{"id":3230,"date":"2014-08-04T09:43:13","date_gmt":"2014-08-04T07:43:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.arseniofernandez.es\/?p=3230"},"modified":"2014-08-04T09:43:13","modified_gmt":"2014-08-04T07:43:13","slug":"algunas-veces-trabajas-para-no-cobrar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.arseniofernandez.es\/?p=3230","title":{"rendered":"Algunas veces trabajas para no cobrar"},"content":{"rendered":"<p>\n\tUna de las primeras obras que hicimos fuera de la provincia fue en una mina a cielo abierto, situada a una altura de 1.500 metros, enclavada en una cordillera donde el aire soplaba casi permanentemente, con unas temperaturas extremas. Muy bajas en invierno y mucha sequ&iacute;a y calor en verano. Se trataba de dos polos opuestos y dif&iacute;ciles de solucionar, pues contra los elementos atmosf&eacute;ricos poco o nada se puede hacer. Por aquel clima tan diferente y fuerte no era f&aacute;cil conseguir una buena pradera. Si no era a base de una buena t&eacute;cnica y un elevado gasto en materiales de primera calidad.\n<\/p>\n<p>\n\tHab&iacute;a que emplear materiales especiales para esas alturas. Incluso en invierno hubo que regarla con abundante agua, a pesar del intenso fr&iacute;o, no llov&iacute;a lo suficiente y fue necesario subir agua en cantidad para conseguir la germinaci&oacute;n de las semillas. Tambi&eacute;n hubo que regarla en verano para evitar la sequ&iacute;a. Hab&iacute;a que ser esclavo de su vigilancia para poder sacar algo que fuera presentable.\n<\/p>\n<p>\n\tHubo que comprar un equipo de regad&iacute;o expresamente para aquella obra, compuesto de 300 metros de mangueras de dos pulgadas y aspersores de gran potencia.\n<\/p>\n<p>\n\tAdem&aacute;s de alquilar dos cubas de 8.000 litros cada una y otros materiales que supusieron un alto precio.&nbsp;&nbsp;\n<\/p>\n<p>\n\tHab&iacute;a que pagar la pensi&oacute;n del personal y la salida correspondiente. As&iacute; mismo competir en el precio, cosa dif&iacute;cil. Como en todas partes hay gente que tira los precios para ser contratado y despu&eacute;s hacen unas chapuzas que da hasta pena contemplarlas. Otras veces tambi&eacute;n te encuentras con alguien como los de esta obra que tiran a pasar y no reconocen ni les interesa la calidad de tu obra, hab&iacute;a de todo.\n<\/p>\n<p>\n\tDespu&eacute;s de todos estos sacrificios y de trabajar con arte para sacar una cosa importante, a la hora de medir la superficie de aquella obra. El top&oacute;grafo de la empresa, present&oacute; una medici&oacute;n que no se ajustaba a la realidad. Dijo que &eacute;l la hab&iacute;a medido con el aparato topogr&aacute;fico. Le expliqu&eacute; que no pod&iacute;a ser porque se perd&iacute;an muchos metros. El aparato med&iacute;a a vuelo de p&aacute;jaro, lo que se llama medir en tabla y se quedan los metros de vaguada. La diferencia era de mucho dinero. El individuo no se bajaba de su pedestal y por mucho que le expliqu&eacute; no pude convencerlo. No tuve otro remedio que llevarle dos top&oacute;grafos de Asturias para demostrarle su equivocaci&oacute;n. All&iacute; tuvimos un debate y no pudimos convencerlo. La Empresa dijo: que era lo que &eacute;l dec&iacute;a. Despu&eacute;s de pasar mucho tiempo y ver que no pagaban, pens&eacute; que llevarlos ante los tribunales, me iba a suponer m&aacute;s dinero del que les reclamaba. Decid&iacute; invitarles a perder la mitad de aquella gran diferencia a cada uno. Lo aceptaron y pude cobrar. Aunque perdimos 800.000 pesetas de nuestro propio trabajo.\n<\/p>\n<p>\n\tEsta obra, que yo hab&iacute;a hecho con ilusi&oacute;n, porque en la zona hab&iacute;a mucho trabajo, era muy interesante dar a conocer nuestro sistema. Aparte de que nunca me gustaron las chapuzas.\n<\/p>\n<p>\n\tEl consumo de agua que ten&iacute;amos era grande, cada cuba llevaba 8000 litros y trabajaban todo el d&iacute;a las mismas horas que nosotros. Las cubas eran contratadas por la empresa de la Mina y trabajan con nosotros en equipo. Yo mismo ten&iacute;a que controlarles las horas de trabajo para dar nota a la Empresa quien les pagaba.\n<\/p>\n<p>\n\tEl due&ntilde;o de una de las cubas era un joven rebelde y protest&oacute;n, todo se le pon&iacute;a pico arriba y solo quer&iacute;a que le apuntara horas y trabajar lo menos que pod&iacute;a. Algunas veces pens&eacute; echarlo de all&iacute;, pero me fastidiaba y le aguant&eacute;, no sin darme alg&uacute;n disgustillo. No era buen trabajador ni cumpl&iacute;a con su deber, era un vago que no sab&iacute;a por d&oacute;nde andaba y no se daba cuenta que el que perd&iacute;a era &eacute;l. &nbsp;&nbsp;&nbsp;\n<\/p>\n<p>\n\tEn cambio el otro, algo mayor que yo. Era un se&ntilde;or serio y formal, muy trabajador, un gran hombre que cumpl&iacute;a con su deber, hasta miraba por nuestros intereses. Aquel se&ntilde;or viv&iacute;a en Ponferrada, aunque era&nbsp; de Galicia. Se hospedaba en el mismo lugar que nuestra gente. Teniendo en cuenta lo trabajador que era, le pagaba las comidas con los m&iacute;os.