{"id":667,"date":"2012-12-18T09:55:54","date_gmt":"2012-12-18T08:55:54","guid":{"rendered":"http:\/\/comotrabajarsinmanos.arseniofernandez.es\/?p=667"},"modified":"2012-12-18T09:55:54","modified_gmt":"2012-12-18T08:55:54","slug":"en-tiempos-de-guerra","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.arseniofernandez.es\/?p=667","title":{"rendered":"En tiempos de guerra"},"content":{"rendered":"<p>\n\t&nbsp;\n<\/p>\n<p>\n\tToda mi familia fuimos mineros y en aquel tiempo, pobres, adem&aacute;s de esclavos. Se trabajaban diez horas diarias y a veces m&aacute;s. Dos de &eacute;stas eran para el estado. Hab&iacute;a que recuperar la econom&iacute;a perdida en la Guerra Civil Espa&ntilde;ola. Si las cosas estaban mal, para acabar de ponerlo peor, en el 39 estalla la Segunda Guerra Mundial. Esta ser&iacute;a una tragedia porque, aparte de los miles de hombres que murieron en batalla, otros quedaron mutilados o con diversos lesiones y problemas.\n<\/p>\n<p>\n\tLos padres y hermanos mayores tuvieron que ir a la guerra, quedando las madres y los hijos peque&ntilde;os nuevamente solos y sin medios. Mi padre se incorpora en Teruel con los nacionales e intervino en sucesivas batallas donde los compa&ntilde;eros ca&iacute;an a su lado como mosquitos, unos muertos y otros heridos clamando porque les sacaran de aquel infierno. Fueron momentos de terror y desolaci&oacute;n. &Eacute;l tuvo la suerte de no caer herido a pesar de que un d&iacute;a, cuando estaban cavando una trinchera, en uno de los ataques de la aviaci&oacute;n, cae al lado de &eacute;l un ob&uacute;s, y dej&oacute;&nbsp; enterrado a su compa&ntilde;ero. Mi padre y otros se salvaron de milagro. All&iacute; los que no ca&iacute;an bajo las bombas se mor&iacute;an congelados por el fr&iacute;o durante las guardias, se quedaban congelados y pegados a su fusil.\n<\/p>\n<p>\n\tUna triste ma&ntilde;ana cuando estaban cavando unas yrincheras, mi padre y varios de sus compa&ntilde;eros lleg&oacute; un comandante del ej&eacute;rcito, maltrat&aacute;ndoles de palabra y dici&eacute;ndoles entre otras cosas, que todos los asturianos eran rojos y que no los quer&iacute;a ni ver delante. Les puso un ultim&aacute;tum advirti&eacute;ndoles que si al d&iacute;a siguiente, a la una del mediod&iacute;a, no terminan de excavar aquellas trincheras y de colocar las alambradas, &eacute;l mismo, pistola en mano les fusilar&iacute;a sin consejo de guerra y por desobediencia. Era aquel hombre un t&iacute;o duro y salvaje, ya conocido y temido por toda la tropa.\n<\/p>\n<p>\n\tCuando este malvado se alej&oacute; del frente, mi padre y el resto de los compa&ntilde;eros se reunieron en la misma trinchera desolados por lo que acababan de o&iacute;r, y viendo que era imposible terminar la tarea que&nbsp; les hab&iacute;a impuesto y sabiendo que &eacute;l cumplier&iacute;a su amenaza y que ser&iacute;an fusilados sin que nadie lo pudiera evitar, pensaron que el &uacute;nico remedio para salvar sus vidas, ser&iacute;a que cuando llegara el comandante uno de ellos le disparara. &Eacute;ste ser&iacute;a elegido por sorteo&nbsp; entre ellos mismos. &nbsp;Despu&eacute;s tendr&iacute;an que pasarse al bando contrario, que bien cerca lo ten&iacute;an. Se pusieron de acuerdo creyendo que ser&iacute;a mucho mejor morir en la hu&iacute;da por las balas del enemigo, que verse morir uno a uno por la pistola de aquel criminal. Y, sobre todo, valorando que en la huida alguno se pod&iacute;a salvar.\n<\/p>\n<p>\n\tYa todos de acuerdo siguieron trabajando y entre ellos reinaba el silencio y la tristeza. A pocos metros de mi padre uno de sus compa&ntilde;eros perdi&oacute; los nervios y no soport&oacute; lo que hab&iacute;a o&iacute;do al comandante, as&iacute; que trabajando a poca distancia de ellos y con su fusil al lado les dijo:\n<\/p>\n<p>\n\t-Compa&ntilde;eros yo no aguanto m&aacute;s.&nbsp;\n<\/p>\n<p>\n\tS&oacute;lo les dio tiempo a ver el ca&ntilde;&oacute;n de su fusil en la barbilla y o&iacute;r el disparo. El hombre cay&oacute; fulminado y nada pudieron hacer por su vida. Mi padre nunca olvid&oacute; a este compa&ntilde;ero y durante toda su vida llev&oacute; grabada aquella escena de dolor. <strong>Camblor<\/strong>, vecino del valle de La Cerezal, de la aldea La Zorea, era un gran hombre y amigo de mi padre de toda la vida, por ser compa&ntilde;eros en las minas y vecinos de un pueblo muy cercano. Esto sucedi&oacute; poco despu&eacute;s de irse el comandante. Pensando en lo que pod&iacute;a ocurrirles al d&iacute;a siguiente, siguieron con la misma idea de acribillar a balazos al que iba a ser su verdugo, pues estaban convencidos de que iban a ser fusilados. Pero esto no sucedi&oacute;, ya que a las once de la ma&ntilde;ana, dos horas antes de la hora prevista y mientras trabajaban en la misma trinchera, les lleg&oacute; la reclamaci&oacute;n del gobierno para que volvieran a las minas en Asturias&nbsp; y se incorporaran a sus trabajos como mineros picadores de carb&oacute;n. En cuanto recibieron la noticia, en el acto entregaron las armas y se fueron, aunque con gran dolor ya que all&iacute; dejaban a uno de sus compa&ntilde;eros, al que m&aacute;s apreciaban, y muerto el d&iacute;a antes, adem&aacute;s de otros que hab&iacute;an ca&iacute;do en el campo de batalla, destrozados por los obuses.&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Toda mi familia fuimos mineros y en aquel tiempo, pobres, adem&aacute;s de esclavos. Se trabajaban diez horas diarias y a veces m&aacute;s. Dos de &eacute;stas eran para el estado. Hab&iacute;a que recuperar la econom&iacute;a perdida en la Guerra Civil Espa&ntilde;ola. 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