Fotografía de un grupo de mineros de la sección San Mames minas de monte del Grupo San Martin
El primero de la izquierda Bernardo Suarez de La Bobia, los tres siguientes de San Mames, aunque les conocí no se su nombre. El quinto Belarmino García de La Bobia mi padrino el sexto Benjamín Fernández hermano de mi padre y el ultimo mi padre Arsenio Fernández.
En aquel tiempo gastaban boinas grandes, en cambio en mi época eran más pequeñas. Desde bien jóvenes se ponía boina, no sé si seria por los fríos de la época. Más tarde ya se dejo aquella costumbre y pocos la ponían.
También se ponían “polainas” como las que lleva el segundo por la izquierda, para la nieve y el barro y los jinetes para montar, con un pantalón de pierna estrecho de la rodilla para abajo.
La primera mina de nuestro concejo de San Martin del Rey Aurelio, según los paisanos antiguos, se abrió en la vega, Santa Ana, Hoy llamado el Entrego. Parce que anterior a esta, ya hubo chamizos por la zona de poca importancia. La explotación minera en nuestra zona, creo que comenzaron entre 1.813 y 1.814, hace 200 años aproximada mente.
El Grupo San Martin, donde yo trabaje como minero, lo componían las minas que se relacionan a continuación y que algunas bocas de minas, se conservan perfecta mete visibles, por su buena construcción en mampostería de piedra.
La mina la Estrella fue la primera de nuestro grupo minero de San Martin, en el Escubietu Santa Barbará en 1.863.
La segunda mina fue la del Prado Molín, en 1.923, en La Cruz. Seguida de 9 pisos, minas de del Prausoldau, con un teleférico para bajar el carbón hasta una tolva situada en las Calizas donde había una mina de este mismo nombre, muy cerca de la iglesia. Minas del Praón, minas de la xerra la Cabañina, con otro teleférico para bajar el carbón hasta el Collado Escobal. Más tarde se a fondo el Pozo Cerezal.
La tercera mina el Socavón en 1.823. Aunque del paquete San Mames se abrió en la falda de la montaña, a la espalda de nuestro pueblo de La Bobia. Muy cerca del lo que iba ser mas tarde el Pozo Cerezal. Seguidamente se abrió el primero y segundo piso de San Mames. El primero, situado, mismo a lado de lo que fue la cuadra de mulas. A unos siete metros más hondo que la carretera, donde estaba la lampistería, totalmente de tablas, y un pequeño plano de unos 30 metros de longitud, y con una pendiente de 30% aproximada mente, para subir el carbón y transportarlo por la vía hasta el Lavadero Santa Barbará, situado al otro lado de la montaña donde trabaje de niño como pinche y casi muero electrocutado.
El segundo piso a lado del pequeño pueblo de Villar. Mi pueblo donde, compre una finca al casarme para hacer nuestra casa. Ay una escombrera que se llama el segundo piso. En el llano de este piso tubo la casa Matias el Ferreru, que también conocí. Seguida mente se fueron abriendo hasta el sétimo piso. Este último pasaba justo a 10 metros de distancia de nuestra casa y a una profundidad muy pequeña porque la montaña se convirtió en una llanura en La Bobia, dando lugar a hundimientos y perjuicios de la casa de mis padres, que la Empresa Duro Felguera, como responsable reparo. En nuestra finca dedicada a labranza, precisa mente a esos 10 metros de distancia bajo 0,90 cm. Pero a unos 200 metros de distancia, en la pradera el “Goxal “la galería, a punto estuvo de salir a la superficie. El hundimiento que permanece allí con un talud de dos metros, que nos indica la dirección de la mina por donde viene y termina.
Aunque nos arreglaron la casa, no fue así lo de la finca que por tardar mucho tiempo y necesitarla para sembrar lo que nos daba de comer, la tuvimos que rellenar nosotros. No nos podíamos permitir esperar, la necesidad no tiene descanso, había que producir para comer.
Las bocas de minas de este grupo San Mames, estaban abiertas la mayoría al otro lado de la montaña. Solo había en la falda de nuestra montaña el primero y segundo piso. La mina el Gallinal, que no conocí más que su escombrera situada detrás del mismo pueblo el Cepedal, donde murió un hermano de mi padre Honorio, que yo no conocí. Muy cerca de etas estaba la mina las tercias. Además de la mina llamada el “sexto piso, muy cerca de nuestro pueblo de La Babia.
