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Archivo mensual: marzo 2016

El 26 de Noviembre del 2002, como todos los años fue la feria del Mercaon de Cabañaqinta Aller. A pesar de estar en el otoño, en Candas había un bonito día soleado y muy apacible. Más bien perecía un día de primavera. Salimos de Candás con una temperatura agradable, pero a medida que avanzábamos hacia el interior iba enfriando. Había una helada tan blanca como si hubiera nevado.

Esta es una de las ferias más importantes de nuestro País en ganado vacuno y equino, a pesar del tremendo frío, había mucha gente.  Siempre fue costumbre de todos los mayores de nuestra zona el ir a esa importante feria allerana. Ya lo hacían nuestros padres y abuelos en aquellos tiempos que no había carretera. Iban a través de los montes del cordal, caminando por unos simples senderos de monte muy estrechos y con muchas subidas y bajadas. Tenían que pasar por la falda del Pico Tres Concejos con una altitud de 1.250 metros y muchas veces ya cubierto de nieve en el mes de Noviembre. En aquel tiempo se decía: el día todos los santos la nieve por los cantos. Era una caminata de tres horas para ir y otras tantas para regresar. Lo bueno sería haber tenido un buen caballo para no ir a pie, pero no era posible por los malos tiempos que corrían: había mucho trabajo y poco dinero.

Es costumbre de los que vamos a comprar un animal madrugar para estar presentes cuando llega el  ganado, aunque algunos ya los llevan a dormir al recinto de la feria el día antes y los más espabilados llegan ese día también para hacer algunas compras, siempre buscando lo mejor y lo más barato.

Todos los años después de retirarme del trabajo y dejar de ser ganadero, solíamos, en los primeros días de Octubre, comprar un ternero para cebarlo tres meses para hacer el samartín y dejar provisiones de buena carne en el congelador. Esta vez por no disponer de tiempo libre no me desplacé al puerto de San Isidro, por lo que pensaba comprarlo en la feria.

Nos acompañaron mi hijo Norberto y su esposa y la niña Alejandra. Pasamos casi toda la mañana en la feria pero no nos fue posible comprar; no había mucho ganado y los precios eran muy altos. Pensé que lo mejor sería ir a comer por el alto Aller y dejarlo para otro día para comprar por un pueblo.

La sorpresa de un ganadero al visitarle  para comprar un ternero. El 27 de Noviembre del 2003 salimos de Candás mi esposa y yo a primera hora de la mañana. Visitamos a nuestra hija Mónica en la finca de Sotrondio. Ella iba a trabajar y nosotros a los pueblos de Campo de Caso a comprar un ternero para hacer los chorizos y carne para el congelador. Era un buen día apacible y soleado que invitaba  a pasear por aquel bonito paisaje. Después de comer por aquella zona del alto Nalón, paseamos por distintos pueblos a la vez que buscamos el animal que necesitábamos. Tampoco fue posible, unos por viejos y otros por demasiado pequeños. Como hacía tan buen tiempo los ganaderos estaban en la montaña y no regresarían hasta la noche, por ese motivo resulta aún más difícil encontrarlo. Visitamos los pueblos de Jobéanos, Bueras, Orlé y Campo de Caso. En Bueras tomamos café en el bar del pueblo. Allí había tres ganaderos, les saludamos y preguntamos por los terneros. Un señor nos dijo que tenía uno de nueve meses.

-¿Cuánto pesa?-le pregunté.

-Hombre, yo no lo sé pero está muy bien.

-Me parece algo joven, necesitamos uno mayor para cebarlo durante tres meses.

-Si es para chorizos, es bastante.

-No lo creo, nosotros hacemos chorizos para cuatro casas y carne para el congelador.

-¿Para cuatro casas?

-Así es: las de los tres hijos y la nuestra.

-Siendo así puede que sea pequeño. De todas formas por verlo nada perdemos, está muy cerca, a solo un kilómetro en Nieves.

-Conozco el pueblo. Vamos a verlo.

Cogimos el coche. El ganadero llevaba un buen todo terreno. Nos acercamos a la cuadra y vimos que el ternero era muy pequeño, muy corriente y de baja calidad. Un buen ternero tiene que tener buenas medidas y muy buen pelo para que al cebarlo ponga muchos kilos. Uno corriente lo mismo da cebarlo más que menos, casi nunca sale de la ruina.

-No me sirve. Lo siento, amigo-le dije.