\n<\/p>\n<p>\n\tLos fines de semana todos iban a casa. Aquel &nbsp;hombre un lunes se trajo la comida de su vasa y no bajo a comer con el resto de personal al pueblo, que estaba a 8 kil&oacute;metros de distancia.\n<\/p>\n<p>\n\tAquel d&iacute;a lunes iba ser para Alfonso Blanco el gallego, un d&iacute;a tr&aacute;gico que nunca iba olvidar. Se alej&oacute; unos metros de la obra, y se sent&oacute; encima de unos gorbizos a comer. Despu&eacute;s se tumb&oacute; para descansar. Se ech&oacute; un pigarcio y cuando despert&oacute;, ya iba ser la hora de ir al trabajo. Al levantarse el pobre hombre no sab&iacute;a que debajo de su espalda ten&iacute;a una v&iacute;bora y que por estar aprisionada estaba furiosa. La v&iacute;bora sali&oacute; huyendo pero se encontr&oacute; con el brazo de este hombre, que lo hab&iacute;a apoyado para levantarse y le pic&oacute; en la -mu&ntilde;eca, con tan mala suerte que se puso mal&iacute;simo, casi se muere. Aquel accidente le iba salir muy caro al gran hombre. La v&iacute;bora le meti&oacute; en sus ri&ntilde;ones una parasitosis que le dio mucho que hacer durante a&ntilde;os. Tuvo que ir a distintos m&eacute;dicos y viajar a varias partes de nuestro pa&iacute;s. Se fue hasta Barcelona, Madrid. Sufri&oacute; mucho, hasta pens&oacute; que ser&iacute;a su fin. Adem&aacute;s, gast&oacute; mucho dinero. Esto fue para su vida una hecatombe, pero no se muri&oacute;. Sigue viviendo en Ponferrada. Hace poco que le llam&eacute; y le promet&iacute; que ir&iacute;amos a verle mi esposa y yo. Sent&iacute; mucha pena de que un hombre de esa calidad haya tenido un contratiempo tan terrible, pues los dolores de esa parasitosis son de los m&aacute;s fuertes.-\n<\/p>\n<p>\n\tConozco un poco lo que es pelear con esos dolores de las v&iacute;boras. A mi padre le pic&oacute; una y pas&oacute; seis meses con terribles dolores y una fuerte inflamaci&oacute;n de toda la pierna, pero tuvo m&aacute;s suerte y no se le infect&oacute;, solo le inyect&oacute; su veneno. Aunque eliminarlo es de largo tiempo se fueron los s&iacute;ntomas y los dolores.&nbsp;&nbsp;\n<\/p>\n<p>\n\tEn una de mis visitas a esa explotaci&oacute;n llev&eacute; a mi esposa. Llevamos la comida para comer en la monta&ntilde;a. No me gustaba la comida de aquel bar, adem&aacute;s, comer en el monte en verano una comida de casa con vino de casa es muy agradable.\n<\/p>\n<p>\n\tEl personal baj&oacute; a comer y nosotros fuimos a donde ten&iacute;amos el coche, un lugar alto para poder estar m&aacute;s frescos, ya que en aquellas alturas no hab&iacute;a &aacute;rboles, ni sombra para cobijarse. Llegamos y nos dispusimos a comer. Hab&iacute;a un calor insoportable, era uno de estos d&iacute;a de nubes que ni en las alturas hab&iacute;a fresco, todo lo contrario&nbsp; un calor insoportable. Adem&aacute;s de aquel calor, nos invadieron una nube de mosquitos que jam&aacute;s hab&iacute;a conocido en aquellas alturas de 1.550 metros. Mi esposa retiro la comida porque all&iacute; no se pod&iacute;a estar. Bajamos a 4 kil&oacute;metros donde hab&iacute;a unas viejas v&iacute;as de las minas de monte que hab&iacute;an explotado por aquellas monta&ntilde;as y que al pasar por cerca de ellas se ve&iacute;an algunos &aacute;rboles. Esta zona estaba retirada de la cordillera y hab&iacute;a matorrales. Pens&eacute; que pod&iacute;amos buscar un lugar a la sombra.\n<\/p>\n<p>\n\tCogimos &nbsp;el coche y bajamos. Recorrimos casi toda la trinchera, y a pesar de circular muy despacio por la maleza, no vi un agujero que hab&iacute;a en una b&oacute;veda donde pasaba un reguero. Se meti&oacute; la rueda derecha delantera en &eacute;l y el coche se inclin&oacute;. Nos bajamos, lo mir&eacute; y vi que no hab&iacute;a m&aacute;s peligro que el agujero. Me puse sobre la parte trasera del coche para hacer fuerza. Consegu&iacute;a ponerlo en su posici&oacute;n normal, pero no se estabilizaba, se iba de nuevo al fondo. Necesitaba una madera para forrarlo y poder sacarlo.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de las primeras obras que hicimos fuera de la provincia fue en una mina a cielo abierto, situada a una altura de 1.500 metros, enclavada en una cordillera donde el aire soplaba casi permanentemente, con unas temperaturas extremas. Muy bajas en invierno y mucha sequ&iacute;a y calor en verano. 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