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Archivo mensual: julio 2014

Seguida mente fui a visitar al molinero. Fue muy cortés, le expliqué el motivo de mi visita y dijo que podía mirar todo lo que quisiera. Subí a la moxeca de cada molino y miré la calidad de trigo y también la de la harina. Le pregunte si me vendía alguna cantidad y el precio.

-Es a 100 pesetas kilo y puede llevar lo que quiera.

Pese lo que tiene en ese saco, el que estaba llenado.

-¿Son 33 kilos, los lleva todos?

Claro que los llevo y si fueran más también. Le di el dinero y salí para Ribadeo, a casa de mi suegra donde me esperaba mi esposa. Les conté lo de la harina y quise que aquella misma tarde hiciera pan. Pensando que si era la calidad que nos gustaba, en cuanto llegáramos a Asturias me pondría a preparar un molino en el poco tiempo que tenia libre.

En efecto, lo mismo mi esposa que mi suegra, les gusto la idea. Aquella misma noche cenamos con el pan de aquella buena harina del molinero de Mondoñedo. Salió un buen pan. Cuando regresamos a casa no me olvidé de mi promesa, comencé a buscar información sobre el molino, solo necesitaba saber a las revoluciones que tiene que llevar para no calentar demasiado la harina al molerla. Comencé a buscar por teléfono por diversas provincias. Al final lo encontraría en Castellón de la Plana. Allá había un señor que los fabricaba.

Cuánto cuesta un molino.

-Un millón de pesetas más el porte.

Lo comprendo señor, se trata de molinos industriales los que usted fabrica, pero yo solo lo voy a emplear para moler para el pan de mi casa, no se trata de ningún negocio. Soy un poco aficionado a la mecánica y quiero hacerlo yo. Lo que necesito es saber a las revoluciones que tiene que llevar para no recalentar demasiado la harina, el resto yo lo hare

Muy bien me dijo el señor muy atento, si lo va hacer usted, póngalo a 90 revoluciones. Lo mismo el de agua que el eléctrico y le saldrá una harina de primera calidad, si pone buen trigo claro.  

Le di las gracias y me dediqué a trabajar. Después de hacer los cálculos de la polea adecuada para que el volumen del molino no fuera muy grande, necesitaba un motor de solo 690 revoluciones, cosa que no era nada fácil encontrar. Tuve suerte y lo conseguí y aun precio normal. Con ese motor y las medidas de la polea que tenia diseñada, salían las 90 revoluciones. De todo esto salió un gran molino, aunque me llevo tiempo y trabajo, mereció bien lo invertido en él. Da una calidad de harina igual a la de los molinos de agua. A partir de aquella fecha siempre se molería el trigo que sigo comprando al señor molinero de Mondoñedo, por ser de muy buena calidad. Algunas veces lo traje de otras partes y lo tuve que echar al ganado por su mala calidad. No todos los trigos son para el pan bueno. Sin duda hay por aquella zona una clase de trigo que no se nota ninguna diferencia con el trigo de escanda.

Desde siempre hubo alguna gente que dice que el molino de agua, da mejor harina que el eléctrico. Eso es una equivocación. Está demostrado que si la piedra es de la misma calidad y las revoluciones, a 90, como los de agua, no hay ninguna diferencia. Yo mismo hice la comparación. Traje algunas veces harina de Mondoñedo expresa mente para asegurarme del tema. Nada tiene que ver el agua con la piedra y la velocidad. Hay una fuerza motriz que hace girar un eje, si la velocidad es siempre la misma, nunca va a cambiar la calidad del producto.

Poco a poco fui mecanizando las cosas. Después del molino hice un horno de gran capacidad, en el que se pueden asar dos corderos a la vez o cocer el pan. Calentado por energía eléctrica o por leña. Además es portátil, a pesar de su gran peso de 1000 kilos, por estar en una armadura de acero, puede ser transportado con un camión si fuera necesario. Por adentro es de ladrillo refractario y entre su chapeado exterior lleva fibra de vidrio para la conservación del calor.  

En uno de mis viajes a Galicia a ver una obra de Agroman, la variante de Mondoñedo en Lugo. Mi esposa se quedo con su madre en Ribadeo, yo seguí hasta Mondoñedo. Subí a la oficina que estaba situada en el primer piso de un edificio. Después de saludar al empleado me dijo que me esperaba el ingeniero, quería presentarme aquella obra, antes de marcharse a Madrid, y que le esperara allí, porque tenía varias salidas y lo podía perder. Tenía el billete de avión para aquella  tarde.

