El Director de la clínica mando grabar una cinta para el NO-DO
El Director de La Clínica Doctor, D. Francisco López de La Garma, quiso presentar el nivel de rehabilitación que tenia a mitad de esta y otra más tarde, al terminar. Allí estuve solo cuatro meses, pues normalmente el periodo de rehabilitación siempre había sido mucho más largo. Este corto tiempo fue considerado como un record por el Director y el grupo de médicos, que mucho lo valoró. Él último día que trabajé con mis compañeros, llegó por allí como casi todos los días. Al terminar nos saludó y dirigiéndose al resto les dijo:
Habéis progresado un poco con Arsenio pero él ya se marcha mañana, es una pena que no pueda seguir aquí. Tiene deberes que cumplir en su patria. A pesar de que vendrá con frecuencia por aquí, pues yo quiero nombrarlo monitor para daros clases, no solo a vosotros también a otros más. Estoy seguro- dijo, que es quien va revolucionar vuestras prótesis y lo demás. Los aparatos que él lleva igual que los que algunos de vosotros lleváis, yo los confeccioné pero sé que no son perfectos. Yo tengo manos y esto es para Arsenio, que sabe cómo hacerlo y que los maneja como vosotros conocéis.
No va dejaros definitivamente, ni perderá el contacto con esta casa. Mañana se va, hecho un hombre, batió un récord: en solo cuatro meses terminó el curso. La mayoría de vosotros lleváis un año, y no se sabe cuándo vais a terminar. Espero que vosotros mismos sepáis valorar el mérito que es terminar en tan corto tiempo, y que a la vez os sirva para abreviar con arte un poco más vuestra forma de trabajar. Que os sirva también de referencia para aplicaros más. Muchas veces os dije que las cosas hay que hacerlas con arte y con ganas, es la única forma de avanzar, de sacar algo de provecho del trabajo de cada día.
Al despedirnos a la mañana siguiente en su despacho con todos los Médicos, dijo:
-Te vas a casa. Sé que lo precisas, los tuyos con emoción te esperan, pero no te olvides de esta que también es tu otra casa y que nos haces mucha falta. Vete y haz o deshaz lo que haga falta por tus aparatos. Sabemos que vas a trabajar para mejorar lo que llevas. Trabajaras para ti y a la vez para tus compañeros, serás el que va a sacar cosas importantes, sé que no te conformas con lo que llevas, y haces muy bien, pero no te olvides de traernos lo que hagas. Te esperamos con tus innovaciones y te pedimos que cuando pase un tiempo, vuelvas a Madrid para trabajar con nosotros, serás un buen profesional.
Nuca olvidé las palabras de aquel gran hombre, que servirían para que con arte y decisión luchara por una causa tan justa como necesaria, a la vez de sufrir por no poder complacerles. No pude, la morriña de mi familia y de mi tierra era más fuerte que yo mismo. No podía vivir sin ellos, desde que nací nunca me había separado del calor de mis padres y eso fue muy fuerte. ¡Cuánto lo sentí!
Me hubiera gustado mucho seguir en Madrid, ¡qué bonito trabajar para hacer algo tan importante como era el perfeccionar mis aparatos y también los de mis compañeros! Sería una gran satisfacción para ellos y para toda la Dirección de la Clínica, pero no lo acepté. Lo sentí y lo sigo sintiendo porque sé que hubiera sido muy importante el trabajar en equipo, seguro estoy que de haber sido así mi lucha habría sido un poco más liviana, en cambio trabajé en solitario y con mis escasos conocimientos de aquellos tiempos, lo pase muy mal, además de mucho trabajo para conseguirlo. Es incalculable lo mucho que trabaje, uno positivo y otro sin que valiera para nada, porque en la investigación es así, unas veces aciertas y otras no.
