No todo es de color de rosa como lo pintan las malas lenguas. Hubo algun boca fría que pensó que por estar con los Ingenieros yo ya podía hacer y deshacer a mi antojo. No era así: los Jefes son Jefes allí y en Sierra Morena. No se movía una paja sin sus órdenes, ponían firme al más bravo.
Aquella obra una estafa que me hizo aquel señor que no tenía ni corazón ni vergüenza y que mejor sería que nunca hubiera conocido. En cambio, algunos lo interpretaron como una forma de apoderarme de aquellos terrenos. No fue así.
Hasta intentaron parar el Pozo como protesta. Es denigrante adonde llegan algunas personas por hacer daño sin saber el porque de las cosas. La prueba está bien clara. ¿Por qué no fueron a la empresa a pedirle explicaciones antes de criticarme y de poner mi conducta en entredicho? Y movilizar mucha gente. Fallaron, metieron la pata hasta el fondo. Yo no merecía eso, era un compañero más, un minero picador de carbón a la puerta de la mina, trabajando de conserje, con un mísero sueldo por haber perdido las dos manos, no por enchufes ni gaitas. De no haberme surgido esta desgracia yo seguiría siendo picador y no otra cosa. Mi historia está a la vista y bien conocida. Que la copien algunos. Que miren hacia atrás y examinen mi esclavitud y lo que tuve que pasar para salir adelante. Que ellos tengan mucha suerte y que no pasen por donde yo tuve que pasar. No les deseo ningún mal pero sí recordarles el daño que me hicieron y que reflexionen sobre lo mal que se portaron con un compañero del mismo Pozo.
Hasta un representante sindical en una reunión en la llamada “Moncloa” de Sotrondio con un Jefe de Sector, el Ingeniero de otro Pozo y un Geólogo, dijo al terminar. “Lo que es una vergüenza es lo que pasa en el Pozo San Mames, manda más el conserje que el Ingeniero”. Con eso dejó bien claro su baja calidad humana y su escasa cultura y ninguna consideración. ¡Vaya representación para los mineros!: ¿Por qué no se informó en lugar de hablar de asuntos que desconocía por completo? Muy fácil: porque era igual que los miserables que le dieron esa falsa información.
El Geólogo, que era una excelente persona y amigo del Ingeniero y mío, vino a vernos al momento de salir. Reunidos los tres en el despacho de mi Jefe nos dijo: “No me creo lo que está pasando. Siendo personas inteligentes como sois los dos, cómo se os ocurre cerrar esa escombrera y meter las vacas de Arsenio alli Las críticas son monumentales. Sacarlas ya”.
Fue entonces cuando nos contó lo ocurrido. Nos quedamos de piedra y le dimos las gracias por actuar de aquella forma y avisarnos de lo que estaba pasando.
Le explicamos entonces lo que en realidad había sucedido y yo mismo le recordé que estando él en una reunión hacia ya casi dos años ese Jefe de Sector me pidió hacer aquella obra a fondo perdido. “Efectivamente que lo recuerdo” me dijo.”Pero no me di cuenta de eso. Lastima fué no acordarme para así informar al representante sindical de la terrible equivocación de estas críticas y también la de él porque debió pedir información a la empresa. Su comportamiento fue denigrante poniendo en duda la conducta del jefe de Pozo y la tuya también”
Lo más grave y triste de esta historia, además de la pérdida económica, es que el jefe que me obligó a realizar esa obra era el mismo que estaba presente en aquella reunión, escuchando la denuncia del representante sindical sin decir nada. De haber sido un caballero le habría preguntado al in dividuo, ¿Por qué motivo dice usted eso? Si se refiere a lo de la escombrera, está usted equivocado. Esa obra ordené hacerla yo y a fondo perdido. No culpen a Arsenio de nada porque le salió muy cara además de las críticas inoportunas que ese hombre sufrió sin ninguna razón”.
Seguidamente debería haber llamado a los representantes de los obreros del pozo y poner las cosas claras explicándoles el porqué de la obra y el pufo que me metió, como realmente fue. Sin embargo se calló como el traidor que era.
