{"id":1394,"date":"2013-07-19T08:39:16","date_gmt":"2013-07-19T06:39:16","guid":{"rendered":"http:\/\/comotrabajarsinmanos.arseniofernandez.es\/?p=1394"},"modified":"2013-07-19T08:39:16","modified_gmt":"2013-07-19T06:39:16","slug":"otro-problema-por-acompanar-una-chica","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.arseniofernandez.es\/?p=1394","title":{"rendered":"Otro problema por acompa\u00f1ar una chica (1 parte)"},"content":{"rendered":"<p>\n\tCon motivo de los disturbios de Hungr&iacute;a, &iacute;bamos un compa&ntilde;ero de trabajo y yo en el descanso para comer a ver &ldquo;el parte&rdquo; a un bar cercano a la oficina donde trabajaba una chica. Ten&iacute;a dieciocho a&ntilde;os y acaba de salir de un colegio. Al poco tiempo los dos simpatizamos y comenzamos a cortejar. Yo no sal&iacute;a de una para meterme en otra. Cuando llev&aacute;bamos poco tiempo, se enter&oacute; su familia. La madre y uno de sus hermanos se opon&iacute;an duramente. En cambio, pegado a la misma casa viv&iacute;a otro hermano con su mujer. Estos siempre fueron muy prudentes y nunca molestaron a la chica. Todo lo contrario. La cu&ntilde;ada siempre colabor&oacute;. Era muy atenta y ella misma le dec&iacute;a: &ldquo;aguanta, que el chico es muy elegante y muy bueno. La falta de las manos la suple con su forma de ser. Es muy educado y creo que te quiere mucho, como t&uacute; a &eacute;l. Alg&uacute;n d&iacute;a se cansar&aacute;n y os dejar&aacute;n en paz&rdquo;. As&iacute; me lo contaba la chica. Ella apreciaba mucho a su cu&ntilde;ada por lo bien que se portaba con ella. Lo mismo que su hermano que tambi&eacute;n la animaba. Al rev&eacute;s del otro hermano y su madre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;\n<\/p>\n<p>\n\tLa chica al principio aguantaba las broncas sin decirme nada. Yo s&oacute;lo sab&iacute;a por una chigrera del bar donde yo la esperaba, que un d&iacute;a me dijo &ldquo;que hab&iacute;a oposici&oacute;n&rdquo;.\n<\/p>\n<p>\n\tUna tarde de mucha tormenta est&aacute;bamos en la oficina. El Capataz miraba por la ventana y me dijo:\n<\/p>\n<p>\n\t-Arsenio, mira donde va tu novia. Vete con ella. Es s&aacute;bado, d&iacute;a de cortejar.\n<\/p>\n<p>\n\t-No puedo, es muy temprano. Falta una hora para salir.\n<\/p>\n<p>\n\t-Si te llama el Ingeniero para alguna cosa le dir&eacute; que yo te di permiso, aunque no creo que a estas horas vaya a llamarte.\n<\/p>\n<p>\n\tLe di las gracias y me decid&iacute;. Me di cuenta de que a medio camino ten&iacute;a un tel&eacute;fono de la red interior de la Empresa y le dije:\n<\/p>\n<p>\n\t-Vale, pero te llamar&eacute; por si hubiera alguna cosa.\n<\/p>\n<p>\n\tHab&iacute;a una invernada terrible pero ten&iacute;a paraguas, una buena chaqueta de cuero y unas buenas botas&nbsp; de las que siempre usaba por el invierno. Botas como las de la Guardia Civil, hechas a mano. Las ped&iacute;amos a un se&ntilde;or de Galicia junto con las de la Guardia Civil por encargo. Estos pasaban muchas horas donde yo trabajaba en labores de vigilancia de industria y siempre tuve amistad con ellos. Me apreciaban porque sab&iacute;an c&oacute;mo me comportaba en el trabajo y en la calle. Por ese motivo, me las ped&iacute;an con las suyas. Eran necesarias para atravesar por los montes y caminos.