¡Cómo pasa el tiempo y qué brutales cambios produce!
Recuerdo a Don Aurelio, el maestro, con mucha frecuencia. Fue un destacau sindicalista y defensor de los trabayaores, además de buen profesional y muy apreciau por la xiente de nuestra zona, fue un gran cumplidor de su deber, tenía que ser duru con nusotrus, porque yérimus muy torpis, vivimos en una época un tanto asalvajada. Entoncis tous lus maestrus manexabin muy bien la regla pa poner derechu al que yera torciu y arreglarnus lis uñis con un reglazu en cada mano. Teníamos que poner los cinco deus de cada mano xuntos y parriba y soportar los golpes de esa regla pa luegu ponese de rodillis mirando a la paré con un libru pa seguir estudiando, y tovía yera poco. Pienso que los maestrus, de hoy, están un poco marginaus, no les permiten esis cosis, en mi opinión son necesarais algunis vecis, siempre que sean con prudencia y no con salvajismu. Un reglazu en lis uñis nun rompe huesus y pon firme al más pintau. Creo que nos equivocamus al exigir demasiau y cumprir poquis vecis.
Lo que nunca se vió en aquel tiempu ye el pegar o maltratar a un maestru, si que yerimus retorcius como rayus pero el respetu yera a tope, porque asina nus lo enseñarun nuestrus padres. Sinceramente, creo que hoy lus hay que lo fain al revés, protestando por casi to y sin darse cuenta de lo importante que ye el respetu a su maestru y a lus demás, claro. Como dixin en mi pueblu entre lo pocu y lo munchu hay un mediu.
Don Aurelio, el Maestru de la Peña, así lu llamabin, por vivir en ese pueblin de Blimea, situau mismo encina de la roca de la curva del Ronzón. Este gran hombre, tuvo mala suerte porque un día lu matarun. Yo no sé quién lo fexo, a mi corta eda de ocho añus, nun me enteré muy bien de lus hechus. Oí decir a los mayoris que lu matarun por ser sindicalista y defender a los probes trabayaoris reventaus de trabayu y fame, y que el capitalismo lu mató. Todu el pueblu lamentó aquel crimen, sobre todu nusotrus sus alumnus que lu apreciábamus. Es increíble que hayan ocurriu esis desastrosis desgracis. Terrible y triste disgusto a demás del mieu que pequeñus y grandis pasamus. Tou nuestru pueblu estábamus aterrorizaus por la muerte del maestru de la Peña. Nun merecía tantu dañu porque yera muy güenu pa tous y buen maestru y nun facia dañu a naide, solo defendia la verdá.
Aunque dívamus muy pocu a la escuela, porque había que trabayar en el cumpu, solu podíamus dir lus dís que llobía, valiomus pa aprender lis cuatro reglis de cunetis y a respetar a la xiente, lo que yera muy importante en aquellus tiempus.
Al faltanus el maestru, mi padre decidió mandamus a mi hermanu Constante y a mí a la escuela de Don Herminio Rozada, al pueblu La Cerezal, situau al sur de nuestru pueblu, tamien en la montaña. Y como tous sin carretera y con grandis barrizalis y charcus de agua producius por el tránsitu de lus arrierus con sus mulos, y las grandes lluvias y nevadas que se producían en aquellus tiempus. Esti pueblu de La Cerezal, era en aquel tiempu de nuestra misma parroquia de Blimea, unus añus más tarde lu pasarun a la parroquia de Santa Bárbara, nunse porqué.
Estuvi en esta escuela hasta los diez años que comencé a trabayar de arrieru, baxando el carbón de los chamizus de lis montañis hasta la carbonería de Alfredo Lamuño, el molineru de Sienrra.
Escribo y hablo algunas veces en la que era nuestra llingua, el “asturianu”, porque fue la única forma de expresarnos en mi juventud. Aunque no será fácil que lo entienda la gente, pues en Asturias se hablan diferentes bables, según la zona. Hay que ver que hasta en el mismo Diccionario de la Academia de la Llingua Asturiana, no figuran todas las palabras tal y como las decimos en nuestra zona. Tan variado es este lenguaje que hasta en mi concejo hay diferencias muy notables de una aldea a otra y no me refiero sólo a la forma de hablarlo, si no que los nombres de las cosas, por ejemplo de las herramientas, tienen distintos nombres aunque se usen para lo mismo en todas partes.
