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Arsenio Fernández

 

Diseño y montaje de una cortadora de perfil de hierro. Esta cortadora fue la primera máquina que diseñe. Dándome cuenta de que la desbarvadora móvil, me resultaba muy pasada ya que después de trabajar con ella un tiempo me rendía los brazos. Para montar un techo de una nave son muchas las viguetas que hay que cortar y largas horas de trabajo. Además que las desbravadoras son peligrosas y sobre todo para mí. Por eso se me ocurrió diseñar esta gran máquina, que sería una excelente solución a muchos de mis problemas para trabajar.Coratadora de perfil de hierro Sin esta pocas casas podría hacer. Con esta cortadora y esmeriladora, pude hacer cantidad de trabajos. Sin ninguna duda fue la que me ayudo a revolucionar mi vida de múltiples trabajos. Además de cortar fuertes viguetas, hasta me sirve para los trabajos y montaje de mis prótesis y la artesanía en acero inoxidable. Es una robusta y fuerte maquina que lleva más de cuarenta años trabajando, nunca me dio una avería.

 

 

Con ella cortaba las viguetas en mi taller y con la desbarvadora mediana esmerilo en los techos o donde haga falta, porque es más liguera y la adapte a mis posibilidades.

Este tipo de trabajos se pueden ver en el video que se a compaña y que está situada en el margen izquierdo, a lado de galería de fotos

Aunque hay gente que le tiene miedo por parecerles muy peligrosa, a mi nunca medio ni un susto ya que nunca se le rompió un disco, porque la tengo controlada

                                                                                                             

. Es muy fácil, aunque lleva un motor de gran potencia de 2,5 hp. Y un disco brasivo de 3,50 mm. No da ningún problema porque la tengo a punto de seguridad máxima. Con las correas flojas para que en caso de un tirón patine se para por completo y es la mejor seguridad. Es cierto que este tipo de maquinaria puede haber un tirón por los defectos del mismo perfil o por un falso movimiento de la vigueta, pero no en este caso porque todo esta contralado. Esto lo demuestran los más de 40 años de servicio con ella y nunca hubo un fallo. Todas estas cosas son muy importantes a la hora de ponerse a trabajar con cualquier maquina. Lo primero es estudiarla a fondo para saber los problemas que puedan salir y evitarlos de alguna forma. 

En este tiempo ya hay muchas y muy buenas maquinas en el mercado, pero yo me quedo con la mía. Pues a pate de ser muy segura es mi diseño y la tengo con mucho aprecio. Por lo que me ayudo en la vida y me sigue ayudando. Porque siempre hay algo que trabajar con ella. Entre otras cosas, la reparación de mis prótesis, que ya no es muy poco. Pues si tuviera que pagar por ellas, se rían varios problemas y el primero que no se encuentra fácil quien haga estos trabajos y lo pocos que los hacen cobran cantidades desorbitadas. Tanto cobran que mucha gente ni lo puede pagar.

Una mañana antes de ir para el hospital con mi hermano, me acerque al regimiento de San Quintín, al que se había incorporado. Pregunté por sus compañeros para que me informaran de lo sucedido. Aun estaban asombrados de cómo aquel hombre pudo aguantar tanto tiempo sin comer. Me contaron que por el asco que había cogido a las comidas no pudo meter un bocado de nada. Algunas veces intentaba comer una lata de bonito o un chorizo de casa, otras veces frutos secos, pero no podía y se los daba a sus compañeros. Había renegado de la comida en general, por más que lo intentaba no pudo comer.

En una de sus cartas a la familia, decía que no le gusta la comida y que le enviaran chorizos, latas de bonito y frutos secos; pero sin dar más explicaciones al respecto. Cuando nos enteramos casi ya era tarde, pero llegamos a tiempo.

El primer día que fui a trabajar la gente me preguntó por mi hermano. No me dio tiempo a decir más que se encontraba mejor, cuando saltó el energúmeno de siempre diciendo:

-Estará mejor, pero en el regimiento de San Quintín, en Valladolid ¿Pensaste que el Ejército te iba escuchar?

