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Cuando ya más tarde conocí a José Ordíz, no se cansaba de hablar de mi padre, sabía el final que se avecinaba: la muerte del esclavo reventado por esos dos miserables. Este hombre que siempre fue de lo más noble con mi padre, más tarde lo fue conmigo, cuando después de sufrir el accidente de las manos y de comenzar a comercializar los abonos, él mismo se ofreció para ayudarme a introducirlos en el valle de Turón, para ayudarme a promocionarlos. Fue conmigo y me presentó a varios comerciantes y ganaderos, mostrándoles mi buena conducta y buen material. En aquella zona tuvimos un buen mercado. Si cierto es que les serví buena mercancía, también lo es que la buena gente de aquella zona lo reconoció y siempre fueron unos de nuestros mejores clientes. A partir de aquella fecha en la que José me acompañó, hubo pueblos que nos compraron todo el vino y el abono que precisaron.

Era un hombre muy agradable, siempre tenía gracia. Una tarde llegamos mi esposa y yo al mesón La Curva de Santa Bárbara. Después de saludarnos e invitarnos les dijo a los que estaban en el bar: “ahí tenéis a un hombre más fuerte que el acero, cuando tenía 17 años se operó de una hernia y, cuando terminó la operación fue andando desde el quirófano hasta la sala Santo Domingo, llegó a la cama y pidió a los compañeros que le ayudaran a acostarse pero éstos no creyeron que venía de operarse. Cuando comprobaron que era verdad, quedaron asustados. Así me lo contó Alvarín Casorra, que estaba hospitalizado en una cama cercana a la de él, tras caerle una castañal encima. Es tan fuerte como su padre, de haber seguido en la mina, seguramente correría la misma suerte y terminaría también reventado, como terminó su padre.
 
De la misma forma y con afecto, recuerdo un paisano de la Güeria de Urbiés, Luis, vecino de la Teyera, muy cerca del alto La Colladiella. Una tarde de mucha niebla, estaba orbayando  y al pasar por el alto, vi que él estaba segando en uno de sus prados. Al verme se acercó, me saludó y me dijo:
 
-Me alegro mucho de verte porque eres muy formal. Aquí en este valle te apreciamos mucho porque nos mandas buen material. No entra más que el vuestro. Nos sirves un buen vino y un buen abono. Lo único que te aconsejo es que no mandes a esta zona el abono negro porque aunque pinta muy bien de momento, más tarde da mofu, a mi manera de ver. Lo mejor es lo del saco blanco.
 
El mofu o musgo, es cierto que sale en las partes húmedas, que por estar situadas al norte, tienen menos horas de sol. Por eso no se pueden abonar estas partes con abonos nitrogenados. Lo primero es saber el PH. que hay y luego poner cal a esas parcelas con 2.000 a 2.500 kilos de cal por hectárea, según el grado del PH, que debe de mantenerse del 6,5 al 7%.
 
-Muchas gracias Luis, es para mí una gran satisfacción saber que nuestros clientes están a gusto con el producto que les servimos, le aseguro que siempre respetaré a mis clientes y que la mercancía será la mejor que pueda servirles. Soy hombre agradecido, y la buena gente de este valle se lo merece, por lo atentos que sois conmigo. 
 
Luis fue un gran hombre que trabajó toda su vida de minero, además de ser un buen ganadero. También había sufrido un accidente en una de sus manos, le faltaban varios dedos y eso nunca le impidió trabajar. Siempre le aprecié mucho porque como todos los de su zona supo valorar mi forma de atenderles y me compraron toda la vida hasta que me retiré.
 
Que sirvan estas palabras como homenaje a toda la gente de aquel valle que recuerdo con cariño. 
 

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