Con el paso del tiempo y por no practicarlo, me olvidé de algunas cosas, pero aun conservo, entre muchas cosas más, el recuerdo de una muyerina de aquellus tiempus, Teresa, que yera de pasau el ríu, nun sé de que pueblu yera pero sí de la mesma parroquia y que yo nun la conocía. Cuando s’atopó conmigo y viome ensin lis manis, díxome:
– ¿Qué te pasó rapacín, que nun tienis maninis, ¡que llástima, con lo guapín que yes y tan mozu, da dolor vete. Ya sé que yes de La Bobia, te conocí dende eres neñu pero nun sabía que yeres tu hasta que te vi. Por munchu que me lo dixeron nun cai en quién yeris. Conozco a la tu madre y al to padre, ¡Cuántu ha ya que nun lus veo!, alcuérdome munchu d’ellos porque tuvieron que sufrir por ti. Tous dixemus al pasate esa disgracia que meyor sería morirse y mira lo guapo que estás por lo valiente que yes. Haylus que dicen que yes un artista y que algunus, con manis, nun fain lo que tu. Entos, ¿cómo fue esu de perder lis manis, home?
– Perdílas en una explosión de dinamita.
– Y ¿cómo fue que nun te pasara más?, porque pudo dexate en sitiu y tudu desfechu.
– Ya fue bastante con lis manis, muyer. Dexolis en cachinus de carne y guesus repartius pa to lus llaus. Cuando mi cuñau Marcelo fue a pañar lus cachus, estabin repartius hasta doscientus metrus penda cullá y tuvo que metelus en la boina pa xuntalus tous y que lis alimañis nun lus comieran y asina poder enterralus.
– Oi falar muncho de ti, porque yes tan duro como un xerru, tienis a la xente asustá de lo munchu que trabayis con esus fierrus, que nun son na guapus pero que tu fais milagrus con ellus. Tamien dixerunme que escribis y trabayis de to, y que hasta siemis en lis tierris, pero lo que nun yus creyí ye que dixin que tamien sieguis la yerba y con un gadañu bastante grande, ¿ye verdá o no?
– Sí, ye verdá, aunque nun lo paez, trabayu de too, solo ye querer facelo. Ya sabe que fai más el que quier qu’el que puede. Me defiendo pa casi to.
– Me gustaría munchu el vete trabayar porque me cuesta trabayu creer que faigas de tolus trabayus según tas. Si voy a vete un día ¿nun te paecerá mal, eh?, porque nun ye con malis intencionis, ya sabis que a tous nus gusta ver lis cosis meyor que creellis.
– Venga a veme cuando quiera muyer, ya toi avezáu a lis visitis de la xente que vienin de muy lejus porque tampoco creen que puedo trabayar.
– Nun me extraña, home, porque la xente ye muy amiga de saber de lus demás. ¡Como lo vamus a creer, home, si nunca lo vimos! Lo meyor pa creelo ye velo y asina nun hai duda nenguna.
En aquel tiempo no había más industria que la mina y, dado que el sueldo que se ganaba era poco para mantener el gasto de la casa, había que producir y trabajar en el campo y en la cría de ganado. Un trabajo que nunca se terminaba, no había descanso ni en los domingos.
Además el trabajo de la mina era muy penoso, picando carbón a regadera, una “pica” delgada punteada por las dos partes, más ligera que el pico normal, pero era un trabajo cansado y peligroso ya que el carbón está como una roca de duro y al picarlo salen hasta chispas. Estas chispas son muy peligrosas para los ojos pero también lo son porque pueden producir una explosión de “grisú”. Aparte, tenían el peligro del candil que les alumbraba, una lámpara muy rústica y sin medidas de seguridad que evitasen que se inflamara el grisú. Estas lámparas tardaron varios años en ser perfeccionadas para que detectaran el grisú sin peligro, sabiendo manejarlas, claro.
