{"id":650,"date":"2012-12-06T17:59:02","date_gmt":"2012-12-06T16:59:02","guid":{"rendered":"http:\/\/comotrabajarsinmanos.arseniofernandez.es\/?p=650"},"modified":"2012-12-06T17:59:02","modified_gmt":"2012-12-06T16:59:02","slug":"la-esclavitud-de-mi-padre","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.arseniofernandez.es\/?p=650","title":{"rendered":"La esclavitud de mi padre"},"content":{"rendered":"<p>\n\t&nbsp;\n<\/p>\n<p>\n\tMi padre, fue popularmente conocido como un gran trabajador y buena persona. Como casi todos en aquel tiempo comenz&oacute; a corta edad a trabajar en las minas del grupo de monta&ntilde;a de San Mam&eacute;s. As&iacute; mismo trabajaban la agricultura y la ganader&iacute;a para poder mantener la casa. Mi padre fue un hombre muy apreciado, muy trabajador y noble. Trabaj&oacute; siempre como un esclavo hasta que una silicosis de caballo termin&oacute; con su vida. Esto de la silicosis fue como una plaga para los mineros que los reventaron de trabajo en condiciones p&eacute;simas de seguridad. Hay que destacar que hasta se sub&iacute;an chimeneas perforando de una galer&iacute;a a otra, sin auxiliar. Todos los que conocemos la mina sabemos que eso es una ratonera mortal.\n<\/p>\n<p>\n\tPrecisamente mi vecino, Alfredo Lamu&ntilde;o, de la Bobia y yo quedamos trancados en una chimenea donde no hab&iacute;a auxiliar. En la mina 2&ordm; rama del pozo San Mam&eacute;s, donde hab&iacute;a gas por los cuatro hastiales, a punto estuvimos de quedar all&aacute;. Eso era un matadero de gente. Poca ventilaci&oacute;n en los frentes, mucho gris&uacute; normalmente y el maldito polvo que destroz&oacute; la vida de todos en aquel tiempo, porque no s&oacute;lo a los mineros, tambi&eacute;n a las familias, madres viudas y ni&ntilde;os sin padres ni medios para subsistir porque las pensiones que les dejaban a las esposas y a sus hijos eran de pena.\n<\/p>\n<p>\n\tM&aacute;s adelante hay un episodio sobre este accidente en el que quedamos atrapados y que explicar&eacute; con m&aacute;s detalle.\n<\/p>\n<p>\n\tNo se puede ni creer los abusos de autoridad que hab&iacute;a y por si eso fuera poco reventados de trabajo y con poca comida. Trabajando las horas que mandaban y sin poder protestar aunque no te las pagaran. Hab&iacute;a vigilantes que pagaban lo que trabajabas aunque el sueldo era muy bajo, pero por lo menos te pagaban lo legislado. Pero tambi&eacute;n hab&iacute;a algunos que las horas extraordinarias nunca las pagaron. Casi todo era motivo de castigo, con multas al trabajador que lo trataban como un exclavo y a callarse, porque por poco m&aacute;s te desped&iacute;an. Cuando hab&iacute;a alg&uacute;n trabajador que destacaba velando por los derechos de los compa&ntilde;eros le mandaban hasta la polic&iacute;a por subversivo.\n<\/p>\n<p>\n\tAl poco tiempo de empezar yo a trabajar como arriero, con diez a&ntilde;os, las calamidades volvieron a nuestra casa. A nuestro padre le atac&oacute; una doble neumon&iacute;a que iba a tardar largo tiempo en curarse. El escaso dinero que hab&iacute;a en la casa, tuvo que ser gastado en penicilina, que acababa de salir al mercado y a precio de oro, para curar a mi padre de esa terrible enfermedad. Los m&eacute;dicos dec&iacute;an que era muy grave y que s&oacute;lo Dios o un milagro lo salvar&iacute;an. Esta enfermedad como otras en esa &eacute;poca era incurable porque no hab&iacute;a medios. Y de no haber salido la penicilina mi padre se hubiera muerto sin remedio, as&iacute; lo dijo el m&eacute;dico que lo cur&oacute;.