Le di la espalda y seguí hablando con otros compañeros:

-Gracias a Dios ya está en casa licenciado y contento.

El otro que escuchaba, seguro que rabioso por haberlo conseguido, dijo:

-Este tío está metido hasta en el Ejército- y añadió, es de locura que el Ejército atienda estas cosas.

Más fuerte que la locura era el odio que él sentía por la gente que luchaba y que hacía por la vida. La envidia que sentía era superior a él y estaba unida a su mala forma de ser. Yo nunca me metí ni en política ni en ninguna parte más que en mi trabajo, pero este ignorante salió con esa patochada, que no se le ocurriría más que a uno como él, que seguro nació al revés. Con cierta frecuencia me llamaba ladrón solo por el hecho de pisotearme humillarme. Decía que todos los comerciantes éramos unos ladrones y yo también, que si todos robaban ¿Que es, que iba a ser yo el guapo y no robar? Después de comer fumaba un farias y éste decía: “dentro de poco en lugar de farias ya serán habanos y no uno solo, se traerá su cigarrera de seis en el bolsillo de arriba. Estos comerciantes ladrones suben como la espuma”. Me daba codazos al pasar junto a mí, hasta me empujaba, siempre estaba al quite para darme a maza. Si tenía o no un despiste se ensañaba conmigo. Fue poco me nos que un criminal, abusó lo que le dio la gana, me hizo pasar mucho tiempo sufriendo sin saber qué iba a hacer. Yo me encontraba aturdido, desolado por lo de mis manos, reventado de tanto trabajar, además de mi falta de experiencia por lo joven que era y me salió este sinvergüenza para terminar de amargarme la vida. Por mi ignorancia m e temía el dar parte a los jefes, porque después me llamarían chivato. Eso era considerado una falta muy mala. Hasta llegué a odiar ir a trabajar allí por este malvado. Atormentado de tanto sufrir, hasta temí ponerle mano y destrozar mi vida.

Para dar una idea de lo malísimo que fue, basta con decir que un compañero y buen amigo en cierta ocasión me contó varias de sus miserables acciones. Literalmente describo como se expreso para contarlo:

-Anoche el hijo puta y maldito sinvergüenza que tanto nos machaca, me dejó asustado por lo traidor que es. Estábamos en el bar y uno de la tertulia comenzó a hablar de ti poniéndote por allí arriba como te mereces, diciendo que eras un hombre con unos recursos incalculables, que trabajas de todo y que eres muy serio, todo un hombre. Este que siempre te dio a maza, que te machaca, añadió: “no sé cómo lo puedes soportar ¿por qué no das cuenta de él a los Ingenieros y te libras de este maldito?” Yo mismo veo el desprecio que te hace y sufro ¿Cómo lo estarás pasando tú? Siempre que sale tu nombre a relucir, te desprecia con sus miserables argumentos, siempre fue un sin vergüenza, un caradura. Con su maldita cara dijo ayer: “sí, Arsenio nació con un don, no se le pone nada por delante, luchó mucho, yo no sé ni cómo se las arregla, creo que sirve hasta para Policía, porque busca e investiga. Fijaos que dio la vuelta a toda España por teléfono, comenzó en la Coruña buscando una semilla extranjera, que solo había en un lugar de todo el País, y el tipo dio con ella, porque quería hacer unas pruebas con ella y producirla aquí en Asturias.

Cierto, se trataba de una semilla de soja, que quise introducir en nuestra zona. Con seguí dos variedades en Zaragoza, las enviaron, las sembramos pero no funcionó, no salió ni una semilla, parece que no se da en esta zona. La soja fue y es un producto muy importante por su aceite y por el turto, que se emplea en la fabricación de los piensos por ser muy rica en proteínas, un 44% y es vital en la alimentación del ganado. Dado que resulta muy cara al ser importada de América y tener que pagarla en dólares, quise producirla en nuestras tierras, pero no me fue posible. Esta sería una de las muchas pruebas que hice a través de mis años, ya desde bien joven comencé con mis proyectos de investigación en diversas materias.