La pregunta que hay que hacer es, ¿Qué sentiría ese sujeto si leyera este artículo? Porque el todavía vive y seguro que no se olvidó de todo aquello. Pues va tener que aguantarlo porque yo ni pongo ni quita nada, lo describo como ocurrió. Y lo mismo les digo a los que me criticaron, claro.
Ni siquiera me llamó para pedirme disculpas, aunque no me pagara nada. Que tuviera por lo menos un poco de conciencia. Pero ni eso.
Esta clase de individuos se sienten rebajados de categoría si tuvieran que disculparse a un subordinado, ¿Cómo va a pedir el perdón a un inferior .aunque lo haya machacado?
Estos individuos que me criticaron y me hicieron sufrir fueron tan ignorantes como malos. No analizaron mi situación porque no tenían capacidad ni vergüenza. Yo era un picador que cuando me accidenté ganaba 4.500 pesetas de sueldo al mes. Repito: 4.500 pesetas frente a las 550 pesetas que pasé a cobrar como conserje. Mi sueldo era exactamente de 315 pesetas más las 200 de prima de producción de aquel tiempo
¿Que podía hacer yo más que trabajar a brazo partido?. Esa tremenda diferencia de salario que no alcanzaba ni para comer se juntó con la pérdida de las dos manos y con mi escasa cultura, por lo que tuve que casi reventar de trabajo para salir adelante. Crié cerdos, vacas, gallinas… un esclavo. Y eso todos los que protestaron y quisieron parar el Pozo lo vieron día tras día. Porque no deben olvidar que hasta por lo mucho que me vieron trabajar me criticaron diciendo que iba reventar y morir de muy joven por no lo poder soportar y por lo avaro que era, según algunos. Avaro por trabajar y si no trabajas vago.
La pregunta que les hago a esos energúmenos es, si conocen a alguien en el mundo que reviente de trabajo como fue mi caso por amor al arte. Lo mío fue por pura necesidad y para poder dar de comer a mis hijos. ¿Qué les parece eso? ¡Aun tendrán cara para envidiar la esclavitud y la desgracia!
Así son muchas cosas. Así machacan algunas veces a inocentes que trabajan y no se meten con nadie. Ese Jefe no tuvo ni corazón ni vergüenza. Después de cometer esa estafa conmigo tuvo que salir en defensa de la realidad y no lo hizo. No hay derecho a hacer tanto daño y abusar del mando para pisotear al más débil.
Pensándolo fríamente, lo del gran Jefe no debe extrañarme. Siempre hubo y habrá por el mundo quien abuse de su poder. Lo que si me extraña es la actuación de algunos de los compañeros del Pozo, que traicionaron a un trabajador que luchó por una causa justa y que además hizo todo el bien que pudo, actuando con respeto a todo el mundo y con seriedad.
Yo, con aquel monumental disgusto, saqué las vacas del prado inmediatamente y dejé de atenderlo. La gente, que aunque la hay muy mala, también la hay buena, quisieron saber el motivo y se interesaron por lo ocurrido y se volcaron en mi defensa, diciendo que volviera seguir como antes y que aparte de ser un problema para nuestro pozo si lo dejaba, me correspondía sacar la poca producción de hierba de allí, porque bastante fue la perdida de las 944.000 pesetas que costó la restauración además de lo que sufrí sin motivo ni culpa.
Que quede bien claro: Presenté la libreta de jornales del personal, los gastos de abonos químicos y orgánicos, semillas, matgerial para la instalación de riego« varios rollos de alambre de púas para el cierre. Hasta un cable de cien metros para la alimentación eléctrica que no había en el Grupo y que tampoco se podía pedir, lo tuve que pagar. Increíble pero cierto.
Además habría que añadir otros gastos e impuestos, además del margen comercial y todo ello sin contar lo que trabajó mi familia ayudando.
De haber encargado esta obra a una empresa habrían tenido que pagar casi el doble y no pagaron nada. Así son muchas cosas.
La envidia de alguna gente les lleva a cualquier cosa. Todos esos comentarios en el trabajo y en los bares al momento me los contaban mis compañeros de mina. Algunos no soportaban verme con los Ingenieros porque me llevaban con ellos a ver obras o a alguna comida que hacían seguramente pensando que era yo el que me arrastraba para eso. Nada más lejos de la verdad. Estos señores Ingenieros eran lo mismo que otros gremios: en aquel tiempo no entraba en esa sociedad ni el más pintado. Si me apreciaron y me admitieron con ellos fue por mi forma seria de ser. Por no me pasar en ningún orden de la vida. El arrastrado, el cuentista no lo toleran y con mucha razón. Porque esa clase de individuos no los quiere nadie pero mucho menos entre estos señores, que eran muy respetuosos y hasta un poco dictadores, porque el puesto que tenían no era para menos.
