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Archivo mensual: agosto 2018

Agradecimientos al comentario de la Señora Doña Rosario López de La Garma.

Doña Rosario no se puede imaginar la alegría que es para mí, el recibir su comentario. Poder saber de la  familia del Dr. y tener la oportunidad de felicitarla por ser hija del gran Dr. D. Francisco López de La Garma, Director de la Clínica Nacional del trabajo de Madrid. Allí  fui rehabilitado bajo su dirección, después de perder las manos, en aquella terrible explosión de dinamita, en el año 1.954, con solo 20 años y en plena juventud.

 Ingreso en La Clínica Nacional del Trabajo de Madrid

En el próximo Diciembre, se cumplen 64 años de aquel triste día para mí, para toda mi familia y también para mucha gente de la minería Asturiana, que también sufrió. Nunca pude saber la dirección, para mostrarles mi agradecimiento, por la labor tan importante del gran maestro, que con su entrega a su profesión, consiguió sacarme del abismo donde me encontraba, aturdido por tanto dolor.

En la foto, Alejandro Antuña Pandal, mi hermano Constante y yo, cuando ibamos para la clinica. Mi hermano murió en accdente en la  mina, en el Pozo Cerezal, a los 27 años, casado y con 2 hijos muy pequeños.

Siempre fue mi deseo el conocer a la familia del Dr. D. Francisco, que consiguió que volviera a lucir el sol para mí.

              Alejandro y yo, el chico que perdió las manos el mismo día que yo, estábamos esperando el ascensor para subir a recepción e ingresar, cuando bajó el Director ( Doctor Don Francisco López de La Garma). No le conocíamos, pero él, que se dio cuenta de nuestro ingreso, con mucha gracia nos dijo:

– ¡Buenos días, señores! ¿Son ustedes los asturianos que ingresan?

– Sí, señor.

             Después de presentarnos nos dijo que iba con prisa a una reunión, pero que antes quería conversar un poco con nosotros. Nos invitó a sentarnos, uno a cada lado suyo, en uno de los dos bancos que había.

            Comenzó la charla y allí mismo, nos miró la amputación y el estado de los muñones. Sacó su agenda y nos mostró varias fotos de otros que padecían el mismo traumatismo. Debo destacar que su charla fue muy normal. Se habló de distintas cosas, todas sobre el tema de la rehabilitación. A medida que íbamos hablando, le hice algunas preguntas y procuré atender a todo con mucha atención, pues se trataba de cosa muy seria, nada menos que de mis manos. Cuando menos lo esperaba el doctor, me dijo:

             –Arsenio, te voy hacer una pregunta, pero dime la verdad ¿qué es lo que sientes ahora mismo?

              -¡Doctor, le diré la verdad, claro que sí! Me siento muy mal, aquí nos trajeron engañados, nos dijeron que nos iban a poner unas manos y eso que usted nos muestra son una especie de pinzas con curva. ¡La sorpresa es muy grande señor,  me da más sufrimiento aún!. ¡Pensé encontrarme con unas manos, no con esto!

          El susto de ver aquellos aparatos que eran muy simples y con pocas posibilidades de poder manejarlos, me dejó como atontado. Fue demasiado fuerte, mi corazón latía a  la velocidad del rayo.

Se levantó y, como es normal, yo también. Me dio una palmada en mi hombro y me dijo:

          – Muchas gracias, así se habla. Hay que ser sincero y tú lo has sido. A ti no te pierdo de vista, eres muy inteligente y llegarás muy lejos. Te prometo que saldrás de aquí hecho un hombre, preparado hasta para trabajar.

        Como si fuera una profecía, lo que dijo el director, al  igual que la chica “comadrona” en prácticas que conocí en el hospital  Adaro,  de Sama de Langreo, llamada María, se cumplió. Los dos coincidieron en valorarme y pensar que yo me iba a recuperar. Aunque para el resto de la gente resultaba algo imposible y para mí también. ¡Cómo iba a pensar yo, que podría trabajar con aquello que acababa de conocer. Imposible!