Esta salía al exterior en el reguerón y se adentraba otra vez en la montaña del otro lado, a una distancia de 150 metros, el hueco del rejero. En esta vieja mina, años más trabaje allá con mi hermano Corsino, sacando carbón para venderlo y poder arreglar un poco nuestra economía.
Las chimeneas del sétimo y sexto piso todas alrededor de nuestro pueblo, ya que por allí pasan las capas de San Luis en la parte más alta, San Gaspar, La capa el Burro muy estéril, La María Teresa, La Julia, La escribana, y las últimas la capa el Túnel y la Paula . Trabaje en todas menos en las dos últimas. La capa el túnel, no se exploto casi nada por lo difícil que era el sostener la mina, era muy falsa. Mucha agua y una enorme barrera, que no había madera que lo aguantara. Y La Paula por su poca capacidad en carbón, solo se exploto en una mina a lado del 7º piso, duro muy poco tiempo.
Mi afición de minero, me llevo desde niño a conocer todas estas minas y las más antiguas las tenia descritas mi abuelo, que como mi padre eran mineros de vocación, porque les gustaba, aparte de ser el medio de vida que había en aquella época. Lo mismo mi abuelo que mi padre les gustaba mucho escribir y conservar la memoria de lo que les rodeaba. Yo lo herede de ellos porque me encanta escribir para recordar las cosas antiguas y enseñar a los míos, como recuerdo y conocimiento de lo que fueron nuestras vidas y lo que nos rodeaba.
Con mucha frecuencia me gusta leer la historia de las minas, de las carreteras, ferrocarriles y puentes, así como la altitud de las montañas y pueblos de nuestra región.
Después de ir agotándose el carbón de las minas de montaña, se fueron profundizando los Pozos planos y verticales. Los primeros se abrieron por el Entrego
Pozo San Mames en el año 1.940 para cerrar en 1.992, El Pozo Cerezal 1.942 y cerró en.
Las primeras minas del Concejo Laviana, fueron las de Cotomusel, que se abrieron en el año 1.890
Pozo Barredos en 1.920, fue el primero que cerró para seguir su explotación por el Pozo Carrio que era mucho más profundo y más moderno. Es el Pozo mas mecanizado de Hunosa
Minas de las Sección de Rimoria, con 9 pisos, se abrió su explotación el año1-924 y cerraron en 1.960
En Laviana había un tren que bajaba el carbón desde Rioseco a Laviana, mas tarde se utilizo como tranvía para el transporte de viajeros. Aunque nuca viaje en el si lo conocí varios años
Rimadero, “Pozo plano San Ignacia”, en Sotrondio, En mis primeros años de minero, cono este pozo plano y baje en el montacargas hasta la segunda planta donde trabajábamos un grupo de mineros, en diversas ramplas. A mí me toco trabajar en la 2ª planta en la rampla de San Gaspar.
La boca de mina estaba a nivel de las vías del ferrocarril de Langreo. La explotación ya era de aguas abajo y explotadas por el Pozo San Mames.
Minas de San Felechoso en los años 1900.cerro en 1.928
Minas de monte de San Mames de 7 pisos, minas de Valdelospozos 6 pisos Pozo Cerezal y sus minas de monte hasta el 9º piso. Minas de Fradera en Villoria, Pozo Sotón, Pozo Entrego, Pozo Venturo, Pozo San Vicente, Pozo la Revenga y sus Minas de monte, Pozo María Luisa, Minas de Monte, Grupo de Las Cubas, Pozo Modesta, Pozo, Fondón, Pozo San Luis, Pozo Samuño, Pozo El Cabritu, Pozo Mosquitera, Pozo Pumarabule y la minas de monte, Minas de Langreo y Siero, Pozo Candín, Carbones Asturianos en la zona de Ciaño, Grupo de Minas de la Encarnada en la Güeria de San Andrés, Pozo pumarabule en Carbayin. La Fábrica de La Felguera, con una importante plantilla de trabajadores. Estas Minas solo en esta zona, después están las de la cuenca del Caudal, con un gran número de Pozos y Minas de monte, también muy importante y su Fábrica de Mieres. La zona de Aller con varios Pozos y Minas de monte, Los pozos de Morcín, Riosa y Turón. Estas cuencas mineras del Nalón, Caudal, Aller y Turon, fueron importantísimas por la gran producción del preciado carbón y por la inmensa cantidad de gente que trabajaba allí. Sin duda estas zonas mineras fueron el motor de la economía Asturiana y nacional En aquel tiempo no existía el paro y el intenso movimiento del negro mineral daba dinero a todos, por algo le llamaron los tiempos de vacas gordas.
