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Archivo mensual: marzo 2013

Los antiguos de nuestro valle me contaron que en el mismo pico Palacio, vivió una familia, durante muchos años. En aquel tiempo no había calendario, ni relojes, no sabían la fecha ni la hora. El tiempo lo contaban por las lunas y la hora del día por el sol, medido unas veces, por la sombra que proyectaba un árbol y otras por la de una montaña. Vivían de la caza y del pastoreo. La caza era a base de trampas y con una especie de lanza que empleaban los más fuertes, no existían armas de fuego.

Esta pequeña cordillera nace en La Bobia y nos muestra la vista del Xerru Laural, el pico Llabayu y el pico Palacio de 942 metros de altitud, así como una parte de este bonito valle, que nace junto al Pozo Cerezal y termina en el pico Sereal de 981 metros de altitud.

Dado que los pastos escaseaban, enviaban a su hijo mayor con parte del rebaño a puertos de montaña lejanos.

Ovejas pastando

Al despedirlo el padre le decía, volverás cuando pasen cuatro lunas. Llevaba para su alimentación pan para una semana, que era lo que podía aguantar sin estropearse y harina de trigo mezclada con centeno que ellos producían para hacer su pan y que cocían en piedras de forma plana, llamadas en bable “llábanas”, que calentaban con el fuego. Se alimentaba de este pan, de leche de cabra y oveja y del queso que él mismo hacía. También de carne de los animales que cazaba o de alguna oveja que los lobos atacaban y que con sus mastines conseguía recuperar.

Estos pastores para refugiarse de los lobos y de los fríos intensos de las montañas, se hacían unas chozas para dormir y poder cocinar sus comidas.

El problema de los lobos para estos pastores era muy duro. Atacaban sus rebaños y lo hacían lo mismo por la noche que por el día. Como no disponían de medios para cazarlos, él número de lobos era cada año mayor.

A sí mismo, cuentan que estos pastores una vez al año se subían al pico Llabayu que es el que da vista a nuestro valle para llamar a los pastores de nuestra zona y preguntarles, entre otras cosas, si ya había pasado la cuaresma.

 “Sí, ya pasó”, les dijeron. Los otros les contestaron, “siete tocinos se comieron en ella”. Aquello era considerado por los católicos como pecado, pues no comían carne en el tiempo que duraba la cuaresma.

LoboEn estos lugares de pastoreo es a donde mis hermanos y yo íbamos a “llindar” las vacas, por sus buenos pastos de alta montaña y a buscar el “estru” para nuestras cuadras, por eso conozco la historia de esta gente que mi abuelo y otros antiguos me contaron.

Cuando era niño, con el buen tiempo los ganados pastaban por los montes de altura y los lobos tenían mucho que comer, atacaban y degollaban los animales y no bajaban a poblado, pero en cuanto se bajaba el ganado al llegar el invierno empezaba a escasearles el alimento, sobre todo cuando nevaba, entonces algunas manadas bajaban a los pueblos y atacaban hasta por día, según el hambre que tuvieran.

Recuerdo todavía que habitaban por los montes de nuestra zona. Algunas noches se les oía aullar y bajaban hasta las cuadras del nuestro pueblo para ver si podían atacar el ganado, roían con sus fuertes dientes las puertas de las cuadras y salían los paisanos con fesorias y lámparas para echarlos.

 

 

Don Herminio Rozada, estuvo muchos años dando clases en la aldea de El Vericioso, del valle La Cerezal, situado en la parte central del valle, a 548 m de altitud; a su izquierda, está La Espesura, muy bonita también; a la derecha, El Costayu y La Zorea; más abajo, otra población llamada Las Casas de Abajo, además de diversos caseríos repartidos por este bonito valle que yo conozco bien por convivir con la gente, primero en la escuela y después en los trabajos del campo y más tarde, en las minas. Pertenecen a la parroquia de Santa Bárbara, concejo de San Martín del Rey Aurelio. En toda esta zona vivíamos de la minería, y de la agricultura y ganadería. Gente seria y trabajadora de primera línea. Guardo muy buenos recuerdos de todos estos valles a donde iba a los bailes en los días de fiesta y donde aún tengo muchos amigos de la infancia.

Don Herminio Rozada, fue un hombre muy notable como maestro y, como persona, muy sociable y humano, apreciado por toda la gente. Dio clases a niños y mayores, ilustró a mucha gente, dio clase a muchos mineros para ser vigilantes. Preparó también a muchos estudiantes para capataz de minas. Desde aquí quiero recordarle con mucho afecto, porque siempre permanecerá en mí su recuerdo como buen ciudadano que fue, además de un gran profesional.

También recuerdo la última vez que lo vi antes de morir, fue en el paseo de San Martín de Sotrondio. Él venía por la acera junto al río, yo iba por la acera de la derecha. No le había visto aún porque estaba hablando con alguien y cuando esa persona reanudó su camino, él señor Rozada, me llamó y me dijo:

– Arsenio, cruza para acá que puedes mejor que yo.

Así lo hice, nos dimos un abrazo de amigos y me dijo:

– Arsenio, te felicito por tu último invento. Acabo de ver el reportaje de la prensa dode te ponen  en un alto pabellón y como te mereces. Vaya como escribe el señor Gancedo, y lo explica con todo detalle y como si te conociera de toda la vida. Me gustó mucho, pero sobre todo cuando dice "si notable es el invento, más lo es la personalidad del inventor". Es verdad, siempre has sido un hombre con agallas y lo sigues siendo. ¿Sabes que eres el primer inventor del concejo?

Pues no lo sabía, ni pensé en eso.

– A pesar de tu terrible accidente que te privó de tus manos, conseguiste seguir adelante. Eres un valiente, has luchado duramente y te convertiste en un empresario con tu propio esfuerzo y trabajo. Has conseguido también que tu hijo y las dos hijas estudiaran carrera y eso "cuesta un huevo”. Estás considerado un héroe por tu lucha y lo eres de verdad. Estoy orgulloso de que hayas sido  mi alumno. Ya eras desde niño un gran trabajador, igual que tu padre, hasta te pareces a él en casi todo.

Allí me recordó muchas cosas de mi padre que bien se conocían, habían estado juntos en la mili y fueron amigos toda la vida además de vivir en pueblos cercanos.

Así de bien se explicaba Don Herminio, así de noble fue siempre para tratar y ayudar a la gente. Tenía ese don de la inteligencia natural que siempre empleó para hacer bien y trabajar con dinamismo. Yo también me alegro de haber sido uno de sus alumnos, porque algo se copia de un buen profesor como lo fue este gran hombre, que bien se merce ser recordado. Por eso considero necesario rendirle este homenaje, que sin duda ha de alegrar a su familia y los que fueron sus alumnos y también a los que lo conocieron y convivieron con él.