Este mortal gas, cuando está presente aunque sea en una cantidad pequeña, se inflama con un simple chispazo y la explosión puede ser tan enorme que puede hundir las galerías de la mina. Estos accidentes ocurrían con frecuencia y en algunas minas murieron quemados y sepultados cientos de hombres, el relevo entero. Tan peligroso es que, en el momento de una explosión, puede explotar hasta tres veces seguidas. Después de una de éstas allí no queda vida ninguna, sólo maleza, gases y desolación.
No había medios para defenderse de este gas, no había energía eléctrica, ni forma de ventilar las minas más que con ramas de árbol o la chaqueta del minero. Así que las explosiones surgían cuando menos lo esperaban. En aquellos tiempos las minas sólo eran de montaña, no había pozos porque tampoco había energía eléctrica ni maquinas de extracción.
A mi abuelo le sorprendió una de estas explosiones. Por fortuna sólo sufrió ligeras quemaduras en las manos y en parte de la cara. Fue una pequeña cantidad de grisú. A pesar de ventilar con su chaqueta y unas ramas largo tiempo, cuando se puso a picar en un coladero al poco tiempo salió el grisú de la capa.de carbón. Aunque algunas veces lo sientes, porque emite un ruido como el de las culebras, otras veces no te enteras hasta que explota y mata lo que haya allí. El “coladero” es como una pequeña chimenea, en medio de una rampa, un “fondo de saco”. La única forma de eliminar el grisú es con ventilación permanente mediante un potente difusor y con tubería desde la parte ventilada de la mina hasta el mismo testero del fondo de saco.
Mi abuelo no padeció silicosis pero sufrió un accidente con el hachu en su rodilla derecha y le quedó sin el juego de ésta y cojo para siempre. Trabajaba en las minas del Meruxalín, situado al norte del pico Palacio, dando vista al Concejo de Laviana. Tenía que subir desde La Bobia a estas montañas y bajar desde la Campa La Taza hasta el Meruxalin, con una pendiente que, al mínimo despiste, te marchas a rodar y te matas sin remedio, eso estando seco, si hay nieve el peligro se multiplica.
Situación de la mina del Meruxalín, al otro lado de la montaña
Esta cordillera nace en el Pontón Sotrondio a 206 m. de altitud
Esta cadena de montañas, pasa por el pico Violiu, pico La Colla, atraviesa por la Muezca de La Bobia (600 m.) hasta la campa Les Formigues, campa Xumperia, Xierru Laurfal, pico Llavayu (850 m.) y va a enlazar con el cordal que va hasta el pico Tres Concejos (1250 m.) y La Collaona (850 m.), cerca Cabañaquinta. En esta cadena de montañas hay una bonita ruta para caminar que muchas veces la atravesamos por afición a la montaña. Nace en La Corcia, en el concejo de Laviana, y sube por La Juecora, picu Rosellón (750 m.) la campa de éste (710 m.), Picu Secadielles o campa Los Árboles (800 m.), La Peña El Cuervu (999.m), pico La Sereal (981 m.) y su campa, El Tretu. Desde ésta se puede tomar una pista que llega hasta el alto de La Colladiella de Santa Bárbara (848 m.), donde está el Monumento al Mineru, dominando el valle de Turon.
Esta cordillera desde La Bobia hasta el Meruxalín, es la que todos los días tenía que atravesar mi abuelo de noche, hora y media para ir y otro tanto para regresar. En el invierno, con fuertes nevadas, tormentas, lluvias y heladas y en el verano, con mucho calor. La mina donde trabajaba estaba situada al otro lado de la montaña que se ve en la imagen. Le llevaba mucho tiempo recorrer esa pendiente tan pronunciada, como sería esta parte del monte que hasta las ovejas se despeñaban.
Tenía que entrar al trabajo a las seis de la mañana, así que se levantaba a las cuatro y, como no había reloj, era el canto del gallo el que lo despertaba. El gallo normalmente canta alrededor de las cuatro de la madrugada pero si es temporero, al cambio del tiempo cantan a las doce de la noche y como no sabía si era la hora o no, se levantaba y cuando llegaba a la mina aún no había nadie, atizaba el fuego en la chabola y a esperar que llegara la hora y el resto de los mineros.
Además del pesado camino y del duro trabajo en la mina, debería pelear con el maldito “grisú”, por lo peligroso que es.





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