En las m inas mas antiguas se picaba el carbón con una pica, llamada “regadera” para ir picando por debajo de la vena del carbón, lo que se llama “regar” por la tierra que casi siempre esta mas fisil de picar para ablandar el carbón que está muy duro.
Pica o “Regaera” con la que se picaba el carbón hasta 1.950 que vinieron los martillos de picar, que trabajan con el aire comprimido, martillos “neumáticos”.
Nuestro Grupo minero de San Martin, fue uno de los más importantes de nuestra región, llegando a tener 4.500 trabajadores, en su pleno apogeo de la minería Asturiana.
Se da la casualidad de que el día que cambiaron el nombre de Santa Ana por el Entrego, yo me encontraba en Madrid, fui a las oficinas de Renfe, en Alcalá, en un bajo ya cerca de la puerta de Sol, a sacar billete para regresar. Pedí un billete para viajar en el tren Madrid Santa Ana de Asturias, el empleado, me dijo.
-Para Santa Ana no, a partir de hoy se llama el Entrego, así figuraba en el billete. Dado que eran las 9 de la mañana, es posible que fuera el primero extendido desde Madrid con el nuevo nombre, No lo sé. No recuerdo la fecha exacta. En aquel lejano tiempo yo viajaba con frecuencia a la Clínica en Madrid, para el tema de los cursillos de rehabilitación, creo que fue en año 1.958.
En aquel tiempo la minería se encontraba en pleno auge. Había un movimiento de trabajo impresionante. Minas por todas partes, mucho trabajo y buena economía.
En aquella triste mañana la desgracia me esperaba para quitarme las manos
A los pocos momentos regrese a casa ya sin manos y tan destrozado que nadie me recocía, lleno de heridas y sangre por todas partes. El tremendo susto de mi familia, pensaron que venía herido de muerte.
Dormíamos en la misma habitación mi hermano Constante, uno en cada cama, cuando los disparos de dinamita que otros vecinos daban fuego nos despertó. Era la fiesta de Santa Bárbara. Le dije a mi hermano:
-¿Vamos a disparar unos cartuchos que traje ayer de la mina?
– Voy a dormir un poco más me a coste tarde.
Efectiva mente, trabajaba por la noche y se acostaba mas tarde. Nuestro padre que estaba en la cama a lado de mi madre en una habitación cercana, oyó nuestra conversación y dijo:
-Arsenio, no vayas, deja esa dinamita, puede ser peligrosa.
-No pasa nada, padre.
Salí de mi cama y me aseé. Yo era aficionado a la canción asturiana, al salir de casa iba cantando la canción de El Presi: “Cuando yo salí de Asturias”. Esta canción iba ser inolvidable para toda la familia pues cada vez que la oían les recordaba la tragedia. En aquel tiempo en los pueblos de la montaña se cantaba mucho, pero sobretodo en las labores del campo
Durante aquella fría mañana iba cambiar mi vida totalmente, cuando al detonar la dinamita poco faltó para destrozar mi vida por completo. Reconozco que a pesar de la gravedad de mi accidente, aun pudo ser peor. Mi amputación de manos no me privó de seguir caminando por la vida, con mi eterna cruz pero conseguí sobreponerme y continuar por el camino que mi suerte trazó. Con mucho sacrificio y dureza pude seguir por este mundo que muchas veces lleno de espinas e inconvenientes está.
Cogí el paquete con la carga, eran las nueve menos diez de la mañana de aquel sábado, 4 de diciembre de 1.954, tenía veinte años. Sin darme cuenta casi voy al matadero. Mi vida estuvo pendiente de un hilo. La cantidad de dinamita que detoné, como explico al comienzo, era más que suficiente como para volar una gran cantidad de roca. No sé cuándo llegará mi fin, pero sí puedo decir que tuve siete vidas como los gatos. Sé que vivo de milagro porque es casi imposible salir de los accidentes que me ocurrieron.
