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Mi abuelo fue un hombre polifacético, se le daban bien casi todas las cosas de aquella época, cultivaba maíz, centeno, patatas, cebollas, verduras y tabaco para su gasto. Tenía una pequeña plantación calculada para el consumo del año. Lo secaba y lo picaba. Fumaba en pipa y el olor de éste dejaba a uno fuera de combate. Tenía un sabor fortísimo, yo no sé la causa, quizá fuera porque no sabía elaborarlo o por su clase. Desde luego, el que no estaba habituado a este tabaco, si se fumaba un pitillo se cogía una borrachera enorme que le hacía hasta vomitar. Tan fuerte era ese tabaco que hacía daño a jóvenes y mayores. Nadie más que mi abuelo se atrevió a fumarlo. En aquel tiempo, para hacer los pitillos se envolvían en una hoja de maíz seca. Casi todos los jóvenes del pueblo lo probamos y a todos nos tumbó. A unos les hacía más daño que a otros pero, en todo caso, a todos nos hacía mucho daño hasta vomitar por lo malo que era.

También dejó su sello al ser el primer vecino de mi aldea y también de las aldeas de alrededor en tener un retrete.

En aquel tiempo no conocíamos el WC por nuestra zona. Las necesidades fisiológicas se hacían en la cuadra del ganado. Fue mi abuelo quien hizo el primero que conocimos, allá por el año 1900.

En su finca de La Bobia, cerca de la casa, construyó con piedra, cal y arena un círculo para poder sentarse, con un agujero en el centro, además de una base para apoyar las piernas y poder estar cómodo. Le construyó una chabola de cebatu de varas de castaño, revocadas con barro y boñica de las vacas, ya que todo esto junto hace un sólido cuerpo más resistente que el barro solo. Le puso un buen techo de llábanas (piedras planas) que hacían el servicio de las tejas, una puerta también de cebatu y revocada para evitar ser vista desde fuera. Le puso una tubería hasta el pozo que cavó en el prado, un caldero para el agua y asunto resuelto.

Desconozco si pudo haber alguno más en otras zonas lejanas, pero en la nuestra no se conocía otro retrete ni de una forma ni de otra, hasta que llegaron los comerciales de loza, muchos años mas tarde. Estos empezaron a llegar a nuestro pueblo en el año 1954, el mismo año en el que yo perdí las manos.

En algunos escritos se dice que los primeros vestigios de la existencia del WC son de hace casi 3000 años, bajo el reinado del rey Minos de Creta, en cambio otros sitúan al primer retrete en Pakistan y lo fechan en una época muy anterior, 2500 años a.c. Luego llegaron los romanos y los mejoraron. Pero eran retretes públicos o para los palacios de los ricos. Un poeta inglés, sir John Harington, diseñó para la reina, en 1597, un retrete parecido a los actuales y cien años más tarde se perfeccionó el sistema de cisterna. Pero no fue hasta mediados del siglo XIX que la Salud Pública inglesa obligó a instalar en todas las casas que se construyeran un servicio de inodoro. Hacia 1890 ya se había extendido a toda Europa.

O sea, que hace poco más de dos siglos que las cloacas sirven a domicilios privados, hasta entonces la gente común hacía sus necesidades en un orinal que vaciaba en la calle al grito de ¡agua va! La gente del campo tenía para sus necesidades la cuadra del ganado, así que el retrete tardó mucho tiempo en ser valorado y comercializado entre los campesinos. Así que mi abuelo fue un adelantado a su tiempo también en el uso del excusado.

 

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