Salimos de la cuadra y seguimos charlando. Cuando ya nos íbamos me dijo:

-Arsenio, ya hace cuarenta y ocho años que te conozco y en todo este tiempo solo te he visto dos veces. Una de ellas en una boda que comimos en San Pedro de Tiraña. Aquel día me llevé una sorpresa porque me di cuenta de que te había conocido en Madrid. Estabais comiendo en un bar en Lavapiés, otro joven que tampoco tenía manos, pero como no sabía que erais de mi tierra, no os  saludé. Me dio pena al veros tan jóvenes y sin manos. Estábamos en la mili uno de Collazo y yo. No se nos ocurrió que fuerais asturianos. En la boda te saludé pero no me atreví a decirte nada. Estás igual que en aquel tiempo, me asombro de lo joven que estás.

Aquel día en Madrid nos aquedamos asombrados y mirando lo bien vestidos que ibais con buen traje y corbata y sin manos. Lo mismo mi compañero que yo, lo comentamos en el cuartel con los compañeros y nunca olvidamos aquel cuadro de ver a dos jóvenes sin manos y comiendo con toda normalidad.

Me dijo: tú no te das cuenta, pero es duro y a la vez intrigante al conocerte, por esa normalidad que se ve en tus actuaciones, como si tuvieras manos. Todo el mundo que te conoce dice lo mismo, es un hombre muy valiente y más duro que el acero, porque no debe ser fácil adatarse a vivir sin manos y con esa normalidad con la que tú vives. Así mismo me dijeron que el otro que perdió las manos el mismo día, no pudo con ello y se dejo morir con sus borracheras permanentes. Mientras que tu trabajaste mucho y estudiaste a la vez. Hasta se que creaste una empresa y que eres muí buena persona con la gente que trabaja  con tigo. Fíjate Arsenio las noticias buenas corren como la pólvora, aparte de que todo el mundo te conoce, me informo muy bien un pariente mío lejano, que trabajo contigo varios años. Había unos cuantos años que no lo veía y nos encontramos en el mercado de Laviana, donde me conto que eres inventor de maquinaria. Que has hecho unas cuantas maquinas, a demás de escritor, que eres un manitas que se te da toda clase de trabajos.

-Hay que moverse y crear nuevos horizontes, aparte de que me gusta mucho trabajar hay que modernizar los trabajos creando nuevas tecnologías, para hacer la vida del hombre un poco más apacible. No me olvido de aquellos años de mi juventud, cuando reventados de trabajo y poca comida había que tragar lo que te echaran. Después de pasarlo tan mal, es posible que aquello me haya ayudado a pensar en crear nuevas cosas y aficionándome al diseño y a la invención.

-Cómo es posible Arsenio que trabajando tanto como tú trabajas y habiendo pasado por tanto sufrimiento, te encuentras muy joven.

Es cierto que me encuentro bien, el moverse y el trabajo es salud. Si no me hubiera dedicado a trabajar y luchar la vida, es posible que estuviera mucho peor. Un hombre no puede quedarse en una esquina a llorar sus penas. Hay que ponerse las pilas y seguir adelante, aunque los años pasan y por muy bien que uno se encuentre no pasa en balde. Lo bueno sería seguir así. Tú también estás muy bien, creo que debes de ser un poco más joven. Yo ya tengo sesenta y ocho años.

-Pocos menos tengo yo-dijo él,-Sesenta y dos.

-¿Cómo te llamas? No sé tu nombre.

-Fernando.

Le tendí mi mano para saludarle. Que nos conservemos unos cuantos años más así de bien, amigo y siento que no nos conociéramos allá en Madrid porque ya sabes lo agradable que es encontrarse con uno de la tierrina. No sé por qué, pero el caso es que la gente se aprecia un montón cuando está lejos de su tierra.

Todavía recuerdo cuando me encontraba en la clínica en Madrid en mi rehabilitación. Cuando oía una canción asturiana en la radio, porque todavía no había televisiones, me saltaban las lágrimas. Por si fuera poco la morriña que sentía por mi familia, yo era aficionado a cantar Asturiano y mi desdichada juventud no me dejó por varios accidentes de trabajo y dos operaciones que sufrí, me privaron de mi afición a cantar. No podía evitar la emoción. Es increíble lo que llama la atención a uno todo lo que se relaciona con nuestra Asturias, la llevamos dentro de nosotros por naturaleza y como símbolo y recuerdo de nuestra querida patria. Lo mismo da estar más cerca que más lejos, allí donde vayamos su recuerdo va con nosotros.