Siguió diciendo el amigo:

-Siempre te despreciaba y te machacaba y de repente sale con esas, ¡no lo podía creer! Al comenzar a hablar pensé que iba a hacer como siempre, desvirtuar tu persona y quitarle importancia a tu lucha. A mí también me da a maza, siempre ha sido igual. Es de mal proceder, solamente es bueno de sus amigos y los jefes. Nunca nos pudo ver ni a ti ni a mí, y todo por su mala entraña porque tú no molestas a nadie y yo tampoco.

Sus abusos y desprecios continuaron durante años, hasta que ya no pude aguantar más. Después de dar vueltas al asunto llegué a una conclusión: dar cuenta de sus actuaciones. Una mañana, al incorporarme al trabajo, pasé al despacho del jefe. Le dije:

-Fulanito de tal, está cometiendo un grave error conmigo.

Le explique todos los pormenores. 

-Con este caso solo hay tres soluciones, la primera que usted, como jefe inmediato, le llame la atención; segundo, si esto no diera resultado, lo llevaré ante la Dirección de la Empresa.

-¿La otra? Me dijo el muy sorprendido.

-La otra es más dura, si me sigue atropellando de esa manera No tendré más remedio que tomar medidas drásticas por mi cuenta, prefiero la muerte antes de vivir atropellado por ese malvado, le aseguro que no voy a tolerar más las humillaciones que hace conmigo, sin ninguna razón, ya no puedo soportar más, esa barbaridad. Hare lo que tenga que hacer para librarme de esa alimaña.

Aquella entrevista con el jefe dio buen resultado, en dos años no volvió a molestarme, pero como si se hubiera olvidado de lo que el Jefe le hubiera dicho comenzó de nuevo a atacarme. Esta vez no me hizo falta intervenir, el Ingeniero jefe se dio cuenta perfectamente de su mala actuación conmigo. Creo que alguno le había comentado algo al respecto y llevaba tiempo observándole. Un día me dijo:

A ese imbécil ¿qué le pasa contigo? Llevo tiempo viendo que te trata muy mal.

Le expliqué todo lo que hizo conmigo. El jefe, muy enfadado, dijo:

-Ese individuo no podrá meterse en tu trabajo más, a partir de hoy estarás solo al servicio de la oficina de Ingeniería, no tienes por qué aguantar a este oveya. 

Llamó al jefe de oficinas y delante de mí le dijo:

-Arsenio, a partir de hoy, solo pertenece a este servicio, que quede claro.

El otro Jefe sabía por qué lo decía y le dijo:

-Muy bien, así será.

El canalla se quedó a la altura del barro. Su maldad le sirvió para ser despreciado por algunas personas que observaron su mal proceder. De nada le sirvió hacer daño sin ninguna razón. Tarde o temprano se recibe el merecido, la razón siempre gana. Hay un viejo dicho que dice “cuando uno lo hace mal, hasta las piedras se vuelven contra él”

Allá en Valladolid con aquel inmenso calor, pasé varios días esperando que llegara el día 15 para que se celebrar el tribunal médico y acompañando a mi hermano que estaba en una sala de varias camas, donde habai varias personas entre estos un guardia civil muriéndose, daba pena oírle quejarse. Le ayude en lo poco que yo podía, darle agua y taparlo para que no pasara frio, tenía una fiebre enorme. Sufrí por aquel hombre porque nedie se preuco por él. Para darme las gracias, me cogía la mano en señal de agradecimiento, el pobrecillo ya no podía ni hablar porque ya no tenía ni fuerzas. Entre los señores de aquella sala,habia tres chavales jóvenes. No sé la razón de por la  qué estaban allí, pero poco o nada debían de tener porque saltaban, jugaban y se reían todo el día con un enorme ruido que no se podían soportar, ni estando sano, cuanto más en el estado de aquel hombre que sufría en cantidad. Varias veces les dije:

-Por favor, este hombre está sufriendo mucho, un poco mas de silencio, esdamasiado lo que le molesta tanto ruido, ya no tiene fuerzas ni para hablar.