Me invitó a sentarme, le dije que hacía mucho calor, que lo esperaba en la calle estaba más fresco, además de dar un peso por allí cerca. Mientras que daba el paseo llegó un paisano del pueblo que me conocía. Nos aludamos y me invitó a tomar un vino. Le dije: no pudo, espero al Ingeniero, aparte de que a mí no me gusta tomar vino, más que a la comida.

-Hay muy buenos campos para el trigo le dije: seguro que algo se cosechará por la zona.

-No hay trigo por aquí, se produce por Villalba, el pueblo de Fraga.

-Me gustaría poder comprar algo de trigo o de harina de confianza. Hacemos el pan de casa pero no tenemos trigo. Traigo la harina de Castilla, le dije:

-Si quieres comprar trigo, allá en la lejanía, donde hay unas pilas de madera, hay un molinero que tiene moliendo tres molinos con trigo. Te venderá lo que quieras.

-Muchas gracias amigo, creo que es muy importante, en cuanto acabe con lo de las obras con el ingeniero, visitaré al molinero.

Al momento vi llegar al Ingeniero y nos despedimos. Saludé al recién llegado y subimos a su despacho. Presentó la obra a través de planos y quedamos de acuerdo para que en la próxima semana, después de su regreso de Madrid, juntos visitaríamos todas las obras de la variante de Mondoñedo, una carretera muy larga y con muy buenas obras de hidrosiembra. 

Pasamos en León unas vacaciones. Ocupábamos la casa pegada a la del dueño de la bodega que alquile. Aquellos señores, un día tuvieron que ir a una boda a Valencia. El día antes de marchar el señor me dijo:

-Te dejo la puerta que comunica mi casa con la tuya abierta por si precisas alguna cosa.

-No hace falta le dije, muchas gracias, no precisaremos de nada, tenemos de todo. Deja esa puerta cerrada, que no la vamos usar.

-¿Por qué no quieres que la deje abierta?

-Porque no me gusta meterme en ninguna casa cuando no está el dueño. Puede haber un mal entendido.

Tenía patatas, tomates, cebollas, ajos, verduras, de todo.    

– Lo único que consigues es dejarme mal a gusto. No vamos a pasar. Si precisáramos algo lo hay en el comercio.

No le convencí y la dejó cerrada pero sin llave. Aquella puerta ni se tocó. Al regreso se lo dije. No dejé ni que pasaran los niños.

– No te preocupes hombre, estoy bien informado de cómo eres me dijo, por eso te deje mi casa a tu disposición, se que eres muy trabajador, serio y formal, que vives bien, pero que podías ser rico si hubieras querido, robando como la han hecho otros, pero que tú conciencia no te lo permitió. Así de bien me hablaron de ti, alguien que te conoce bien y te aprecia mucho, y es un buen amigo tuyo.

-¿Cómo sabe tanto? ¿Quién le contó todo eso?

-Tú amigo Mariano el Sargento de tu pueblo. 

Sí, que Mariano me aprecia mucho y somos amigos, yo también le aprecio porque es muy buena persona. Su hijo Javier y mi hijo Norberto estudiaron medicina juntos.

Después de pasar unos cuantos días Mariano vino una tarde a verme a la oficina Llevaba poco tiempo en nuestra zona. Le conté lo que me había dicho el castellano, y le pregunte. Cómo sabes tanto de mi vida si yo nunca te dije nada.

-Todo se sabe me dijo: lo bueno y lo malo de las personas, pero sobre todo de tu vida que es modélica. Un bien trabajador serio  y formal. Fíjate lo popular que eres, no tienes manos y trabajas y luchas como si las tuvieras y eso es importantísimo. Me dio una palmada en el hombro y dijo: porque eres buena persona no robaste como lo han hecho otros. Tú te dedicas a trabajar con honradez y seriedad y eso lo debieran de copiar muchos que no son gente seria.

La vida da muchas sorpresas y cuando menos te lo piensas te encuentras con lo que jamás podrías imaginarte. Aquel castellano, al que yo lo consideraba un buen amigo y que tan bien nos había tratado, un día me dijo:

Quiero tener las llaves de la cueva.

-Eso no es lo acordado le dije.

-He cambiado de idea

-Ahí tiene las llaves y con ellas su cueva para siempre.

Marchamos de aquel pueblo y nunca más le volví a ver, ni supe qué fue de él. Falto a su palabra y eso no es lo normal, los hombres cumplidores eso no lo toleramos. Desde siempre y cuando acordamos un trato, lo sellamos con un apretón de manos y eso es irrevocable para nosotros. Algunas veces decimos. ¿Que así sea amigo? para ciento y un años y no hay quien lo mueva

Allí se quedó mi trabajo: el portón, la puerta de la lagareta, la limpieza de la cueva, la reparación con cemento la lagareta y sus canales y la reparación de las chimeneas de ventilación y las cubas. Allí se quedó todo abandonado.