Si en lugar de cogerme la explosión de medio lado hubiera estado de frente la onda explosiva por defecto detonarían los 7 de tonadores que me quedaban en el bolso. Fui ametrallado por distintas partes de mi cuerpo, por mis propios huesos de las manos, al ser voladas. Estos actuaron como la misma metralla. Suerte tuve, que aparte de las manos, solo me dejaron marcas sin ninguna importancia en la parte interior de mi pierna izquierda, y en la parte de abajo. El resto de la metralla, incluso lo de la cara, curó sin secuelas ni marcas. Técnicamente se sabe que esos detonadores explotan a una distancia relativa y por simpatía. Puede ser que las vibraciones del ambiente al detonar una carga sean suficientes para que exploten. En este caso tuve suerte y puedo contarlo. Se sabe que a varios metros de distancia en la mina, al detonar una pega, en un transversal, explotaron todos los detonadores que había en el arca y a una distancia de varios metros, por eso se calcula que fue una casualidad que en mi caso no se disparan.
Las arcas que guardan los detonadores en la mina están situadas a más de 50 metros, según los casos y en la misma galería, pero más allá de una curva, fuera de la línea de tiro para que al salir la pega de un frente no las coja. Y todavía explotaron todos los de las arcas y no una sola vez, se sabe de varios casos y en distintas minas
1.
Castigo del mismo capataz, a mi compañero Gerardo y sin culpa ninguna.
Una mañana me encontraba picando en un “coladero”, (es como una chimenea) pero de solo unos 6 metros de altura según el lugar de la mina y que en este caso arrancaba des la galería. Coloqué la boca Rampla y tenía un vagón debajo para cargar el carbón que picaba en este coladero. Había dos picadores en la Rampla. Gerardo estaba regando la guía y Francisco el ramplero llenaba el vagón con el carbón de mi coladero. Llegó el Capataz y le dijo al ramplero que si ese vagón era para carbón o para ira, le dijo la verdad, era para carbón
Aunque me temo que dada su forma de ser retorcida, si le hubiera dicho lo contrario, protestaría diciendo, ¿porque va carbón en tierra?, Como este pollo siempre fue de los que lo sabían todo y amigo de armarla por donde fuera, ese día no iba ser menos. Para aquel individuo, nunca valieron más razones que las del.
Comenzó a reñir dando voces. Gerardo, que estaba muy cerca en el testero de la guía, se acercó y trató de explicarle que no se podía hacer de otra forma, por ser del coladero, lugar en el que no se podía hacer más que cargarlo en el vagón hasta que se pudiera calar para más tarde hacer encelegadas, cosa que nunca hacíamos porque toda esa tierra era poca para echar con el carbón por el bajo precio que le pusieron y poder cargar el número de vagones asignado a este lugar. El Capataz con su fumillo no lo quiso reconocer y le mandó a la calle castigado con dos días sin trabajo y sin sueldo, ademas de la gran bronca y sin ninguna razón, porque mi compañero no era el que lo picaba, era yo. Al oírlos bajé y quise intervenir, no me atendió por su mal genio y se alejó.
Lo normal sería que de haber motivo de un castigo, debía ser para mí, pero no fue así, castigo a mi compañero que con todo respeto le expuso la razón. Gerardo se marcho para fuera con un gran disgusto lo mismo que nosotros.
Seguimos trabajando hasta terminar la jornada, cuando salimos Gerardo, nos espero, estaba fumando un pitillo a lado de las escaleras de la casa de aseo, muy tranquilo nos dijo:
-Ya me tomé el vermut y me comí unas sardinas. Arsenio, el capataz me quitó el castigo, llego a la planta donde yo esperaba jaula y como estaban embragado en cuarta, no me dieron jaula. Está prohibido hasta la hora de cada relevo, para que la gente no salga temprano, excepto que estés accidentado y para los jefes.
Llegó el jefe, pidió jaula, me mandó subir y dijo: “usted no es al que debo de castigar. Venga a trabajar normalmente y el día de hoy lo tiene normal. A quien tengo que castigar es a Arsenio, que es el que hace de jefe. Espérele y dígale que pase por mi oficina”.
