¡Lo que cambia la vida de un hombre en ciertos momentos! Ni uno se lo puede imaginar. Cuando en mi juventud íbamos la escuela muchos como yo estábamos convencidos de que no servíamos para estudiar, acostumbrados a trabajar de muy pequeñitos, era nuestra afición, pero no la de la escuela.
Eso nos dice lo importante que es el saber enseñar a los niños. Si en lugar de enseñarnos solo a trabajar y nos hubiera enseñado lo importante de los estudios, nuestra cultura seria otra. Podíamos saber trabajar y estudiar, pero los malos tiempos de la posguerra no lo permitió, había que producir para comer. En cambio cuando vi las orejas al lobo y la necesidad me apretó, comencé a estudiar y me comía los libros. Los Ingenieros me decían que estudiara Ingeniería o maestro, que sacaría la carrera muy pronto. Esta vez sí que les comprendí, mi vida ya no era la de aquel bracero incansable, que gozaba trabajando, así como alguno no arrancaba yo no paraba de trabajar, pero los libros ni mirarlos.
En aquel tiempo me hubiera gustado sacar una carrera, pero había dos inconvenientes que me lo impedían: no disponía de medios, el sueldo era muy pequeño, no medaba ni para mi pensión, y necesitaba mucho tiempo para diseñar mis manos. Ese era mi objetivo principal, no podía olvidarlo. No pude apartarme del diseño y eso fue mi solución, hoy me encuentro agradecido por haber luchado por algo tan importante
Aunque solo pude estudiar libre, me sirvió para prepararme y defenderme, que ya no es muy poco, teniendo en cuenta las circunstancias.
Hay un tema muy importante para destacar.
Pasaron los años y en el mercado siguen presentando el mismo prototipo de aquel tiempo. Me refiero a las prótesis de mano, en cuanto al resto sí que hay un notable cambio, sobre todo en las piernas ortopédicas que son excelentes.
Lo mismo las prótesis que las manos mecánicas, no cambaron nada, por mucha estética que tengan, para mí no sirven. Hace dos años un médico de la seguridad social, que llevaba este tema, me presentó sus catálogos y vi que eran lo mismo que años atrás. Después de mirar las que yo llevaba y sin que le hubiera pedido su opinión, me dijo:
-Creo que son mejor las que usted lleva.
-Solo le dije, sin duda me quedó con las mías.
¡Pobre de mí si no pudiera trabajar! ¡Qué suerte tuve al confeccionar estas que son mi remedio! Seguro estoy que sin ellas sería hombre al agua. Al no poder trabajar, mi vida sería de eterno tormento, por eso no me olvido del viejo refrán que dice: “el que de joven no trotea, de viejo galopea”. Aunque la carrera se haya quedado allá, no la cambio por mis aparatos y los trabajos que realice, que son los que me llevaron adonde estoy, contento de mis trabajos. .
Alternaba los estudios con el trabajo y el diseño. Después de salir de la oficina, iba a mi almacén de vinos, llevaba el control de todo y hasta la misma contabilidad: asiento de facturas y otros trabajos. Los vinos se servían en colambres o (pelleyu), los había de hasta ochenta litros y se repartían por los pueblos con dos caballos. Donde había carretera se llevaban en una charré, tirada por uno de los caballos.
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Mi accidente es una gran prueba que la Duro Felguera demostró.
El resultado de todo esto bien se ve cuando pasa un caso como el mío. Si la empresa Duro Felguera, no me hubiera dado un punto de trabajo ¿qué sería de mi vida sin manos y sin pensión? ¿Cómo me iba ganar el pan? Todavía podemos llegar más lejos: en el supuesto de que me hubiera quedado una gran pensión, lo suficiente como para vivir, es posible que hubiera sido mucho peor. Al quedarme en casa sin nada que hacer, ni forma de pasar el tiempo en aquella aldea, pude haber caído en la desesperación y haber sido peor el remedio que la enfermedad.Un hombre acostumbrtado a trabajar toda su vida, no soporta ese trauma que produce el no trabajar.
