{"id":1245,"date":"2013-06-05T19:17:19","date_gmt":"2013-06-05T17:17:19","guid":{"rendered":"http:\/\/comotrabajarsinmanos.arseniofernandez.es\/?p=1245"},"modified":"2013-06-05T19:17:19","modified_gmt":"2013-06-05T17:17:19","slug":"pequeno-accidente-en-un-dedo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.arseniofernandez.es\/?p=1245","title":{"rendered":"Peque\u00f1o accidente en un dedo"},"content":{"rendered":"<p>\n\tMientras que aquella rampla segu&iacute;a mal, sufr&iacute; un peque&ntilde;o accidente. Estaba postiando el tayu cuando se me escap&oacute; el hacho hacia mi dedo &iacute;ndice de la mano izquierda. Lo cogi&oacute; por la primera falange y lo abri&oacute;. Sangraba abundantemente, parec&iacute;an las mand&iacute;bulas de un lagarto. Arranqu&eacute; el bolsillo de mi camisa y lo tap&eacute;, avis&eacute; al vigilante que me hab&iacute;a herido al hacer una cu&ntilde;a para forrar una manposta, y sal&iacute; de la mina para ir a curarme al botiqu&iacute;n.\n<\/p>\n<p>\n\tEn este tiempo hab&iacute;a algunos accidentes de gente que se encontraba pas&aacute;ndolo muy mal. Se auto-lesionaban para quedarse de baja por accidente. Parece duro el que puedan surgir esas cosas pero es de toda la vida, que el hombre busca recursos muchas veces de la &uacute;nica forma que puede, para libarse de la opresi&oacute;n. En aquellos tiempos, bajo la dictadura de alg&uacute;n jefe, la gente ten&iacute;a que soportar obligado a tragar lo que le echaran. No se ten&iacute;a defensa alguna, no se pod&iacute;a mover una paja sin permiso. Trabajar a reventar sin ninguna clase de seguridad, por poco dinero, poca comida. A la m&iacute;nima te pon&iacute;an firme.\n<\/p>\n<p>\n\tFue una esclavitud, no hay otro nombre para describir lo que pasamos. Desde luego que esta dictadura que muchas veces ten&iacute;amos en la mina ya era por sistema. No la mandaba el ej&eacute;rcito ni el General Franco, eran algunos de nuestros mismos vecinos, amparados por el mando y la costumbre de lo que hab&iacute;a sido en la guerra. La prueba es que hab&iacute;a jefes con prudencia y honradez que sab&iacute;an tratar al trabajador y pagarle lo estipulado aunque era poco. As&iacute; de grande era la diferencia de unas personas a otras y as&iacute; efectivamente hab&iacute;a gente que se auto-lesionaba para librarse de esa opresi&oacute;n, y como todo se sabe, esto estaba perseguido y castigado con el despido.\n<\/p>\n<p>\n\tLa diferencia entre aquellos tiempos a los de hoy es abismal. Primero por mucho y despu&eacute;s por poco, como dicen en mi pueblo: &ldquo;pas&oacute; el carro por delante de los bueyes&rdquo;. Por esa raz&oacute;n y muchas m&aacute;s la gente en secreto hac&iacute;a de las suyas. Como era normal, los jefes sab&iacute;an que exist&iacute;a el auto-lesi&oacute;n y lo persegu&iacute;an, aunque les era dif&iacute;cil de demostrarlo. Si t&uacute; estabas solo en tu punto de trabajo no era f&aacute;cil saber el motivo, si fue casual o no. Lo malo de todo esto es que algunas veces pagamos unos por otros.\n<\/p>\n<p>\n\tCuando llegu&eacute; al botiqu&iacute;n el practicante quiso investigar si lo m&iacute;o era auto-lesi&oacute;n. Cuando me estaba dando m&aacute;s vueltas que a un mono lleg&oacute; Felip&oacute;n. Siempre estaba metido donde no le llamaban. Era un miserable, arrastrado, que trabajaba all&iacute;, en el exterior, de pe&oacute;n. Seg&uacute;n las malas lenguas hab&iacute;a sido condenado a muerte por ser del bando contrario y despu&eacute;s se pas&oacute; al otro, y que al parecer, lo hab&iacute;an castigado de duro. Despu&eacute;s se arrastr&oacute; ante los mismos que le dieron le&ntilde;a. Se met&iacute;a en todo y siempre a favor de los jefes. Ten&iacute;a muy mala fama, fue muy criticado por los mayores, que bien le conoc&iacute;an, y que por su dudosa conducta le tem&iacute;an. Yo no le conoc&iacute; hasta aquel d&iacute;a y me di cuenta de que era cierto lo que se comentaba de &eacute;l.\n<\/p>\n<p>\n\tSe uni&oacute; al practicante y los dos comenzaron a buscar posturas metidos bajo la mesa para averiguar la forma en la que me hab&iacute;a accidentado, a la vez que me interrogaban. Me atormentaron durante largo tiempo y lucharon para ver si entre los dos sacaban lo que no era cierto. Al final&nbsp; claudicaron porque no pudieron conmigo. El practicante era tambi&eacute;n de &oacute;rdago, m&aacute;s tarde tuvo que meterse su piquito debajo del ala porque alg&uacute;n obrero le puso firme. Faltar&iacute;a a mis principios de paisano si no dijera que yo, en aquel momento, tambi&eacute;n pas&eacute; ganas de coger una estaca y sacarlos de all&iacute; a estacazo limpio y mandarlos a trabajar como animales que eran, lo mismo al practicante por mala persona, que no deb&iacute;a ocupar un puesto de esa envergadura al maltratar a un trabajador sin raz&oacute;n alguna ni fundamento, solo por quedar bien ante los Jefes y declararse &eacute;l mismo el listo de turno; lo mismo que al tal Felip&oacute;n. Es muy triste verte entre dos miserables de esa clase, un par de sinverg&uuml;enzas, intentando obligarte a decir lo que no era, sabiendo que me pod&iacute;a costar el despido.