{"id":1222,"date":"2013-05-30T09:40:32","date_gmt":"2013-05-30T07:40:32","guid":{"rendered":"http:\/\/comotrabajarsinmanos.arseniofernandez.es\/?p=1222"},"modified":"2013-05-30T09:40:32","modified_gmt":"2013-05-30T07:40:32","slug":"la-bondadosa-senora","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.arseniofernandez.es\/?p=1222","title":{"rendered":"La bondadosa se\u00f1ora"},"content":{"rendered":"<p>\n\t<strong>La se&ntilde;ora que le gusto todo menos trabajar <\/strong>\n<\/p>\n<p>\n\tLucrecia una se&ntilde;ora muy amiga de adue&ntilde;arse de lo ajeno, de trabajar nada, de beber mucho y&nbsp; muy amiga de hacer favores a los hombres. Parece que entre las visitas que recib&iacute;a en su casa, Alguna era a los del monte. Aunque la gente lo sab&iacute;a nadie se preocupaba del tema, bueno es que la gente goce cuando pueda; pero como casi siempre el demonio anda sueltu, as&iacute; dec&iacute;a mi abuela Filomena, cuando algo le sal&iacute;a mal. Un d&iacute;a una se&ntilde;ora, que cre&iacute;a que su marido tambi&eacute;n pasaba por la casa de Lucrecia, se le ocurri&oacute; denunciarla a la brigadilla. Les dijo que esa se&ntilde;ora era una zorra, la querida de los del monte y que casi todas las noches dorm&iacute;a uno con ella.\n<\/p>\n<p>\n\tLo que nunca supimos y nos llam&oacute; la atenci&oacute;n de todos, fue c&oacute;mo se enter&oacute; la bondadosa se&ntilde;ora de que hab&iacute;a sido denunciada, solo se sab&iacute;a que ella estaba siempre en guardia, vigilando porque supon&iacute;a que muy pronto vendr&iacute;an a detenerla. Bien sab&iacute;a que estaba terminantemente prohibido relacionarse con los contrarios al r&eacute;gimen.\n<\/p>\n<p>\n\tLucrecia, que a pesar de valerle casi todo, no era tan tonta como para no darse cuenta de que tarde o temprano vendr&iacute;an a por ella, siempre estaba vigilando para saber cu&aacute;ndo llegar&iacute;an y librarse de ellos con facilidad, haciendo una de las suyas. En efecto: como ella pensaba, una ma&ntilde;ana les vio llegar y se prepar&oacute; para recibirles. Se acerc&oacute; a la cuadra, solt&oacute; una cerda y cuando iban a detenerla la encontraron montando aquel animal que era enorme, una cerda reproductora, la mayor que ten&iacute;a su padre. La cerda que no le gustaba su cargamento, gru&ntilde;&iacute;a tanto como corr&iacute;a, pero no consegu&iacute;o librase de la se&ntilde;ora que sabia montar. Aunque el animal era potente porque pesaba m.as de 200 kilos, la se&ntilde;ora pesaba unos 80 que era mucho para un animal de patas cortas, pero pudo con ella. Aquello fue la comedia del pueblo durante unos cuantos d&iacute;as y nunca nos olvidamos de aquella ocurrencia de Lucrecia.\n<\/p>\n<p>\n\tLa cerda con su montura se alejo por aquella caleya a toda marcha, la mujer bien agarrada consigui&oacute; alejarse de la vista de la fuerza. Sorprendidos de aquel espect&aacute;culo que no dejaba de ser gracioso, pues seguro que nunca vieron una mujer a caballo de una cerda, se marcharon ri&eacute;ndose a carcajadas y seguro que pensando que se trataba de una mujer mal de la cabeza. Se fueron y nunca m&aacute;s la molestaron. Lucrecia sigui&oacute; con sus amantes y d&aacute;ndole a la botella como siempre.\n<\/p>\n<p>\n\tNadie pudo ense&ntilde;arle a seguir otro camino. Vivi&oacute; como quiso. Dec&iacute;a uno de su familia que la cabra que al monte tira no hay cabreru que la cuide. Muy cierto, siempre fue as&iacute; y seguir&iacute;a su retorcido camino hasta su muerte. Aunque muri&oacute; de la cirrosis por tanto beber, aguanto m&aacute;s que un caballo, duro unos cuantos a&ntilde;os m&aacute;s de lo que los m&eacute;dicos dec&iacute;an. Desahuciada y sin dejar la bebida ni sus favores a los hombres, sigui&oacute; su rumbo hasta el final. Fue m&aacute;s dura que un regodon, dec&iacute;an los paisanos del pueblo.&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La se&ntilde;ora que le gusto todo menos trabajar Lucrecia una se&ntilde;ora muy amiga de adue&ntilde;arse de lo ajeno, de trabajar nada, de beber mucho y&nbsp; muy amiga de hacer favores a los hombres. Parece que entre las visitas que recib&iacute;a en su casa, Alguna era a los del monte. 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