Mientras que al tener un trabajo y un horario que cumplir, por respeto a los jefes y por mi propio deber, pude aguantar y el tiempo fue pasando. Aunque al principio me costó muchísimo el acostumbrarme, lo pase fatal, a demás del misero sueldo que me pagaban como conserje. Pero aquello fue para mí como una escuela permanente. Poco a poco me fui preparando hasta que comencé a estudiar, hacer por la vida, a salir de aquella ignorancia, desconociendo todo porque realmente estaba como un mulo, un analfabeto, las cosas hay que llamarlas por su nombre. ¿Qué iba saber yo de la vida,sino trabajar?
De haber quedado en mí pueblo seguiría como antes, sin conocer nada más que las montañas de mi valle. Desde luego la diferencia es más que notable. Ni hubiera estudiado, ni diseñado mis aparatos, ni las maquinas que salieron de mi trabajo. La pregunta es ¿Qué sería de mi vida en esas condiciones? La respuesta está muy clara, atontado y perdido en el abismo de mis pensamientos y muy probable que en la bebida, la que destroza al más fuerte.
Hubo gente que decía, pobre hombre, encima de perderse las dos manos no le quedo pensión. Seguro estoy de que lo decían con la mejor de las intenciones, convencidos por la pena y el dolor que sentían por mi y les agradezco de corazón, porque yo mismo lo pensé. En cambio, el tiempo demostró que pudo ser peor, así son las cosas, lo que hoy vemos de una forma mañana puede ser de otra, increíble pero cierto, por esa razón y muchas más, es necesario pensar muy bien las cosas antes de actuar, sin saber el porque de las cosas.
Un jefe, me preguntó: Arsenio, ¿cómo ve usted el tema de este productor?
Se trataba de un obrero del interior de la mina, que había tenido un altercado con un vigilante y que le habían hecho un expediente por malos tratos. Le dije, riéndome:
-Jefe, ahí no puedo opinar. Yo no puedo traicionar a mi sangre de minero, soy hijo del cuerpo y un ex picador de carbón que trabajo a la puerta de la mina, además, yo no vi lo que ocurrió
Se rió y me dijo:
-Es usted muy vaina.
-No se trata de eso Señor. Para no tener problemas, lo mejor es no buscarlos. Creo que para dar una opinión hay que conocer la causa a fondo, yo no sé lo que realmente ocurrió, solo se lo que dice el parte por escrito, pero no la versión del trabajador.
-Es cierto, tiene mucha razón.
Estos y otros pequeños detalles son los que dan a conocer a un hombre y que al final son los que te van a valorar positiva o negativamente, por eso la imparcialidad es la que debe de imperar. Como dicen los antiguos: “el que mucho corre luego se cansa.”La seriedad en la vida, es tan importante como nuestra existencia, no la olvidemos nunca.
Como anécdota describo un pequeño comentario de aquellos primeros años: una mañana me llamó el ingeniero para que le informara de unos trabajadores que solicitaban materiales. La empresa tenía por norma dar materiales a un precio muy barato a sus productores, como tablas de costero, hierro, cemento y otras cosas más. Pero bajo informe del individuo, ya que había que saber si era cumplidor en el trabajo y persona formal para saber si dichos materiales iban con destino al uso del que lo solicitaba, porque hubo alguno que comerciaba con ellos y eso la empresa no lo toleraba. Uno es que sea para el mismo productor y otro es que baya traficar con ello.
El ingeniero me llamó a su despacho y me dijo:
-Siéntese, Arsenio, vamos a ver unas solicitudes de material que tenemos pendientes y sin firmar. Los que solicitan son cinco trabajadores del pozo.
Me los pasó para que le informara. Las leí todas y le dije que se podían dar los materiales que solicitaban, los conocía, eran para su propio uso. El jefe según se las iba entregando, ni los miraba, yo los había leído en voz alta. Los firmó, se las puse al otro lado de su mesa y me fui a mi aposento, Al poco tiempo subió el capataz, se sentó y miró las solicitudes, muy enfadado le dijo:
-¿Quién informó esta solicitud? Este tipo es un sinvergüenza y muy malo. Me dio mucha lata y tuve que quitarlo de picar porque casi se mata. No vale ni para el tren, que es donde lo tengo, le dijo al Ingeniero.
-El jefe le dijo, fue Arsenio el que las informó.