Me faltaba experiencia y todo tuvo que salir de la investigación y de realizar diversos trabajos que algunas veces no me sirvieron. Es difícil navegar por un mundo tan complejo como es el diseño y montaje. Descubrir cosas que no conoces y que todo iba ser a base de lucha y de romperme la cabeza. Me resultó demasiado duro, de tener al Director y aquel gran equipo de Médicos, posiblemente las cosas serían distintas, pero me sentía muy mal lejos de los míos. Estaba muy asustado, mi vida era como una pesadilla, hay que tener en cuenta que solo tenía 20 años, poca cultura, poca experiencia de la vida y sin manos. Uno es contarlo y otro es el pasar por ese grave trauma. Por ese motivo, pienso que hay que disculpar a los que sufren y no pueden reaccionar, es muy difícil el salir de aquel atolladero porque hasta la inteligencia se ve afectada por tanto sufrir. El mismo miedo que te invade, puede ser el que te atrofia los sentidos y no sabes que hacer.
No descansaba ni de noche ni de día, tardé en reaccionar, el golpe había sido mortal para mis fuerzas, para mis sentimientos y para mi familia. Eso no me dejó reaccionar favorablemente hasta que pasó algún tiempo, entonces me serené y lo asumí. Vi que mis padres también se fueron tranquilizando, porque todo ello fue para mí como si me cayera encima un rayo y me dejara atontado.
Me sentía como perdido y no sabía qué camino iba a tomar. Mil gracias puedo dar por haber salido de aquel tormento. Me encontraba sumido en lo más oscuro de las tinieblas, sin poder ver la luz por ninguna parte, por eso les fallé. Aunque más tarde trabajé a brazo partido y sin descanso por la causa, no me quedé satisfecho, seguro de que allá pude haber dado más rendimiento.
Aquí, además del largo tiempo que necesitan las invenciones, tuve que trabajar para ganarme el pan. En Madrid hubiera tenido todo el tiempo necesario porque solo me dedicaría a esos trabajos que son tan importantes para nosotros. A pesar de conseguir lo que tanta falta nos hizo y de colaborar activamente con la Clínica durante largo tiempo, no fue lo suficiente. Razón tenía el director cuando dijo que al verme trabajar el resto lo tendría que hacer también.
Al despedirme de todos, lo mismo de los compañeros que de los jefes, sentí pena por marchar, a la vez que alegría por regresar a casa.
Después de varios años de ganadero, ya depues de no tener manos, una mañana me encontraba trabajando en el montaje de unas naves para aumentar la ganadería, estaba construyendo uno de los portones que iba colocar a la entrada de la finca. Llegaron el Dr. D. José Vera, y uno de mis hermanos, que lo había subido a visitar a mi madre, se encontraba enferma. Al acercarse mi hermano a decirme cómo se encontraba mi madre, el Dr. Vera, viendo cómo trabajaba con mi equipo de soldadura, se bajo del coche y se acerco a ver como trabajaba. Me saludó, miró el acabado de aquel portón detenidamente y preguntó:
-¿Has hecho tú este portón, Arsenio? Seguro que si porque vi como lo soldabas.
-Esto no es lo más difícil Doctor, aquí bien se trabaja, lo peor es trabajar en el techo, por la altura, andamaiado sobre viguetas que resultan bastante incomodas.
-¿También soldaste todas las viguetas de ese techo? Me dejas asombrado de la obra que tú solo estás haciendo, eres un artista. ¿Cuántos oficios aprendiste más que el de minero?
-No aprendí más que el de la mina, para el resto de los trabajos soy un aficionado.
-¿Pues si todos los aficionados son así, ya me dirás tú cómo son los especialistas? Lo tuyo no debería ser esto, tú tendrías que llevar un mandilón como el mío y dar clases a la gente en un hospital. Sería muy importante para que los que padezcan algún problema, porque solo con mirar cómo trabajas ya les animarías, aparte de que les enseñarías claro. Tu experiencia es muy buena para tantos casos como hay.
El Dr. Vera fue médico de cabecera de toda la familia y siempre fue muy apreciado por su gran carácter. Era y sigue siendo un hombre muy agradable y presto ayudar a sus pacientes con nobleza y sabiduría. Un médico muy cumplidor de su deber. Con esa gracia que trabajaba daba ánimos a sus enfermos. Esa forma de tratar a la gente es muy importante, esa naturalidad del Dr. Vera, hacía que la gente confiara en él y le apreciaran como se merecía. Sin duda lo sentimos cuando se marchó de nuestra zona.