No me hicieron ni caso. El resto de los pacientes nada les decían ni tampoco se preocuparon del que tan grave estaba. No sé si por la enfermedad que padecía, que desconozco, o porque era Guardia Civil, pero no le atendían nunca ni le ayudaban en nada, cosa que me pereció muy mal. En cuanto vi aquello ya no les dije más. De nada sirvieron mis palabras, siguieron con su juerga sin pensar en los enfermos que estaban padeciendo. Me dedique a atender a mi hermano y al Guardia civil porque era mi deber ayudar a quien tanto sufre. Aquí vemos una vez más lo mal que se comportan algunas personas, ni los animales hacen esas cosas, despreciar a sus semejantes. La vida da muchas vueltas, nunca se sabe donde nos podemos ver ni de quien necesitamos.

Allí lo pase muy mal, aparte de estar cuidando a dos enfermos, hacía un calor tremendo y el agua en el Hospital estaba muy caliente y sabía muy mal. Un día, no sé si por el agua, o por una cerveza fría que bebí al ir a mi pensión o por lo poco que había cenado, al llegar a mi habitación comencé a vomitar por arriba y por bajo. Me dio una congestión que creí morirme de lo mal que lo pasé toda la noche,  solo y sin ayuda de nadie. El que no haya sufrido una congestión no puede calcular lo malo que es. Hubo hasta gente que se murió. Es de terror lo que se sufre.

Llegó el día 15 y mi hermano pasó el Tribunal. En un momento terminó. Nos despedimos del Comandante y volvimos a Asturias. El pobre guardia civil ya se había muerto dos `días antes, lo que mucho sentí. Debo decir que cuando salimos de aquella sala, no lesdijimos ni adiós, como señal de lo mal que secomportaron con el humbre que se estaba muriendo.

El regreso a casa de mi hermano Lursito, fue como un milagro porque en poco tiempo se recuperó. Su única enfermedad fue el hambre que casi lo mata y que se juntó con el sufrimiento por la pérdida del hermano.

Nunca me olvide de lo mucho que sufrió aquel Guardia Civil, y de aquella gente que tan mal se comportaron con él, dejándolo abandonado y sin poner orden en la sala. Aunque lo ayude en lo que pude no me gusto aquel triste cuadro que dejaron grabado en mi mente para siempre. Por más vueltas que le doy nunca entendí esa forma de comportarse de aquel la gente.

Un Guardia Civil es un hombre como los demás. Yo trabaje 42 años como conserje en las oficinas del Grupo San Martin. Donde la Guardia Civil, pasaban muchas horas todos los días por vigilancia de industria, y conviví con ellos como con el restos de los compañeros de trabajo. Gente normal muy atentos, siempre me apreciaron mucho y yo a ellos. Que hay alguno restorcido, eso ocurre en todas partes. Gente buena o mala la hay acá y allá. Además todos cometemos errores alguna vez.

Hay alguna gente que cuando ve un coche en la carreta de la guardia civil, le tiene miedo. Yo no lo entiendo, si tú vas bien ellos nada te dicen. Si tienes un problema te ayudan. Ellos no son el coco.  Están para velar por la seguridad de la gente y evitar las locuras que algunos conductores cometen.

La mejor prueba de su gran servicio a la humanidad, es que este cuerpo de la Guardia Civil fue creado el 13 de mayo de 1844, como fuerza de seguridad del estado Español y como siempre, con su gran servicio a la patria, velando por los intereses y el orden público. Por lo tanto hay que respetarlo y valorar la labor tan importante que desempeña. ¿Qué sería el mundo, hoy y siempre, sin este cuerpo? Por su gran merito propio y por lo importante que es, permanece y creo que seguirá mientras haya mundo.

¿Que echan multas en carretera? Sí, pero es por orden del gobierno, Ellos no hacen las leyes, y son un trabajador más. ¿Qué seria sin ellos en las carreteras? Y en todos partes. Hay que ver la cantidad de accidentes que se evitan con las multas. Yo llevo 40 años conduciendo y no pague multas hasta hace poco tiempo, por la razón de que siempre procure cumplir con las normas de la carretera.