\n<\/p>\n<p>\n\tAlcanc&eacute; a la chica. Le agrad&oacute; mucho que yo la acompa&ntilde;ara. Sab&iacute;a que era temprano y le expliqu&eacute; el tema. Su paraguas era peque&ntilde;o y le dije que cerrara el suyo, que el m&iacute;o era m&aacute;s grande y nos cubr&iacute;a a los dos. Adem&aacute;s, la tormenta le acababa de dar vuelta al suyo. Al juntarnos vi que lloraba y le pregunt&eacute;:\n<\/p>\n<p>\n\t-&iquest;C&oacute;mo es que est&aacute;s llorando?\n<\/p>\n<p>\n\tLa pobrecilla me mir&oacute; con su carita de pena y dijo:\n<\/p>\n<p>\n\t-No me queda m&aacute;s remedio que dec&iacute;rtelo. Ya estoy harta de sufrir. Mi hermano y mi madre no quieren que seas mi novio por lo de las manos. &iquest;Qu&eacute; demonios tienen que ver las manos si t&uacute; eres como los dem&aacute;s? Si no tuvieras trabajo, si fueras uno cualquiera&hellip; segu&iacute;a diciendo. No veo por qu&eacute; no te quieren. Ya no me importa que me peguen m&aacute;s que menos. Hoy tienes que ir a mi casa, a ver si al saber que te quiero nos dejan en paz.\n<\/p>\n<p>\n\tTodo esto me lo dec&iacute;a llorando amargamente. Ten&iacute;a un disgusto tan grade que ya no tem&iacute;a ni a los palos que le daban. Yo la miraba con mucha pena. Sus l&aacute;grimas bajaban por su blanco y bonito rostro. Saqu&eacute; mi pa&ntilde;uelo y comenc&eacute; a limpiarlas a la vez que la confortaba. A pesar de no haber llegado a ninguna intimidad propia de pareja, nos apreci&aacute;bamos y nos quer&iacute;amos como si fuera de toda una vida. Era noble, educada, cari&ntilde;osa y sin duda me quer&iacute;a much&iacute;simo. Era una chica muy fina, se hab&iacute;a educado en un buen Colegio. Era de mi misma altura, 1.70 y de tipo esbelto. Era el prototipo de una bonita y elegante mujer. A la vista estaba lo que sufr&iacute;a en silencio por miedo a que me alejara de ella. Resultaba triste y penoso a la vez de sentirnos indefensos. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;amos hacer nosotros? &iquest;A qui&eacute;n recurrir&iacute;amos? Queria evitar que le pegaran y que analizaran la situaci&oacute;n como ella lo hac&iacute;a. A pesar de su juventud, ella sab&iacute;a valorar las cosas, sab&iacute;a apreciar a las personas por sus propios m&eacute;ritos sin dejarse llevar por la maldad.\n<\/p>\n<p>\n\tCamin&aacute;bamos bajo aquella tempestad que se agudizaba por el sufrimiento que los dos padec&iacute;amos. En algunos momentos camin&aacute;bamos como si estuvi&eacute;ramos atontados, sin pronunciar palabra, en silencio y atormentados por la oscuridad del problema. Yo me preguntaba si resultar&iacute;a demasiado fuerte para m&iacute; acompa&ntilde;arla hasta su casa en caso de que se atrevieran a pegarle en mi presencia. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer? &iquest;Meterme en el medio y llevarlas yo tambi&eacute;n? Me hac&iacute;a multitud de preguntas sin respuesta. Le dec&iacute;a que al vernos juntos las cosas se pondr&iacute;an peor. Le propuse que ser&iacute;a mejor acompa&ntilde;arla hasta cerca de su casa para que no la maltrataran. Aparte de que le pod&iacute;an pegar, yo no ten&iacute;a linterna para regresar a casa. No podr&iacute;a caminar por esas monta&ntilde;as sin luz. Me dijo que en su casa hab&iacute;a una linterna y que al marchar me la dar&iacute;a. Me pidi&oacute; que no me marchara. As&iacute; se lo promet&iacute;. Cre&iacute; estar en mi derecho de que si eso sucediera, defenderla sin violencia pero no dejar que machacaran a quien por m&iacute; padec&iacute;a y era capaz de soportar aquella salvajada mientras machacaban su cuerpo.