Más tarde y cuando ya me iba a retirar, fui al médico, de cabecera, al que no conocía Dr. D. Cándido. Después de saludarnos me preguntó:
-¿Qué le pasa? ¿Está enfermo? No me pasa nada, Dr. no me gusta engaña a nadie, no estoy enfermo, voy a retirarme y deseo estar de baja unos días mientras arreglo los papeles.
-Muchas gracias, me dijo, así hay que ser, decir la verdad. ¿Cuántos años lleva trabajando?
-Trabajando desde niño, cotizando a la seguridad social llevo cuarenta y dos. Si se contaran todos serían más, pero en ese tiempo no se cotizó.
-Le he visto conduciendo el coche y me han hablado mucho de usted, pero lo que no sabía es que es uno de mis pacientes. ¿Cuánto tiempo hace que no viene al médico?
-Treinta y tres años, desde que me operaron del apéndice. Fue la última vez.
-¿Es que se ha operado de más cosas?
-Sí, anteriormente me han operado de una hernia. Contando lo que tuve en el hospital cuando me quedé enterrado en la mina, más lo de las manos, fueron cuatro veces las que estuve hospitalizado. Así que, aunque no haya habido más problemas, ya estuvo bien.
-Sí, ya fue bastante, tiene razón.
Me preguntó cómo se manejaban mis aparatos. Dijo que si no era molestia que le gustaría ver su funcionamiento.
-No es ninguna molestia le dije, me parece normal que como médico los quiera conocer.
Quité la corbata, la chaqueta y la camisa y se los mostré. Cogió uno de mis brazos, una mano por la pinza y la otra por el codo. Los miró y dijo que los hiciera funcionar.
-¿Si meto el dedo me hará daño?
-Ninguno, yo procuro no hacer que eso ocurra.
Metió su dedo para comprobar la fuerza que hacían.
-Esto manda mucha fuerza dijo, ¿Cómo la regula?
-Se regula con la tensión del brazo. Se puede dar más o menos fuerza, y cuando ya se vayan aflojando las gomas que hacen la fuerza se cambian por otras nuevas, es muy fácil.
-Bueno, eso de fácil será para usted, no todos los manejan así.
Pasó a mirar el otro brazo, y después de examinarlo muy bien y sin soltarlo, dijo a mi esposa, que contemplaba como los revisaba:
-Señora, aquí no hay nada. Yo creí que sería un sistema sofisticado y es totalmente sencillo. Lo que hay aquí es un hombre con una doble inteligencia porque mandar, trabajar como se dice que trabaja su marido y aquí lo pude comprobar, es casi imposible.
Aquel gran hombre, que mucho apreciamos por su noble y buena forma de ser, cumpliendo con su deber con sus pacientes además de muy buen médico, se interesó por conocer lo que él consideró muy importante y que quiso conocer a fondo como buen profesional que siempre fue. Ciertamente se quedó asombrado, pero yo también, porque me di cuenta de su gran interés por saber valorar tan positivamente lo que acababa de conocer.
Me dijo que si no tenía inconveniente, iba a llamar a una compañera para que lo conociese. Salió del despacho y fue a buscarla. Nos la presentó y le explicó todo como él lo vio. También la Dra. Se interesó por conocer con todo detalle.
Aunque no existía esa doble inteligencia que él dijo, por lo menos se dio cuenta de que no era fácil adatarse a tan duro batallar. Se fijó hasta en los callos y las huellas en mis brazos, que el duro trabajo dejaba. No se perdió detalle. Hasta quiso conocer el esfuerzo de los brazos y de los hombros para manejar las prótesis.
Después del gran examen de mis aparatos dijo que no debía de trabajar tanto, que mi sitio estaba en un hospital o en varios con un mandilón blanco. Lo mismo que el Dr. Vera había dicho. Me preguntó si tenía algún inconveniente en presentarme a un grupo de médicos y enfermeras. Me dijo que debería sacar un vídeo de mis trabajos, que sería muy importante mostrarlo a la gente. Lo del vídeo sí que lo había pensado para que mis nietos más tarde conocieran lo que había trabajado.