Aquel día iba ser el segundo chupinazo que tuve con él gran jefe. Después de asearme fui a verle, pedí permiso y me dijo que pasara. Le saludé y comenzó la bronca, parecida a la que me echó en San Gaspar cuando era ramplero. Dado que ya conocía su fuerte genio, espere a que descargara su batería. Después de la gran bronca y sinpoder hablar, me castigó enviándome a la segunda rama, diciendo que era el que hacía de jefe y por lo tanto responsable.
-¿Termino ya? Si me permite le dire que sin echar la tierra, no sacábamos el número de vagones necesario. El precio era muy bajo y no sacábamos jornal.
Le dije con toda honradez, a mí tampoco me gusta ese sistema, por favor póngale un precio adecuado y evitamos ese problema.
-No hay cambio de precio ni puñetas a la vela, usted va castigado a la segunda rama y no hay más.
– No me quedo más remedio que decirle, ¿Qué sea lo que usted quiera, no hay mas discusión? cada vez que nos encontramos hay lio, así que me marcho del pozo y así se terminan las broncas, no aguanto más.
-A que mina piensa ir Arsenio:
Al Pozo la Revenga en el Entrego, que es en el que más segaña de esta zona y hay buena jefatura, así lo dicen los que trabajan allá vecinos míos. Ya me disponía a salir cuando me dijo:
-Espere, no se marche del pozo, tiene usted mucha suerte de que Alfonso le quiera y le aprecie mucho. Por él le dejo en los macizos, pero no me eche más tierra.
-Es imposible, si no quiere ver lo de la tierra, no vaya más por allí. No me gusta engañar a nadie prefiero la verdad. «O precio o tierra» no veo otra solución. Si no llegamos a un acuerdo ya no vengo más para evitar discusiones.
-No se marche, Arsenio, usted es hombre apreciado en el Pozo. No se olvide que ya está haciendo de encargado y pronto le pondremos la plantilla de vigilante por lo trabajador que es, no sea terco y vaya a su destino.
-Bueno, seguiré hasta que vuelva usted por allí, serio.
Al despedirnos le dije, por favor no se olvide de lo hablado, me gusta trabajar y cumplir pero sin problemas. Seguí en aquella mina y nunca más hubo problemas. Es probable que se daría cuenta de que yo siempre iba con la verdad por delante y eso hace racionar al más bravo, es un buen sistema para defenderse donde quiera que uno baya. Poco habrá más brillante que la verdad aunque algunas veces sea demasiado dura y algunos no la quieran admitir.
Aquella mina nunca la olvidaré, pues fue mi último punto de trabajo en la mina, donde me encontré muy bien porque si el punto de trabajo era muy bueno y de mucho dinero, mis compañeros también eran de lo mejor. Allí trabajábamos y convivíamos como corresponde a la gente normal respetando cada uno a los demás y cumpliendo con su deber ayudando al compañero cuando fuera necesario. Esa gran unión en el trabajo, que es tan necesaria, se considera muy importante. El llevarse bien todos los compañeros y planificar los trabajos supone un gran rendimiento en el producto final. Esa convivencia de amistad de compañerismo no hay dinero que la pague. Se trabaja a gusto y te da ánimos para soportar mucho mejor las adversidades de la vida en la mina. La buena forma de comportarse, es muy importante, no solo en el trabajo, sino en todos los órdenes de la vida.
La zona de la segunda rama, era como un cementerio. Las ramplas eran muy anchas, colgadas y falsas. Había que empiquetar el techo y el muro, además del carbón. Había mucho gas y por nada se producían derrabes. Estaba “podre”, palabra que en términos mineros quiere decir que el carbón está muy blando y que se pica con facilidad, pero que se producen derrabes muy peligrosos. Esta Rampla era el terror de todos, yo también le tenía pánico, seguro que no me defendería con el posteo, pues solo tenía diecinueve años y me faltaba aprender. Aunque se medaba muy bien el picar, para esos lugares me faltaba lo más necesario: saber postiar. Un minero muy joven y con poca experiencia para lugares tan malos, es un peligro inmenso.
Macizos de san Gaspar de 3ª planta sur Pozo San Mames,
Donde mejor viví en mi historia de minero y que la dinamita me quito, junto con las manos. Así fue mi duro destino, el que no deseo para nadie, por fuerte y duro que uno sea, se pasan canutas para salir de aquel atolladero donde te ves metido de la noche a la mañana, indefenso para todo y sin saber lo que podía ocurrir. Pero sobre todo, viendo lo mucho que sufrían mis padres y hermanos. El cuadro fueduro de verdad, hasta para los vecinos de mi pueblo que mucho sufrieron por mi.