-¿Cómo informo la de este imbécil que le hizo una barbaridad a su padre y a un vecino, quitándoles una servidumbre de una finca, haciendo caso de su mujer que está medio loca? Aunque perdió todos los juicios, les cerró el paso. Este lo sabía porque ese caso había sido muy comentado hasta por la guardia civil allí en la oficina, por tratarse de un individuo que no hizo caso a la razón ni a la justicia.
El jefe me llamó y dijo:
-Arsenio, ¿es verdad lo que dice el capataz?
-No sé lo que ha dicho, señor.
-Bueno, dijo el otro, es que le conté lo de la servidumbre y todo lo sucedido con este que acabas de concederle el material que pide.
Los dos me miraron con cierto asombro. El ingeniero había llegado poco tiempo antes como jefe de pozo y no conocía a la gente. Con toda mi tranquilidad les dije:
-Sí que es cierto todo lo que dice, pero yo considero que no debo mezclar las cosas particulares con las del trabajo. Es un productor del Pozo, y sé que las tablas que solicita son para reparar un pajar para su ganado, y él tiene el mismo derecho que los demás aunque haya sido retorcido con los vecinos.
El ingeniero se levanto de su sillón y me dijo:
-Arsenio, pero si no le llamo para reñirle, sino para felicitarle.
Se acerco y tendió su mano y dijo:
-Le felicito de verdad, habrá pocos hombres de su categoría, esto es una muestra de cómo hay que proceder en la vida, muchas gracias porque es usted un hombre como hay que ser para afrontar las cosas, y eso significa mucho para su personalidad.
Muchas gracias señor, eso es lo que siempre hice, cumplir con el deber, porque es lo mejor para vivir con tranquilidad y sin problemas.
Con mi actuación al respecto y otras muchas más que se producirían, al pedirme opinión de otras cosas más y observando mí imparcialidad a la hora de opinar, o valorar las cosas, nunca se olvidó de mi forma de ser. Este hombre, que mucho me apreciaba y que tenía plena confianza en mí, cuando más tarde llegó a ser jefe de zona quiso llevarme con él. No pude complacerle y lo sentí mucho, me alejaría de casa y no tenía todavía carnet de conducir para poder desplazarme. A pesar de alejarme de casa si hubiera ido con él, me hubiera beneficiado de la jornada intensiva que me era muy importante. Se entraba a las siete de la mañana hasta las dos de la tarde y eso era para mí un gran beneficio por el tiempo que me quedaría libre todos los días para mi trabajo particular. Mientras que allí era jornada partida y todos los días salía de las seis en adelante, lo mismo a las ocho que a las nueve de la tarde. Aquello me resultó como un suplicio con la cantidad de trabajo que yo tenía en la finca, y me encontraba sujeto todo el día desde que amanecía hasta que oscurecía
Aquel tiempo que perdía después de la hora y que no pagaban, casi me pudre la sangre, con tanta necesidad y sujeto como el perro a su cadena. Las pasé muy mal, hasta que a fuerza de pensarlo y después de varios años, un día me decidí y le dije al jefe que en lo sucesivo y por motivos de mi trabajo particular me marcharía a las seis, cuando se terminaba mi jornada.
Le expliqué las cosas como eran y dijo que lo entendía y aunque mucho no le gustó, poco a poco se acostumbró a quedarse solo. Cosa que nunca le gustó, y aproveché para trabajar en lo que tanto necesitaba. Me di cuenta que uno es ser cumplidor y otro es ser tonto, si mi jornal fuera lo suficiente como para mantener la casa podría estar allí lo que fuera, pero al no pagar no tenía por qué perder tanto tiempo que me era tan necesario.
Aunque tardé mucho en decidirme, porque me trataban bien, al fin tuvo que ser. Yo mismo lo sentí, porque aquel Ingeniero era una buena persona muy atento. El mismo me decía que sentía mucho el no poder pagarme las horas extras que echaba o una bonificación, porque la empresa lo tenía prohibido
José García Suarez “Pinón” Jefe del taller mecánico del Grupo San Martin, fue para mí como un hermano
Al día siguiente marché al taller, José, muy atento, comenzó a mirar los croquis, le expliqué lo que podía ser importante y con mucha amabilidad me dijo: Aremos todo lo que esté a nuestro alcance para ayudarte. Se trata de tus manos y eso es muy importante. Aquel día comenzamos lo que iba ser un largo trabajo de investigación y pruebas, pero que serían fundamentales para mis proyectos y daría un giro total a mi vida. Sacándome de aquel sufrimiento y pudiendo trabajar como un hombre precisa y con mis propios medios.