Después de algunos años, por exceso de trabajo y por no desplazarme a zonas lejanas, preparé un equipo completo para pisar en nuestra propia bodega. Dejé aquella zona, que solo me había dado esclavitud, pero experiencia para espabilar y no olvidarme de alguna clase de gente que aun existe y que vive bajo el imperio de la ley del embudo, sin darse cuenta de lo bajo que caen.

Al principio solo teníamos como productos de casa el vino y los cerdos para el samartín, pero cuando más tarde pude disponer de más tiempo y mejor economía, comencé a producir leche y a criar un ternero para el congelador, también pollos de caleya, gallinas, corderos y pan de casa. Compraba la harina en León, traía dos sacos de 50 kilos para las dos casas y salía un pan bastante bueno. Yo sabía que algo faltaba, tenía muchas ganas de conocer un molino de la época que moliera trigo para comparar la diferencia en el pan.

Con motivo de un reportaje en Televisión Española, en España directo, en el que presentaron. ¿Cómo trabajar sin manos? En aquel momento yo no tenía nada planificado para trabajar.

Estando tomando café con los hermanos Osete, Paco y Ulpiano, mis  amigos. Ulpiano me dijo. Arsenio, que trabajo vas a presentar en televisión. ¿Ya pensaste algo?

      No tengo nada previsto. No contaba con este reportaje.

Ulpiano dijo: puedes hacer una caja metalica. Obra de soldadura y esmerilado. Trabajando como lo haces tú, te saldrá bien.  

caja preparada para publicar de 780 x 450 y x 380

Caja de acero de 780 X 450 X 380

 

Es una buena idea, pues si que la voy hacer. Precisamente no encuentro un pequeño mueble a medida para mi escritorio. Lo pintaré en imitación madera y lo adapto al hueco que tengo libre.

Es el trabajo que presentaron en dicho reportaje. Pero no me gustó su acabado, ni siquiera en la pintura, que no me salió como yo quería. Por lo que decidí chapearlo en madera de roble.

Me salió muy regular pues cuando pensé en chapearla ya la tenía aquí en Candas, donde es más difícil trabajar pues no tengo las herramientas necesarias y para llevarlo a la finca pesa demasiado.

Por eso me llevó mucho tiempo terminarla y no salió como me gustan a mí las cosas. Aunque no es una obra de arte y es demasiado vulgar. Os lo presento por que, por lo menos, nos da una ligera idea de que con arte y ganas se pueden hacer las cosas. Las obras sin planificar y de prisa casi nunca salen bien. Aunque no se ve, es de acero y pesa un montón al moverlo.

Cuando mi amigo Paco la vio terminada sin cubrir de madera, tampoco le gustó. Le dije: miraré a ver qué puedo hacer para mejorarla. 

Cuando corchábamos los vinos de mi cueva, un amigo que nos ayudaba, me decía que era pena el poner corchos tan caros, que valían los de corchar la sidra y que constaban  a 6 pesetas. Los que yo ponía eran  corchos buenos valían a 32 pesetas. Desde luego que la diferencia es considerable, pero el resultado también lo es.

Dado que no había forma de convencerlo, se lo tuve que de demostrar Por mucho que le expliqué no quiso comprenderlo. En esta charla estaba Mateo, mi consuegro. Le dije que en la primera partida de vino que vayamos a corchar, pondríamos en algunas cajas el corcho barato y  demostraríamos a su pariente que estaba equivocado. En efecto, no me olvidé y del mismo vino que Mateo y yo corchamos y de la misma cuba se corcharon varias cajas con el corcho barato. Al poco tiempo comenzaron a encontrase botellas con ácido, mientras que en las otras se mantuvieron como siempre  muy bien.

Mateo llevo para su casa algunas cajas con el corcho malo y otras con el bueno, cuando paso algún tiempo, Mateo, me dijo.

-Si no es porque yo mismo trabajé contigo, no me lo podría creer. Esta vez mi primo falló. Hay que gastarse el dinero si se quiere algo bueno.

 Le quedó muy claro. Él bien sabía que siempre ponía corchos de más de 32 pesetas que yo pague. Los había hasta de 70 pesetas, aunque yo no los compre a ese precio, por alguna razón será. A nadie le gusta tirar el dinero y a mí tampoco.