\n<\/p>\n<p>\n\tQuedamos de acuerdo para que despu&eacute;s de oscurecer yo subiera a las siete en punto. Ella me esperar&iacute;a a la puerta de su casa mientas que yo ir&iacute;a a llamar por tel&eacute;fono a mi trabajo por si hab&iacute;a alguna cosa. Nos despedimos y cambiamos de camino.\n<\/p>\n<p>\n\tDespu&eacute;s de hablar por tel&eacute;fono, como segu&iacute;a la tormenta me acerqu&eacute; a un bar para pasar all&iacute; el tiempo que me faltaba hasta la hora prevista. Ped&iacute; un vino, cog&iacute; el peri&oacute;dico y me sent&eacute; a leerlo pero no ve&iacute;a ni las letras ni el vaso de vino. No pod&iacute;a concentrarme pensando en lo que pod&iacute;a pasar con aquella clase de gente que todo lo arreglaba con violencia. Cada poco miraba el reloj, los minutos se me hac&iacute;an horas. Por una parte, deseaba que cuanto antes llegara ese momento, por otra pensaba que ten&iacute;a un sufrimiento enorme con pocas esperanzas de soluci&oacute;n.\n<\/p>\n<p>\n\tLleg&oacute; la hora y sal&iacute;. Aun me quedaba un cuarto de hora de camino. Segu&iacute;a la tormenta. Estaba m&aacute;s solo que la noche. Caminaba bajo la oscuridad de una noche que se mostraba infernal, pues no solo era el mal tiempo, era que tambi&eacute;n me esperaba otra tempestad que yo consideraba peor de resolver. Avanzaba con lentitud, algo anormal para m&iacute;, pensando en porqu&eacute; tendr&iacute;a que pasar por esas angustias &iquest;Acaso mi destino quer&iacute;a someterme a m&aacute;s pruebas y sufrimientos? Pues si era as&iacute; no me iba a rendir, aguantar&iacute;a hasta el fin, que fuera lo que Dios quisiera. Procur&eacute; llegar a la hora en punto. Sab&iacute;a que ella me esperaba a la puerta de su casa que era de las antiguas llamadas de cuarter&oacute;n (puertas partidas por la mitad con el fin de mantener la casa cerrada por la parte de abajo con la parte superior abierta).\n<\/p>\n<p>\n\tEn efecto, all&iacute; apoyada con sus brazos en la puerta y pasando fr&iacute;o me esperaba ella. A pesar de lo que los dos sufr&iacute;amos me recibi&oacute; con una bonita sonrisa y d&aacute;ndome una palmada en mi hombro dijo:\n<\/p>\n<p>\n\t-Ya est&aacute;s aqu&iacute;, gracias. S&eacute; que te ped&iacute; una cosa muy dura pero lo haces por m&iacute; y te lo agradezco mucho.\n<\/p>\n<p>\n\t-Las gracias son tuyas, mujer, en todos los &oacute;rdenes y sobre todo por lo mucho que sufres por mi culpa.\n<\/p>\n<p>\n\t-No te eches la culpa a ti, t&uacute; no la tienes, los de la culpa son ellos que no admiten las cosas y juegan con los sentimientos de los dem&aacute;s.\n<\/p>\n<p>\n\tEn aquellos tiempos era norma de todo el mundo ir a cortejar por la noche y la primera temporada la chica se quedaba a la puerta pero adentro y el chico afuera. En este caso y a pesar del intenso fr&iacute;o, ella sali&oacute; y nos sentamos en un banco de los los antiguos que ten&iacute;an delante las casas debajo del corredor que nos proteg&iacute;a de la lluvia pero no del aire y del fr&iacute;o. All&iacute; estuvimos desde las siete hasta las doce. &Eacute;ramos j&oacute;venes y duros, s&oacute;lo por estar juntos aguant&aacute;bamos lo que nos echaran.\n<\/p>\n<p>\n\tMientras que charl&aacute;bamos y sobre todo al principio, la madre re&ntilde;&iacute;a dentro de casa. En ning&uacute;n momento me di&oacute; la cara. Pronunciaba palabras y pocas se le entend&iacute;an, pero eran poco agradables. Al marchar, la chica entr&oacute; a por la linterna que me hab&iacute;a prometido. Me quedaba un largo camino por los montes que separaban un valle del otro, por senderos muy pendientes y estrechos, peligrosos para caminar de noche y sin luz. La madre, cuando vi&oacute; a su hija coger la linterna, le dijo con su mal genio:\n<\/p>\n<p>\n\t-&iquest;Ves? No gana ni para comprar una linterna.