\n<\/p>\n<p>\n\tEl tiempo pasaba, pele&oacute; entre la vida y la muerte durante largo tiempo. Entonces el m&eacute;dico, en una de sus visitas nos dijo que hab&iacute;a una posibilidad de que se salvara ya que era un hombre fuerte y pod&iacute;a resistirlo. Y fue este nuevo medicamento, la penicilina, el que logr&oacute; salvarle. As&iacute; fue, pas&oacute; un a&ntilde;o entre la enfermedad y su convalecencia. Perdi&oacute; mucho dinero, ya que de baja por enfermedad no le pagaban casi nada. Las necesidades volvieron a la casa de nuevo, pues cuando nuestra econom&iacute;a parec&iacute;a mejorar un poco, lleg&oacute; esta mala enfermedad y precisamente atac&oacute; a quien ganaba el dinero para todos. S&oacute;lo trabajaban los tres hermanos mayores, pero el sueldo era muy peque&ntilde;o. A parte de lo poco que se ganaba, los j&oacute;venes que comenzaban todav&iacute;a ganaban menos. No daba para mantener el gasto de la casa. Lo volvimos a pasar mal, pero lo importante es que mi padre se salv&oacute;.\n<\/p>\n<p>\n\tEn este tiempo, para acabar de fastidiar la econom&iacute;a familiar, nos mataron un buen caballo que ten&iacute;amos para trabajar. Era de una ayuda fundamental, sobre todo para el transporte de la hierba desde los prados lejanos, as&iacute; como para llevar el esti&eacute;rcol a las tierras y diversos trabajos m&aacute;s. Este buen animalito pastaba en el monte los d&iacute;as que no trabajaba. Un d&iacute;a lo encontramos con una estaca clavada en un ojo y hasta la nariz, &iexcl;&iexcl;c&oacute;mo ser&iacute;a la herida de grande!! que en el momento de sacarle la madera que llevaba dentro, comenz&oacute; a respirar por el ojo. Autom&aacute;ticamente le sobrevino una gangrena y se muri&oacute;. Fue una p&eacute;rdida muy grande, nos quedamos sin tener con qu&eacute; trabajar, ya que no se pod&iacute;a comprar otro por no tener dinero, no nos alcanzaba ni para comer.\n<\/p>\n<p>\n\tEl disgusto de la familia fue doble, al saber que aquello fue un sabotaje de un malhechor de un pueblo cercano, que ten&iacute;a una yegua pastando por los mismos montes y se quejaba de que nuestro caballo no la dejaba pastar lo suficiente, porque le gustaban las hembras, pues el caballo a pesar de estar capado, result&oacute; ser un poco alegre. Simplemente por eso se encarg&oacute; de matarlo. El mismo criminal dijo a otros vecinos, que &eacute;l se encargar&iacute;a de eliminarlo, solamente porque andaba con las yeguas a su alrededor, porque otra cosa no pod&iacute;a hacer.\n<\/p>\n<p>\n\tA trav&eacute;s de todos los tiempos hubo y habr&aacute; alguna mala persona que sin coraz&oacute;n ni cultura hace tal salvajada, matando un animal y perjudicando&nbsp; la econom&iacute;a de una familia. En aquellos tiempos tan malos, aprovech&oacute; la enfermedad de mi padre, que casi no pod&iacute;a moverse de lo d&eacute;bil que estaba y con los hijos muy j&oacute;venes.\n<\/p>\n<p>\n\tNuestro padre, despu&eacute;s de casi un a&ntilde;o de baja volvi&oacute; a trabajar al interior de la mina, pero los m&eacute;dicos le dijeron que lo mejor ser&iacute;a pasar una temporada en el exterior. Su estado era muy delicado y la mina muy peligrosa, pero &eacute;l, que sab&iacute;a de las necesidades de su casa, decidi&oacute; incorporarse al interior de la mina.\n<\/p>\n<p>\n\tAl ir a destino para incorporarse al trabajo fue a hablar con el capataz &nbsp;jefe del pozo &nbsp;Cerezsal&nbsp;y le pidi&oacute; por favor, que le enviara a un punto compatible durante un mes, explic&aacute;ndole lo que los m&eacute;dicos le hab&iacute;an dicho. Este capataz, que bien sab&iacute;a lo trabajador que era mi padre, le neg&oacute; su petici&oacute;n contest&aacute;ndole con brusquedad, como era su costumbre:\n<\/p>\n<p>\n\t&ndash; &iquest;De qu&eacute; te quejas, si est&aacute;s como un roble? D&eacute;jate de tonter&iacute;as y vete a tu destino, que para eso eres posteador y por esa categor&iacute;a te pagamos. As&iacute; de claro se lo dijo.