¿Qué porque pague dos multas y dos puntos que me quitaron? Por ir despistado, “atrofiado” por sufrir al morir mi esposa. Pues hubo un tiempo que no pude coger el coche porque no sabía por dónde iba. Vi que era un peligro y lo deje por un tiempo hasta que me fui serenando un poco. Tanto sufrí por mi esposa que casi pierdo el norte. Al salir al principio me pillo un radar las dos veces en mismo lado, y casi seguidas las dos multas. En la autopista a la entrada de a Gijón. Metí la gamba por no me fijar, que voy hacer más que pagar. Ya sé que es mucho pero hay que mirar cómo vamos a plomando en este tiempo en carretera. Se bajo la velocidad y se cumple muchísimo mejor, no hay más que fijarse. La gente tomo conciencia del peligro y circulamos mucho más suave y como debe ser. No me quedo otro remedio si voy al volante que ponerme las pilas y cumplir con las normas vigentes. Yo lo tengo muy claro. Si cometo una infracción y me multan a pagar y callar. Si me multaran cosa no probable y no cometo la infracción, la reclamo. No podemos disfrazar las cosas, hay que valorarlas como son, no nos sirve el echar la culpa a los de demás.

Toda la familia fue minera y los que no murieron en la mina, murieron de la silicosis, ahogados sufriendo por no poder respirar y viéndose morir poco a poco.

Mi hermano Lursito tuvo un serio problema al incorporase al servicio militar. Fecha en la que nuestro hermano Constantino, murió en la mina con solo 27 años, casado y con dos hijos de corta edad. Tubo que incorporarse a la mili. Marchaba llorando de pena por el hermano recién muerto y del disgusto que tenía no era capaz ni de comer.

Incorporado al Regimiento de San Quintín, Valladolid, para terminar de fastidiarle, en una de las comidas se encontró con una cucaracha y al día siguiente con el ojo de un gallo. Le cogió tanta repugnancia al rancho que ya no pudo comer más. Se dejó de tal forma hasta que enfermó y casi se muere de hambre. Lo ingresaron en el hospital militar de Valladolid.

 Daniel, otro hermano, se encontraba de vacaciones con su esposa en León. A tomar el sol de castilla para aliviar un poco la tremenda silicosis que padecía y poder respirar mejor, tenía 33 años y ya no podía ni caminar. Fueron hacerle una visita a Lursito. Llegaron al regimiento y no estaba. La familia no teníamos noticias de lo que estaba pasando. Allí le dijeron que había sido hospitalizado pero que no sabían cómo se encontraba. Una vez en el hospital, Daniel le preguntó qué le pasaba. Lursuto le dijo que nada, que lo que él tenía se curaba nada más regresar a casa y descansar bajo los cerezos del Cantruvalle en la finca de de la casa.

Pidió que me llamara, que era el único que le podía salvar, diciendo que si no, allí se moriría. Daniel cogió el teléfono y me llamó a la oficina. Eran las 4 de la tarde. Me contó lo que pasaba. Me pidió saliera para allá lo antes posible, que estaba muy mal.

Subí al despacho del Ingeniero, mi jefe y le conté lo que había, me dijo

-Arsenio sale ya a buscar a Lursito, hay que ayudarlo es muy buen chaval. Le apreciaban mucho, bien le conocían, era hombre de confianza de los Ingenieros, porque que siempre fue asustituirme en mi trabajo, en los viajes que hacia a Madrid y otras partes.

Coge esta misma noche el expreso hacia Madrid, me dijo: Don Emilio Casas, que llegara a las 4 de la mañana a Valladolid. Te buscas una pensión para dormir algunas horas. A las 9 ya podras estar con tu hermano en el hospital. Me dio una tarjeta y me dijo que él mismo localizaría a su suegro, que había sido Gobernador Militar de León, pero que ahora se encontraba en las Islas Canarias. Le di las gracias, salí para casa a cambiarme, cogí mi equipaje y salí para Oviedo a coger el tren. Todo salió como estaba previsto. A las 8 y media de la mañana ya estaba en el Hospital. Pasé a ver a mi hermano y lo encontré tan  mal que me asuste un poco. Daba pena verlo en cama como si fuera un cadáver. Estaba como un esqueleto, blanco y sin fuerzas para moverse y alimentado por un gotero.  Pedí permiso para hablar con el Comandante médico y me autorizaron. Me atendió muy bien y me dijo:

Tranquilo, hare todo lo posible por ayudarte, pero que había que esperar hasta el día cinco, ocho días más tarde para pasar un tribunal médico. Aquel gran hombre como si me conociera de toda la vida me dijo: Arsenio, estas muy disgustado, no sufras tanto porque llevaras a tu hermano contigo para casa. Es cierto que está muy mal pero como el mismo dice, encasa se recuperar. Si el cupo del día 5 estuviera completo, lo presentamos el día 15 y solo son unos días más. En aquel momento me di cuenta de que el Comandante tenía muy buen corazón, y que era amigo de hace bien a los demás. Cuando una persona actúa con nobleza pronto se ve y eso me tranquilice mucho, le di las gracias, nos despedimos y fui a ver de nuevo a mi hermano.

-El Comandante es muy buna persona, fue muy atento y me prometió ayudarnos. Te presentara en el tribunal del día 5  para mandarte a casa. Esta misma tarde salgo para Madrid, tranquilízate, creo que conseguiremos regresar juntos a casa. No dudo del Comandante, es hombre serio y nos ayudara, pero por si tuviera problemas para presentarte, en uno de los días 5 o 15, quiero exponer tu caso en Madrid. Tengo buenas amistades y no dejaran de ayudarnos si nos hiciera falta. Regresaré lo antes posible. La verdad es que mi hermano estaba muy mal, y yo quería llevarlo a casa por si se podía recuperar. Me di cuenta que si no actuaba con rapidez allí se moría, no me podía dormir en los laureles. Creo que ya era demasiado tiempo sin más alimento que suero y eso tendría su limitación, y una complicación podía llegar en cualquier momento, dodo lo débil que se encontraba y la baja moral que tenia.

Después de regresar de Madrid el comándate médico, me dijo que no se podía meter en el tribunal el día 5 porque el cupo ya estaba cubierto, pero me prometió que con seguridad el día 15 a la 1 de la tarde saldría conmigo para Asturias. El tribunal sería de 10 a 12 y pico, lo suficiente como para salir a la hora prevista. Se lo comuniqué a mi hermano y le dije que tenía que ir a trabajar hasta el día antes. Ya llevaba varios días fuera y debía cumplir con mi trabajo y mis jefes.

Mi hermano muy disgustado y asustado, por fallar lo del tribunal del día 5, me dijo:

No marches Arsenio, no me dejes solo porque si tu marchas, nadie va hacer nada y aquí me muero.

Tranquilo hermano, yo nunca falle y esta vez tampoco. Te prometo que el día 15 saldrás de aquí licenciado y todo quedara en el recuerdo, no sufras. Tengo que cumplir con mis jefes que me ayudan y me dan facilidades para estos viajes, además de interesarse por ti. El día antes a primera hora estaré aquí para hablar con el comandante y que todo salga como está previsto.

Regrese aquella noche para incorporarme al trabajo al día siguiente. Nunca olvidare la bondad y categoría de aquel Ingeniero. Don Emilio Casas. Al llegara a su despacho lo primero que me dijo: ¿Trajiste a Lusito contigo? Cómo se en cuenta

Después de contarle todo, me dijo:

-Arsenio, eres mundial, vete con tu hermano, y no le dejes solo para que no sufra. Tu compañía es para él vital en estos momentos por los que está pasando el pobre hombre, no vuelvas hasta que no sea con él.

Me dio un abrazo y me deseó suerte. Nunca olvidaré la gracia de aquel hombre noble y agradable, con buen corazón. D. Emilio Casas Ingeniero Jefe del Pozo San Mames. Hasta para mandar las cosas en el trabajo lo hacía con su prudente forma de ser. Hace años que no sé de él, pero seguro que donde esté el tampoco se olvida de mí. Él también sabía que yo mucho le apreciaba. Qué diferencia de aquel hombre, a otro jefe que aquel mismo día y en el momento de anunciar mi marcha a buscar a mi hermano, dijo: al resto del personal:

-Arsenio se va a Valladolid a buscar a su hermano, que está en el Ejército. Cuando llegue al Hospital Miliar se va encontrar con un Comandante Médico, con un mandilón blanco y unas legas, y dando un taconazo, le saludará, pero el hermano allí se quedará.