Si primero tuve la desgracia de perder las dos manos, después tuve la capacidad de salir adelante a base de lucha y también por la suerte que tuve de saber de toda clase de trabajos, de mina, de la construcción, de artesanía y diseño además de una gran memoria para estudiar. Y porque no decirlo y con la cabeza bien sentada en su lugar, algo importante para un hombre. Porque afortuna da mente no nos podemos pintar para despistar lo que somos. Esa es la bonita realidad, que, sin darnos cuenta, mostramos lo que somos, lo mismo en el trabajo que donde vayamos y eso creo que es muy bueno, porque al final recibimos el trato que nos merecemos. No hay otra cosa
Abuso de autoridad de un jefe y duras consecuencias para mí.
El Ingeniero que mandó que hiciera aquella obra de restauración de dicha escombrera había sido anteriormente mi jefe directo. Cuando llegó al Pozo, el jefe que marchaba nos presentó y como siempre cada vez que había un cambio le habló al que llegaba de mi forma de cumplir como hombre de confianza y de ser serio, porque siempre me gusto trabajar y tener las cosas al día. El que llegaba era duro y desconfiado, un dictador de esos que solo vale lo que él piensa. En cuarenta años que trabajé allí fue el único que no me trató bien. Ya me di cuenta en la presentación y no me equivoqué. Al día siguiente y al poco de incorporarse al trabajo me llamó y sin más me dijo:
-Oiga, lo que gusta a uno puede no gustar a otro. ¿Me ha entendido?
Todo esto lo dijo con un tono agresivo e imponiendo su dictadura como si yo fuera un maleante rebelde
-Si, perfectamente señor. Le dije.
Debo decir que en aquel momento me dieron ganas de cuadrarme y saludar al estilo militar pero por respeto me marché sin pronunciar palabra.
Salí del despacho y a lo mío pero disgustado porque no tenía motivo ninguno para decirme aquello que considere sin razón ni sentido. Sólo por el hecho de que el jefe me haya valorado ante él. Este señor podría no entenderlo así pero eso era su problema. A mi no tenía que decirme nada. Aquella actuación por más vueltas que le di nunca la entendí. Hay que tener en cuenta que acababa de incorporarse y yo nunca me metí donde no me llaman. Tiempo tendría de llamarme la atención si mas tarde me propasara en alguna cosa, pero eso nunca ocurriría porque yo siempre supe estar en mi sitio y ésto el mismo lo pudo comprobar más tarde. Porque yo nunca me olvidé de donde soy y de donde vengo, siempre supe estar en mi punto de trabajador. Nunca cambié la chaqueta, seguí mi rumbo de minero a la puerta de la mina y sin traicionar a nadie pero menos a mi propia sangre de familia minera
Este señor que más tarde ascendió a Jefe de Sector, fué el que me mandó restaurar aquella escombrera,teniendo yo que invertir un dinero que nunca pude recuperar, aparte de los disgustos que me dió ya antes de comenzar porque vi venir las consecuencias. Bien sabía que saldría muy caro restaurarlo para lo poco que iba producir y luego las criticas que erróneamente iban a salir.
Yo era un trabajador del Pozo y bien conocía lo que había. Entre 1500 hombres que trabajábamos allí, todos conocemos a los que nunca están a gusto con nada. Solo con media docena que haya de estos eternos descontentos que normalmente son los vagos del grupo, son también los que revuelven el gallinero y lo malo de esto, es que la buena gente los deja a su rumbo por no meterse en líos y por eso casi siempre la arman aunque sea sin razón alguna.
Cuando este señor me habló de aquella obra estaba el Ingeniero Jefe de Pozo que le dijo: “Es muy importante limpiar y restaurar esa escombrera, además de mantenerla por la gran cantidad de maleza y de finos de carbón que tiene. Podría haber un incendio y nos pararía el Pozo. Lo más probable es que cuando menos lo pensamos se prenda y podría tardar años en apagarse, como ocurrió en otras escombreras, siendo un peligro. Hasta podría parar los compresores”.