Con aquellos croquis y las diversas pruebas que hicimos, salieron lo que iba a sustituir a mis manos, con las que pude hacer una vida normal y realizar cualquier tipo de trabajo desapareciendo mi complejo, al poder defenderme por mí mismo, pues con los anteriores aparatos, era imposible trabajar, aparte de no tener base se rompían y no ganaba para sus reparaciones, además de la pérdida de tiempo.
Si la ayuda de los ingenieros fue importante y muy notable para mi vida, la de José García Suarez también fue muy importante, por tratarse de una obra de mucho trabajo y larga duración. Mientras que algunos me daban la espalda, José, se volcó de lleno en mi ayuda ofreciéndome lo que fuera necesario en todo el taller, con educación, con nobleza, con cariño, supo no solo ayudarme sino darse cuenta de mi dolor, de mi necesidad y como si lo hiciera para un hermano, luchó junto a mí por una causa tan importante como justa, que algunos nunca supieron valorar. Su mérito y su entrega al proyecto fueron tan grandes como necesarios para mi caso. Todas esas pruebas, esos trabajos, esas horas de lucha que los dos tuvimos, dieron un gran resultado. No tengo palabras para valorar el gran corazón que este hombre tiene, y que le apreció como si fuera de mi propia familia. Aparte de ayudarme, me libró de ir a otro taller a gastarme el dinero que mucha falta me hacía. Me libró del enorme gasto que aquello iba suponer.
Este trabajo fue importantísimo en mis primeros años de lucha, pues en aquel tiempo todavía no podía trabajar para hacer mis propios aparatos. Al retirarse José, luego paro el taller de la empresa y tuve que dedicarme a manejar distintas herramientas para aprender Compre un grupo de soldar para aprender a soldar, primero con la eléctrica y después con la autógena y perfeccionar mis conocimientos en mecánica.
Aquí sí que de verdad comencé con otra larga lucha, al querer aprender a construirlos por mi cuenta, para no tener que depender de nadie, pues pocos se encuentran tan generosos como este gran hombre.
Debo destacar que para hacer una simple soldadura de uno de mis aparatos, mi esposa y yo visitamos en una mañana cinco talleres y ninguno quiso hacerlo, pagando aunque fuera el doble de las horas que echaran, ni con eso. Con aquel disgusto, pensé que lo mejor sería comprar un grupo de soldar, para hacerlo yo mismo. Esto que parece imposible, es tan cierto como lo describo. En el último taller le dije, si quiere le pago por adelantado, Tampoco le valió.
Cuando trabajábamos José, y yo en el taller de la empresa por mis aparatos, hasta hubo alguno que dijo: “como tiene poder de los Jefes ¿qué más da perder más tiempo que menos?” Que va a sacar con esos planos que hizo, que no tienen ni pies ni cabeza. Cuando oí ese mal comentario, mi corazón casi se sale de su sitio, por ver la ignorancia y maldad de alguno, que no saben más que eso, criticar sin sentido.
Mientras que me desvelaba por no perder tiempo, procurando no molestar y cumpliendo con mis deberes como siempre, aparece el que nunca está de acuerdo con nada ni con nadie. Si la empresa ayuda a un obrero, es un enchufado, si no lo ayuda, la empresa es una miserable. Así razonan las cosas algunos, protestando y sin saber por dónde andan, por ayudar a un hombre en las circunstancias que me encontraba y que era para mí tan necesario como el pan de cada día.
En mi caso la ayuda no se trataba de un enchufismo ni de un mero capricho de un Ingeniero, sino de una necesaria ayuda a un minero, que la Duro Felguera, me prestó, desde el mismo director general, colaborando toda la dirección de esta gran empresa que para mí fue modélica, aunque hubo que atravesar por épocas extremas por la baja economía de la posguerra, conmigo se portaron de lo mejor. Hasta D. Agustín García, el Director de minas, personalmente me ofreció ayuda diciendo que todo lo que me hiciera falta allí estaba la empresa para ayudarme, por ser un buen trabajador como lo eran mi padre y mis hermanos, dándome las gracias por lo valiente que fui. Así de claro me lo dijo la última vez que lo vi en Madrid.