Más tarde sacamos un vídeo de casi todos los trabajos que puedo hacer. Conducir el coche, realizar trabajos de labranza, trabajos de taller cortando hierro, o chapa, soldando, pintando o escribiendo en el orden ador, trabajos de oficina en general, asearme, afeitarme con cuchilla, lavar los dientes, todo lo normal de una persona. Aunque a la gente le parezca imposible, no lo es.
Por ejemplo. Cuando hice el jardín de esta comunidad donde vivo, la gente de Candas, miraban con asombro, lo fácil que me resulta el trabajar y que por cierto no se lo creen hasta que no lo vieron. Así me lo dicen muchas personas. Arsenio, perdona, pero para creer lo que lo22222En que trabajas, es imposible, nadie lo entiende hasta que te vemos manejarte con una facilidad pasmosa.
Siempre les digo lo mismo, es normal, yo lo entiendo perfectamente, tampoco lo creí cuando el Director de La clínica me los presento. ¿Qué voy hacer yo ni nadie con estos aparatos tan feos, me dije? Pero para mí ya dejaron de ser feos, porque es más importante el servicio que me hacen que su peso en oro, son mis manos y con eso ya queda todo dicho y muy claro.
Le regale un video al Doctor, pues no me olvidé que en nuestra charla dijo entre otras cosas que le gustaría que su familia conociera mi forma de trabajar. Que era digno de ver la gran facilidad con la que actuaba.
Me siento agradecido por su gran comportamiento con nosotros y el gran interés que en todo momento mostró por mi caso.
Cuando volví a ver al Dr. D. Cándido, me dijo:
-Arsenio, su nombre se pronuncia en mi casa con mucha frecuencia y sobre todo cuando hay algo difícil, dicen: “hay que hacer como Arsenio”.
Quedamos de acuerdo en reunirnos con aquel grupo de médicos y enfermeras, en una tarde a los pocos días, en una de las salas de reuniones del centro médico de Sotrondio.
De nuevo me quité la ropa y les expliqué el funcionamiento y la forma del aprendizaje. El trabajo que costaba aprender a armonizar los movimientos de cada brazo, que debía funcionar totalmente independiente, que era lo más difícil. Dado que el mando es único para los dos aparatos, lleva mucho tiempo el a tender. Si tienes la cuchara en uno y coges el pan con el otro se cae la cuchara. Por ese motivo hay que aprender a trabajar con ellos muy bien
Es ahí donde hay que darle de duro para saber controlar y dirigir todos los movimientos, lo mismo para trabajar, asearse o comer. Esto es una de las cosas que hace rendirse a la gente al principio, y hace que se reniegue de todo por aburrimiento y cansancio de tanto pelear.
En aquella sala todo era silencio, nadie más que el Dr. D. Cándido y yo hablábamos, el resto observaban con mucha atención por lo interesante que les resultó sobre todo al ver con qué rapidez me los quitaba y me los ponía solo y sin ayuda. Esto sí que fue una de las cosas que mucho les llamó la atención y que al principio y sin verlo parece imposible.
Al terminar me dieron las gracias y me felicitaron por haber conseguido superar el terrible trauma que atravesé al comienzo de toda mi rehabilitación y haberles presentado algo tan importante que les agradó mucho conocer. Nos dieron un regalo para mi esposa y otro para mí por haber tenido la bondad de ir a explicarles algo que consideraban importante.
El Dr. D. Cándido al poco tiempo fue destinado a La Capital, lo sentimos mucho, lo apreciábamos por lo atento y buen profesionalidad y amable con sus pacientes, siempre que nos vemos nos saludamos con afecto, no nos olvidamos de su gran personalidad.
Primer parque de carbones y Estación de Sotrondio
En esta foto podemos comteplar una bonita vista de las locomotoras a vapor que había en el Ferrocarril de Langreo, de Gijón Liviana, así como el pequeño y primtivo parque de carbones, donde se cargaban los grades vagones de este histórico ferrocarril, que tan buen servicio presto a toda la región y que sigue como tren de viajeros.