En efecto, todo esto era cierto. .El como profesional bien lo conocía. Todos sabemos la cantidad de estas escombreras que se quemaron por la cantidad de finos de carbón que en la antigüedad dejaban en todas las escombreras.por falta de medios para lavarlos y poder separarlos de los escombros. También por la abundancia del carbón que había. Hasta en minas de montaña hubo incendios que duraron varios años. En mi pueblo se quemó una montaña quedando hasta la pradera arrasada por el calor y sin vegetación ninguna durante años.
La escombrera de Barredos sigue quemado desde hace años. Por esa razón era muy necesario el restaurarla. Pero no emplumarme a mí el coste de toda la obra. Este señor, el mismo que me había hablado de aquella forma al llegar tiempo atrás, dijo: “Arsenio, usted que es hombre polifacético tiene que restaurarla a fondo perdido y aproveche el verde para su ganadería”.
-¿Qué dice? Señor, lo que cuesta esa obra no se saca en toda una vida. No hay escombrera que sea rentable y menos esa que tiene mucho carbón y un calor enorme. Es precisamente el lugar donde anidan las víboras en cantidad por ese calor. No hay planta que pueda desarrollarse con normalidad en ese lugar, aparte de que precisa de un gasto de mantenimiento muy caro, agua en cantidad, energía eléctrica para bombearla, instalación de riego y mantener el riego, abono mineral y vegetal, cal y semilla de las más caras para que puedan aguantar el calor. Con todo eso no hay quien lo aguante. “Imposible” le dije. Además de madera y alambrada para cerrarlo. Sería una hipoteca para mí.
-No es imposible. Le daremos agua y energía y madera para cerrarla. Usted es contratista y la empresa le está dando buenas obras en cielo abierto y debe colaborar. La empresa no tiene dinero para esa obra.
Así de canalla fue el individuo conmigo.
-Eso no es colaborar, señor, es una ruina que tendrá mientras exista. Mucha obra, mucha inversión, mantenimiento excesivo. Se precisan cantidad de jornales y materiales. Cierto es que hace falta eliminar esas malezas por el bien del pozo pero eso no es un negocio para un particular. Lo único que puedo hacer es ponerle un precio muy bajo, solo para cubrir gastos y de esa forma ayudar a la empresa, pero no me meta en un problema de esa envergadura. Además hay otro problema, la gente va a pensar que me hago rico a costa de esta escombrera. Usted como jefe sabe muy bien la clase de gente que hay y que busca esquinas para todo.
Eso siempre es cosa de algún boca fría. Usted dice que no tiene ninguna importancia. Para mí sí que la tiene y mucha. No me gusta quedar mal pero menos por cosas que me van a salir muy caras y dar lugar a críticas por los cuatro hastiales.
Procuré apartarme de ese tema pero después de pasar justo un año justo, volvió a salir. Un día me llamo a su despacho y no tuve otra opción más que poner manos a la obra. Aunque bien sabía lo que iba a pasar, no lo pude dejar. El trabajo que tenia con mi gente en cielo abierto, a pesar de ganar poco por el bajo precio que les cobraba para poder permanecer, me era muy importante, para dar a conocer a los ganaderos de nuestra región mi forma de trabajar y de hacer buenas praderas. La gente iba a visitar estas obras de las minas a cielo abierto y me pedían hacerles para ellos esa clase de trabajos. Por ese motivo tuve que tragar tamaño desaguisado que este individuo me preparó sin pensar el daño que me iba producir económicamente y también personal.
Desde luego que sabía que esto era una hipoteca, pero lo que no sabía era de las malas lenguas que algunas veces hay metiéndose en lo que no conocen, ni saben de qué va y con desconocimiento total de las cosas llegando a pensar que quise hacerme dueño de todo. Allí se quedaron 944.000 pesetas de aquel tiempo, que se enterraron allá para la eternidad, sin contar los trabajos de la familia en los fines de semana para cerrar todo aquel terreno que nunca valió dos pesetas. Hasta es posible que hayan salido menos yerbas que pesetas gastadas allí.





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