\n<\/p>\n<p>\n\t&ndash;Se&ntilde;or, no me lo permiten los m&eacute;dicos. Insisten en que volver&eacute; a recaer, dicen que si quiero ver a mis hijos criados, que no trabaje en un punto de tanto esfuerzo y polvo, como es el de esta profesi&oacute;n. S&oacute;lo le pido que me conceda, aunque sean quince d&iacute;as en prueba, dijo mi padre.\n<\/p>\n<p>\n\t&ndash;Que sea lo que t&uacute; digas, pero te rebajo la categor&iacute;a a pe&oacute;n le contest&oacute; este hombre. As&iacute; tuvo que ser, le mand&oacute; firmar all&iacute; mismo la rebaja a pe&oacute;n, penalizando de esa forma la econom&iacute;a de nuestro hogar, que era penosa por las circunstancias que hab&iacute;an surgido.\n<\/p>\n<p>\n\tAquel hombre sin coraz&oacute;n, no tuvo ninguna consideraci&oacute;n con un trabajador de primera calidad. Aquella fechor&iacute;a no se la perdon&oacute; &eacute;l ni el resto del personal del pozo. A todos les pareci&oacute; mal, pues todos eran conocedores de que aquel productor desempe&ntilde;aba dos oficios, el de posteador y el de vigilante, aunque s&oacute;lo cobraba por el primero. Trabajaba sin descanso, nunca sali&oacute; de la mina sin cargar la tarea asignada para el taller donde &eacute;l estuviera. Si ten&iacute;a asignado un cargamento de cien vagones de producci&oacute;n, aquellos hab&iacute;a que cargar, si no &eacute;l no abandonaba su trabajo. Para &eacute;l esto era sagrado. Lo dejaban solo en la mina hasta cargar el tope de vagones asignados, como si la mina fuera de &eacute;l.\n<\/p>\n<p>\n\tMi padre, fue un hombre popular, precisamente por su grado de cumplimiento en el trabajo, &nbsp;humanitario con sus compa&ntilde;eros y noble para mandar. Muchas veces me preguntaban por &eacute;l los que fueron sus compa&ntilde;eros, y me dec&iacute;an: <em>&ldquo;&iexcl;Qu&eacute; padre tienes! Ese hombre es de oro, nunca quiso molestar a nadie, siempre fue una cosa excepcional. Nunca he o&iacute;do a nadie hablar mal de tu padre. No se conoci&oacute; otro con sus agallas<\/em>&rdquo;. Yo mismo he o&iacute;do a mucha gente decir: <em>&ldquo;&iexcl;c&oacute;mo es posible que este hombre trabaje tanto! No hay acero que lo aguante, su destino va a ser tr&aacute;gico, morir&aacute; deshecho y reventado. M&aacute;s bien parece una locomotora que un hombre&rdquo;.<\/em>\n<\/p>\n<p>\n\tTodo esto de nada sirvi&oacute; para aquel capataz, que siempre fue un d&eacute;spota para los trabajadores. No supo valorar el m&eacute;rito de un trabajador y no atendi&oacute; a la &uacute;nica petici&oacute;n de ayuda que le pidi&oacute; en muchos a&ntilde;os de servicio.\n<\/p>\n<p>\n\tMi padre muri&oacute; sin olvidar la mala fe de aqu&eacute;l que tanto le hab&iacute;a explotado y que dec&iacute;a apreciarlo como trabajador. No se dio cuenta del enga&ntilde;o de aquel mal hombre, hasta que ya no pudo ni moverse deshecho de tanto trabajo y con una silicosis que ya no lo dejaba ni respirar. Fue entonces cuando dijo: <em>&ldquo;ese hombre para m&iacute; fue un traidor. Me revent&oacute; de trabajo, ten&iacute;a una forma salvaje de proceder, siempre con ri&ntilde;as y exigencias, sin tener en cuenta que yo ya no pod&iacute;a con m&aacute;s esfuerzo.&rdquo;<\/em>\n<\/p>\n<p>\n\tSe cumpli&oacute; el vaticinio de sus compa&ntilde;eros al pie de la letra. El &uacute;ltimo a&ntilde;o que trabaj&oacute; en el pozo Cerezal, despu&eacute;s de su jornada de ocho o diez horas, al desplazarse a casa ten&iacute;a que subir una monta&ntilde;a de unos cuatro kil&oacute;metros de distancia, con unas pendientes muy elevadas, y por caminos malos, estrechos y llenos de barro. Llegaba a casa con media hora de retraso, respecto de sus compa&ntilde;eros. Ya no pod&iacute;a caminar agotado por tantos esfuerzos y la grave silicosis que padec&iacute;a. En aquel tiempo les obligaban a trabajar hasta que ya eran medio cad&aacute;veres y no hab&iacute;a cami&oacute;n para llevarlos al trabajo. Lo que supon&iacute;a un doble esfuerzo por el largo camino por unas monta&ntilde;as tan pendientes, con mucho calor en el verano o las lluvias y nevadas del invierno. Fue una total esclavitud.