{"id":832,"date":"2013-03-20T09:26:04","date_gmt":"2013-03-20T08:26:04","guid":{"rendered":"http:\/\/comotrabajarsinmanos.arseniofernandez.es\/?p=832"},"modified":"2013-03-20T09:26:04","modified_gmt":"2013-03-20T08:26:04","slug":"malos-estudianes-y-buenos-trabajadores","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.arseniofernandez.es\/?p=832","title":{"rendered":"Malos estudianes y buenos trabajadores"},"content":{"rendered":"<p class=\"AF-Normal\">\n\tEn mi juventud&nbsp;&eacute;ramos muy malos estudiantes, pero muy buenos trabajadores. A la escuela no &iacute;bamos m&aacute;s que el d&iacute;a que llov&iacute;a. Tampoco le d&aacute;bamos demasiada importancia, lo primero era trabajar y muchas veces &nbsp;con prisa para poder marcharnos a las frutas por los valles, regueros y monta&ntilde;as, porque nos aliviaba el hambre que pas&aacute;bamos.\n<\/p>\n<p class=\"AF-Normal\">\n\tNos junt&aacute;bamos varios ni&ntilde;os. &Iacute;bamos a donde hubiera fruta:&nbsp;cerezas, manzanas, piescos, casta&ntilde;as, &ldquo;<em><strong>ablanas<\/strong><\/em>&rdquo;, lo que pudi&eacute;ramos pillar para poder comer. Algunas veces hasta nos desplaz&aacute;bamos a zonas muy lejanas lloviendo o como fuera. Conoc&iacute;amos donde se daban las primeras frutas de cada &eacute;poca. Camin&aacute;bamos a velocidad, muchas veces con peligro porque sub&iacute;amos a las copas de los &aacute;rboles a coger las frutas y las ca&ntilde;as se romp&iacute;an con nosotros colgados de ellas, desde alturas muy elevadas.\n<\/p>\n<p class=\"AF-Normal\">\n\tAunque sufr&iacute;amos algunos accidentes no ces&aacute;bamos en nuestras marchas que en cada &eacute;poca del a&ntilde;o era a diferentes lugares, seg&uacute;n las frutas que hubiera en cada temporada. Algunas veces pill&aacute;bamos fuertes mojaduras por lo mucho que llov&iacute;a. Nuestras actuaciones eran parecidas a las de los monos, saltando de ca&ntilde;a en ca&ntilde;a sin reconocer el peligro. El hambre era m&aacute;s fuerte que nuestra prudencia, &eacute;ramos duros y atrevidos, por eso desconoc&iacute;amos el riesgo.\n<\/p>\n<p class=\"AF-Normal\">\n\tTuve varias ca&iacute;das, tres de &eacute;stas tan peligrosas que no s&eacute; c&oacute;mo me salv&eacute;. Una de ellas fue muy cerca de casa. Sub&iacute; a coger unas cerezas que estaban en el &ldquo;<strong><em>pical&iacute;n<\/em><\/strong>&rdquo; del &aacute;rbol, con una altura de unos diez metros. Yo, cansado de mirarlas y con tanta &ldquo;<em><strong>fame<\/strong><\/em>&rdquo;, decid&iacute; subir por ellas. Apenas las hab&iacute;a probado, cuando siento que la ca&ntilde;a sobre la que estaba encaramado se rompi&oacute;. Me agarr&eacute; a esta ca&ntilde;a con todas mis fuerzas porque iba ser mi paraca&iacute;das. De no ser por &eacute;sta mi destino ser&iacute;a&nbsp; estrellarme contra el suelo o contra la pared de piedra, pero &eacute;sta ca&ntilde;a al bajar no cab&iacute;a y se enganch&oacute; entre otras ramas m&aacute;s fuertes y yo permanec&iacute; colgado hasta que par&oacute; y me pude sujetar a las&nbsp; ramas fuertes y luego bajar&nbsp;al suelo, a comer las cerezas que la ca&ntilde;a rota hab&iacute;a tirado al suelo. Cuando mis dos hermanos mayores, Daniel y Mino, llegaron y vieron lo sucedido pusieron las manos en la cabeza y despu&eacute;s de la gran ri&ntilde;a me dijeron que me hab&iacute;a salvado de milagro. Y con las mismas se pusieron a comer conmigo las cerezas que ten&iacute;a la ca&ntilde;a que me salv&oacute; y que bien nos vinieron a los tres, pues gracias&nbsp; a unas cerezas por aqu&iacute;, unas manzanas por otro lado, el hambre se iba resolviendo. De no ser por esta ca&ntilde;a habr&iacute;a impactado contra las piedras del camino o de la pared&nbsp;seguro que me quedar&iacute;a como una torta, sin remedio y no podr&iacute;a escribir esta historia de hace 70 a&ntilde;os.\n<\/p>\n<p class=\"AF-Normal\">\n\tEl medio en el que nos criamos era de por s&iacute; ya un poco suicida, no ten&iacute;amos miedo a los peligros ni a las distancias a las que muchas veces nos expon&iacute;amos.\n<\/p>\n<p class=\"AF-Normal\">\n\tEl invierno era para nosotros muy penoso, aquellos intensos fr&iacute;os y sin calefacci&oacute;n, con poca le&ntilde;a para el fuego, grandes lluvias, nevadas y heladas, nos privaban de los frutos que en primavera y verano ten&iacute;amos. En el oto&ntilde;o, solo hab&iacute;a casta&ntilde;as y pocas, porque todo el mundo las recog&iacute;a como una de las cosechas importantes. Eran un gran alimento para el pueblo en general, y muy apreciadas. Estas nos libraban del hambre un tiempo limitado aunque no se pod&iacute;a comer m&aacute;s que la raci&oacute;n de cada uno, hab&iacute;a que controlar el gasto para que duraran m&aacute;s tiempo. En cambio en la &eacute;poca de las manzanas o piescos, procur&aacute;bamos tener reservas, hac&iacute;amos &ldquo;maureras&rdquo; entre la hierba, en las tenadas de las cuadras. Algunas veces pas&aacute;bamos junto una cuadra y ol&iacute;amos sobretodo las&nbsp;manzanas&nbsp;que, al madurar, se huelen a gran distancia&nbsp;y por esa raz&oacute;n algunas nos las robaban. Los hab&iacute;a que empleaban su olfato para descubrirlas&nbsp;y cuando menos lo pensabas, s&oacute;lo te encontrabas el sitio vac&iacute;o.&nbsp;\n<\/p>\n<p class=\"AF-Normal\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En mi juventud&nbsp;&eacute;ramos muy malos estudiantes, pero muy buenos trabajadores. A la escuela no &iacute;bamos m&aacute;s que el d&iacute;a que llov&iacute;a. Tampoco le d&aacute;bamos demasiada importancia, lo primero era trabajar y muchas veces &nbsp;con prisa para poder marcharnos a las frutas por los valles, regueros y monta&ntilde;as, porque nos aliviaba el hambre que pas&aacute;bamos. 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