Todo esto lo recuerdo muy bien porque mi esposa y yo pasamos largas temporadas en Escocia donde tengo el hijo que es médico psiquiatra. Aunque lo pasmos muy bien por lo bonito de aquella zona, y viajando por toda Escocia, nunca nos olvidamos de nuestra tierra. Todas las noches a la hora de cenar poníamos el canal Internacional de Televisión, para saber de España y contemplar sus bonitos paisajes. Nuestra tierra nuestra patria donde se vive muy bien por su excelente clima y su exquisita gastronomía. Es imposible por mucho que uno viaje por el mundo, encontrar una gastronomía como la Española y sobretodo la Asturiana y la Gallega, que son incomparables.

Después de elegir el modelo de coche que me interesaba, le pregunte al vendedor del cocesionario, si se podría cambiar el volante, ya que aquel modelo  no era apropiado para colocar el mecanismo que había diseñado para poder conducir los coches anteriores.

-No se puede dijo, porque es electrónico.

-Si no se puede cambiar ese volante no podemos pedir el coche hasta que pueda hacer un estudio de cómo voy a diseñar un nuevo sistema. El que tengo en mi coche, no se puede acoplar en ese volante. Lo importante sería que me prestaran un volante para que en mi casa pueda trabajar sobre éste y acoplarle el nuevo mecanismo sin dañarlo.

-Imposible, había uno de un coche nuevo siniestrado pero fue vendido hace unos días. Puede acercarse a un desguace a ver si le dejan alguno que le pueda servir.

Aunque me di cuenta de que aquel modelo era nuevo y no lo encontraría, fui a un desguace que había muy cerca. Le expliqué el motivo y le dije que solo se trataba de tomar unas medidas. Me presentaron el más parecido, pero vi que no iba a servir.

-En un momento se lo devuelvo. Voy hasta el concesionario a comprobarlo, está muy cerca.

-Vale, llévelo pero me deja 4000 pesetas de fianza.se devuelvo al regreso.

No tuve más remedio que dárselas. Vi con sorpresa que no confiaba en mí. No valió y se lo devolví.

Al marchar del concesionario le dije al jefe.  Empezare a trabajar por este tema, pero tendré que venir algunas veces por aquí para hacer pruebas para adaptarlo.

-Puede venir las veces que necesite, pero con el cuidado necesario para no dañar el volante, pues tiene dueño.

Eso ya lo sé señor, soy hombre precavido y procuro hacer las cosas lo mejor posible. Además si hubiera algún daño yo seré el responsable. No creo que el calibre para tomar medidas le haga ningún daño. Aparte de que la plantilla será de material noble para que no deje marcas y pueda trabajarla mejor hasta que ya pase a fabricarlo en acero inoxidable.

-De acuerdo venga cuando le haga falta.

En aquel momento empecé con las medidas. Aquel señor mandó que subiera un mecánico para que viera si era posible hacer algo. Llegó uno y le explique lo que había que hacer. Lo miró y dijo que no había nada que se podía hacer nada. Mandó subir a otro. Al final formábamos un grupo de gente: el vendedor, la jefa de ventas, el mecánico, el chapista y algunos otros más. Cada uno daba su opinión pero todos coincidían en que no se podía resolver el problema. Desde luego que yo también lo veía duro y me encontraba disgustado, pero dispuesto a luchar por el tema para conseguirlo. El que me vendía el coche me preguntó:

-¿Qué piensa Arsenio? No dice nada, le veo muy callado. ¿Qué va hacer? Puede escoger otro modelo que le pueda servir.

-No creo que haga falta ningún cambio, seguiré con este proyecto aunque me lleve mucho tiempo.

-Lo siento mucho, nosotros no podemos hacer nada. No encontramos una solución a su problema.

Puede ir a una casa que hay en Gijón donde adaptan coche para minusválidos, algo le harán.

Me dijo la dirección y me persone allá. El Individuo que me atendió. Después de explicarle lo que necesitaba, me miro de arriba abajo, como asombrado y me dijo con cierta brusquedad.

-Imposible hacerle nada, nosotros no fabricamos mecanismos de esa clase. Y añadió; pero usted conduce.

Claro que conduzco ya llevo varios años

¿Me deja el carnet de conducir?

Me acerque al coche y se lo di y lo miro con todo detalle. Vi que era hombre muy desconfiado, no se fio de lo que le dije.

Creo que debí decirle. ¿Para qué me pide el carnet si dijo que no iba hacer nada? Pero por ser más educado que el nada le dije y marche muy descontento con su forma de tratar a las personas. Aquel individuo, me trato con desprecio y desconfianza, seguramente pensando que todos somos como él.

-Cuando regrese al concesionario el vendedor me pregunto. ¿Qué le dijeron en esa casa, le pueden hacer algo?

No hay con quien tratar, el individuo que me atendió no sabe tratar a la gente, es un déspota. Seguramente que pensó que no puedo trabajar ni conducir un coche.

