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Hay personas a las que las adversidades de la vida les dejan fuera de combate. Sin embargo la vida es una sucesión de elecciones. Cada vez que sucede algo malo, se puede escoger entre ser una víctima y maldecir a la mala suerte o sobreponerse y aprender de ello, para salir adelante y liberarse de tanto dolor.

Recuerdo una tarde, después de regresar de Madrid a mi casa, que Elviro Martínez, el alcalde, me llamó para que bajara a verle. Quería charlar conmigo sobre mi compañero Alejandro, que tenía una niña con la que aún era su novia. Yo, que le apreciaba como si de mi familia se tratara, al momento bajé. Nos saludamos y me dijo:

­–Arsenio, perdona que te haya molestado.

­–Tú nunca molestas, tranquilo, me resulta muy agradable charlar contigo y te aprecio mucho porque sé lo que luchaste por nosotros. Puedes estar seguro de que siempre recordaré tu gran generosidad para hacer por la gente todo lo que esté de tu parte. Todos te apreciamos por tu buena forma de ser.

Me dio las gracias y comenzó diciendo:

­­­–Estoy preocupado por Alejandro porque no hace como tú, que trabajas y estudias. Bebe mucho y quisiera poder convencerlo para que dejara de beber tanto y diera apellido a su hija. No hay nadie más indicado que tú, me dijo, porque sé que te aprecia porque le ayudaste mucho. Supiste ser fuerte, luchaste por ti y por él. Le llamaremos y entre los dos haremos lo que podamos. Todo el mundo dice que lo mejor para él será que ponga nombre a su hija y que siga con su novia. Aquí está solo y no saldrá de la bebida. A ver si entre los dos podemos conseguirlo. ¿Tú qué opinas?

­–Lo mismo que tú, eso sería lo normal, pero no lo conseguiremos, podemos intentarlo pero ya comprobarás que es imposible.

Le conté mi lucha con él. Ya no me quedaban argumentos posibles para poder convencerle porque ya en el Adaro de Sama, recién accidentados, le había pedido que recibiera a su novia que, con mucha frecuencia, lo visitaba en el hospital intentando darle su cariño y su ayuda. Muchas veces le dije:

­–Alejandro, no tortures a esa mujer que te quiere y te adora, no la dejes sola, sigue tu relación con ella, no tomes decisiones que más tarde puedas lamentar. Espera a venir de Madrid y, cuando empecemos a trabajar, si nos colocan en Duro Felguera, ya puedes cumplir con el compromiso de padre y de marido. Deja que corra el tiempo que es el mejor consejero y podrás seguir por el mejor camino que tú creas conveniente, pero no rompas con ella.

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Nada pude hacer, siempre me decía lo mismo, que no iba permitir que su suegra se riera de él por encontrarse sin las manos y que si no se había podido arreglar con ella antes peor sería al verle sin manos. Esto fue superior a sus fuerzas y nunca lo pudo quitar de su mente. Varias veces me contó que habían tenido fuertes discusiones, sobre todo las dos veces que intentaron preparar las cosas para casarse, antes de su accidente. En cambio me decía que quería a la chica pero que nada podía hacer. Aunque yo le decía:

­–Tú no vas a vivir con la madre, podrás ir a una casa y, como los demás, montar tu propio hogar. Las discusiones con su madre, nada tienen que ver con tu novia que es muy buena chica y te quiere a pesar de tu estado. Eso a mí no me parece ningún obstáculo que te obligue a dejarla y a renunciar a tu propia hija. Ella siempre dice y creo que lo dice de corazón, que lo de las manos no impide que seas su marido. Fíjate en lo mucho que te quiere, que me pide que te ayude a levantar esa moral, rogándome que te anime porque dice que para ti será lo mejor y que los dos, junto con vuestra hija podréis ser felices porque te quiere. Alejandro, yo mismo veo las dificultades que los dos tendremos en la vida y me parece normal que tengas dudas, por eso te pido que no decidas nada ahora, pero que tampoco la eches, debes esperar”.

En la clínica en Madrid, hasta puse papel y bolígrafo delante de él para que escribiera a la madre de su hija. Ella misma me había partido el corazón en el Adaro, cuando le decía con cariño que ella le ayudaría, que lo quería tanto como a su vida. Me dejó su dirección escrita para que la llevara yo hasta Madrid a ver si lo convencía. La pobrecilla lo quería y no quiso perderlo. Ella me pidió por favor que lo convenciera, varias veces lo dijo para que no me olvidara. Pero por mucho que yo lo intentara él no doblegó, siempre me dijo que no se ataría a nadie, que ya no estaba en condiciones para esas cosas.

Más tarde lo intentó incluso el cura, Don Marcelino. Me llamó y nos reunimos los tres pero no fue posible. Lo sentía mucho, habíamos estado en la misma habitación desde el primer día del accidente. Ingresamos juntos en la clínica en Madrid, siempre juntos a todas partes, nunca perdimos el contacto. Siempre nos respetamos aunque tuviéramos distinto punto de vista. Le gustaba mucho gastar bromas. Yo tengo la costumbre de caminar rápido y cuando íbamos de paseo por Madrid, decía:

­–Arsenio, espera un poco que voy a por la bicicleta para poder seguirte, ­él caminaba despacio, siempre le tenía que esperar.

Desde luego aquello fue un dolor, yo sufría por él y por su novia, porque me di cuenta de que lo que dijo era ya su última decisión. Y sobre todo por ella, la mujer lo quería con todas sus fuerzas y fue mucho lo que sufrió, no quería perderlo por nada. Me pidió que lo convenciera y que lo ayudara lo más que pudiera. Fue una pena que no siguieran juntos, pero yo no pude hacer más para cambiarle aquella idea que se le metió en su cabeza y con ella se fue a su tumba.

Después de salir del Sanatorio Adaro de Sama, nunca más volví a ver a su novia. Pasaron unos cuantos años, cuando me contaron que esta chica se había casado con un buen hombre, tan bueno como ella se merecía, por ser buena persona y por lo mucho que sufrió por Alejandro. Así mismo, me dijeron que la suerte la acompañó, de lo cual me alegro mucho. No sé si vive aún ni dónde. Me gustaría mucho poder saludarla y darle las gracias por lo valiente que fue al seguir queriendo unir su vida  a un hombre en aquella penosa situación, pues no todos tiene esa capacidad para valorar y ayudar. En estos casos y otros semejantes es donde se pude apreciar la categoría de las buenas personas y esta chica lo demostró.

 

Continúa en el siguiente artículo.

 

 

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