Todos se callaron excepto uno que tiene más veneno que una mamba negra. En toda su vida no tuvo más que maldad, envidia de todo, me dijo: riéndose de mí como lo hacía siempre:

-Tú eres tonto chaval, ¿qué te crees que el Ejército te va atender a ti? Tu hermano está cumpliendo el servició militar y si tiene que morir que se muera, es por la patria.

Le miré con desprecio, porque era lo que se merecía, pero no le día contestación, porque lo único que merecía era darle con una estaca hasta echarlo. Siempre fue una persona repugnante, un ignorante presumido, que no le quedaba bien ni la corbata que siempre gastó.

Salí con doble disgusto, uno por la situación de mi hermano y el otro por tener que soportar aquellos dos malditos energúmenos, que parecían divertirse con el sufrimiento de los demás. El primero no era dañino, aunque siempre tuvo alguna de esas pijadas, pero el segundo daba pena al ver su mala forma de ser. Es un tío perverso y malo de verdad, todavía vive. Desde luego que no pongo su nombre, pero lo que está bien claro, es que si leyera este artículo, se daría perfecta cuenta de que me refiero a él, porque el resto de la gente eran normales y el miserable sabe muy bien el daño que siempre hizo.

Terrible desgracia la de mi hermano Belarmino, que a punto estuvo de morir gangrenado. Solo por la fractura de su pierna derecha por el fémur. Fue ingresado en el Sanatorio Julio Jilin de Sama, situado en la plaza la salve porque el Sanatorio Adaro estaba lleno. Le pusieron una escayola y le colgaron por la rodilla. Era como curaban en aquel tiempo las fracturas de piernas. Como si fuera un perro atado, no se preocuparon de él. Por mala colocación de la escayola le produjo un hematoma en los dedos del pie derecho, que le producía fuertes y continuos dolores. De nada le sirvió llamar al enfermero y decirle, por favor quitarme esta escayola que me mata de dolores, ya no puedo con mas.

Pasaban los días y aquello aumentaba, aquel hombre daba gritos de dolor, atado y sin poder moverse de su lecho, fue un mártir. Es increíble, lo mismo daba hablar con el médico, que no le escuchaba. Hasta que ya con una fiebre de caballo y con unos olores que apestaban, de su pie podrido, no actuaron. Cuando le quitaron la maldita escayola apareció el tremendo daño que soportaba. Había una gangrena en el pie. Estaba ya podrido, negro como el carbón.

La prueba de lo mal que fue colocada la escayola es que si la fractura fue de fémur y sin golpe ni daño alguno en el pie, surgió ese daño, que podo ser evitado. Si le hubieran atendido en los primeros días de su dolor. Desde el primer momento les dijo, esta escayola me molesta mucho en el pie, está muy apretada, sería bueno hacerle un pequeño corte para ver lo que hay, para evitar estos dolores, les decía mi hermano, pero no le atendieron.

¡Cuánto sufrió aquel hombre allí colgado en la cama del hospital! y ¡cuántos días tuvieron que pasar para dar lugar a una infección que no existía! Mi hermano, fuerte como un roble, duro como el acero, no se quejaba de vicio. Tenía los ojos llorosos de sufrir y la piel blanca producida por el gran dolor que le atormentaba. Se quejaba noche y día por los inmensos dolores que padecía pero nadie le atendía. Era como un castigo, pero como él mismo decía: “lo malo es que no me duele por donde está rota la pierna, ¿por qué tiene que ser por esa parte si no hay nada?” Ni de eso se dio cuenta el médico.