Desde luego que es muy importante analizar estas cosas, por una parte el que está eternamente desconforme con todos y con todo lo que se mueva y por otro lado está el resultado que a corto o largo plazo sale a relucir. Lo mismo del que se comporta o del que no le vale nada. Hay gente que cuando está en el tajo piensa que nadie le conoce, vive pensando que los jefes ignoran su buena o mala forma de ser.
Está equivocado, la dirección de un pozo, o la de cualquier empresa, sabe perfectamente cómo es toda la plantilla, como si son tres mil personas. A través del jefe inmediato llegan a diario todos los informes, lo mismo del bueno que del malo, del que trabaja mucho o del que no da ni golpe. Por eso los jefes aprecian al hombre que se comporta con realismo, con nobleza, al que sabe respetar y cumplir con su deber para que él sea también respetado y apreciado. No podemos olvidar que el desconocimiento de las cosas y la ignorancia, es la madre del mal, muchas veces.
Es importante s cumplir por el propio interés de uno, pero también para poder defenderse de las equivocaciones o del mal proceder de alguno que se te cruza delante por la vida y sin razón. Muchas veces es necesario reclamar a un jefe los derechos que tienes, sino cumple pero con educación y seriedad. Yo miso he tenido duros combates con algún jefe y que tuvo que claudicar por la razón de un trabajador. Nada tiene que ver el cumplir con el reclamar tus derechos y de no ser pisoteado por algún energúmeno que muchas veces sin razón se nos cruza delante.
José García Suarez, “Pinón”, fue un jefe de taller importante, como técnico y trabajador incansable, honrado, serio y con arte para mandar y trabajar. Sabía apreciar el valor y las necesidades de los demás. Desempeñó una labor en el Grupo, necesaria y excepcional. Conocía todas las instalaciones como si hubiera nacido en ellas, porque trabajaba con ganas, con entrega a su cargo. Cumplió con su deber de buen ciudadano, primero de oficial y después de jefe. Fue muy apreciado por todos los Ingenieros y por el personal, que durante largos años trabajaron con él.
Desde estas páginas quiero rendirle un homenaje, porque se lo merece y como prueba de mi agradecimiento. Un cordial saludo, amigo.
Lo que son las cosas, de los dos Ingenieros que eran mis jefes, Uno valoró las cosas de una forma y el Jefe de Pozo de otra. El primero pensó que lo mejor sería dejarlo todo por mi propio bien, convencido de que nada se podía hacer.
En cambio el jefe que llevaba mucho tiempo trabajando allí, y que me apreciaba mucho y con el mejor de los sentimientos, porque yo mismo vi en él, la pena que sentía por mi triste caso, lo valoró mis trabajos, totalmente diferente y positivo.
El Ingeniero que quiso ayudarme lo comento con el Jefe de Grupo y éste, que me conocía mejor, pensaba que mi capacidad era lo suficiente como para poder resolver el problema. Dos o tres días más tarde, me llamó y nos reunimos los tres en su despacho. Con mis croquis encima de su mesa, los miró detenidamente, mientras yo le iba explicando lo que creí que se podía hacer.
-Después de estudiar todo aquello, le dije a mi jefe, yo estoy convencido de que lo puedo conseguir, el mayor problema que veo en esto, es el tiempo. No tengo suficiente para ir a un taller para hacer pruebas con distintos mecanismos. Aparte de que todo esto me pueda costar mucho dinero. Otro inconveniente es el encontrar un taller que quiera colaborar. Nadie quiere estos trabajos, porque desconocen todo esto y no quieren pararse a trabajar en estas cosas que les parece imposible de conseguir. Estuve en algunos talleres y ninguno quiso colaborar conmigo.
