima de una pared de la bolera, yo que era un niño, le miraba con atención. Viendo que todos estábamos en silencio, muy educadamente y con una sonrisa me dio una pequeña palmada en mi hombro y dijo:
-Anda, amigo, vete a por vino al chigre y reparte para todos, y tú también dijo a otro de mi edad -yo invito, traer medio litro para mí.
Como él mandó, entramos al chigre y pedimos vino y vasos para repartirlos entre la gente, que no seríamos más de veinte. Le serví el primero, le puse medio litro y su correspondiente vaso. Me dio las gracias y seguimos la ronda, la gente bebió algo de vino, poco gasto se hizo porque la mayoría eran mujeres y niños, pero su amabilidad fue que invitó a todos.
Después de apagar la sed, y viendo que todo seguía animado, cogió su fusil, puso su pierna derecha apoyada en la pared, el fusil sobre ésta y dijo:
-¡Vamos a echar un viva!
Disparó al aire tres tiros. Aunque la gente su puso un poco nerviosa el baile siguió.
Hablaba con la gente tranquilamente, y al llegar las 12 dijo:
– Me alegro de pasar con vosotros un buen rato y muy agradable, me prestó de verdad, me voy con mis compañeros hasta la Vara.
Se despidió de todos con mucha gracia y diciendo a la vez que saludaba con su mano derecha:
-¡Hasta la vista, amigos! Y se alejó.
Si al llegar nos asustamos, al marchar pasamos pena por él, fue muy atento con todos
Este monte de La Vara es uno de los más altos de la zona, esta a (942 m) de altitud. Desde nuestro pueblo lleva una hora andando. Desde luego no sabemos si de verdad iba hacia ese monte, por que en lugar de irse por el camino directo que de allí sale, se fue por el de la izquierda, aunque rodeaba, también se podía ir por este. Lo curioso es que el dijo a la vara, pero la cueva la tenían en la peña el Cuerbu, a (999 m) muy cerca, a lado mismo de de la Vara. La tenían entre la maleza que no era fácil dar con ella.
Muy cerca de esta teníamos un prado que con frecuencia teníamos las vacas pastando y todos los días que estuvieran allá, había que subir a ordeñarlas por la mañana y tarde, por eso conocíamos el lugar perfectamente. Más tarde cuando ya se marcharon definitiva mete vimos lo bien ordenada que la tenían y en lugar estratégico para no ser vista.
Desde esta peña dominaban casi todo nuestro valle y parte de Villoría. Por nuestra zona paraban mucho algunos de sus compañeros, pero nunca más volví a ver a Aladino.
Recuerdo a muchos de los paisanos de aquellos tiempos y sobre todo a los vecinos, Aurelio y Barista su esposa. Eran muy buenas personas y muy generosos. Cuando me encontraba una mañana llindando las vacas en un prado a lado de su casa, me llamó Barista, para darme manzanas, me acerqué y mientras que cogíamos las manzanas, por allí correteaban unos gatitos pequeños, le dije:
-Nos hace falta un gato para mi casa. No sabemos qué le paso a una gata que teníamos que desapareció, es posible que la comiera la raposa que todas las noches deambula por el pueblo donde caza las gallinas o gatos.
Barrista con mucha gracia y con la amabilidad que siempre tuvo dijo:
-Estos no te los doy, son agostiegos y los gatos de agosto son malos.
Un poco sorprendido le dije:
-Yo también seré malo porque nací el uno de ese mes.
-No hijo, nada tienen que ver los gatos con las personas, ya te daré otro que será mejor.
Cierto es que tenían esas creencias que yo desconocía pero que más tarde oí decir a más gente.
En este grupo de mineros de mi valle esta mi padre y su hermanos benjamin y mi padrino Belarmino y otros vecinos
Todos con lámparas de gasolina que usaban los minero de a qué tiempo
El primero por la izquierda, Bernardo Suarez de La Bobia. Para los vecinos Bernaldo el de Josefa” El segundo y tercero son de San Mames pero no sé cómo se llamaron. El cuarto Alejandro “Jano” de San Mames. El quinto Herminio García “Mino” de La Bobia, mi padrino. El sexto Benjamín Fernández hermano de mi padre y el sétimo Arsenio Fernández, mi padre.
1. Curiosas anécdotas de los antiguos de mi pueblo
Recuerdo a muchos de los paisanos de aquellos tiempos, y sobre todo a los vecinos, Aurelio y Barista, su esposa. Eran muy buenas personas y muy generosos. Cuando me encontraba una mañana llindando las vacas en un prado a lado de su casa, me llamó Barista, para darme manzanas, me acerqué y mientras que cogíamos las manzanas, por allí correteaban unos gatitos pequeños, le dije:
-Nos hace falta un gato para mi casa. No sabemos qué le paso a una gata que teníamos que desapareció, es posible que la comiera la raposa que todas las noches deambula por el pueblo donde caza las gallinas o gatos.
Barrista con mucha gracia y con la amabilidad que siempre tuvo dijo:
-Estos no te los doy, son agostiegos y los gatos de agosto son malos.
Un poco sorprendido le dije:
-Yo también seré malo porque nací el uno de ese mes.
-No, hijo, nada tienen que ver los gatos con las personas, ya te daré otro que será mejor.
Cierto es que tenían esas creencias que yo desconocía pero que más tarde oí decir a más gente.





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