-Si todavía no tiene nada para resolver el problema ¿Qué piensa hacer? Arsenio.

-No tengo nada pero lo tendré. He solucionado cosas más difíciles y espero hacerlo ahora también. No me dejo vencer por las dificultades fácilmente. Tomaré las medidas y llevaré un croquis para poder trabajar.

-Le di al mecánico el croquis que yo había dibujado del volante. Le dije, si no es molestia vaya apuntando las medidas que le voy a dar en ese croquis.

Saqué el calibre, el metro, empecé con las medidas para empezar a luchar con aquello, que según ellos no tenia solución. Desde luego que para mí también me resultaba difícil pero debía trabajar para conseguirlo. Me interesaba aquel modelo de coche y no otros.

Marche para mi casa con las medidas en el croquis y sin saber cómo lo iba resolver, pero pensando que algo se me ocurriría después de estudiarlo detenida mente.

Trabaje todo el día y parte del otro. Preparé una plantilla con material fácil de trabajar para hacer las pruebas. Al volví a probar y encajaba muy bien, quedaba como si hubiera nacido allí, pero no podía sujetarlo con toda seguridad por falta de espacio. Pasaron varios días prepare distintas medidas. Al terminar un modelo en acero inoxidable, fui de nuevo a probarlo. Este mecanismo me había llevado varios días de trabajo. El material era duro y de un grosor de doce milímetros con encaje para un rodamiento, además del sistema de sujeción y la tapa de embellecedor. Tarde varios días en hacerlo, lo suficiente como para que aquellos pensaran que habría tirado la toalla. Seguramente al recordarme pensarían que ni me acordaba del coche, cuanto menos del mecanismo tan difícil, que ellos no creían ni en el invento ni en mí.

Cuando llegué de nuevo para hacer aquella prueba la expectación era grande, pero más lo iba a ser cuando les dije que no valía. Lo cogieron y lo miraron con atención. Aunque la mayoría callaba, uno dijo.

Baya obra de arte que has hecho, esta preciso.-Porque no le vale Arsenio, está muy bien trabajado, y además en acero inoxidable, está muy bien pulido, brilla como un reloj ¿Tiene maquina de pulir?

Si, como no la voy a tener sin ella como trabajaría mis prótesis

Aquel gran trabajo se quedó para el recuerdo. Lo conservo como una más de mis obras. Al ser tan pequeño el hueco donde iba ser encastrado no me fue posible sujetarlo bien.

No lo pude dar de paso les dije,  porque no puedo sujetarlo con toda seguridad, seguiré trabajando para encontrar una solución más segura.

Construí otro modelo con otras medidas, aunque siempre con el mismo rodamiento y otros enganches que pudieran sujetarlo con seguridad. Se trataba de una cosa seria y a mí no me valen las chapuzas. Si no estoy seguro de que vale, no lo admito.

El vendedor me había mandado a otro mecánico para ayudarme a tomar nuevas medidas. Cada vez que le daba una para que la apuntara en el croquis me miraba sorprendido, al ver que aún tenía ganas de seguir. Aquel individuo convencido de que aquello no funcionaría, no se callaba, protestaba diciendo que todo era una pérdida de tiempo y que dejara de dar vueltas.

Le dije que tuviera paciencia, porque era la única forma de hacer algo. Debo decir que en aquel momento prefería que se marchara, aunque nada le dije. Me estaba molestando mientras trabajaba. Como vi que seguía con la misma actitud, con mucha educación le dije:

-Por favor venga conmigo a mi coche, le voy a enseñar el mecanismo que llevo desde hace treinta años, que yo mismo fabriqué y nunca dio problemas.

Me acompaño y le mostré el modelo, lo miró y dijo:

-Eso está chupado aquí sí funciona pero en aquel nunca lo conseguirá, porque es imposible de colocar eso ya lo ha visto usted y no se da por vencido.

Me quedé mirándole por un momento, no le dije nada. Regresamos al otro coche y seguimos con las medidas. Cuando pasó un poco de tiempo me dijo.

-Oiga, ¿por qué es usted tan terco? Si no va a conseguir que esto funcione, déjese y convénzase de una vez de que nunca podrá conducir este coche.

De nuevo me quedé mirándole por un instante. No sabía qué decirle para que me dejara en paz. En aquel momento de doble angustia, una por lo duro de la obra y otro por lo mal que se portaba conmigo, atormentándome sin cesar y sin parar de hablar y de decir tonterías, le dije.

-¿Señor porque no se calla y me deja trabajar? Me está poniendo de los nervios. Entérese bien de lo que le voy a decir: o dejo de ser paisano o he de conseguir todo esto. ¿Le vale?