\n<\/p>\n<p>\n\t&iexcl;C&oacute;mo ser&iacute;a de torpe aquel jefe y qu&eacute; aguante tuvo mi padre! Si por un problema de la mina un d&iacute;a faltaban dos o tres vagones, &eacute;ste le llamaba a la oficina y le echaba la gran bronca, exigi&eacute;ndole que no pasara m&aacute;s, y que ten&iacute;a la obligaci&oacute;n de recuperar esos vagones perdidos. Todo esto lo hac&iacute;a sabiendo c&oacute;mo era mi padre, porque a quien ten&iacute;a que exigir esa producci&oacute;n era al vigilante de la Rampla, que era el responsable y quien destina los trabajos, no al posteador, que es un trabajador m&aacute;s.\n<\/p>\n<p>\n\tTodos sab&iacute;an y comentaban que si le reclamaba al vigilante &eacute;ste no le hac&iacute;a ni caso, mientras que mi padre se desvelaba y le obedec&iacute;a, sin darse cuenta de que lo estaba reventando de trabajo y sin piedad. Este maldito aprendi&oacute; que cuanto m&aacute;s re&ntilde;&iacute;a al esclavo, m&aacute;s le hac&iacute;a correr. Este era el comentario de sus compa&ntilde;eros, que adem&aacute;s se lo advert&iacute;an para que dejara de reventarse, pero no pudo, fue superior a sus fuerzas. El dominio de aquel hombre sin coraz&oacute;n, lo ten&iacute;a destinado precisamente con un vigilante, que era el m&aacute;s vago y el m&aacute;s in&uacute;til del pozo. Precisamente, por ese motivo, hac&iacute;a responsable a mi padre.\n<\/p>\n<p>\n\tPara dar una clara idea de c&oacute;mo fue todo lo que aqu&iacute; se describe, basta con decir, que un capataz, del mismo pozo, baj&oacute; a verme a la oficina del Pozo San Mam&eacute;s, y me dijo, con toda su nobleza:\n<\/p>\n<p>\n\t-Arsenio, vengo a hablarte del problema de tu padre. No me descubras para evitar problemas.&nbsp; Habla con tu padre para que se aparte un poco del trabajo, porque es demasiado el esfuerzo que hace. Ya est&aacute; cascado y poco va a aguantar. No puede seguir con esa velocidad a la que trabaja. A ver si puedes convencerle de su error. Se puede ser bueno, pero sin el exceso tan enorme que &eacute;l realiza. Ya le habl&eacute; varias veces y no consegu&iacute; nada. H&aacute;blale t&uacute; con m&aacute;s claridad, por si yo no me expliqu&eacute; bien y no comprendi&oacute;.\n<\/p>\n<p>\n\t-Te agradezco de coraz&oacute;n que te intereses por &eacute;l, pero ya llevo tiempo luchando contra ese mismo problema, explic&aacute;ndole su gran equivocaci&oacute;n, pero no nos hace caso, toda la familia sabemos por los compa&ntilde;eros de trabajo lo mal que lo est&aacute; pasando y lo mal que se porta ese paisano. Pero ni mi madre, ni los hijos podemos hacer nada para librarlo de esa barbaridad que le va a reventar en poco tiempo. Su contestaci&oacute;n siempre es la misma.\n<\/p>\n<p>\n\t-&iquest;Qu&eacute; voy a hacer si aquel in&uacute;til de vigilante no vale, ni quiere? Y si yo hago lo mismo, la producci&oacute;n se va abajo, y despu&eacute;s &iquest;c&oacute;mo aguanto al capataz que cada poco me echa una tremenda bronca?\n<\/p>\n<p>\n\tLe expliqu&eacute; todo esto y m&aacute;s, pero mi padre no pod&iacute;a cambiar, naci&oacute; as&iacute; y as&iacute; continu&oacute; hasta que ya no pudo m&aacute;s. Nunca se olvid&oacute; de la bondad de este otro capataz, que con nobleza le habl&oacute; y que quiso ayudarle. Pero tampoco se olvid&oacute;, y lo comentaba con mucha frecuencia, de la traici&oacute;n de aquel malvado, que siempre le enga&ntilde;&oacute;, para reventarlo de trabajo y sin reconocerle sus m&eacute;ritos, los que a &eacute;l siempre le faltaron por lo torpe y duro que fue con sus subordinados. Hay hombres que no se sabe algunas veces donde tienen sus sentimientos. Son peores que los animales, reventando a los trabajadores y sin pagarles lo que merecen. Eso s&iacute; es lo que hay que evitar, pero no con algaradas y tonter&iacute;as.