He conocido a personas súper inteligentes, mujeres y hombres, con una capacidad inmensa. Con un gran concepto de su profesión, amables, trabajadores, con unos méritos excepcionales. Pero he conocido también algunos con carreras, cuyas carreras no estaban en su sitio. Torpes, ignorantes e incapaces de tomar decisiones en momentos tan necesarios como importantes. Mirando a los de a pié como si fuéramos mulos de carga. Con desprecio, con un complejo de superioridad monumental y sin conocimiento para desenvolverse en lo suyo.

Lo más triste de estos casos es que aquí en España nadie les dice nada ni les apartan de su cargo para el que no valen. Por ejemplo en Reino unido donde esta mi hijo, como médico especialista en siquiatría, el que no vale lo quitan del servicio. En uno de mis viajes donde pase varios meses en distintas fechas, he visto llorar a un médico Español que le dijeron. Usted no vale para médico, baya adonde quiera pero aquí no puede trabajar. Duro pero real. Desconozco lo que ocurrió. Solo sé que tuvo que marchar.

Por eso paga el pato como siempre, el más débil. Así era aquel médico, que estropeó la vida de mi hermano. Hubo que amputarle el pie y hasta en la amputación le dejo una esquirla, pero por quedar afectado para el resto de su vida, nunca la quiso quitar, y le amargaría todos los días de su vida. Con mucha frecuencia se le infectaba y casi siempre permaneció esa herida abierta por el movimiento al andar. La maldita esquirla, un hueso muy punteado que no quitaron le lesionaba el tejido. Como era normal muchas veces le dijimos que fuera a quitarla. Que era una cosa simple, había médicos muy buenos y no le pasaría nada.

Aunque todos  no eran como aquel, que casi le mata. No se decidió a quitarla, fue superior a sus fuerzas, había sido demasiado lo que sufrió para olvidarlo. Seguramente que ya nunca se fió de ellos, el miedo y terror permanecerían dentro de su ser, sin poder librarse de aquel triste recuerdo que llevó sobre sus hombros como si fuera un castigo.

Nadie duda que todos los humanos podemos tener errores, es comprensible y se perdonan la mayoría de las veces, pero en este caso no hay más que decir que la verdad. Aquí no hay error posible, lo que hay es un animal vestido de médico. Si un hombre está noche y día clamando rabiado por el dolor y durante largo tiempo ¿cómo es que ese médico no le hace ni caso? ¿Por qué no le revisó su escayola? ¿Por qué no consideró y reflexionó si el enfermo se quejaba de vicio o con razón?

Es imposible encontrar disculpa para esto, que no tiene ni pies ni cabeza, cuanto más uno le da vueltas más culpa le da al que casi lo mata por no saber atenderlo. Nada puede haber que justifique tanto daño, hasta un animal saldría en su defensa, seguro. Era un desprecio y un abandono que nadie podrá entender.

Cuando vieron la gangrena de su pie, llamaron a la familia y les comunicaron que le tenían que amputar la pierna por arriba.

Dado que mi padre ya no tenía ninguna fe en aquel médico, fue a visitar a Dr. D. Vicente Vallina, en otro hospital, para que interviniera. Dr. D. Vicente, un gran profesional y buena persona, intervino y le salvó su pierna. Dijo al médico responsable del Sanatorio, que cortar por arriba tiempo había, pero que de momento solo se le cortara el pie por lo sano para atajar, si era posible, la gangrena. Gracias que Don Vicente era el Jefe y fue la salvación de su pierna, solo le cortaron el pie y pudo defenderse durante varios años más, pero con muchas dificultades.

Le dejaron una mísera pensión y para poder vivir se dedicó a la madera algunos años. Más tarde, al casarse y ver que aquello no rendía lo suficiente como para mantener una familia, se fue de nuevo a la mina a picar carbón. Como si estuviera útil. Allí cogió la silicosis y en los últimos años de su vida sufriría de nuevo otro trauma por mala circulación en la pierna: tuvieron que amputar esta  por arriba. Lo pasó muy mal, hasta para morir. Si le era poco pelear con la silicosis, le vino lo de la pierna. A parte de morir muy joven, sufrió toda su vida el trauma que pudo haber sido normal, si hubiera sido atendido a tiempo.