Durante años mientras trabaje en la oficina del cargadero Santa Barbará, iba todos los días de la semana a facturar a esta estación, los tresnes de carbón que salían de nuestro grupo.
La casa que vemos a la izquierda de la locomotora, fue la primera estación de Sotrondio, dedicada hoy a vivienda. El ferrocarril fue inaugurado en el año 1852 hasta Sama, para llegar a Laviana 30 años mas tarde en 1.882. Este fue construido el 3º ferrocarril de España, el primero en Barcelona hasta Mataró y el segundo en Madrid, cercanías.
Durante muchos años este ferrocarril de Langreo pasaba atravesaba la montaña por medio de un Plano con un 13% de desnivel entre Florida y la estación de San Pedro con una longitud de 716 metros y 94 de altura manométrica, hasta que se contrtuyo el túnel de Carbayin con una londitud de 600 metros.
Para subir los trenes del cabon y los vagones de viajeros, pusieron dos locomotoras avapor en lo alto de la montaña
Antes que este ferrocarril en el año 1845, construyeron la Carretera Carbonera, por la que transportaron el carbón a Gijón al puerto del Musel, con carros tirados por cuatro bueyes, hasta que se inauguro en 1.852 el ferrocarril
Mineros de la sección Santa Barbará minas de monte
Aunque conocí a la mayoría de este grupo. Solo es el nombre de Corsino y su hermano Lúrsito Fernández García, parientes míos, Manuel Ortiz Bernardo, para los vecinos “Manulu” de la Cerezal. Como todos los de esta foto, grandes trabajadores nos, conocimos desde niños y fuimos a la escuela juntos en aquellos tiempos de la posguerra. Manulu, aunque estuvo largos años en extranjero, siempre fuimos amigos. Por eso describo este pequeño párrafo en memoria y recuerdo, porque ya no están.
Este grupo de picadores de carbón y varios rampleros. Como siempre con la lámpara colgada del pescuezo. Casi todos los picadores y rampleros, trabajadores en la rampla, tuvimos siempre la costumbre de llevar la lámpara colgada del pescuezo y el puntero para el martillo de picar metido en el cinto. Este tipo de lámpara eléctrica fue la primera que conocimos
Estas lámparas fueron las primeras eléctricas que conocimos los mineros, que buen servicio nos prestaron por ser mucho más prácticas y alumbrar más. Hasta este tiempo eran de gasolina y aparte de iluminar mucho menos, siempre las había que mantener derechas porque si no se apagan. En cambio las eléctricas se pueden poner de cualquier forma. Las lámparas de gasolina, se mantiene como parte de la seguridad minera, ya que es unos de los mejores métodos para detectar el grisú y la maleza en los fondos de saco. Cundo la lámpara se inflama es por la cantidad de grisú que hay. Automáticamente se apaga y el minero tiene que salir inmediata mente porque su vida está en peligro. Por lo que no podrá entrar a ese punto de trabajo hasta que no se ventile con un difusor, o una turbina.
Mineros de las minas de monte de la sección Sam Mames.
Este grupo de mineros todos de mi valle de San Mames, vivieron del trabajo de la mina compartidos con los trabajos del campo y de la ganadería, para producir parte de sus alimentos.
En aquellos tiempos se comenzaba atrabajar desde niños en los trabajos del exterior hasta los doce o catrode años que se iban a la mina. La mayoria de los de esta foto son del siglo XIX. Mi abuelo que es el primero por la izquierda, que lleva un guadaño, nació en el año 1.874 y murió en 1.939 cuando yo tenía 5 años. El salario que les pagaban era muy poco para poder virvir de el además de tener que trabajar 10 y hasta 14 horas al dia y la mayoría de los domingos. Un minero picador de carbón, le pagaban un salario de 3,50 pesetas por día, pero sin límite de horas
El primero por la izquierda de la fila segunda es mi abuelo Simón García. A la do su hijo Aquilino García. Ramón Suarez el “cubano”. La lampa raque llevan es una de las más antiguas de gasolina. Muy curioso reconozco a casi todos los mayores y no a los jóvenes





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