-De eso nada, de aquí no saca nada.

-O sea, que no cree en nadie, solo vale lo que usted piensa. Oiga, si le dijera que soy inventor ¿me dejaría en paz de una puta vez?

-¿Que es inventor? Y ¿con qué nombre?

-Con el mío, ¿por qué debería ser otro? ¿A caso no le vale?

-Perdone, si es inventor lo sacará.

Me quedé como helado. No creía lo que acababa de oír. Primero me había atormentado con sus inoportunas opiniones, asegurando lo que no sabía y luego, por el hecho de decirle lo de inventor, cambió rotundamente su forma de valorar a una persona. Increíble pero cierto.

Desde luego que es como para no creer que haya personas con esa mentalidad, me asombra esa forma de actuar en la vida. No tenía ninguna razón para valorar ni para enjuiciar ni antes ni después. Primero porque no sabía y después tampoco porque pude haberle dicho una mentira. Si antes no creía en mí tampoco lo debía hacer después. Esa forma tan rotunda de cambiar, me parece una salvajada. Un hombre no puede ser tan vulnerable.  La inteligencia el respeto y la habilidad debe ser de otra forma, porque nunca se puede decir o hacer las cosas sin saber el por qué. ¿Cómo se atrevió a negar y a discutir lo que un hombre lucha y quiere hacer? Él lo desprecia pisoteando el valor de otro hombre sin saber quién es ni su capacidad. El terco, el torpe y el mal educado es él, porque no sabía por dónde andaba. Por más que le explicaba, no se callaba, ni siquiera por educación. Deja al hombre que trabaje y observa a dónde llega. Si dije que todavía era posible sería por algo.

Seguí trabajando y tarde  una semana más de trabajo, pues una obra artesanal lleva tiempo-Volví a probarlo, seria la cuarta o quinta vez que había ido allí, entre medidas y pruebas. Pedí permiso, como siempre para ir al coche. El jefe me acompañó.

-¿Qué tal, Arsenio? ¿Sacó algo esta vez?

-Creo que sí vamos a probarlo.

Nos dirigimos al coche y empecé con el montaje. Al momento estábamos rodeados de gente que en silencio esperaban saber el resultado. Me di cuenta de que entre ellos había diferentes opiniones. Uno decía que puede que lo sacara porque me veía muy seguro y con mucho aguante para no claudicar. Otros, que era imposible, que aunque insistiera, nada conseguiría. Coloqué el mecanismo, lo probé y quedó perfecto. El jefe me preguntó ¿cómo lo ve Arsenio?

-Muy bien, esto está a toda  prueba le dije. Ya puede pedir el coche.

En ese momento el gallinero que allí había se quedo en silencio.

Había siete meses de espera para conseguir que viniera el coche. No había forma de traer el de gasoil de Alemania en menos tiempo, porque este modelo llevaba un motor que había salido en el mismo año 2000,  además del cambio secuencial, que era el mejor del mercado.

En el momento que le dije que servía salí del coche con cara alegre por haberlo conseguido. El silencio que había, lo rompió un mecánico, que con energía dijo:

Ahí os queda eso. Algunos deberían pedirle perdón a este señor- y dirigiéndose a mí dijo -Señor le felicito, es usted todo arte, no hay quien le gane. Yo nunca dude de usted, porque le veía muy seguro de sí mismo y eso me hizo pensar que lo conseguiría. Me alegro mucho.

-Muchas gracias por haber confiado en mí. Me acerqué y le tendí mi mano para saludarle, agradecido por saber valorar las cosas como son. Aquel señor sí que fue inteligente. Observo todo el tiempo pero sin decir nada al respecto y hasta que vio lo que realmente salió de aquel trabajo que fue imposible para todos, pero no para él.

Mucho trabajo y tiempo pero salió, les dije.

-Claro que sí dijo: además, con agallas y con una estética digna de ver, parece que nació ahí.

¡Qué satisfacción sentía aquel hombre al ver que lo había logrado! Creo que estaba casi tan contento como yo. Supo ver y valorar el mérito de uno de sus semejantes. Eso sí que es ser bondadoso y comprensivo, un hombre con buenos sentimientos, digno de admiración.

Aquel mecánico que me atormento no dijo nada y en lugar de disculparse como los otros, se largo como si estuviera enfadado por conseguirlo. Espero que eso le haya servido para aprender algo, sobre todo a confiar en los demás. Cosa que algunos desconocen por ir por la vida pensando que son los más y los mejores. Nuca se sabe quién es el mejor, cuando menos te lo esperas, aparece otro que sabe más. Así son las cosas y así las hay que admitir.