\n<\/p>\n<p>\n\tHay que ver la diferencia tan grande que hay de una persona a otra. Estos dos se&ntilde;ores, los dos eran jefes de mi padre, mientras que el primero lo revienta y lo traiciona, el otro reconoce lo mal que lo hace el jefe y la equivocaci&oacute;n de mi padre de no despertar, de no darse cuenta de su mal porvenir. Le aconsej&oacute; y luch&oacute; por &eacute;l. Se desvel&oacute; porque vio que iba a la perdici&oacute;n. Se puede ser jefe, se puede mandar a la gente, pero con dignidad y consideraci&oacute;n.\n<\/p>\n<p>\n\tEn cambio, este se&ntilde;or que orient&oacute; a mi padre, mand&oacute; gente durante muchos a&ntilde;os, y dado que &eacute;l era tambi&eacute;n un gran trabajador, le gustaba exigir para que los trabajos se hicieran con orden y con prudencia. Hay que trabajar, es cierto, pero como humanos, no como animales de carga, ah&iacute; est&aacute; la gran diferencia, trabajar, producir, pero sin reventar a nadie. Este hombre fue un ejemplo de capataz del Pozo Cerezal. En aquel tiempo yo no le conoc&iacute;a a&uacute;n, pero tuvo la bondad de ir a verme a las oficinas centrales del grupo, para ver si pod&iacute;a apartar a mi padre de aquella esclavitud. As&iacute; de bien se comport&oacute; ese hombre que fue unos de los jefes m&aacute;s trabajadores, serios y cumplidores del deber que se hubieran conocido. Aunque no todos opinen igual, hay que decir la verdad, sea de quien sea. Lo mismo que este se&ntilde;or tambi&eacute;n hubo algunos vigilantes en el pozo que quisieron ayudarle. Uno de ellos fue Jos&eacute; Ordiz, de los Caleyos. &Eacute;ste fue un gran amigo de mi padre y muchas veces le dijo personalmente que no trabajara tanto, pues entre ese capataz y el maldito vago del vigilante, te est&aacute;n matando de trabajo. Date cuenta que ya no puedes. Toda tu vida trabajaste a reventar y a este paso no hay quien lo resista, y t&uacute; ya est&aacute;s a punto de agotarte. De esta forma le habl&oacute; muchas veces.\n<\/p>\n<p>\n\tTambi&eacute;n a mis hermanos les dijo debeis hablar con vuestro padre para que no se reviente, es demasiado y as&iacute; poco va aguantar. Este gran hombre no cesaba de luchar por mi padre. El mismo me dijo que este hombre, le advert&iacute;a del peligro por el exceso de trabajo. Incluso cuando trabaj&oacute; para &eacute;l en una mala rampla le dec&iacute;a: <em>&ldquo;ap&aacute;rtate un poco hombre, no quieras comer el trabajo&rdquo;<\/em>. Siempre estuvo muy agradecido de Jos&eacute; por lo bueno que fue con &eacute;l y por saber ser un hombre que nunca quiso reventar a la gente. Hasta sab&iacute;a imponerse ante aquel jefe que tanto revent&oacute; a los trabajadores.\n<\/p>\n<p>\n\tUna tarde quiso echarle una bronca porque dijo que pagaba a la gente m&aacute;s de lo normal y Jos&eacute; con agallas le dijo: <em>&ldquo;si solo soy vigilante para mandar y no puedo pagar al que trabaja, coja usted la libreta y yo no mando m&aacute;s&rdquo;.<\/em> El otro agach&oacute; las orejas y se fue. Nunca m&aacute;s le dijo nada. Supo defender la verdad y al trabajador. As&iacute; de bien hac&iacute;a este gran hombre. Un valiente que supo ponerle las cosas como son. Lo mismo que hizo Jos&eacute;, lo debi&oacute; de hacer mi padre y mandarlo <em>a la porra,<\/em> de una vez y para siempre.\n<\/p>\n<p>\n\t&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Mi padre, fue popularmente conocido como un gran trabajador y buena persona. Como casi todos en aquel tiempo comenz&oacute; a corta edad a trabajar en las minas del grupo de monta&ntilde;a de San Mam&eacute;s. As&iacute; mismo trabajaban la agricultura y la ganader&iacute;a para poder mantener la casa. 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