\n<\/p>\n<p>\n\tComo siempre, le ech&oacute; la gran bronca, pero siempre dentro de la casa. All&iacute; se quedaba sin salir ni a verme la cara. Al despedirnos la chica me record&oacute; que al d&iacute;a siguiente viniera a buscarla a las siete para ir al baile pues era domingo. Le promet&iacute; que as&iacute; lo har&iacute;a. Al marchar nos besamos y con un abrazo que ni uno ni el logro dejaba, sentimos separarnos. Los dos m&aacute;s tristes que la noche nos miramos y de nuevo le limpie sus l&aacute;grimas, guarde mi pa&ntilde;uelo, le acaricie su carita y march&eacute;. Se qued&oacute; mirando c&oacute;mo me alejaba. Me detuve y desde una distancia a la que a&uacute;n la ve&iacute;a le dije adi&oacute;s con la linterna. Ella levant&oacute; su brazo y me salud&oacute;.\n<\/p>\n<p>\n\tEra aquel un invierno cruel. Yo caminaba sumido en la tristeza pensando en lo que aquella pobre chica tendr&iacute;a que soportar al marcharme. &iexcl;Sabe Dios si le volver&iacute;an a pegar o no! Mientras que caminaba bajo la lluvia sin ganas ni de llegar a casa, record&eacute; que hab&iacute;a un chigre a lado de una&nbsp; mina. Vi que aun ten&iacute;a luz y me acerque. Llam&eacute; a la puerta y me abrieron. Hab&iacute;a cinco compa&ntilde;eros de trabajo, de cuando trabaj&eacute; en la mina. Se pusieron muy contentos porque aun no hab&iacute;an comenzado a cenar. Ten&iacute;an gallu de caleya y quisieron que me sentara con ellos a cenar. Yo no ten&iacute;a ganas de comer. Me sent&iacute;a muy mal por el fuerte disgusto. Era demasiado lo que sufr&iacute;a. Les dije que no pod&iacute;a cenar, no ten&iacute;a ninguna gana, s&oacute;lo tomar&iacute;a un vaso y me marchar&iacute;a. Cogieron mi chaqueta de cuero, la colgaron, cerraron la puerta con llave y la quitaron para que yo no pudiera marcharme. Uno de ellos sab&iacute;a algo de lo que me pasaba. M&aacute;s tarde me cont&oacute; que se hab&iacute;a enterado por los comentarios de la gente y me dese&oacute; suerte. Hasta me cogieron por el brazo para sentarme ya que no consegu&iacute;an convencerme. No tuve m&aacute;s remedio que acepar. La juerga sigui&oacute; hasta despu&eacute;s del amanecer a pesar de decirles varias veces que ten&iacute;a que irme porque mis padres no sab&iacute;an d&oacute;nde me encontraba y no estaban acostumbrados a que faltara tanto tiempo. Todos coincid&iacute;an en que no deb&iacute;a ir solo por esos montes y con tan mal tiempo. Nada pude hacer. Me apreciaban mucho de siempre pero sobre todo despu&eacute;s de saber, como ellos mismos dec&iacute;an, lo valiente que hab&iacute;a sido al superan el trauma tan grave que tuve. Uno de ellos, Fernando, cuando lo encuentro aun recuerdo c&oacute;mo se portaron conmigo d&aacute;ndome &aacute;nimos. Toda la vida nos tratamos mucho, es hombre apreciado por su forma de ser, agradable y buen compa&ntilde;ero y yo le aprecio porque es una gran persona.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con motivo de los disturbios de Hungr&iacute;a, &iacute;bamos un compa&ntilde;ero de trabajo y yo en el descanso para comer a ver &ldquo;el parte&rdquo; a un bar cercano a la oficina donde trabajaba una chica. Ten&iacute;a dieciocho a&ntilde;os y acaba de salir de un colegio. Al poco tiempo los dos simpatizamos y comenzamos a cortejar. 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