Mi último trabajo en la mina, en los “Macizos” de San Gaspar de 3ª planta sur Pozo San mames. Donde trabaje como picador de carbón, hasta el viernes día 3 de Diciembre de 1.954. Al día siguiente sábado 4, a las nueve menos diez perdí las manos, dando fuego a la dinamita. Fue la segunda explosión que sufrí. Aunque las dos explosiones fueron muy peligrosas, me dejaron con vida y pude seguir viviendo con el cariño de los míos, aunque con mucha lucha y sacrificio para combatir tanto dolor. El traumatismo que uno sufre en un caso como el mío, es demasiado fuerte para combatirlo, no se pude describir con palabras lo que sufrí.
Alfonso Cuello, vigilante de primera de a aquella zona, me había destinado a un buen punto de trabajo, seguro que uno de los mejores del Pozo. Los macizos de San Gaspar. En lugar de estar a centímetros, estábamos en “colectiva”, (Trabajar el grupo de picadores, cobrando por vagones) que se producían por día, a unce pesetas unidad, lo que se re partía entre todos, eso es una colectiva, donde sacábamos un buen jornal. Además de este buen punto de trabajo de picador, quiso que hiciera de encargado de aquella pequeña Rampla. Pequeña porque solo tenía cincuenta metros de altura, donde trabajábamos cuatro picadores y un solo ramplero. Una rampla normal tiene de 150 a 200 de altura, según la pendiente de la capa, donde trabajan unos cuantos picadores mas, en algunos casos hasta 16 o 18, más barullo y menos tranquilo.
El precio medio de un picador en aquel tiempo era de 2.500 Pta. Por mes, nosotros salíamos por bastante más. Desde luego, trabajábamos mucho, además había tres picadores de los mejores del Pozo y yo tampoco era de los flojos, no me quedaba atrás picaba como una locomotora también. Simón Toral, Trabancal; Gerardo, el Ramplero Francisco y yo. Éramos los que formábamos el grupo en aquella Rampla tan buena. Este punto era el que Alfonso me había prometido cuando me tuvo por puntos como la chimenea de San Luis y otros lugares de duros trabajos y en lugares peligrosos. Este hombre como buen profesional que era, bien sabía que aquel tremendo trabajo que soporte, en múltiples trabajos, pocos lo aguantaban. Había que ser muy duro y tener mucha afición a la mina para soportarlo. Así había sido mi padre, hombre duro de la mina y popular por sus propios meritos como trabajador y como persona experta para velar por la seguridad del personal.
Alfonso, no se olvido de lo prometido cuando dijo, estás trabajando mucho más de lo normal pero te lo pagare. Reconocía mis excesivos esfuerzos y cumplía como el caballero que siempre fue. Enseñar al que no sabe y pagar al que trabaja.
Hace poco que murió a la edad de noventa años. Desde aquí quiero recodarle con gran afecto y aprecio, porque se lo mereció. Su recuerdo como jefe y como buen vecino permanecerá siempre conmigo. Así mismo recuerdo a su gran esposa, Felicidad, para los vecinos “Lida”, como buena vecina, que con mucho cariño me dio de comer muchas veces cuando era un niño porque hambriento me encontraba por la escasez de la posguerra. Allá por la “fame” del 1941 y 1942 fueron varias veces las que me dio de comer.
Recuerdo sobre todo, un día que me encontraba debajo de un orrio, porque llovía muy fuerte, estaba muy frio, solo y hambriento, Lida, vivía muy cerca, se acerco y me invito a su casa, mando que me sentar a la mesa, me puso un gran plato de lentejas y un pedazo de pan, casi me como hasta el plato, el hambre era tremenda, le di las gracias y con todo su cariño me dijo. Tranquilo, bien los mereces, eres muy trabajador, a tú corta edad ya haces de todos los trabajos del campo. No dejes de venir algunas veces que te daré de comer. Así de bien se comportaba aquella vendita mujer, porque era buena persona de verdad, como lo era su suegra Barista. Le daba pena ver el hambre que pasábamos. En nuestra casa éramos 16 personas y en la de ella solo tres, porque la ultima hija no había nacido toda vía.





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