El gran hombre me dijo:
-Eso no será ningún problema, taller lo tenemos aquí, por eso que no quede sin probar. La cuestión es que todo está en tu cabeza y si tú crees que puede salir adelante con ello. La empresa debe ayudarte porque eres un trabajador de los buenos como toda tu familia.
Así razono las cosas, el jefe de Grupo, D. Manuel Gonzalo, un joven Ingeniero Madrileño y más bueno que el pan, después de escucharme con atención le dijo, dirigiéndose al otro Ingeniero:
-Arsenio tiene una base muy importante, es muy trabajador, muy constante, y con su inteligencia es muy probable que pueda sacar algo, que tanto necesita. Lo veo con muchos ánimos y lo cierto es que nadie conoce como él ese problema. Tiene razón cuando dice que si él no lucha nadie va hacer lo que le corresponde sacar a él. Por esa razón le animo a que siga con sus diseños, que son los que le pueden ayudar a defenderse mejor y a resolver ese problema.
Después de comentar distintas cosas sobre la cuestión y de analizar lo que les expliqué, el jefe me dijo:
-Es muy difícil lo que te propones, pero también sé que tiene muy buenas ideas al respecto. Sigue a delante pero con serenidad y tiempo. El taller está a tu disposición para que un oficial o el tornero te ayuden en lo que haga falta.
Este día fue importantísimo, dio una vuelta a mi situación que nunca olvidare. Fue un día clave para mi investigación y pruebas de distintos artefactos que me llevaron a sacar lo que iba ser mi solución, para poder trabajar de todo, ya que mi limitación era total.
Cogió su teléfono y llamó al jefe de taller, José Pinón. Le dijo que iba a ir por el taller, Arsenio. Préstele las ayudas que necesite, ponga un tornero o un oficial a su disposición, lo que le haga falta. Arsenio, con sus diseños les indicará las pruebas que sean necesarias.
Le di las gracias por todo y le dije, procurare ir al taller en horas en las que ellos iban a la mina para estar allí a la salida, y atenderles como siempre. En todo el tiempo que estuve al servicio de estos buenos hombres, tengo que decir en honor a ellos que todos los Ingenieros me trataron muy bien, Luego se dieron cuenta de mi lucha y de mi grado de cumplimiento en el trajo, no se olvidaron nunca de mí, porque valoraron las cosas con realismo y gallardía.
Desde este libro por si un día llega a ellos, les doy mis más expresivas gracias, siempre les recordare con afecto porque se lo merecen de verdad, porque el bien que me hicieron, me ayudo a revolucionar mi vida.
Mi vida discurría triste y solitaria en un rincón de aquella oficina, como atontado y sin hablar con nadie. La tristeza me acompañaba noche y día, pensando en mi difícil porvenir.
Así pase algún tiempo, hasta que un día me dije: ¿tú aquí que pintas?, estás haciendo el ridículo. Por este camino no llegas a ninguna parte. O dejas de sufrir y de fumar y comienzas a estudiar, o bajas a los compresores y te coges a un interruptor de alta tensión y se acaba todo.
Con estos y otros pensamientos y como perdido en el abismo, recordé lo que le había dicho a Alejandro en el Sanatorio Adaro cuando propuso que nos suicidaramos los dos a lavez, poniéndonos al tren. En este momento de mi reflexión, pensé que no podía dejar a mis padres, sería demasiado, no podía ser tan cruel, me necesitaban. Recordé también que al regresar a casa les prometí luchar, para rehacer mi vida. Consideré que sería una traición dejarles. Abrí el cajón de mi mesa, saqué dos cajas de cigarrillos que tenía, bajé las escaleras y me dirigí a la caldera de la calefacción, las arrojé al fuego y dije: “no fumo más”. Subí de nuevo a la Oficina, pasé al despacho del jefe y le dije:
-Voy a buscar el correo, ¿manda alguna cosa?
-Nada.
-Vale, hasta luego.
Baje a Sotrondio, fui a recoger el correo y luego a Galerías Martínez, donde compré un atlas para estudiar geografía además de los libros de aritmética, geometría, gramática, un diccionario y algunas cosas más. Necesitaba cultura general.
En el tiempo libre después del trabajo de cada día, lo repartía en el estudio y el diseño de distintas manos. Llegué a diseñar siete formas distintas. Aun conservo los croquis que muestran mi gran trajo, pues es al que debo parte de mi suerte al salir de aquel atolladero tan duro y desesperado.