\n<\/p>\n<p>\n\tLo del practicante era ya por s&iacute; despreciable y duro &iquest;por qu&eacute; ten&iacute;a que ser como ellos pensaban? Pero lo del pe&oacute;n, que hab&iacute;a sido oprimido por la dictadura y condenado, a lo mejor hasta sin raz&oacute;n, o por el simple hecho de ser pol&iacute;tico, y que iba en contra de los pobres trabajadores, era lo que jam&aacute;s podr&eacute; concebir, el que una persona pueda ser tan traidora y capaz de vender a su propia madre. &iquest;C&oacute;mo puede haber miserables de esa clase? Fue siempre y hasta que se muri&oacute; de esa cala&ntilde;a.&nbsp; Metido donde no ten&iacute;a que estar y perjudicando, si pod&iacute;a, al m&aacute;s d&eacute;bil. &iquest;Qu&eacute; le importaba a &eacute;l como me accident&eacute;? Fue mucho peor que el mismo practicante. Nunca lo olvid&eacute;, ni a uno ni a otro, por sinverg&uuml;enzas y avasalladores. Yo era muy joven no hab&iacute;a cumplido los 19 a&ntilde;os, pero bravo y valiente, seguramente m&aacute;s fuerte que los dos, porque nunca dieron ni golpe. Los hombre de la monta&ntilde;a, por ser nacidos y criados en aquel medio, siempre fuimos duros c&oacute;mo los regodones, pero nunca nos dejamos avasallar, aunque no seamos guerreros como los dos pigarras, que tan mal se comportaron con migo.\n<\/p>\n<p>\n\tM&aacute;s tarde cuando fui a trabajar a la oficina del lavadero, ese fulano trabajaba en el cargadero y pude comprobar c&oacute;mo se arrastraba al capataz y a los vigilantes. Hasta con sus compa&ntilde;eros, se porto mal, siempre fue un traidor, esa era la fama que tenia.\n<\/p>\n<p>\n\tSolo estuve tres semanas de baja, para regresar a trabajar en aquel infierno, donde todos est&aacute;bamos desesperados, porque segu&iacute;a igual de malo.\n<\/p>\n<p>\n\tTodo el personal estuvo amargado hasta que pas&oacute; una buena temporada y decidieron los Jefes, parar aquella rampla. Era s&aacute;bado y como siempre el zorro del vigilante nos hizo una de las suyas. No sab&iacute;amos nada, y cuando lleg&oacute; la hora de salir subi&oacute; por los tajos y nos dijo que &iacute;bamos a ser destinados para la Julia de segunda planta del Rimadero. Que hab&iacute;a que entrar por Sotrondio. Nos orden&oacute; que sac&aacute;ramos los martillos, mangas, hachos, palas y picas, y lo carg&aacute;semos en un vag&oacute;n. Que lo enganch&aacute;ramos al tren para que saliese despu&eacute;s del personal y pudi&eacute;ramos recogerlo antes de irnos a casa. As&iacute; meterlo en la chabola y el lunes cargarlo en el carro que, tirado por una mula, lo llevar&iacute;a hasta su destino: la boca mina del Rimadero.\n<\/p>\n<p>\n\tTodo esto lo tuvimos que hacer corriendo para llegar tarde a la jaula. La maldad del vigilante fue que no quiso decirlo primero y as&iacute; evitar estas carreras. Si su comportamiento fue malo con el personal, conmigo lo fue peor, porque yo era el &uacute;nico que no iba para el Rimadero. Alfonso no quiso soltarme de su zona. Una vez que nos mudamos y que esper&aacute;bamos a que el vag&oacute;n saliera del pozo, el canalla me dijo:\n<\/p>\n<p>\n\t-Bobia, te libras de la julia, te quedas para el sur. Coge lo tuyo y sep&aacute;ralo para quedarte con ello.\n<\/p>\n<p>\n\tSi este vigilante fuera como debe ser un hombre y hubiera tenido un poco de sentido, me lo hubiera dicho en la mina. Mis herramientas se hubieran quedado escondidas en la misma galer&iacute;a, muy cerca donde iba ser mi destino, y me hubiera librado de bajar con ello al Pozo de nuevo y recorrer la distancia de galer&iacute;a tan grande que hab&iacute;a con mi cargamento, aunque algo me ayudaron mis nuevos compa&ntilde;eros. La molestia no fue peque&ntilde;a. As&iacute; como &eacute;stas nos las hac&iacute;a aquel individuo con mucha frecuencia, era m&aacute;s zorro y m&aacute;s duro que un asno. Siempre con su falsa risa se re&iacute;a hasta de su sombra.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras que aquella rampla segu&iacute;a mal, sufr&iacute; un peque&ntilde;o accidente. Estaba postiando el tayu cuando se me escap&oacute; el hacho hacia mi dedo &iacute;ndice de la mano izquierda. Lo cogi&oacute; por la primera falange y lo abri&oacute;. Sangraba abundantemente, parec&iacute;an las mand&iacute;bulas de un lagarto. 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