Lo que nunca olvidaré es el acierto de estas dos personas. Al anticiparse a pintarme cómo iba a ser mi vida, sin darse cuenta, me ayudaron  porque  aquellas palabras tan bonitas y decisivas fueron un estímulo para mí. Pensé que si lo decían sería por alguna razón. Algo verían en mi persona, que les indicaba que iba a luchar tan duro como para salir de aquel grave problema y que me defendería en la vida con toda normalidad.

En aquella charla que solo duro unos 20 minutos, pronto me di cuenta de la gran inteligencia del

Dr. D. Francisco, que además de ser un gran médico, era un buen psicólogo por naturaleza. Sabía “estudiar” a la gente con cariño, pero con resolución, para ayudar a resolver los problemas de cada uno de sus pacientes.

Esa simple entrevista repercutió en mí decisivamente y para el resto de mi vida. Consiguió que creyera en él y siguiera sus consejos, trabajando sin descanso para salir adelante. Aunque la rehabilitación fue muy dura y el sufrimiento mayor, no me olvidé  de los consejos del médico, que me ayudaron a combatir tan duro problema, como es el poder trabajar ¡y ser un hombre libre más!.

En aquellas noches de insomnio,  mirando al techo raso de aquella habitación en la Clínica y, sin saber lo que iba  a ser de mi triste vida, con mi cerebro atrofiado por tanto sufrir, recordaba lo que el Dr. D. Francisco me había dicho. Que si trabajaba y no me vencía el miedo a la vida, conseguiría volver a ser un hombre como los demás. Eso me animaba y pensaba: “Si el Dr. lo dice, tiene que ser verdad y no le puedo fallar, así que a trabajar sin descanso”

El Dr. en poco tiempo, se dio cuenta de que Alejandro, no se interesaba por nada. El accidente lo dejó destrozado para siempre, nunca consiguió reponerse, a pesar de tener novia y a su hija de 5 años. Por mucho que intenté, nada pude hacer para convencerlo y que recibiera  a su novia en las visitas que le hacía en el hospital Adaro. La chica con cariño lo animaba y le decía: “no sufras tanto, yo te ayudaré en lo que haga falta”. Pero ni caso.

Ya no me quedaban argumentos posibles. Muchas veces le dije: “ Alejandro, no tortures a esa chica que te quiere y te adora, no la dejes sola, sigue tu relación con ella, no tomes decisiones que más tarde puedas lamentar. Espera a venir de Madrid y, cuando empecemos a trabajar, si nos colocan en Duro Felguera, ya puedes cumplir con el compromiso de padre y de marido. Deja que corra el tiempo que es el mejor consejero y podrás seguir por el mejor camino que tú creas conveniente, pero no rompas con ella”. Siempre me decía lo mismo, que no iba a permitir que su suegra se riera de él por encontrarse sin las manos y que si no se había podido arreglar con ella antes, peor sería al verle sin manos. Esto fue superior a sus fuerzas y nunca lo pudo quitar de su mente.

–Tú no vas a vivir con la madre, podrás ir a una casa y, como los demás, montar tu propio hogar. Las discusiones con su madre, nada tienen que ver con tu novia que es muy buena chica y te quiere a pesar de tu estado. Eso a mí no me parece ningún obstáculo que te obligue a dejarla y a renunciar a tu propia hija. Ella siempre dice que te quiere con todo su corazón y eso es muy importante para ti, para ella y para vuestra hija. Que lo de las manos no impide que seas su marido. Fíjate en lo mucho que te quiere, que me pide que te ayude a levantar esa moral, rogándome que te anime porque dice que para ti será lo mejor y que los dos, junto con vuestra hija podréis ser felices. Me parece normal que tengas dudas de cómo va a ser nuestro destino. Por eso te pido que no decidas nada ahora, pero que tampoco la eches. Debes esperar.

El Dr. le miró los brazos pero no le hizo preguntas. En cambio  a mí me hizo una especie de examen, con el que descubrió que yo era aficionado a la artesanía y a la invención, además de muy trabajador. Todo esto nos enseña lo importante que es el comportarse bien en la vida y ser sincero, con los demás, para que ellos lo sean y poder confiar unos en otros.