Los Ingenieros, que siempre me veían como aprovechaba mi tiempo y sabiendo que en el momento que me llamaran dejaba todo para atenderlos y con rapidez, se sorprendían de mi grado de cumplimiento y de entrega a lo que tan necesario era para mí. Lo primero cumplir con el trabajo para la empresa y después con el mío.
Mi trabajo al servicio de Ingeniería era muy fácil y de poco trabajo una vez que uno ya conoce todo.
Una mañana me dijo uno de ellos D. Enrique Borja:
-Arsenio, me llama la atención cómo trabaja tanto, ¿puede decirme que es lo que está haciendo? Me fijo que usted no levanta cabeza excepto cuando lo llamamos.
Le expliqué el motivo de mis estudios y el diseño de mis aparatos.
-Muy bien, eso es muy importante, esta tarde cuando regrese, pase a mi despacho con todo lo que tenga, vamos estudiar esos planos para ver si puedo ayudarlo, me dijo.
-Machas gracias señor así será.
En cuanto llegó aquella misma tarde dijo que pasara, a ver que se podía hacer. Trabajamos en su despacho toda la tarde. Después de explicarle el sentido de cada cosa, porque los planos eran tan rústicos y mal hechos, que solo yo los podía entender. Ya que no tenía conocimientos suficientes para tal caso, pero me valían para poder trabajar y ver lo que podía sacar.
Les dio vueltas y cálculo varias posibilidades, pero al final dijo:
Me parece demasiado todo esto, yo, que usted, lo dejaría, va a volverse loco. Yo que dómino bien las matemáticas, dijo, no me atrevo con ello, de nuevo le aconsejo que lo deje.
-No lo puedo dejar señor, muchas gracias por querer ayudarme. Tengo que seguir, se trata de mis manos y no puedo claudicar. ¿A dónde voy con esto? Tengo que sacar algo nuevo, comprenda que nadie más que yo conoce mis problemas. Tendré que seguir investigando, con trabajo y suerte es posible que pueda sacar algo que sirva para poder valerme. Tenga en cuenta señor que aquí no gano para comer, ¿cómo me voy arreglar el día que falten mis padres?. No voy a de dicarme a mendigar. Yo eso no lo soporto, prefiero la muerte.
Este ingeniero, que era buena persona y a pesar de estar poco tiempo en el Grupo, quiso ayudarme. Vio que yo estaba sufriendo demasiado, vio como trabajaba sin cesar y que no había en mi mente, más pensamiento que estudiar lo que yo mismo consideraba necesario.
-Muchas gracias, le agradezco de corazón que se interese por mi problema, pero no me queda más remedio que seguir adelante. Lucharé hasta donde pueda, estoy convencido de que tarde o temprano, algo ha de salir. No lo voy a dejar pero tampoco va a pasar nada, sé que el camino para mí ha de ser duro y escabroso y que no tengo más remedio que soportarlo. Pienso que un día pueda cambiar casi todo si consigo mecanizar unos aparatos que me permitan trabajar. Usted sabe que estos aparatos son muy débiles y no puedo defenderme. ¿Cómo lo voy a dejar? Además, llevo toda mi vida trabajando y hoy no puedo. El tiempo parado para mí es insoportable y si lo consigo podré levantar mi pobre economía.
Aquel gran hombre, que me miraba sorprendo por lo que acaba de decirle, me dijo:
-Aunque consiga mejorar sus aparatos ¿en qué piensa trabajar?
-En muchas cosas: criando ganado, terneros y cerdos, y sembrando en mi finca para poder comer. Aparte de que el ganado da dinero, podré producir patatas, cebollas, ajos, y verduras para todo el año y eso ya es mucho para poder mantener una casa.
Seguramente que seguiría pensando que todo aquello me iba ser imposible. Por un momento guardó silencio, al momento le llamaron al teléfono, salí del despacho y lo dejamos como estaba.
Aunque aquel Ingeniero lo viera imposible, para mí no lo era, a pesar de mis pocos conocimientos, pensé que luchando algo saldría más tarde o más temprano y lo conseguí.





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