Siempre me ha gustado cumplir con mi deber. Aparte de lo que mis padres me enseñaron, aprendí de muy joven que el caminar por la vida con realismo y seriedad, es fundamental. La persona educada y cumplidora siempre será apreciada y recibirá la ayuda y, el cariño de los demás, que tan importante es siempre, pero sobretodo en esos trágicos momentos. En cambio la persona vaga y desconfiada nada conseguirá. Está muy claro que lo que te toca hacer a ti, nadie lo va a hacer por ti, porque cada uno ocupamos nuestro sitio en la vida y nadie lo puede sustituir.

La persona normal siempre camina con toda normalidad y con esa paz interior que todos necesitamos y orgulloso de cumplir con sus semejantes, ya que todos necesitamos unos de otros. La vida en solitario es terrorífica y muy difícil de soportar.

Cuando el Dr. me dio el alta me dijo, vete a tu casa pero no pierdas el contacto con esta casa. Trae todos tus inventos, porque tú serás el que vas a revolucionar tu vida y la de los demás. Los que tenemos manos no podemos saber las necesidades del que no las tiene y, tú si lo sabes, porque trabajas y luchas sin descanso, naciste con vocación de inventor y lo serás mientras vivas. Tu inteligencia te llevará muy lejos, estoy seguro que vas a conseguir hacer algo importante para mejorar las prótesis, que hoy son muy simples, pero con algo hay que empezar.

Por su gran experiencia como profesional y su buena forma de enseñarnos, confié en aquel gran Dr. Y eso me llevó a donde estoy. A crear una empresa y hacer singulares máquinas. Conducir mi propio coche. Crear una familia, y tener hijos, enseñarlos y darles una carrera. Además de crear mis propias prótesis, con las que trabajé toda mi vida con normalidad, como si tuviera manos. Todo esto gracias al buen maestro que tuve, al que nunca olvidaré.

Hay un proverbio que dice, detrás de un buen maestro, siempre habrá un buen alumno.

Esta dura historia, pero real, hay un montón de gente que no se la cree. Me lo dicen mis amigos y conocidos. Imposible, como va a trabajar y conducir un coche sin manos. Desde luego que ni yo me podría creer, que mi gran experiencia está sirviendo para aliviar a gente que la conoce y que le ayuda a resolver sus problemas con más facilidad.

                                                               Anécdota importante.

             El Sábado pasado, día 18 de Agosto del 2018, cuando estaba leyendo el periódico en el paseo marítimo de Candás,  llegó un joven matrimonio con su hijo de 7 años. La chica muy atenta me saludó y me presentó a su marido y a su hijo y me dijo: “ Arsenio, ¿no me conoces? soy la hija de un amigo tuyo. No nos vemos desde que tenía 11 años y nos fuimos, pero yo nunca me olvidé de ti, por lo valiente y luchador que eres. Ya sé que murió tu mujer que era muy buena, ¡qué gran pena!   Yo estuve dos veces a la muerte. Sufrí tres operaciones de intestino. Estuve entre la vida y la muerte y me valió muchísimo el recordar tu gran historia y lo que luchaste para salir adelante. Arsenio, todo el mundo te admira y comenta lo bravo que fuiste. Yo cuando tanto sufría, me conformaba pensando, no me moriré, si Arsenio aguantó tanto, yo tengo que ser valiente como él ¡Y lo fui! Gracias a Dios lo superé y me encuentro sana y muy bien. Ya todo pasó y vivimos muy bien. Vamos para el descenso del Nalón en Pola de Laviana, donde estarán mis padres” Nos despedimos con mucho cariño, porque siendo una niña convivió mucho con nosotros.

Un abrazo.

Hay personas a las que las adversidades de la vida les dejan fuera de combate. Sin embargo la vida es una sucesión de elecciones. Cada vez que sucede algo malo, se puede escoger entre ser una víctima y maldecir a la mala suerte o sobreponerse y aprender de ello, para salir adelante y liberarse de tanto dolor.

Una vez más tengo que decir que el cariño de  la familia es importantísimo. Primero el de mis padres y hermanos y, después el de mi querida esposa y mis hijos, que me dieron fuerzas para conseguir todos mis éxitos en la vida, por lo tanto el mérito no fue solo  mío, sino de los que me rodearon y me ayudaron con cariño. Así son las cosas y así las hay que decir.

Muchas gracias, un abrazo para todos.

Arsenio Fernández.

 

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